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domingo, 29 de marzo de 2020

VIDAS SEGADAS. diario político y literario de FM. revista ÁGORA DIGITAL MARZO 2020




VIDAS SEGADAS


"La vida es lo único que Dios no da dos veces", "El sol es nuevo cada día", "Nadie se baña dos veces en el mismo río"; frases y sentencias como esas, igual que muchos refranes, hacen caso omiso de la "ideología de género": expresan una experiencia humana universal. Están exentas de la discriminación sexual del sujeto enunciador. Son frases de sabiduría: En un caso, de sabiduría popular y característica, como en la primera y menos conocida, que sale de la boca de Francisca, una mujer que sirve en la casa familiar de Proust, el escritor de En busca del tiempo perdido. 

Francisca, al ver pasar por las calles de Combray un desfile de soldados camino del matadero ("¡Pobres muchachos! Los van a segar como a la hierba") y ante el comentario valetudinario de otro criado que ensalza el sacrificio y su falta de apego a la vida, se arranca, indignada, con este comentario:  "¡No tener apego a la vida! Entonces, ¿a qué se va a tener apego? La vida es lo único que Dios no da dos veces."

La frase, dirá algún lector, requiere un sujeto enunciador que crea en Dios. Por tanto, no sería tan universal como las frases de sabiduría. Supone, además, que la "vida" nos la da o cede Dios, en una sola y única entrega y promisión; ambas: entrega y promisión, oferta o acto de darla por parte de Dios, se corresponden. El Creador no solo no nos da otra vida, sino esta, sino que Dios solo tendría una sola oferta de vida, y en nuestras manos, en nuestra libertad, está despreciarla o apreciarla. 

La frase, a poco que se la vea en su miga, pone en duda toda la teología, incluida la del actual tocayo de Francisca (me refiero a Francisco, el papa). ¿Quién es más sabio? Dios no está para perder el tiempo. Nosotros, tampoco. 

Si sustituimos a Dios por la Naturaleza o por el azar de las combinaciones de los átomos, la frase perdería todo su sentido y hondura. Pues ella no se refiere a hechos, a sucesos que ocurran o no, se den o no, sino a una decisión moral, a una apuesta ética. Lo de menos es su significado, lo que importa es su sentido: Alguien que quisiera testar solo su significado podría sustituir Dios por las entidades o procesos ateos dichos anteriormente y discernir según un determinado modelo probabilístico las posibilidades de repetición de una misma vida. Ese procedimiento estadístico, válido para manejar datos, se equivoca en la comprensión de lo que es una vida.

Semana tras semana, asistimos a la enumeración monótona de los datos sobre muertes por el coronavirus; a nivel de España, de cada región, y a nivel del planeta. Al oír enunciar en televisión curvas y picos para describir, en modelo de lenguaje formal, esas numerosas pérdidas de vidas no puedo evitar evocar la frasecilla de Francisca, la cual, pese a su dureza, me parece mucho más humana que el tono de voz de ordenador con el que se nos da, cada día, el parte de la muerte. 

Exijamos, críticamente, democráticamente, mayor protección para nuestros héroes, para las vidas amenazadas y para todos.  

En la balconada de la democracia y de nuestra conciencia, no faltemos a la crítica ante lo que se hace y se ha hecho mal para evitar el avance del virus. Suscribo las voces de quienes, desde la sociedad o desde algún medio periodístico libre, piden que no cesemos de ejercer el deber y el derecho  democráticos de la crítica, porque ese será también un modo de colaborar la ciudadanía a solucionar sus problemas.

FULGENCIO MARTÍNEZ


   revista ÁGORA DIGITAL  MARZO 2020



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