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martes, 12 de julio de 2016

Muerte de un torero. García Lorca, "LLanto por Ignacio Sánchez Mejías", elegía dedicada a La Argentinita. Continuación del artículo Las imágenes poéticas... /Cuaderno de Vacaciones. Fulgencio Martínez






MUERTE DE UN TORERO 
  CONTINUACIÓN DEL ARTÍCULO
 LAS IMÁGENES POÉTICAS, SU CÓDIGO Y  SU VARIACIÓN


Las imágenes mitopoéticas arrastran el sedimento de unos semas codificados por los poetas, y la distinción adherida al género de discurso al que se vincule la imagen; pero también se ha de estimar la posibilidad de que el poeta violente los códigos y cauces genéricos, como es usual en los poetas que tienen una visión dramática, fluida, del mundo, junto a una compleja técnica literaria y una notoria personalidad. Es el caso de Ovidio, de Quevedo y de Federico García Lorca en su elegía a la muerte de un torero (tema que ha vuelto a la actualidad española con tintes bárbaros).




MUERTE DE UN TORERO

Otro caso de ruptura trágica y paradigmática de la imagen lírica del “ruiseñor” se encuentra en García Lorca, en su “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”. “¡Que no quiero verla! // Dile a la luna que venga, / que no quiero ver la sangre / de Ignacio sobre la arena. // ¡Oh blanco muro de España! / ¡Oh negro toro de pena! / ¡Oh sangre dura de Ignacio! / ¡Oh ruiseñor de sus venas!”.

En el poeta granadino ya no encontraremos el matiz ascético del desprecio del mundo con la alternativa de otro eterno y mejor. Sino la pura tragicidad existencialista, la rebelión y el desgarro ante el sinsentido, más que de la muerte, de la vida. Asomarán el dolor y el vacío que quedan cuando la vida humana huye, un vacío que solo puede colmar la sangre viva, pero que seguirá trágicamente velando la sangre dura, el grito absurdo, irracionalmente desatado y más espeso que el propio llanto.

En la imagen petrarquesca el ruiseñor se destinaba a ser, por el canto, un intermediario tierno y consolador del dolor, como en el soneto de Pedro de Quirós: “canta, tú, oh ruiseñor, lo que yo lloro”.  En cambio, en la elegía lorquiana, escrita tras la muerte de un torero en la plaza (tema que ha vuelto a la actualidad española), la sangre derramada se rebela en una avalancha trágica, imparable, insaturable, que clama agónicamente en medio de la tragedia del vivir. El poeta en el poema, adopta el punto de vista de la “viuda”, de la herida trágica abierta en el alma de los seres que cargan con el duelo.  

El poema está dedicado “a mi querida amiga Encarnación López Júlvez”, o sea, la Argentinita, la gran bailaora hispanoargentina, amante del torero intelectual fallecido, Ignacio; amiga también de la intelectualidad republicana y de la generación del 27, y que tras la Guerra de España marchó al exilio.



Que leer y meditar sobre las imágenes de los grandes poetas nos sirva para revivir nuestra humanidad.

FULGENCIO MARTÍNEZ
12-07-2016

domingo, 10 de julio de 2016

CANCIONERO Y RIMAS BURLESCAS. Rebajado de precio



http://www.editorialrenacimiento.com/index.php?id_product=414&controller=product


LA editorial Renacimiento, de Sevilla, facilita la adquisión, a un precio rebajado (17 euros) del Cancionero de Andrés Acedo, en edición de F.Martínez. 

ver enlace de arriba.
Varios autores
Martínez López, Fulgencio

Cancionero y rimas burlescas


Un cancionero en el siglo XXI debería parecerse a una lata de sardinas. Cuando lo abrimos nos atraerá el lomo dorado del pez nadando en escabeche, y para llegar al disfrute de su apetitoso bocado habrá que admitirle alguna raspa. So pena de destripar demasiado la rosa de Juan Ramón Jiménez, o la sardina de Acedo, la poesía no es un canto suave a la conciencia; no se olvide que la rosa tiene espinas, pero que se ofrece a ser olida y tocada con gusto de belleza natural. Los textos de Andrés Acedo, Séptimo Alba y otras criaturas de Fulgencio Martínez, junto a poemas visuales de Agustín Calvo Galán, se exponen aquí al aire de una primavera lectora. Para ti, ocupado en oír y sufrir rimas más serias: las de la cuaresma y el carnaval, hoy, de la realidad económica y política de España, por ejemplo.


