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sábado, 11 de marzo de 2023

"INVOCACIÓN", DE ANDRÉS SALOM. ANTOLOGÍA DEL SONETO DEL SIGLO XX. COMENTARIO DE FULGENCIO MARTÍNEZ / REVISTA ÁGORA /marzo 2023

 


"INVOCACIÓN", DE ANDRÉS SALOM. ANTOLOGÍA DEL SONETO DEL SIGLO XX

 

  INVOCACIÓN


Predispuesto a rendirte pleitesía,

le cantaré, Luzbel, a tu belleza;

a tu hombría de bien, a la entereza

que mostraste a la luz del primer día. 

 

Retozona beldad, macho cabrío,

domador de serpientes y dechado

de virtudes...: te canto encadenado

a este banco de mi libre albedrío. 

 

¡Oh padre del placer y la alegría!:

te busco enardecido por la umbría

del nuevo Edén en que la vida empieza. 

 

Quiero poner de gracia a tu servicio

todo mi arrojo, toda mi terneza

de abanderado de tu señorío. 

 

    Andrés Salom

    de su libro Con aires de plegaria (Versos satánicos 2), Itálica ediciones, Sevilla, 1995. Recogido de la antología de verso y prosa de Andrés Salom Los días de más allá del tiempo /Azarbe Micromedia ediciones de la revista Ágora y el Taller de Arte Gramático en colaboración con la ed. Nausícaa, Murcia. 2005. p.54

 

 

 

                                                 

    COMENTARIO DE FULGENCIO MARTÍNEZ

                

              1

Te canto encadenado / a este banco de mi libre albedrío. Hermoso guiño al "forzado" galeote del romance de Góngora, en el soneto de este labrador, aunque pudiera ser albañil, como era en una de sus profesiones; del maestro Andrés Salom. Nacido Pau Cocoví Picornell, en Santañí, hoy oficialmente Santanyí, en Mallorca. Decía sentirse chueto, y presumía de ello (chueto, o chueta, como todavía se llamaban los judíos mallorquines). Esa ascendencia acaso mítica de Andrés Salom (este nombre de Paz, siempre quiso llevar en el suyo) era una muestra más de su solidaridad de corazón con todos los perdedores y perseguidos. El soneto que hemos elegido nos enseña, elevando el tono de compasión a queja metafísica, que la existencia misma está aherrojada, camina entre cadenas; como aquel ángel fieramente humano del mismo Góngora, que recogió Blas de Otero, convirtiendo el apóstrofe a una dama esquiva en símbolo de la condición humana en lucha con Dios.

Andrés Salom, más provocativo si cabe que el poeta de Bilbao, "invoca" a "Luzbel", seguramente después de haber fumado un pitillo con su amigo y contertulio de radio el obispo de Cartagena y Murcia, monseñor Javier Azagra, a la sazón. (O quizá el poema lo escribió para escandalizar al bueno de su amigo el obispo).

Sea lo que fuere, hizo un gran soneto, este hombre poeta que ha pasado sin alharacas ni timbres de gloria por el panorama español de las letras. Como buen escritor "sin lectores" se autoexigía y se triplicaba: maestro de la autoironía, recuerdo su humor de publicar, casi de forma anónima, una crítica de su libro Versos satánicos 2 (Lo de Con aires de pregaria, lo antepuso porque le había chafado su título preferido Salman Rusdhie). El libro, al que pertenece el soneto, lo publicó en 1995 en Sevilla, de forma casi clandestina y en una edición corta para distribuirla entre amigos. 2009 es la fecha en que publicó Salom, en su columna en el diario La Opinión de Murcia, una autocrítica del libro citado, tomando el soneto por el todo del libro. Así que el soneto es metonimia de los Versos Satánicos (2).

Como se corresponden la parte y el todo, es decir, soneto ("Invocación") y libro al que pertenece, creo que casi es mejor recordar en primer lugar las palabras del mismo poeta, que valen por todo un comentario.

