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lunes, 22 de junio de 2026

Huyendo de la falsa oscuridad. Comentario de "En la espesura de lo invisible", nuevo poemario de Javier Puig (editado por Ars poetica). Fulgencio Martínez / Bibliotheca Grammatica /Poesía / Ágora-Papeles de Arte Gramático N. Col. Verano 2026

 

 


 

En la espesura de lo invisible

Javier Puig

Ars poetica, 2026

 

 

 Huyendo de la falsa oscuridad. Comentario de En la espesura de lo invisible, nuevo poemario de Javier Puig


Un libro de poemas como este de Javier Puig, al que te invito, En la espesura de lo invisible, se significa ya desde su carta de presentación, su título. De resonancias espirituales, alusivas al Cántico de San Juan de la Cruz, el mismo título puede despistarnos por exceso de simbología. Superamos ese escollo nada más iniciar la lectura de los poemas concretos del libro, donde el lector percibe una atmósfera y un tiempo sosegado, propicio a la conversación y escucha, que es de agradecer. Recomiendo al lector el poema "La alegría de lo íntimo", por ejemplo, para recrearse en el tono de conversación que ha sabido crear la voz poética desde la espesura de lo invisible. Un logro que parece sencillo. Y lo es, si se consigue. Si se acierta con el equilibrio de música, imagen, emoción y sugerencia a seguir y profundizar.

        La alegría de lo íntimo (p. 59):

        Me rodea la duda.

        Todo me mira desde mí mismo     

        y me encuentra rendido

        mas nunca derrotado.

 

        Cuando mis deseos se rompen

        en la exploración de lo extenso,

        regreso a mis cercanías

        y mi voz canta en su pequeño paraíso.

        Así me salvo de las turbias andanzas,

        en la alegría de lo íntimo.

 

    El léxico familiar y las imágenes a ras de la propia respiración de quien nos comunica su testimonio.... nos invitan a prestar atención al contenido del poema. Por otra parte, su música acordada, melodiosa, sencillas notas que sin embargo podríamos seguir y continuar por mágicas y reminiscentes asociaciones: "regreso a mis cercanías", "y mi voz canta en su pequeño paraíso". Podríamos distinguir, parar y gozar cada nota, cada verso, cada palabra incluso, de esta lengua intimista y a la vez comunicativa, abierta, como a la vera de un huerto fruta sabrosa de verano o de otoño, que nos tienta a cogerla.

          Veamos otro poema: “Las palabras” (p. 51), un poema un poco anterior en la secuencia del libro, también dentro de una de sus mejores secciones, la tercera: “En el mundo”. Presenta el poema inmediatamente una posición ante la escritura. En busca de la luz, huyendo de "la falsa oscuridad"

 

        Las palabras

 

    ¿Qué es el decir?

    ¿Qué busco agarrado al timón

    que corrige las repentinas palabras?

    ¿Adónde me conduzco más allá de mis versos?

    Tan solo deseo desdecirme de la falsa oscuridad.

    Pero, ¿cómo hacer que la palabra no mienta?

 

    Palabras irrumpen en mi boca

    y las vigilo de cerca,

    para que no se excedan,

    para que no se embriaguen

    de su argumentada pomposidad.

    Busco las palabras honestas,

    aquellas que habrán de ser

    un resquicio de luz,

    el alivio de tanta incerteza.

 

          Confieso que me encanta mucho este poema: rítmicamente, la repetición de "para que no se excedan / para que no se embriaguen" me parece soberbia, sencillamente. El valor sustantivo poético de un verbo, mejor si es menos a priori poético, es un don en Miguel Hernández ("merodea", v. gr. "merodea sin destino", El rayo que no cesa). La precisión se une a la belleza formal, denotativa y connotativa en el uso acercado de los verbos (La gramática poética es cosa del verbo, dijo Antonio Machado). Excedan / embriaguen, en este poema de Puig, logran transmitir, además, una resonancia paranomástica (secreto “peccato” del oyente-poeta) que amplía el efecto del ritmo repetitivo propio también de las canciones, como las del citado Miguel Hernández (Romancero y Cancionero de Ausencias).

          Pero no me quiero quedar ahí, quiero ir al fondo del asunto. Porque la poesía tiene fondo.