17,10 € impuestos inc.
-5%


Ficha técnica

ISBN 9788484728788
Fecha de publicación 05/2014
Editorial Editorial Renacimiento
Colección Otros títulos
Nº en la colección 133
Edición 1ª Edición
Altura 210 mm
Anchura 150 mm
Encuadernación Rústica
Número de páginas 232
Idioma spa 

sábado, 9 de julio de 2016

Las imágenes poéticas, su código y su variación. Por Fulgencio Martínez. Estudios de poesía española



Publicado en La crónica del pajarito. 17-7-2016
http://www.lacronicadelpajarito.es/domingo/imagenes-poeticas-su-codigo-y-su-variacion


 Las imágenes mitopoéticas arrastran el sedimento de unos semas codificados por los poetas, y la distinción adherida al género de discurso al que se vincule la imagen; pero también se ha de estimar la posibilidad de que el poeta violente los códigos y cauces genéricos, como es usual en los poetas que tienen una visión dramática, fluida, del mundo, junto a una compleja técnica literaria y una notoria personalidad. Es el caso de Ovidio y de Quevedo.


LAS IMÁGENES POÉTICAS, SU CÓDIGO Y 

SU VARIACIÓN
 


Las imágenes mitopoéticas: Plurisignificación y entronque con una tradición y un código

En la tradición literaria occidental son reconocibles ciertas imágenes poéticas asociadas a seres naturales. Codificamos de forma elemental, por vía de esa tradición, la corneja como símbolo de la buena o mala suerte; el cuervo, asimilado a lo ominoso; la lechuza, y su pariente el búho, portadores de la sabiduría; el ruiseñor y el jilguero, emblemas del canto y de la poesía.

Aquel depósito de significados que atribuimos a tales significantes naturales son el resultado de una lógica poética antropocéntrica, común al mito y a la poesía: mediante ella interpretamos more humano el mundo, lo ajeno, lo otro; o mejor dicho –tratando de ser más acordes con la lógica antigua- tejemos de nuevo los vínculos con la naturaleza. 

Sin embargo, habría que reparar en dos observaciones: 1, los mitos, y los poemas que a partir de ellos son elaborados, tejen una red más tupida de simbologías que aquella que la más elemental asociación entre significante y significado sugiere. Así, el ruiseñor se asocia en la poesía con el amante, y su dolor, y su queja, pero también con la paz bucólica, con el “locus amoenus” (pudiendo, desde esos semas, ir adquiriendo otros de tipo más metafísico o espiritual, incluso representar la tragedia y lo dramático). 2, además de su plurisemia, no deberíamos perder la noción de la historicidad de dichos significados como tampoco de su contextualización genérica discursiva. Un ejemplo: la paloma es símbolo de la pureza, y de la Virgen Madre de Cristo en el contexto de la poesía religiosa de Quevedo. Como bien nos advierte Kayser[1], cuando un poeta romántico o simbolista utiliza la imagen de una palmera, ésta va asociada al significado de perseverancia y ascética voluntad de resistencia en el desierto espiritual, más que a un estereotipo de vida placentera o sensualidad. Ese sentido subyace al que puede ser el propio o primer “análogo” en un poema moderno: la firmeza de carácter ante las vicisitudes, o la constancia del amante. Es su constante mirar al cielo lo que transmite el símbolo. Aquí se ha “fijado” este dentro de un código místico que ha perdurado en la tradición poética. Un poeta del siglo XX, Miguel Hernández (en “Silbo de afirmación en la aldea”, o en “Ascensión de la escoba”) es fiel continuador de ese código místico que pervive como subtexto en poemas de distinta temática. Por cierto, la observación y la experiencia del hombre inserto en la naturaleza, en este caso y en otros, pueden arrimarse más a la interpretación mística que el estereotipo hoy manejado por la publicidad, fuente de la más moderna “mitología”.

