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lunes, 10 de noviembre de 2014

De perroflautas, gitanos y loboflautas. Diario político y literario de FM/ T3/9



Artículo de Fulgencio Martínez, publicado en el diario EL PAJARITO.ES (10-11-2014)

http://www.elpajarito.es/opinion/368-agora/10105-de-perroflautas-gitanos-y-loboflautas.html




DE PERROFLAUTAS, GITANOS Y LOBOFLAUTAS


Una asociación gitana, en defensa de la imagen de este colectivo, ha puesto una denuncia a la Real Academia de la Lengua por mantener aún vigente en las nuevas ediciones del diccionario de la RAE una acepción peyorativa del término “gitano”. Según dicha asociación, el uso que registra de esa palabra el diccionario no solo es peyorativo, sino racista, denigratorio y en contradicción con los Derechos Humanos y la misma Constitución española, que prohíbe discriminar por razones de género, etnia o religión. Lo desconcertante es que la demanda impuesta a la institución fundada por Felipe V  se basa en el uso del término “gitano” en el español coloquial (y aduce como perito y prueba el diccionario de la Academia) y a la vez denuncia el registro del uso por parte de los lexicólogos. Es tanto así como si fuera denunciada la Guarda Civil como autora de un crimen por hacer la Benemérita el atestado de un hecho criminal; además el testigo y perito de la parte acusadora es también el objeto de la acusación. 

He consultado el diccionario en línea de la RAE. Estas son las entradas que le dedica al polémico término: “gitano, na. (De egiptano, porque se creyó que procedían de Egipto). 1. adj. Se dice de los individuos de un pueblo originario de la India, extendido por diversos países, que mantienen en gran parte un nomadismo y han conservado rasgos físicos y culturales propios. U. t. c. s. 2. adj. Propio de los gitanos, o parecido a ellos. 3. adj. Que tiene gracia y arte para ganarse las voluntades de otros. U. más como elogio, y especialmente referido a una mujer. U. t. c. s. 4. adj. coloq. Que estafa u obra con engaño. U. t. c. s. 5. adj. ant. egipcio (natural de Egipto). 6. m. caló. que no se lo salta un ~. 1. expr. coloq. U. para ponderar lo grande o extraordinario en cualquier aspecto.”

Intuyo que es la acepción cuarta, empleada en el español coloquial, la que suscita el rechazo del colectivo que se siente agredido verbalmente cuando el roman paladino usa la expresión hecha y metáfora de “gitano” :“fulano se ha comportado como un gitano”, “ese es un gitano”, etc. 

Las metáforas y expresiones hechas forman parte de la sangre de un idioma, de su historia, que es a la vez el manto térreo donde fosiliza la vida de una comunidad de hablantes. No podemos recrear el idioma desde cero, ni siquiera el poeta inventa originales sentidos a las palabras; va siempre adosado a ellas, y a los nuevos sentidos que el poeta más original les insufle, un poso de tierra y de plasma vital, que no es otra cosa que la continuidad de la vida y la historia de una comunidad, como he dicho antes.


Si tuviéramos que revisar ahora todas las frases hechas, las metáforas acuñadas, entonces la conversación se haría casi imposible. En una tertulia de televisión oí recientemente, la pasada noche del sábado, a un interviniente, que para relativizar lo dicho anteriormente por otro, de signo político contrario a él, le respondía: "Lo que dices no es una verdad revelada”. El aludido calló, yo hubiera respondido: me das entonces la razón, pues una verdad revelada es falsa ya que se ha demostrado que las verdades reveladas (que supuestamente trasponen el designio de Dios) son mentiras y argumentos inventados por los hombres para imponerse a la inmensa mayoría supuestamente ignorante o crédula. 

Pero yo, en este caso, ignoraría el verdadero uso de la expresión “verdad revelada” en el habla común. Si estuviera ante un teólogo y en una discusión de fundamentos y dogmas, podría entrar a cuestionarle el término “verdad revelada”. Desde una posición filosófica es algo absurdo e inaceptable. Pero más lo es discutir con un teólogo, filosofar sobre la religión: filosofía y religión son “hierro de madera” (como dijo Heidegger), términos incompatibles, agua y aceite.

En la comunicación coloquial, sin embargo, el hombre que hay detrás del teólogo y yo podríamos hablar sin necesidad de exquisiteces lógicas. Si él se empeñase en desacreditar mi verdad porque no se adecúa a la verdad revelada, la única y admisible para su inteligencia; yo le respondería que es un gitano que me está vendiendo una moto en la que posiblemente ni él cree, un estafador a sueldo del Papa de Roma –le diría subiendo el tono, si insistiese en que yo no puedo decir “verdad revelada”. Al final creo que le diría: “eres un marrano”, y si reincide tratando de imponerse, “bah, déjalo (le diría) al fin solo eres un cristiano”.

El teólogo quizá se enfadara, pero el hombre confío en que se diera por contento al llamarle cristiano, aun en tono de mofa. (Si esta conversación, en vez de tener lugar en el presente, hubiera ocurrido en los primeros tiempos del Cristianismo, en Roma, mi hombre quizá hubiera entendido la ofensa pero igualmente, si es de veras cristiano, se hubiera sentido halagado).

Otro término como “perroflauta” está ya en puertas de la Academia. Vean si no hay colectivos que se puedan sentir insultados por este término y llenos de razones para denunciar a los señores académicos. El señor Blecua, director de la Casa, que ha lamentado su falta de recursos, se llevará las manos a la cabeza cuando tenga que contratar a mansalva juristas que la defiendan: el magro presupuesto de que dispone la Academia se irá por la ventana.

Pero, pensándolo bien, es sano que se incorporen nuevos términos; aunque, como el de “perroflauta”, en su uso actual, naciera de boca de unos señoritos cínicos y a sueldo ideológico del gobierno conservador y como un dardo dirigido malévolamente a cualquier participante en manifestación contra las políticas oligárquicas gubernamentales. Especialmente, perroflauta le espeta el político engominado al pensionista que sale a la calle a protestar contra la congelación de la pensión o contra la estafa de los Bancos por las preferentes ladinas. (He usado “ladinas”, ojo; que no se molesten los ladinos o hispanojudíos).

Digo que es sano esta renovación de inventario lingüístico porque, así, tú o yo podemos inventarnos nuevos términos, que si tienen la suerte de ser repetidos, pueden con el tiempo pasar al diccionario. Yo propongo el de “loboflauta” para aludir a los seguidores y corifeos del gobierno de Rajoy, o sea, a los que sin escrúpulos morales se ríen de los españolitos que sufren la crisis y sacan cinco colmillos afilados contra los débiles, mientras guardan (esos loboflautas) una mansedumbre de ovejo ante el injusto poderoso al que besan la mano.


                                 Fulgencio Martínez

                                              Profesor de Filosofía y escritor




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