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miércoles, 6 de mayo de 2020

POEMAS DEL JARDINERO. POEMAS INÉDITOS DE JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO. ÁGORA DE ARTE GRAMÁTICO/ REVISTA ÁGORA DIGITAL. CO-LECCIÓN ÁGORA. /Mayo 2020


 
José Luis Martínez Valero. La verdad.es

La revista relanza su "Co-lección Ágora" en versión digital, donde figuran textos magistrales pedidos a nuestros colaboradores. En esta ocasión, al poeta José Luis Martínez Valero, quien ha escrito un puñado de magníficos poemas durante este tiempo en que llevamos interrumpidos por la pandemia. Conocíamos ya, reciente su escritura, el hermoso poema que cierra esta colección: "Los pasos de mi casa", con el que su autor quiere darnos el hilo al final del recorrido. La colección nos sitúa, desde su primer poema, y desde el mismo título general, en el deseo de ser otro, de ser ese que, como Horacio aconsejó, cuida su jardín y vive de las cosas sencillas; su movimiento recorre, progresivamente, las ausencias que este tiempo nos impone, así como los asombros, nuevos, o que se presentan como la primera vez. La colección culmina con "Los pasos en mi casa", el poema germen, ya mencionado. Tiempo después, el poema "De pronto" viene a constatar otro asombro: el de reencuentro con lo que era cotidiano, y una esperanza: la deseada derrota de la "pesadilla".

José Luis Martínez Valero, que es catedrático emérito de Literatura, ha publicado recientemente Sintaxis (La fea burguesía ediciones), en prosa, a modo de diario novelado; y es autor de una larga serie de títulos tanto en verso como en prosa, siempre reinterpretando y acercando los géneros literarios (del ensayo, la epístola, la poesía y el cuento, entre otros). Citemos La isla (ed. El bardo), La espalda del fotógrafo (Editora Regional de Murcia),  Poemas (Editora Regional), La Puerta Falsa, Puerto de sombra (Ed. La fea burguesía), Libro abierto (La sierpe y el laúd ed), Plaza de Belluga, Daniel en Auderghem (Diego Marín ed), que es uno de mis favoritos, y Merced 22.
Recomendamos una de sus últimas entrevistas:
https://www.laverdad.es/culturas/libros/vivir-siempre-asunto-20191205010425-ntvo.html

                                                                                                              





POEMAS DEL JARDINERO

                                                     
   José Luis Martínez Valero



EL JARDINERO

Cómo envidio al tranquilo jardinero
mientras trabaja en su jardín.

Cuando inclinándose sobre la tierra
parece que de rodillas la mima.
Coloca las plantas que serán flores,
acaricia sus raíces,
les habla dulcemente.

Los jardineros, perfectos testigos,
quisieran escribir la crónica
del día, con el mismo ritmo sereno
que rueda este planeta.

Luego, levantan la cabeza, miran al cielo,
y piensan que cada tiempo tiene su cuidado.
Para después, seguir con su trabajo,
ajenos al ruido de la ciudad.



                 SOLO

El padre de los hermanos Baroja
tuvo que insistir días y noches
para conseguir encontrarse solo
en la Puerta del Sol.

¿Lograremos que esta ciudad
quede vacía y
sólo nuestra sombra ande por sus calles?



   OCULTOS

Nunca se van,
permanecen entre nosotros,
entre las hojas de los libros leídos.
A veces, junto a las ventanas,
simulan sombras que nos distraen.

Porque los estamos buscando,        
se ocultan entre los recuerdos,
abren huecos que nunca han existido,
se muestran como cartas olvidadas.

Les gusta aparecer en fotos:
jóvenes sonrientes, paseando,
a veces, niños en la playa,
excursiones a Cala Dorada
con un lirio en la mano,
rodeado de la  familia y amigos.

Habitamos como huéspedes el mundo,
recorremos nuestro camino,
como si alguien nos lo hubiese trazado,
tratamos de hacer bien las cosas
para que los otros encuentren menos obstáculos,
pues a todos corresponde este trabajo.

No nos echéis de menos, dicen,
no nos hemos ido del todo,
Llamadnos, no nos olvidéis.
Seguimos aquí, entre vosotros.   


    INSTRUCCIONES PARA RECORDAR A UN AMIGO

Mira el sol en el cristal de la ventana, no daña. Como un disco blanco y brillante se muestra estático sobre el azul.
Asómate a los ojos del perro, verás el fondo, lo que de naturaleza hay en la naturaleza. No es el vacío, ni supone abismo alguno.
Contempla el viaje constante de las olas. El mar, aunque esté quieto, siempre recuerda el movimiento.
Acércate a las salinas que apresan las nubes y las montañas en blanco y rosa.
Así el alma navega en el cristal, en los ojos del perro y en las olas, entre salinas y montañas.
Donde hay armonía está tu amigo.