Estas consideraciones pretenden, por un lado, familiarizarnos con el tema que vamos a tratar: ya hemos constatado, al menos, varias cosas: entre ellas, nuestra susceptibilidad a las imágenes mitopoéticas; el peso que puede adquirir, aún en nuestra estimativa actual, el sedimento de unos semas codificados por los poetas, y la distinción adherida al género de discurso al que se vincule la imagen: en un chiste, en una canción de tradición petrarquista, o en un poema místico, las alusiones y las metáforas dotan de su particular significado al referente; pero también se ha de estimar la posibilidad de que el poeta violente los códigos y cauces genéricos, como es usual en los poetas que tienen una visión dramática, fluida, del mundo, junto a una compleja técnica literaria y una notoria personalidad. Es el caso de Ovidio y de Quevedo.


La imagen del ruiseñor y el tema de la transformación (Lugares para la literatura comparada)

Por otra parte, querría este prólogo sugerir, en el ánimo de un lector “ingenuo”, admiración (incluso, inquieta perplejidad) al revisar algunas de esas imágenes que casi mecánicamente asocia a ciertos referentes.  Le invitamos a confrontar la imagen “lírica” del “ruiseñor” transmitida por cierta tradición, con la versión dramática reflejada en el poema de Ovidio, Metamorfosis.

Una tradición que proviene de las Geórgicas de Virgilio, de los poetas elegíacos latinos, de Petrarca y los petrarquistas italianos y españoles, identifica el ruiseñor con el canto y la poesía (por antonomasia, con la armonía, y por asociación, con la belleza, el amor, o con el ansía de estos bienes y, coherentemente, con los sentimientos de frustración o goce que los acompañan). En cambio, el mito ovidiano de Progne y Filomela (Metamorfosis, Libro VI) apunta un perfil más primitivo y otra inquietud antropológica. La armonía, quizá, ya está rota desde siempre y su remedo (sonoro, poético) no es sino un gesto trágico. 

Este desengaño de fondo aparecerá, tal vez, en un poeta como Francisco de Quevedo, en su aproximación al mismo símbolo, que contrastará en dialéctica con aquella tradición virgiliano-petrarquesca. Quevedo lo usará en variados registros; aunque siempre conservando la tragicidad de la fuente de Ovidio,  bien que pasada por el tamiz ascético-cristiano y su envés ideológico: lo satírico como disciplina barroca del contemptus mundi.


Fulgencio Martínez
revista Ágora-Papeles de Arte Gramático


 1] Cf. W. Kayser: Interpretación y análisis de la obra literaria

lunes, 4 de julio de 2016

Necesidad de la crítica ilustrada. Por Fulgencio Martínez /Cuaderno de vacaciones. Crítica

Guillermo Carnero, poeta y crítico.

http://www.lacronicadelpajarito.es/domingo/necesidad-critica-ilustrada
Artículo publicado en LA CRÓNICA DEL PAJARITO: Domingo. 10-7-2016
 
 "La crítica es lo que da y hace el valor literario y crea las perspectivas."

NECESIDAD DE LA CRÍTICA ILUSTRADA



Vivo una cierta contradicción, pues, aunque me parecen buenos poetas aquellos que hablan desde su torre de marfil, considero que en la poesía es imprescindible la tensión erótica, es decir, la lucha con lo real por parte del sujeto poético:  con cualquier forma de entender una realidad- obstáculo que supera al poeta individual.

