viernes, 6 de febrero de 2015

SETENTA Y SEIS AÑOS MUERTO DANDO VIDA A LA PALABRA. Por Antonio Chueca. Homenaje a Machado/ Revista Ágora

 
Homenaje a Antonio Machado
SETENTA Y SEIS AÑOS MUERTO DANDO VIDA A LA PALABRA 
                           
                             por ANTONIO CHECA LECHUGA
 

Pronto, dentro de unos días, en este mes de Febrero, el día 22, a las quince horas treinta minutos (1), en el pueblecito costero del sur de Francia llamado Colliure hará setenta y seis años que un hombre dejó de vivir; y tras su muerte, tomó vida la palabra de ese hombre, Antonio Machado, para que mucha gente viviésemos de ella en el aprendizaje de la ética y la coherencia de una vida y un pensamiento, en el que cabía y cabe la meditación de lo por vivir y lo vivido. 

No muere aquel que deja el sueño convertido en palabra y la palabra convertida en enseñanza, si no el que aspira a lo personal como ofrenda a la existencia usurpado para él la materia, de esa gente nace el desprecio a la solidaridad y nace el egoísmo de lo mediocre, de ahí que, apoyándonos en el tiempo como recuerdo, nos vamos a la obra incalculable de un escritor y poeta que nos dio una voz tan personal que llegó a lo plural por sentido emocional ante su época. 

Este año hará cien que nos dejó el insigne Francisco Giner de los Ríos, andaluz de pro que, en recuerdo de la Institución Libre de Enseñanza, uno de sus alumnos en la “partida hacia la Luz” dejó dicho: “Yo creo que sólo mueren definitivamente –perdonadme esta fe un tanto herética-, sin salvación posible, los malvados y los farsantes, esos hombres de presa que llamamos caciques, esos repugnantes cucañistas que se dicen políticos, los histriones de todos los escenarios, los fariseos de todos los cultos, y que muchos cuyas estatuas de bronce enmohece el tiempo, han muerto aquí y, probablemente, allá, aunque sus nombres se conserven escritos en pedestales marmóreos”. Y, sacando esa libertad de enseñanza de la que partía, nos adentramos en la enseñanza actual, sujeta a la mediocridad de un partido político y un ministro acuñando recortes mientras mira inalterable la marcha de grandes estudiosos hacia otras fronteras donde la medicina, la enseñanza, lo científico, la ciencia y el academicismo, fortalecen otros países con el producto bruto de mentes privilegiadas y dispuestas a compartir su valor en todo aquello que para una sociedad es sumamente necesario. 

Como hace ya muchos años, desde 1987 cuando otro amigo y yo empezamos el Paseo Machadiano en una ciudad del sur poblada de recuerdos literarios, y ante una tarde depositamos unos claveles en su monumento, en esas murallas de Baeza donde mira el bronce de su rostro hacia los caminitos viejos de ese campo lleno de olivares, este año, cientos de personas leerán sus versos de nuevo, y otros claveles depositarán en la maqueta y obra de Fernando Ramón donde el cemento habla, donde descansa la cabeza realizada por Pablo Serrano, y recordarán a aquella persona que, coherente con su vida, sigue emocionando ante los escritos de su sensibilidad, ofrecidos a los que quieren ver en ellos la enseñanza de Sanz del Río, Giner de los Ríos, Unamuno, Don Antonio y tantos otros que depositaron su conocimiento en las palabras escritas, en los hechos sociales del momento.

No caben apelativos críticos, a los que deshacen lo hecho en pro de la sociedad establecida, el desprecio es el único calificativo al que se exponen aquellos que, insensiblemente, destruyen del hombre la paz de una conciencia colectiva en pro de una cultura por la que el hombre, o algunos hombres, han pagado con su vida o con el abandono de su tierra mediante un exilio forzado. 

En algunas ocasiones he dicho que no se lee un libro por casualidad, pero tampoco la casualidad hace del hombre le haga pensar que existe, que vive y que en la vida, la oscuridad oculta la luz de la esperanza en las civilizaciones. 

La esperanza de quien escribe conlleva ineludiblemente un ideal implícito, en ese ideal, en esa forma de ser ante la vida, hay quien mira la misma desde el ángulo que une dos lados contrapuestos: el físico y el anímico, en nuestro maestro, en la conjugación de un ser meditativo y otro observador, nace el criterio de una óptica reflexiva que se llama experiencia, y con ella, la conciencia de la enseñanza de la que admiramos cada año en lo que solemos llamar reconocimiento al maestro, ofertando en su lectura, ese paseo ante el pueblo, y en las calles del mismo, la marcha emocional de personas que han leído y leen el mensaje literario donde la conciencia colectiva, se asomaba a veces a la naturaleza, y otras, al concepto social de las personas.  

Cuando fue suprimido el primer “Paseo Machadiano” el 20 de Febrero de 1966 e innumerables intelectuales de toda España se dieron cita en Baeza, una mano dura desterró sus deseos. El hombre mediocre desterró la ética del recuerdo y se afianzó en el poder mediático de una institución construida a la fuerza de una cruenta guerra, de ahí que el otro ángulo del maestro en la palabra, el anímico, tomase fuerza en el tiempo y los que agradecemos la enseñanza como forma, tengamos a bien el recordar cada año ese encuentro colectivo, donde se lee al poeta y se mira ese futuro en el que el hombre pueda ser aquello donde mira la belleza su retrato, el que hoy intentamos emular con un clavel y un poema por medio de unas calles de tránsitos dispares. 

Leer el "Poema de un Día", estructurar su mensaje y asimilar la belleza construida, conlleva al menos el agradecimiento hacia uno de los poemas más importantes de nuestra lengua, pero cundo asumimos como nuestro los sueños del "Mañana Efímero", y nos encontramos con un pensamiento como: “La España de charanga y pandereta,/ cerrado y sacristía,/ devota de Frascuelo y de María, / de espíritu burlón y de alma quieta, / ha de tener su mármol y su día,/ su infalible mañana y su poeta.” ya nos adentramos en las trabas de una élite retrógrada y un pensamiento que no llega a florecer de momento, porque el hombre no piensa en esos dos versos sacados del poema a Giner de los Ríos en este febrero de 2015 día 21 casi mordiendo en la fecha su “marcha hacia la Luz” donde decía “Yunques sonad, enmudeced campanas”.

De esos yunques ha salido siempre la libertad y la esperanza, “Y en ese espacio considerado como un medio vacío, homogéneo, en el cual se dan las cosas, en una seudorrepresentación. Si supiéramos de nuestra representación todas las imágenes y todos los recuerdos de objetos exteriores, suprimíamos al par el espacio”. En ese espacio construido este año volveremos a ese Paseo donde el homenaje, hace del verso y la palabra, “el don preclaro de evocar los sueños”.


Baeza 2 de Febrero de 2015


NOTAS
(1)  cf. Joaquín Gómez Burón, Exilio y Muerte de Antonio Machado. Ed. Sedmay.

                                                                                                             Antonio Checa Lechuga


REVISTA ÁGORA DIGITAL FEBRERO 2O15

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