LA FLOR Y LA SEMILLA

Hay poetas como flores,
suceden una vez
y desaparecen.

Hay otros como semillas.
Cuando se van
su presencia se multiplica.




                 LA LUZ

Ha llegado la luz que pone
amarillas las piedras.
El puente del río, la torre de la catedral
se cubren de oro.

Convierte las casas de la ciudad
en cubos,
dispuestos en diferentes alturas,
quizá con esa luz nació Picasso.

Esta misma luz, aunque dura unos minutos,
alcanza el fondo de la tarde. 





         EL SUEÑO

                                    Abril, 2020
     
Como si soñasen, se van sedados
a bordo de una nave extraña.
Nubes, que el viento mueve,
navegan hacia el faro de aquella isla
cubierta de cipreses.

Han llegado desnudos como niños,
no sienten el calor ni el frío.
En la oscuridad de la noche
sus blancos cuerpos caminan despacio
en busca del silencio eterno.

Muchos vienen manchados de ceniza
y se bañan en la fuente serena,
donde nace el olvido.

Por fin, se acomodan sobre las rocas,
como quien espera alguna noticia.
Y miran las olas que el aire mueve.

Entonces entran de nuevo en sí mismos.
Desde lejos nos contemplan callados,
Cuando, como árboles mudos, quisieran hablarnos.






DOS MÁS DOS NO SON CUATRO

Nunca con tanta claridad tuve esta intuición,
qué ingenuo mi profesor cuando aseguraba
aquello de si tengo dos patos más dos patos,
¿cuántos patos tendré? Naturalmente serán…
Para que todos respondiésemos: son sin duda
Cuatro patos, cuatro picos, por tanto ocho patas. 

Sin embargo, no todo lo que cuentan, se suma,
por tanto la estadística no siempre es verdad,
Así puede ocurrir cuando se cuentan los muertos,
decimos en la residencia mueren dos viejos,
mientras en el hospital fallecen otros dos
cualquiera diría que los muertos ciertos son cuatro.
.
No es así, aunque unos y otros sean del mismo origen,
quiero decir que hayan comido en la misma mesa.
Definitivamente serán dos en el hospital, mientras
los otros dos en la residencia, no se cuentan
por tanto no son cuatro.
La estadística confirmará que sólo dos murieron
en el hospital, y en cuanto a los otros,
aunque son dos, serán anónimos oficialmente
pues no cuentan quien muere en residencia.

Luego, dos y dos nunca serán cuatro,
qué triste, pensará mi viejo maestro,
todo lo que enseñé no vale ya en esta tierra,
desde ahora sólo contaré las nubes.
Mis números no sirven para sumar los muertos.







         EL ESPARTO
(camino de Cala Dorada en sueños)

Árido, polvoriento,
verde seco, el esparto,
eriza el monte pardo,
esquema para el alma de esta tierra,
sin agua, palmitos sin sombra,
donde la luz condena
a la quietud sin nombre,
su soledad sin sombra.

Monte y mar, mar y monte,
entre romeros, sendas
grapadas al terreno,
lentiscos y lentiscos
cubren entre piedras la sierra,
mudos huecos de minas,
donde perduran las huellas del hambre. 













       DESDE ARRIBA

Desde arriba los tejados son mudos.

Una ventana siempre habla,
el balcón mantiene ese diálogo
continuo con la calle.
El mirador es todo un escenario.

La puerta, si está abierta, nunca calla,
Si cerrada, parece muda.

Aquellas puertas que se cerraron hace años
aún permanecen en el estanque adormecido
de mi memoria. 









                
              LAS ROSAS DEL JARDÍN CERRADO

Como sabéis el jardín está cerrado. No es por viento, lluvia fuerte, temporal, no. El jardín se ha cerrado para que la gente no se reúna. La cuarentena obliga a estas cosas. De hecho, imaginad que un viejo va al jardín, se sienta y pasa las horas tomando el sol. Seguro que el guardia le diría, pero, hombre de Dios, ¿que hace usted aquí? Entonces, aunque afirmara que hace lo que todos los días. El guardia le conminaría a que se fuese, porque caso de incumplir la ordenanza, se vería obligado a multarle, y eso no le gustará. Esto que sólo es algo imaginario, contrasta con lo que he visto esta mañana en el jardín cerrado. Desde la verja se ve perfectamente, se ven las rosas espléndidas, como rayos de luz  que hubiesen estallado. Ajenas al paso de los apresurados transeúntes, ajenas a que nadie las mire, ni a los niños que no están, ni a los viejos que no se sientan. Las rosas rojas, amarillas, naranjas se abren como fruta madura, brillan sobre la tierra seca.