          Este poema, que es una especie de conjura de la oscuridad de las palabras, no trata meramente del tópico metapoético, no es solo un poema reflexivo sobre la poética del artista o sobre la misma actividad de escribir. Me interesa mucho más el poema de Javier Puig "Las palabras" porque es una reflexión, muy actual (dado los tiempos nuestros) sobre la verdad y la honestidad de la palabra que empleamos no solo al escribir, sino la palabra en la que y con la que nos entendemos a nosotros mismos y con los demás.

          La duda radical sobre la misma palabra que emplea el poeta es un tema acuciante de la nueva poesía en tiempos de "tanta incerteza".

          Así pues, el poema hay que leerlo, a otra luz: al través y al revés, como aconsejaba también Machado en sus Proverbios. Nada nos asegura que todas las palabras de hoy no sean vanas, pareciera que las mismas palabras han caído en abismo, empañadas en la red de poder de las ideologías o desgastadas por la propia rutina, y que la mano del poeta se ha retirado del fuego. 

     "Las palabras" es un texto que indaga en la misteriosa necesidad de la poesía, como un doble anhelo de verdad y de luz.

 

De las seis partes en que se divide la colección En la espesura de lo invisible, podríamos extraer poemas representativos. Así de la cuarta, titulada "El dolor de los otros": "Supervivencia", "Origen remoto", con la apelación a un origen común donde la compasión se funda; pero destacaría sobre estos grandes poemas el que lleva por título: "Escucho tus pensamientos", (p. 79) donde el poeta vuelve a tono de coloquio y/ o monólogo que ha conseguido en otras secciones:

        Escucho tus pensamientos                                                                            

     Contemplo tu ser haciéndose,

    todavía tan lejos de tu destino,

    del final de las afrentas.

    Escucho tus pensamientos,

    oigo su eco amarrado

    a una música convulsa,

    y la falsa historia de ti mismo,

    la extraña narración que urdes

    contra tu desvalimiento.

 

    Escucho tus doloridas palabras,

    esas incrédulas llamadas a la esperanza. 

 

          Para acotar un poco el universo de la luz y sus señuelos o sus contrarios (penumbra, lo invisible), quizá conviene volver atrás y citar el primer poema del libro En la espesura de lo invisible: el que lleva el mismo título que la colección: (cito solo un fragmento, pp. 13 y 14).

 

        En la espesura de lo invisible

    Aún es pronto,

    pero ya se acerca la penumbra.

    Y sé cuántas veces he estado ahí,

    muy adentro,

    en la espesura de lo invisible.

    Hurgo en los escenarios antiguos,

    en los lugares que acogían

    mi más inquisitivo sentimiento (...)

    el espacio secreto donde buscar

    la expresión luminosa,

    el decible recodo que mereciese

    una voz para otros días, (...)

 

    El libro o la música me ayudaban

    a retomar los caminos que hacía míos.

    La voz llegaba casi ajena a mi pluma,

    a borbotones que reposaban

    en versos delicados o rotundos, (...) 

    Y me quedaba a esperar lo inesperado, 

    como en esta mañana de estío,

    abandonado en lo abierto.

 

          El poema, aun con cierto titubeo en algunos versos, y dudas, que forman parte de su propio sentido y en parte ayudan a su comunicación, marca una especie de umbral del libro, incluso una hora y un lugar indeterminados: "en esta mañana de estío", "en lo abierto", que evocan el comienzo de la Divina Comedia. Hermosa evocación de un comienzo, fijado por esas dos alusiones abiertas, donde se inicia la palabra en comunicación, y al tanto, a la vez, la indagación, la honda, sencilla y sincera aventura del poeta que procede a conocer su territorio y a poner a prueba la verdad sus materiales.

 

Finalmente, en este análisis subjetivo, quiero destacar un largo poema que pertenece a "Cerca del otro lado": la última parte del libro. El shakespeariano "El sueño de la eternidad" (la cita de Hamlet: "Morir, dormir, tal vez soñar", preside la sección a la que pertenece el poema):

    Cito unos fragmentos:

        El sueño de la eternidad (p. 89-91)

                        a mis padres, in memoriam

 

Aún estáis vivos en esta fotografía.

....

La ternura que ofrecéis

es el breve alivio 

de tanta tristeza sobrevenida,

...

