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miércoles, 27 de mayo de 2026

Cuando despertó.... Por Antonio Ramírez Córdova (desde Puerto Rico). La sonrisa de Cervantes / Textos cervantinos 22. Ágora- Papeles de Arte Gramático N. 39. Nueva Col. Mayo 2026 Parte II

 Don Quijote abraza a Maritornes. Encuentro nocturno con Maritornes - Banco  de imágenes del «Quijote» (1605-1915) - QBI

              Don Quijote abraza a Maritornes. Encuentro nocturno con Maritornes.

                      Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes 

 

 

Cuando despertó, Maritornes todavía estaba allí.

 

(Aproximación desde Monterroso)

 

 

        Antonio Ramírez Córdova

 

 

 


 

Antonio Ramírez Córdova nació el 2 de septiembre de 1941 en Bayamón, Puerto Rico. Es poeta, dramaturgo, ensayista, narrador, crítico literario y catedrático universitario jubilado. Miembro del PEN Club Internacional de Puerto Rico. Egresado de la Universidad de Barcelona en 1968. Doctorado Honoris Causa (febrero 2022) otorgado por la Fundación Universidad Hispana (FUHI) de Perú. Premios más recientes: Premio de Internacional de Poesía del PEN Chile (2022). Primer Premio del Certamen Nacional de Poesía de Puerto Rico: Hiram Sánchez Barreto (2023). Invitado Especial en el XII Festival Internacional de Poesía de Santo Domingo (octubre 2023) e Invitado Especial en el XXII Festival Internacional de Poesía de Costa Rica (octubre-noviembre 2023). 

Entre sus obras poéticas destacan títulos como Más allá de las sombras (que fue premio Internacional de Poesía Vicente Rodríguez Nietzche 2019), Sobre el reloj del tiempo (Homenaje al poeta universal Miguel Hernández en su centenario), Humo y viento (1962, publicado en Barcelona), Si la violeta cayera de tus manos (1984), Decimario para cantarle al amor (1998), Un caballo violeta para el sueño (2000), Renovada penumbra (2002), Indeclinable asombro (2011), Al pie del sigilo (2014), Dichos de Antón (2019).

La revista Ágora le dedicó un homenaje en abril de 2023, y le otorgó el Premio "Cervantes de Ágora" de Honor (junto a la poeta Elsa Tió), por su trayectoria poética.

 

CERVANTES Y EL QUIJOTE: UNA LECTURA “INFINITA”. Antonio Candeloro. La sonrisa de Cervantes / Textos cervantinos 21. Ágora 39. Nueva Col. Mayo 2026 Parte II

 

 


 

CERVANTES Y EL QUIJOTE: UNA LECTURA “INFINITA”

Antonio Candeloro

 

La curiosa historia de la calle Entrecárceles 

Intento contestar estas preguntas: ¿qué me enganchó tanto en la lectura del Quijote? ¿Por qué siendo un joven de veinte años intuí que ahí había algo que me atañía y que me interrogaba?

 

La novela inmortal de Cervantes me llamó inmediatamente la atención porque contenía un prólogo que nada tenía que ver con los prólogos. Si durante todo el Siglo de Oro hispánico el prólogo es el lugar ideal en el que quien escribe presenta la obra al lector intentando captar su benevolencia y subrayar su originalidad y su bondad en cuanto a la calidad literaria, además de adelantar algo de lo que el mismo lector va a encontrarse al empezar el acto de la lectura, he aquí que Cervantes desmontaba todo el entramado típico para dar lugar a un “prólogo sobre la imposibilidad de escribir un prólogo”, un “anti-prólogo”, donde ocurre exactamente lo contrario de lo esperado y de lo esperable. En ese famoso prólogo Cervantes arranca toda su narración con un adjetivo que contradice inmediatamente la postura que tiene que tener quien se enfrasca en la lectura del Quijote: “Desocupado lector”, o, podríamos parafrasear, “lector que no tienes nada mejor que hacer” o “lector que estás sin ocupación”, que “puede perder el tiempo”. Sigue una falsa declaración de humildad: “sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse”.

Cervantes desea, quiere, espera que este libro sea así, lleno de belleza, de valentía, de “discreción” (una palabra clave en la cultura y en la sociedad española de los siglos XVI y XVII), pero, añade: “Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza; que en ella cada cosa engendra su semejante”. Se trata de una teoría clásica de corte aristotélico: de tal padre tal astilla, podríamos sintetizar recurriendo a un refrán. Nosotros heredamos lo que nos legan nuestros padres: “Y así, ¿qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?”.

