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domingo, 21 de junio de 2026

OTROS VENDRÁN QUE MEJOR TE HARÁN. GARCILASO, GÓNGORA Y JOAN ROÍS DE CORELLA. Por Andrés Acedo. Nuestros maestros. Ágora-Papeles de Arte Gramático N. 40. Nueva Col. Verano 2026

 

                                                           Garcilaso de la Vega, militar, poeta y escritor español

 

OTROS VENDRÁN QUE MEJOR TE HARÁN. GARCILASO, GÓNGORA Y JOAN ROÍS DE CORELLA 

 

       A mi profesor de Literatura Venancio Iglesias y a mi profesora de Griego María Jesús Fernández

 

                                                           I

 

Maravillémonos con ese estrés en la segunda vocal abierta, que es marca rítmica pero, ante todo, espuela al ánimo si este estuviera abatido o plano

        En tánto que de rósa y azúcena

 

y después los dos versos que continúan el primer cuarteto:

        En tanto que de rosa y azucena

        se muestra la color en vuestro gesto

        y vuestro mirar, ardiente, honesto,

 

y el cuarto y final de cuarteto, con cambio terso de música, inesperado y bien recibido como una dulzura al ánimo que hechiza,

        con clara luz la tempestád seréna.

 

y donde el poeta toledano anuda sirena y tormenta en una sola figura, ampliando el universo mitológico de los seres imaginarios o fantásticos, que tanto admiraría Jorge Luis Borges.

    De esa variante,[1] la más célebre quizá de la poesía española, y más afortunada, este comentarista ignora aún su historia textual (supongo que estudiada fehacientemente; prometo preocuparme por ella y escribir en otra retahíla de palabras).

    Quiero resaltar cómo se reúnen en este sintagma concreto (tempestad serena) del soneto XXIII de Garcilaso los motivos de la tempestad y de la sirena (que viene desde por supuesto el pasaje de la Odisea homérica, si no de antes, asociado a la idea de cantar en mal tiempo, o sea, presenta el peligro de una voz dulce, atractiva, imagen de calma y placer, frente a tormenta, mal tiempo; o escilas y caribdis, abismos amenazantes). Sirena, símbolo ambiguo, antítesis y sinónimo de tempestad. Y síntesis.

     Que en el mal tiempo bien cante la sirena, sin duda cuando mejor cante, y que sea la ocasión, el peligro, de la mejor expresión de la voz melodiosa, seductora de la sirena (del artista, ya podemos decir) es algo que podemos aplicar a la creación poética y a la pasión creadora. Por ese lado, devino el romanticismo alemán. Pero en los autores clásicos y en nuestros poetas prerrenacentistas o ya de los plenos siglos de Oro, valenciano, catalán, castellano, se asocia la idea de la voz que transmite calma y seducción en el peligro con la misma imagen de la muerte. “La veu de Mort li ès melodiosa” (canta Ausiàs March)[2]; o Joan Ruiz de Corella: "Si en lo mal temps la serena bé canta,"

io dec cantar, puix dolor me turmenta

en tant extrem, que ma pensa és contenta

de presta mort; de tot l’altre s’espanta.

 

          March dramatiza en muchos de sus poemas, existenciales para los lectores de hoy, tan auténticos y duros como cantos de roca, bellísimos. La muerte es presentada con buena figura, con voz melodiosa, ante un desesperado ser humano. La vida, en cambio, con mala figura, harapienta, nada deseable.

          El poeta se consuela con la imagen dulce (placebo) de la muerte, de la sirena que canta en el aprieto de la agonía.

 

            

                              Joan Roís (o Ruiz) de Corella, gandense, eclesiástico, teólogo, humanista y poeta italianizante, aristócrata de ascendencia aragonesa.
 

          En cambio, Corella refina la imagen, le da un sesgo también erótico, necesita no solo la voz melodiosa o el rostro afable de la sirena; sino también el calor, no el contacto bruto, obsérvese, la proximidad de una caricia o protección cerca de la muerte y, con sutileza, alterando y refinando más el juego de antítesis (calma-tempestad, sirena/ serena /tempesta, muerte/ vida), introducirse bajo la manta en el lecho de ella, pros vós:

 

Mas, si voleu que davall vostra manta

muira prop vós, hauran fi mes dolors:

seré l’ocell que en llit ple de odors

mor, ja content de sa vida ser tanta.

 

          Garcilaso muestra una especie de mayor pudor, en apariencia al menos. Un pudor castellano, que no es mala estrategia de seducción, si ese fuera el propósito final del soneto que recrea, como conocen, el carpe diem horaciano y el collige virgo rosas de Ausonio.

          Pero consigue: 1, a mi entender de hombre casi abatido en ocasiones, elevarnos el ánimo desde el primer metro del poema. En TANTO que (con diferencia, creo, en el ánimo al “mientras” del soneto de Góngora “Mientras por competir con tu cabello”,[3] el que acaba con el tópico de forma nihilista: “en tierra, en polvo, en humo, en sombra, en nada.”, en su genial verso último. Ambos sonetos, el de Garcilaso, al que acudimos para alegrarnos el ánimo -y pensar en el reconocimiento que sus afortunados lectores le debemos, solo constatar que somos capaces de captar esa maravilla es ya otro motivo de elevación del ánimo, en los malos días y en los indiferentes: la voz del poeta se hace sirena-; y el otro, el inmenso canto de Luis de Góngora, el gran soneto barroco, con nihilismo entreverado, pero que retuerce y lleva a su máxima la belleza del motivo del carpe diem, la seducción de la sirena).

