miércoles, 4 de diciembre de 2013

Jorge Guillén y el Sur, desde la distancia. Por Francisco Javier Díez de Revenga. Textos magistrales.Artículos literarios. Ágora

Jorge Guillen




Jorge Guillén y el Sur, desde la distancia
Por Francisco Javier Díez de Revenga


Jorge Guillén escribió Cántico, en una importante parte, entre Murcia (desde 1926 a 1929) y Sevilla (desde 1930 a 1938), y la luz de Murcia y la luz de Sevilla quedaron para siempre en sus páginas. Desde el año 2008 contamos con una edición de su poesía completa, la de Óscar Barrero, en la que el editor ha transcrito todas las anotaciones de fechas y lugares en que fueron escritos o corregidos todos los poemas de Jorge Guillén y las de sus sucesivas versiones, cuyos manuscritos se conservan, ya que Guillén, cuidadosamente, los coleccionó y donó a los archivos de Wellesley College y de la Houghton Library de la Universidad de Harvard, en Massachusetts.

 Esta edición nos permite saber, por ejemplo, que la celebrada traducción de El cementerio marino de Paul Valéry la comenzó Jorge Guillén en Murcia los días 2, 3, 11 y 15 de febrero de 1929. Del mismo modo, sabemos que a Sevilla le cabe el honor de que entre el 10 y el 18 de octubre de 1931, inicia la confección del poema más importante de Cántico, «Salvación de la primavera», que habría de continuar revisándolo y ampliándolo en los años siguientes y en muy diversos lugares. En Sevilla lo dará por finalizado entre el 4 y el 6 de febrero de 1934.

Se trata del poema decisivo y fundamental en la representación del amor en Cántico, ya que en el hallamos a la mujer real en su desnudez elemental y esencial para el poeta, que vive la plenitud del amor ante su presencia viva. Pero siendo una amada real, no oculta el poeta el gran prodigio de su existencia, sublimadora de la realidad. Ni mito ni  sueño, ni ficción ni imaginación, solo amada pura y real. La amada es poseída por su propia esencia a través de los sentidos, la vista, el tacto, que logran la plena posesión, la total contemplación. La amada centra la admiración del poeta y colma, con su claridad, con su esplendor y con su luz, las ansias del poeta que la convierte en centro del mundo como primavera, como río, como aventura, como claridad… fabulosa y trémula posesión del poeta mientras el alma de la amada se entrega en su peso y volumen
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El poeta en su casa de Murcia                                                                     

     


 
Alma y cuerpo son una misma cosa, y carne y espíritu permanecen unidos. En «Salvación de la primavera» esta identidad de esencias se concentra en el pronombre «tú», que, como hiciera Pedro Salinas en La voz a ti debida, representa a la amada sin disfraces, sin nombres, singular y desnuda. La amada es así «la única», que el amante, lleno de júbilo y de entusiasmo, afirma y proclama en su exactitud y en su totalidad. 

Y la unión de amado y amada, unión de carne y espíritu, de cuerpo y alma, representa, sin apartarse un ápice de la realidad, la cumbre de la posesión y de la unión entre los amantes, convertidos así en su propia expresión, con toda su carga de existencia vivida, de ternura, de caricia, enriquecidas en la experiencia diaria, cotidiana, del amor. Y de la posesión vivida del amor, se asciende a la plenitud cósmica del mundo transformado, hacia los cielos, como se deja escrito en «Salvación de la primavera», o hacia los montes y los ríos, hacia los lejanos levantes, naturaleza donde los amantes y la luz se funden en unión de posesión y plenitud, de felicidad. Sin duda, la posesión y la verdad del amor trasfunden al resto del libro, a todo Cántico, esa realidad de júbilo y entusiasmo, esa idea de que el mundo está bien hecho. 


Con Germaine Cahen, su esposa.

El poeta tiene más fe en la vida, en la realidad, por fin, real y se centra y se realiza, al mismo tiempo que la amada, con quien se convierte en una misma energía. Amar es ser, ser más aún. El amor es perfecto y se extasía, con su plenitud, en sus límites, viviendo lo presente, pero también lo eterno, por encima del tiempo, el amor es «salvación». 

El 8 de octubre de 1931, Guillén escribe a Germaine que acaba de terminar cuatro poemas y empieza una nueva serie para el libro. Y el 11 de octubre ya le escribe sobre el nuevo poema: «Acabo de dejar ―por hoy― tu, o mejor nuestro, poema. ¡No te asustes! Es de amor completo. Espero poder incluir y salvar todo lo inconvénient». El 13 de octubre ya le copia algunos versos. En diferentes cartas de los meses siguientes aparecen nuevas referencias al poema. El 5 de marzo de 1932, ya le dice el título: «El poema ya ha arrancado definitivamente. Me siento mejor. Salvación de la primavera. Ajustada  a la sola desnudez de tu cuerpo, etc. (Por cierto, esto coincide con un renacer, levísimo, tímido, vergonzante, de pensamientos o entrevisiones de primavera que ―apenas nacen― delicadamente rechazo o ladeo. No quiero adelantarme, yo solo… ¡Estoy tan sincronizado, tan concorde con mi partenaire¡ Pero ¿un día llegará, di?).»