Hete aquí cómo Cervantes empieza a jugar con nosotros a través de la técnica de la ironía: en un primer momento, se presenta como alguien que tiene un ingenio “estéril” y “mal cultivado”; seguidamente, afirma que su libro está lleno de “pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno”: ¿puede alguien echarse un piropo más halagador? Cervantes finge presentarse como un escritor que no tiene estudios y no ha acudido a la Universidad; sin embargo, a quien él presenta como su “hijo seco, avellanado, antojadizo” es, al mismo tiempo, alguien dotado de pensamientos varios y, sobre todo, “nunca imaginados de otro alguno”. Es como si Cervantes nos dijera: “lo que vais a empezar a leer nunca nadie lo ha imaginado antes”. Es todo tan original, tan inédito que nadie se ha atrevido a tanto. Ya aquí, en estas primeras líneas del anti-prólogo, vemos dos rasgos fundamentales de la poética cervantina: la ironía de quien juega con el lector o lo invita a jugar con el doble sentido de lo que se dice y la exaltación de la imaginación. 

 


Cervantes se presenta como alguien dotado de una imaginación incomparable, una imaginación desatada. Nadie ha escrito antes algo así. Y, en cierto sentido, no le faltaba razón. También podríamos citar un tercer elemento importante en relación con la trama que se irá desarrollando desde estos umbrales del texto: Cervantes alude al hecho de que el libro nace en la cárcel. Según muchos cervantistas, aquí el escritor estaría aludiendo o al encarcelamiento que sufrió en Sevilla en 1597 o al que padeció en Castro del Río en 1592, cuando era recaudador de impuestos para la Corona. Independientemente del año exacto o del encarcelamiento real al que aquí podría estar aludiendo Cervantes, una cosa es cierta: todavía no arranca la obra y Cervantes ya empieza a mezclar la “realidad ficticia” con la “realidad empírica”. Es este el tercer elemento que tener en cuenta: la mezcla constante entre hechos reales y autobiográficos y hechos inventados. Cervantes es de esos escritores que tiende constantemente a “ficcionalizar” la realidad, a construir y elaborar su universo narrativo a partir de los hechos autobiográficos. Es un aspecto que podemos comprobar al leer los demás prólogos de las demás obras de Cervantes: no hay ni una en la que no asome el rostro verdadero y el rastro autobiográfico, por así decirlo, del Manco de Lepanto; no hay ni una en la que no nos ofrezca (de forma divertida y autoirónica) un autorretrato. Es como si Cervantes nos estuviera enseñando los múltiples rasgos de su personalidad, las facetas de su carácter, personalidad y carácter que se plasman en las dos figuras inmortales de Don Quijote y Sancho Panza, esos dos personajes que parecen reales, como subrayó Antonio Machado en 1915 tras leer las Meditaciones del Quijote de Ortega y Gasset: al leer sus hazañas, sus desventuras y sus diálogos aparentemente infinitos, todos sentimos o percibimos el deseo de hablarles y de que “nos dijesen algo de lo que piensan mientras conversan y cabalgan”.

Y este es un cuarto motivo por el que la lectura del Quijote me enganchó: por primera vez, en mi experiencia de lector inquieto, me hallaba frente a dos personajes que parecían más humanos que los humanos. Siendo la voz de Cervantes la de un amigo al que es siempre posible acudir, para sonreír o reírnos de nuestras glorias y de nuestras miserias. Es por eso por lo que el Quijote es un clásico: no deja nunca de decir lo que tiene que decir; con cada nueva lectura descubrimos matices nuevos que no habíamos notado antes. En este sentido, podemos afirmar que el Quijote es verdaderamente un libro “infinito”, que no se acaba nunca.

 


 

Antonio Candeloro es Profesor Titular de Literatura Española. Sus ámbitos de investigación van de la literatura española del Siglo de Oro (en particular, Cervantes y las reescrituras modernas del "Quijote") a la literatura española moderna y contemporánea. Ha publicado el estudio monográfico Javier Marías y el enigma del tiempo (Murcia, Editum, 2016); ha editado la recopilación de estudios Imágenes de la violencia en la literatura y en las artes hispánicas (Siglos XX y XXI) (Madrid, Dykinson, 2025); ha traducido al italiano las novelas El siglo pitagórico y vida de Don Gregorio Guadaña (1644) de Antonio Enríquez Gómez y  Las harpías en Madrid (1631) de Alonso de Castillo Solórzano, además de los microrrelatos de Manuel Moyano, Teatro di cenere (2021) para Del Vecchio Editore. Actualmente es Presidente de la Società Dante Alighieri para el comité de Murcia. Es colaborador del periódico La Verdad.