Dice en su artículo, del 9 de diciembre de  2009, y que titula: "Cocoví, excomulgado en potencia": *(cito literalmente el artículo en su totalidad, solo corrigiendo las dolorosas erratas que contiene el soneto en esa edición en prensa, que he cotejado con la edición de Los días de más allá del tiempo, antología que ayudé al poeta a preparar, cuyos textos escogimos ambos para su edición en una colección de libros de Ágora en 2005, y que contiene también el estudio preliminar de la filóloga María Ángeles Moragues. En la p. 54 se encuentra el poema "Invocación". Incluso, he corregido la errata en la misma página de la citada antología que tengo a mano, y donde aparece ¡oh en vez de ¡Oh, al comienzo del noveno verso).


Cocoví, excomulgado en potencia

 

Pau Cocoví Picornell, alter-ego del carcamal que asoma la jeta por el ángulo superior izquierdo de este escrito, ha recibido recientemente varias llamadas telefónicas en las que se le hace saber que, en principio, es reo de excomunión en mayor grado que pueda serlo el presidente del Congreso, excelentísimo señor José Bono, por su bagatela.

Total, por haber hecho alarde de haber dado a la imprenta en su día de hace algunos años un soneto titulado 'Invocación', que es algo así como un himno al demonio.

A dichos telefoneros -y sobre todo telefoneras- se les nota que ni tienen el más mínimo sentido del humor ni entienden de ironías.

Para que el resto de sus lectores, que por cierto no deben ser demasiados, puedan juzgar por sí mismos, va a reincidir en ello aireándolo una vez más. Va por ellos:

 

 INVOCACIÓN


Predispuesto a rendirte pleitesía,

le cantaré, Luzbel, a tu belleza;

a tu hombría de bien, a la entereza

que mostraste a la luz del primer día. 

 

Retozona beldad, macho cabrío,

domador de serpientes y dechado

de virtudes...: te canto encadenado

a este banco de mi libre albedrío. 

 

¡Oh padre del placer y la alegría!:

te busco enardecido por la umbría

del nuevo Edén en que la vida empieza. 

 

Quiero poner de gracia a tu servicio

todo mi arrojo, toda mi terneza

de abanderado de tu señorío. 

 

No creo que sea para tanto, ya que mi hombre, al escribir los catorce endecasílabos (catorce versos dicen que es soneto, según Lope) no se inspiró en el demonio que tanto acosó a los anacoretas de allá por el Bajo Imperio; sino en el Mefistófeles de Fausto, que es el más simpático y que además está hecho de papel y de la imaginación algo calenturienta de Goethe. Ello no quita, sin embargo, para que el pobre Cocoví, como consecuencia de los dichos coups de fil, anduviera algunos días algo cabizbajo y empezando a oler a azufre. Hasta que de pronto, y no sé si milagrosamente, se le hizo la luz. Fue cuando recordó haberlos escrito en ocasión de que su maestro Ángel Montiel descubrió que el tal diablo andaba suelto por la universidad católica de los Jerónimos bajo el nombre supuesto de condottiero de neocatecúmenos José Luis Mendoza. Y, además, recordó haber sido ya absuelto en una especie de confesión general en la que no se entró en demasiados detalles. Pero absolución al fin.

Le queda la esperanza, pues, de que San Pedro, en su condición de pluriempleado es, además de guardián de las puertas de la Gloria, depositario de las de los Campos Elíseos, que es, como se sabe, donde van a parar todos los poetas; incluso los malvados, como Baudelaire, Jara Carrillo, Neruda y otros.

¿Qué mayor gloria, pues, que la de poder gozar, a todo lo largo y ancho de la eternidad, de la compañía de Valle Inclán, Verlaine, Baudelaire, Teresa de Cepeda y otros, etc.?...