 Ese eros-lucha se da en grado máximo en la gran mistíca, donde hay celos, quejas, hasta ese toque humano de reproches y de chantaje emocional: “¿adónde te escondiste/ amado y me dejaste/ con gemido...". Hay erotismo a raudales en ese forcejeo y rendirse reprochándose y chantajeándose, y ocultarse. Ya sabemos, desde Denis de Rougemont, lo que da el obstáculo en la novela y en el eros de Occidente; sin eso no hay pasión erótica, solo poemas de amor sentimentales, válidos, sí, pero no de aquella estirpe.

Decía que vivo en una cierta contradicción (aparente) porque me parecen buenos poetas pero no me interesan nada.

No llego al punto de decir aquello que decía Quintana: que si leemos la poesía española no nos enteramos nada de la historia de España. Precisamente, algunos poemas de Góngora (tan puntuales y periodísticos, “A la Mamora…”, por ejemplo) o de Quevedo, lo desmienten. Me interesa, sobre todo, la poesía del siglo XVIII (algunos poemas de Jovellanos y Meléndez, y el genio de Leandro F. Moratín... coincido en esto con mi maestro y amigo Guillermo Carnero, aunque él toma la parte de la forma y no -en apariencia- entra a su calado filosófico y político).

Así pues, reivindico la ilustración crítica y lo hago de forma crítica con la herencia ilustrada, pero mucho más con la burguesía literaria -ay, esa generación del 27 cuánto ha dañado la literatura española, y más porque los tipos eran grandes, grandísimos poetas. Por cierto, con Cernuda tengo muchísimo amor, sobre todo con el Cernuda del exilio, y con un libro Desolación de la quimera. Pero Las nubes es magistral. Menos, con Alberti, y sobre todo, con Machado, Antonio (su hermano era un genio particular, pero Antonio es el maestro y la genialidad tanto filosófica como poética del siglo XX español). Y admiro y me guía Miguel Hernández.

Miguel Hernández es un caso único. No burgués -como García Lorca, al que aprecio muchísimo, pero Miguel va más allá: solo el verso de Miguel más humillado que bello, pone lo bello burgués a cien metros bajo tierra. La dignidad humana, la justicia son los nuevos valores estéticos y los de siempre, desde Platón. Lo bello es y era lo bueno y justo. Ante todo esto, lo burgués queda en su sitio, nos tiene contaminados por el gusto, vale, pero nuestro pensamiento va más allá. 

En novela no te puedo decir con igual o algo parecida opinión meditada. Hay una cuestión teórica a la que siempre he dado vuelta: ¿por qué Sartre, en su ¿Qué es la literatura?, excluye a la poesía de la llamada al compromiso?

Es la novela, el teatro y el ensayo los que asumen la función histórica del compromiso. Eso es un resto burgués: la poesía siempre nos queda como reino aparte estético, es más: incluso el dogma -seguido por poetas "comprometidos", aun hoy, como es, según él, García Montero, el prejuicio -digo- de separar obra y hombre. Lo ético, el compromiso está bien -dicen- para la vida personal, civil, para el hombre; la obra ha de ser aséptica, lo ideológico, lo político, lo ético la desvirtúa estéticamente; es más: según dogma del 27 y siguientes hasta hoy una obra con ideas, ideales, ética con opiniones y todo lo que quieras poner según instinto del escritor es, a priori, apoética. Es mentira: es el esteticismo burgués que deja al arte una función desvitalizada, deshumanizada y descontextualizada.

Más política e ideología que hay en Dante o en Homero...imposible. Son obras grandes porque no se les puede quitar su ideología. No como decía Eliot: que nos daría igual que fuera esa u otra ideología, pues el efecto estético las envuelve. No. Es al revés.