Ya solo sois una vaga reminiscencia

de lo que fuisteis,

otros distintos a aquellos que os vieron,

que habitaron el mundo confiados,

agradecidos en cada alegría,

callando lo que empezaban a saber,

la amenaza de un creciente dolor.

 

    Estremecedores y sencillos golpes:  "que habitaron el mundo confiados, / agradecidos en cada alegría, / callando lo que empezaban a saber,".

    ¡Pero cómo la poesía finge, que diría Pessoa, y parece que nos engaña, y sin embargo nos dice la verdad, nos conserva la pura emoción, la viva pintura de aquellas cosas y seres que nos importan! Porque sus realidades tienen peso, verdad, razones y cuerpo en nuestras palabras, frías cenizas sin esas presencias. 

    El poeta ha logrado aquí decirnos palabras de peso, palabras verdaderas.

 

Hemos mencionado el poema que introduce la primera parte (Perspectivas del tiempo), sección que se abre con atinada cita de Lope de Vega, que enmarca la sucesión (no simple linealidad del tiempo), la sucesión del tiempo y nosotros (podríamos decir):

    "Y que pasando los tiempos

    yo me sucedo a mí mismo".

            Lope de Vega.

 

          Los recuerdos, el indeclinable paso de los años, componen el tejido de estos poemas de la primera parte. La segunda, muy breve, está dedicada al amor (tres poemas que tienen una misma dedicataria). "Fundación del amor" es el título general del tríptico. La tercera sección, "En el mundo", es quizá la mejor en cuanto al logro de una voz que con suavidad canta fingiendo monólogo y diálogo. Y donde la palabra es puesta radicalmente en abismo. La duda, la incerteza, pero también el impulso a la verdad y a la luz, están en esta sección trepidante, de contenida emotividad y honda pulsión humanas; un encuentro con la luz que se reconoce si no imposible, aun no realizable, tal vez abierto o remitida a la espesura de lo invisible: lo que apunta más en la siguiente sección, la cuarta (El dolor de los otros). El tercer acto del libro, que se compone de las dos secciones últimas, se abre con versos donde el poeta vuelve a su infancia (así la quinta sección: "La vida en ciernes", en cuya obertura lucen estos versos de José Luis Zerón Huguet: "Nacer para dejar / el rostro fulgurante / de nuestro asombro". Vivir para pasar el tiempo a los de atrás, diría el gran Blas de Otero; ¿pero nacer para...?. los poetas siempre han querido y logrado sorprendernos. Para dejar el rostro fulgurante de nuestro asombro... Qué gran acierto: la pregunta, y la respuesta también.

           

Javier Puig (Barcelona, 1958) ha ejercido y ejerce su magisterio literario desde Alicante, y Orihuela en concreto. Detrás tiene una obra poética ya considerable, y un amplio trabajo de curiosidad y comentario de la actualidad cultural que se ha concretado en más de quinientos artículos sobre literatura pero también sobre cine. Dinamizador y presentador de libros de poetas que trabajan en el ámbito de Elche, Alicante, Orihuela, donde en los últimos años la cultura literaria (muchas veces en español) ha crecido asombrosamente en calidad y número de autores, editoriales y eventos sobresalientes. Recordemos, por citar solo, unos nombres: Ada Soriano, Juan Luis Zerón, José Manuel Ramón, etc. Ese hervor viene, creemos, desde los años de la célebre revista Empireuma, revista que impulsada en los años inmediatos a la transición democrática. En la cual escribió también Javier Puig, igual que en otras, como La Lucerna. Es colaborador del periódico digital Mundiario.

          Antes de este nuevo poemario de Javier Puig, con el hermoso título de En la espesura de lo invisible, y que ha publicado la editorial asturiana Ars poetica en su colección NON OMNIS MORIAR con la tersura y belleza que hacen agradables sus páginas, el autor ha dado varios libros de poemas: Estancias en la finitud (2020, Elche, Frutos del Tiempo) y En la mirada (2023, Ars poetica, col. Sapere aude). Además, ha publicado más recientemente un libro de relatos (La cercanía de los extraños, 2025, Frutos del Tiempo).

 

Fulgencio Martínez

22 de junio 2026

 

 


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