 

     Hace unos meses murió ese "demonio suelto" que era José Luis Mendoza, descanse en paz. Fue el gran factótum y rector de la Universidad Católica en Murcia. Buenas arras le llevaba, cada año, al Papa, como leal vasallo que era de Su Santidad, y bien que los políticos católicos le admiraban ese gesto y se lo recompensaban. Hay que pensar que cuando Salom empleaba el epíteto de demonio incluía siempre en él algún modo de elogio; en todo caso, la ironía de Salom, su humor de hombre inteligente, le exponía al sacrificio de la excomunión. No se contentaba Andrés con la lapidación, el ninguneo y el olvido oficial, para qué, pudiendo aspirar a la corona de la excomunión. Andrés no tenía remedio.

 

                                            

                    2


Predispuesto a rendirte pleitesía,

le cantaré, Luzbel, a tu belleza;

a tu hombría de bien, a la entereza

que mostraste a la luz del primer día.

 

El soneto arranca con una especie de canta oh musa; de homérica invocación, paródica.

Pasa a destacar, en los dos últimos versos del cuarteto, el elogio de Luzbel. Epítetos morales, que, en un mundo al revés del usual, destacan el carácter virtuoso y profundamente humano del rebelde Luzbel. "Hombría de bien" "Entereza". Me parece un hallazgo la expresión "la entereza / que mostraste a la luz del primer día". La entereza no espera a mostrarse en medio de la batalla, iniciado el curso de la rueda de los acontecimientos, sino a la luz del primer día.

El segundo cuarteto continúa el elogio del hombre rebelde (que diría Camus); en clave poética, bíblica y paródica: Luzbel, como le llama el autor del soneto. Ahora, nos presenta cualidades sensibles, alude a la belleza y al espíritu juguetón, pero también recupera las imágenes terribles tradicionales de su figura: macho cabrío...aunque dándoles la vuelta, invirtiendo su valoración: macho cabrío aquí tiene un sentido elogioso, positivo, igual que domador de serpientes, dechado de virtudes:

Retozona beldad, macho cabrío,

domador de serpientes y dechado

de virtudes...: te canto encadenado

a este banco de mi libre albedrío. 


Los dos últimos versos, reparamos de nuevo en ellos, son decisivos en el tema del soneto. Por ellos se reconoce el autor (y en él la humanidad) hijo de Luzbel y seguidor suyo, en cuanto usuario de la libertad. El libre albedrío que san Agustín valoró como origen del pecado es la trasposición al hombre de la rebelión del ángel más bello, a la luz del primer día de la creación. Ecos de la sartreana condena a ser libres, ecos poéticos del forzado a galeras de Góngora. En el ideario sugerido se prepara el tono de plegaria de los tercetos siguientes y, de entrada, la advocación "padre" dirigida -metafóricamente, esta vez- a Luzbel.

¿Cuándo es metáfora, alegoría o metonimia, o cuándo es parodia una expresión poética? ¿Cuántos modos de decir encierra el decir en verso, y cuándo se dice algo con una música o con otra? A veces el mismo modo se dice con música diferente. Hay que estar oído avizor.

En lo formal, que va intrínseco al tema del soneto, observarás la rebeldía en las rimas de este segundo cuarteto, y cómo los versos 5 y 8 no enlazan con las rimas del primero, de manera que introducen una nueva rima (en -ío) que continuará... El soneto rompe las cinchas por varios sitios; libertad formal, imagen de la rebeldía a la que canta.

Los dos tercetos son una espléndida plegaria. Invocación, elogio, plegaria, son cauces de comunicación del poema, entre otros. Un poema siempre dice sobre algo que lo contiene, resuena en algún lugar que nos causa sorpresa porque provoca nuestra atención diciendo algo esperado y a la vez distinto a lo esperado.