         SILENCIO

El silencio de la ciudad
no se parece al de los montes,
donde el aire siempre conmueve
las ramas de los árboles,
agita sus hojas que suenan
como suaves mareas marinas.
o arrastra el susurro de plantas
que se agarran a las rocas tranquilas.

El silencio de las calles vacías
tiene algo de balsa y aljibe
agua encerrada, dormida,
donde antes sonaba el eco del hombre.

A veces es como la sombra
de la palmera sobre el agua quieta,
sombra de las palabras
que nunca se han dicho.

Impasible el semáforo mantiene
firme el débil pulso de la ciudad.


        PRENSA ESCRITA

Recordaréis
que el periodista siempre escribe 
sobre el tiempo que pasa
tan cerca del lector
que sentimos el aire de sus pasos.

Ya casi nadie lee el periódico de papel
esa hermosa ventana que nos asoma al día.
Piensan que al verlo en la pantalla será más real,
como si entre las manos tuviesen esa sombra
que muchos toman por esta misma realidad.

Sin embargo, algunos cansados de la caverna
leen la prensa escrita, ávidos de su verdad.








               MUCHACHO

Quisiera componer un poema alegre,
para estos días tristes de cuarentena,
con aquel recuerdo lejano.

Era un día muy tranquilo,
bajo aquel pino
al pie del monte.

Tenía dieciséis años
y era verano
llevaba en la mano un libro de versos.

Tras su lectura,
todo me parecía muy quieto,
el campo mudo.

Mientras el agua caía en la balsa
que apenas si reflejaba una nube
solitaria y tan blanca
como un velo de novia,
que en el aire volaba.



      PROFECÍA
                DE
   ANTONIO LÓPEZ

¿Quién nos iba a decir
que Antonio López conocía 
la necesidad de vaciar la Gran Vía de España?

¿Adónde nos quería llevar
cuando nos propuso en sus cuadros este futuro
que muchos pensaron sería imposible?

Todo Madrid
era aquella  inmensa calle convertida en playa,
cuyas aceras sin pasos,
no indicaban camino alguno.
Como si hubiese conseguido cristalizar
los gritos populares
de un  París del sesenta y ocho.

Esta ciudad a punto de desaparecer,
sin gente, como un  cuadro de Chirico,
entre metafísica y surrealista,
transformaba en fantasma su realismo
no mágico.

Mientras dormía era…
Es un Madrid pesadilla
y sueño, pasado y futuro,
leyenda que figurará sobre el frontispicio
de la mentira azul de nuestro cielo.





    

   
     LOS PASOS DE MI CASA

Nunca pensé que en mi casa cupiesen
todos los pasos
que hago sobre sus losas.

Nunca anduve tanto entre estos libros
que reposan en las estanterías
de nuestra biblioteca.

A veces me asomo a la ventana,
afuera la calle, el jardín y el río,
mientras yo, los ojos abiertos
contemplo una ciudad ya despoblada.

Y el agua quieta
del río
como nadie pasa,
refleja
un  puente vacío .

Vertical permanece la torre,
medita
sobre su eternidad. 

 
José Luis en el balcón de su casa, frente al río Segura, Murcia. Foto La opinión.



tiempo después…


              DE PRONTO

De pronto las calles se llenan de gente,
pasean, corren, quieren vencer al miedo.
Todos los que estaban presos en sus casas.
Asomados temerosos a las calles
quieren saber dónde van, por qué se mueven,
buscan aire, buscan la luz y su sombra
que se alarga en el camino junto al río. 

Los chicos, espalda recta, mirada al frente,
levantan las rodillas; las chicas siguen
como gacelas el ritmo apresurado,
ágiles sus piernas apenas se posan
sobre el suelo sus pies; algunos caminan
lentos, como si pensaran, se descubren
sobre la tierra que pisan, y repasan
los pasos de quienes primero bajaron
en busca de sus viejas huellas dormidas.

Bicicletas cruzan veloces, risueñas,
sobre el amarillo pálido del suelo
quisieran volar, saltar, vencer al tiempo,
ganar la carrera con premio del día.

Los otros caminan moviendo los brazos,
desafiando con sus pasos el pasado,
despiertos han vencido la pesadilla,
el sueño oscuro que cerró las puertas,
ahora, por fin en la calle, recuperan
su calzado deportivo y el camino,
libres ya del sedentario y triste encierro. 




                               José Luis Martínez Valero

                
 revistaágoradigital/Co-lección Ágora/textos magistrales/ mayo 2020



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