¿Cómo deshacernos de la crítica burguesa y de sus mundos y pensamientos únicos? Hay que leer ciencia (Einstein), hay que leer otras visiones críticas. Como me dijo Guillerno Carnero, a propósito de los románticos alemanes (Friedrich Schlegel) e ingleses: tuvieron la suerte de estar acompañados por los mejores críticos. La crítica es lo que da y hace el valor literario y crea las perspectivas. Él se quejaba de que su generación, la del 70, no tuvo crítica en España. Hoy comienzan a verse, con perspectiva, algunos logros de esa generación desde la óptica histórica europea, del mayo del 68 y los aires de cambio en todo, que trajo.


FULGENCIO MARTÍNEZ

sábado, 2 de julio de 2016

Tiempo de razones y de formar gobierno de varios partidos. Por Fulgencio Martínez /Cuaderno de Vacaciones. Opinión


EN HOMENAJE AL TÍTULO DE UN LIBRO DE POEMAS DE LUIS ALBERTO DE CUENCA, ABRIMOS ESTE CUADERNO DE VACACIONES, donde de tanto en cuando daremos página de opinión, de crítica y de literatura creativa. Buen verano a todos nuestros lectores.



TIEMPO DE RAZONES Y DE FORMAR GOBIERNO DE VARIOS PARTIDOS

Publicado en La crónica del Pajarito, domingo 3- 7-2016
http://www.lacronicadelpajarito.es/domingo/tiempo-razones-y-formar-gobierno-varios-partidos


Después de resueltas las segundas elecciones y a espera de resolver el gobierno resultante, los líderes políticos harían bien en cerrar su Twitter y su Facebook.  Se espera de ellos que se comporten no como adolescentes necesitados de afirmar su identidad por medio del número de sus seguidores, sino como adultos. Se espera que reflexionan, acuerden y decidan lo mejor para el bien común.
Esa perspectiva de lo mejor no pasa por doblegarse a la imagen sectaria que durante la campaña electoral despliegan dichos líderes, que, si lo son, no  lo es por sonreír ni caer bien, sino porque, supuestamente, son capaces de “ver” con claridad donde muchos no somos capaces.
En este país se va a votar, todavía, vestido con la cota y la malla de la marca que sentimentalmente apoyamos. No solemos votar por razones. Este es un dato con el que podemos estar en desacuerdo, pero los políticos en campaña lo saben y lo explotan para adular a sus huestes. Les animan a no pensar, a no usar el intelecto en sus decisiones como ciudadanos. Solo vale la adhesión emotiva a una etiqueta.


Por tanto, aunque es difícil cambiar el discurso postelectoral, ahora tocaría a los líderes hacer la campaña de las razones. O sea, explicar qué necesita el país, en las materias más urgentes: el paro, la desigualdad económica, la falta de igualdad de los ciudadanos en las Administraciones del Estado, la corrupción, el excesivo gasto público, el deterioro del orden y la inseguridad en las viviendas y propiedades, el vaciamiento de la Educación y la vuelta al caciquismo en los empleos públicos en cuyo acceso no impera una exquisita selección de mérito y esfuerzo.
Si los políticos fueran capaces de razonar en esos y otros temas que de verdad afectan al común, y si fueran capaces de proponer soluciones creíbles y no sectarias, ¿por qué no apoyar que, como en la II República, cada partido aporte al Gobierno de España aquello que mejor y lealmente sepa? ¿Por qué no puede formarse un gobierno de distintos partidos y personalidades?  Porque eso no iría al gusto del votante partidista, ni mucho menos del seguidor del perfil de los políticos en las redes….  ¿Y qué dirían los tertulianos y los grandes comunicadores, que distribuyen cada día y cada noche el agua bendita de lo que es derecha o izquierda, progresismo o inmovilismo, con etiquetas y frases hechas, sin salir del estudio a ver cómo vive el paisano?


La pedagogía política habría de comenzar en los medios periodísticos, que han venido siendo tan sectarios como los líderes. Los periodistas no son emoticones verbales al servicio de una causa sectaria. Por ahí tardaremos los españoles en saber mirarnos en el espejo con inteligencia.





Fulgencio Martínez