¡Oh padre del placer y la alegría!:

te busco enardecido por la umbría

del nuevo Edén en que la vida empieza

 

Ese "nuevo Edén en que la vida empieza" me trae inmediatamente a lo más íntimo del poeta que conocí. Su ilimitada (e "iluminada") pasión por la vida y, en concreto, por cambiar la vida, o más en concreto en su ideario "comunista", por cambiar el mundo. Esta parte es enternecedora. La búsqueda humana, entre las tinieblas, de un nuevo Edén. De nuevo el poeta invierte las valoraciones. Umbría, y su alusión a tiniebla, no es ya un término negativo, luceferino; sino revolucionario. Andrés Salom era, ante todo, un iluminista, un hijo de la Ilustración, como lo fue Marx, a quien Andrés admiraba, e incluso había leído algunas páginas de El capital (más que muchos de mis colegas filosóficos, la verdad). Yo tampoco soy marxista, advierto. Andrés Salom, como muchos otros de su generación y de la mía, no llegamos a leer aquello de la dictadura comunista o del proletariado; nuestro marxismo corto era suficiente para criticar el mundo de la alienación económica, la falta de libertad y la hipocresía de las clases dirigentes. En mis conversaciones con Andrés nunca, sin embargo, hablamos de marxismo; sino de ciencia, o mejor, de filosofía, de cosmología: comentábamos el libro de Stephen Hawking Historia del tiempo, que Andrés releía con la misma pasión polémica que revisitaba a sus escritores favoritos, García Márquez y Juan Rulfo. La polémica consistía en quién de estos dos era el mejor escritor del mundo; no dudaba de que eran los dos mejores. Según días, le parecía que Rulfo, otras que Márquez, como unas veces dudaba si Dios hizo el tiempo, y apostaba por las ideas de Hawking, aunque otras lo cuestionaba: si Dios no existe quién hizo el tiempo y si es éste limitado, periódico, y no eterno, no infinito, o si es cíclico y eterno pero no infinito, quién lo ordenó así.

 

Quiero poner de gracia a tu servicio

todo mi arrojo, toda mi terneza

de abanderado de tu señorío. 

El terceto de cierre es una confesión y acto de leal vasallaje, también una palabra de resistencia. Hermoso verso antepenúltimo, al disolver aparentes antítesis: "todo mi arrojo, toda mi terneza". El mundo no solo se construye con la revolución, con el coraje o arrojo de muchos o de unos cuantos; también con los versos, con la terneza. (Por cierto, esta terminación en -eza enlaza no solo con las consonantes del verso 11, sino también con las de los versos 2 y 3, como si el soneto volviera al inicio. A esa sensación de envolvimiento contribuye la rima del último verso que comentaré en el siguiente párrafo. La estructura de las rimas de este soneto atípico es: ABBA CDDC EEB CBC, con la peculariedad de que el v. 12 rima en asonante con el del final).

El último verso, donde se juega el ser o no ser un soneto, contiene la genialidad de no usar una rima en consonante con "servicio", palabra con la que acaba el v. 12 (el poeta deja así ese verso antepenúltimo con rima asonante, de forma aparentemente inhábil). El v. 14 sorprende con una expresión que rinde poéticamente con brillantez, "señorío", y que cierra el soneto de manera magistral. Señorío consuena con albedrío, del verso octavo, que cerraba la primera parte del soneto. Se reafirma de este modo, con la vuelta de la rima consonante en -ío, el tema de la composición: la apuesta por la libertad humana y su vocación de crear y enmendar a, o colaborar con Dios en la Creación. Como en Blas de Otero, detrás de la blasfemia hay oración, la manipulación paródica del lenguaje religioso es el medio de una poesía de cambio, social, poesía social que es antes ética y antropológica: reflexiva sobre el existente humano.

Inolvidable maestro y persona, Andrés Salom.

 

 

 

Andrés Salom, autor de Anecdotario (Autobiografia apócrifa de Pau Cocoví), Con aires de plegaria (Versos satánicos 2) y Los días de más allá del tiempo (Antología de verso y prosa).


REVISTA ÁGORA DIGITAL / ANTOLOGÍA DEL SONETO DEL SIGLO XX/ MARZO 2023

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