Un telegrama a Germaine, enviado desde Sevilla a París, de 17 de octubre de 1933, resume lacónicamente la ansiedad del trabajo en la célebre composición: «Cuánta primavera por salvar todavía. Jorge». «Salvación de la primavera», en efecto, no se terminará hasta el 6 de febrero de 1934, en Sevilla por supuesto.



Me contó Claudio Guillén, una fría mañana de diciembre de 1990 en Murcia, cuando recorríamos la calle de la Aurora (inspiradora de uno de los poemas americanos de Cántico ), que su padre cuando, en los fríos inviernos de Nueva Inglaterra, rodeado de nieve por todas partes, quería entrar en calor, imaginaba espacios de las ciudades cálidas del Sur de España, en las que había vivido, y entonces escribía poemas con los recuerdos de sus ambientes cálidos y acogedores.

Así, el 17 de enero de 1944, en Wellesley, Massachusetts, escribió, con los recuerdos de Sevilla y del cálido ambiente de su Alcázar, un poema en pareados que ha sido muy celebrado, titulado «Aquel jardín» y dedicado «Para mis amigos de aquel Alcázar»:

Muros.
Jardín bien gozado
Por los pocos.
¡No hay pecado!

Perfección ya natural.
Jardín: el bien sin el mal.

Buen sosiego. No hay descanso.
Tiembla el agua en su remanso.

Tan blanca está esa pared
Que se redobla mi sed.

En más agua la blancura
De la cal se transfigura.

Fresquísima perfección.
La fuente en mármol y son.

Animal que fuere planta,
El surtidor se levanta.

¡Sílfide del surtidor,
Malicia más que temblor!

Canto en el susurro suena
Si en mi soledad no hay pena.

¿Pena tal vez? A un secreto
De penumbra me someto.

Huele en secreto y me embarga
Con su olor la hoja amarga.

¡Ay! Las dichas me darán
Siempre este olor de arrayán.

Tengo lo que no tuve:
Mucho azul con poca nube.

El sol quiere que esta calma
Sea la suprema palma.

Muros.
Jardín
Bien ceñido,
Pide a los más el olvido.

Y a los muy pocos días, el 27 de enero de 1944, con los recuerdos de la cálida Murcia, escribe «Calle de la Aurora»:

Así se llama: calle de la Aurora,
Puro el arco en el medio, cal de color azul
Aurora permanente que se asoma,
―Sobre corro o motín―, al barrio aquel del Sur,
Humilde eternidad por calle corta.

         Pero hay que tener en cuenta, como señaló Joaquín Gimeno Casalduero, que el sentido de todas estas representaciones poéticas revela el impulso sublimador y universalizador de la realidad que manifiesta con nitidez toda la poesía de Cántico:  «El arte de Guillén, […] se caracteriza […] por el sabio manejo de una técnica que destruye en la realidad lo accesorio para aprehender y para definir su naturaleza. De ahí la claridad de la poesía guilleniana y el resplandor admirable de su universo. Resplandor admirable que se origina en lo más simple y profundo de las realidades que nos enmarcan, y que, porque las ilumina, nos sitúa en el lugar que nos es propio dentro del mundo al que pertenecemos. [...] Después de que Guillén [a la ciudad concreta] la ha contemplado se abre, sin accidentes ya, mostrando su realidad oculta: realidad que la transcendentaliza universalizándola».

Y es que Cántico observa un interesante proceso de creación a través de las transformaciones operadas a lo largo de sus cuatro ediciones, lo que revela progresos sustanciales en los asuntos, motivos y temas literarios que conforman el mundo poético del libro: el hombre y las cosas, el ser, la plenitud del amor, la temporalidad, la muerte, el dolor, el desorden. Se puede hablar de dos épocas en la manera de abordar estos argumentos: una primera, formada por las dos primeras ediciones, antes de la Guerra de España, caracterizadas por un presente optimista; la segunda, constituida por los incrementos poéticos en las dos últimas ediciones, distinguida por la presencia de elementos disturbadores de la plenitud inicial. En todo caso, Cántico  revela la manera de analizar el mundo de Jorge Guillén, su forma de penetrar en la realidad y captar sus esencias para transmitírselas a su lector.



Francisco Javier Díez de Revenga es Catedrático de Literatura en la UM (UNIVERSIDAD DE MURCIA). El 22 de noviembre de 2013, en su presentación como académico en la Real Academia Sevillana de las Buenas Letras, disertó sobre el poeta Jorge Guillén ("Jorge Guillén: de la luz de Murcia a la luz de Sevilla"). El articulo que publicamos ha sido pedido por Ágora al profesor Díez de Revenga y desarrolla algunos de los temas expuestos en dicha disertación sevillana, junto con otros apuntes y reflexiones de quien es uno de los más reconocidos estudiosos de la Generación del 27.


                REVISTA ÁGORA DICIEMBRE 2013. TEXTOS MAGISTRALES. ARTÍCULOS LITERARIOS

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