…Y otro logro, 2: Si la poesía es creación, como la novela, que es poesía y creación, cuando es de verdad novela, los poetas como March, Corella, Garcilaso, Quevedo, Góngora, crean con sus imágenes (sirena, tormenta, ruiseñor que canta anunciando una tragedia, o la otra antítesis célebre del fénix que renace entre olores de sus cenizas) realidades que son mitos vivientes, o viceversa, creados y recreados por la corriente meliodosa de una voz, un verbo de sirena que sabe que el destino del hombre es morir, no estar muerto en vida.

 

 

                                                        Ausiàs March, militar valenciano y poeta universal.

 

                                       II

Garcilaso de la Vega comienza a decirnos (por medio de la dedicataria del poema) un soneto que estimamos continuación y superación de algunas de las "cançons" que tan maravillosamente perviven en el cancionero escrito en catalán/ valenciano de Ausiàs March y de su continuador y casi discípulo genial Joan Roís de Corella, dos de los autores que sobresalen en El Siglo de Oro valenciano. De este poeta gandiense hemos comentado en la anterior conversación su espléndida copla de ocho versos, "Si en lo mal temps la serena ben canta...", que sigue y mejora en musicalidad y ritmo endecasílabo italiano las coplas de Juan de Mena y el verso de los sonetos del gran Marqués de Santillana. (cf. https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2026/06/si-en-lo-mal-temps-joan-roic-de-corella.html)

 

 

                                                   El barcelonés Joan (Juan) Boscán, humanista y poeta.
 

        El poeta toledano vivió en el primer siglo de Oro español, fue amigo de Joan Boscán: la generación posterior a la de Isabel y de Fernando, los reyes más cultos de Europa, políticos, en el buen sentido de esta palabra, y decisivos para el destino de una cultura, la española. Su contemporáneo, Carlos I de España y V de Alemania (por ese orden, cuando estamos hablando desde España) protegió a esos dos poetas renovadores: Boscán, que procedía de Barcelona y tuvo como propósito escribir el mejor español de su tiempo, solo mejorado por su alumno, amigo y discípulo Garcilaso. Boscán animó al poeta toledano a ensayar con los metros y ritmos italianos, y las formas neoclásicas latinas (oda, elegías, etc),[4] sin que dejara este en menosprecio la lírica tradicional castellana que había cultivado, en la que compuso coplas octosílabas, en modo villancico, o en modo danças, algunas tan pimpantes como esta copla castellana, poco conocida, y que cito de la página del Instituto Cervantes: Centro Virtual Cervantes. 500 años de Garcilaso:

 

 

COPLA I

Villancico del mismo Boscán y de Garcilaso de la Vega a don Luis de la Cueva porque bailó en palacio con una dama que llamaban La Pájara

 

    ¿Qué testimonios son éstos
que le queréis levantar?
¡Que no fue sino bailar!

Garcilaso

    ¿Ésta tienen por gran culpa?
No lo fue, a mi parecer,
porque tiene por desculpa
que lo hizo la mujer.
Ésta le hizo caer
mucho más que no el saltar
que hizo con el bailar.

 





 

    Es un pícaro diálogo del poeta y de Boscán a la espalda, o a la cara, de su amigo Luis de la Cueva que se había lanzado a bailar con una dama con fama de “pájara” (sin comentarios desde nuestro trono actual, o trona de infante que se escalda mientras se le da de comer, y no traga). El juego del lazo, el pie y la trampa, bellísimo. ¿Quién cayó en la trampa, quién fue el pájaro o fue la pájara? ¿Qué clase de liga salió desde entonces de aquel baile? ¿Fue una pura improvisación, jovial? ¿Un pasatiempo, o hubo más, un lance posterior o, por vida, un romance tórrido?. Ojalá lo imaginemos, salvo el honor de la dama, y guardado el recato de nuestros mayores avances libidinosos.

 

                                                

Finalmente, reproducimos la versión más “clásica” del soneto XXIII de Garcilaso, para recordarnos cómo a veces hay que esperar a segundas versiones para mejorar.

 

 

SONETO XXIII

 

  En tanto que de rosa y azucena

se muestra la color en vuestro gesto,

y que vuestro mirar ardiente, honesto,

enciende al corazón y lo refrena;

  

   y en tanto que el cabello, que en la vena

del oro se escogió, con vuelo presto,

por el hermoso cuello blanco, enhiesto,

el viento mueve, esparce y desordena;

 

   coged de vuestra alegre primavera

el dulce fruto, antes que el tiempo airado

cubra de nieve la hermosa cumbre.

  

    Marchitará la rosa el viento helado,

todo lo mudará la edad ligera,

por no hacer mudanza en su costumbre.

 

 



 


 

 

 



[1] Variante al verso que se recoge en ediciones contrastadas del soneto XXIII:

            enciende al corazón y lo refrena.

Donde “enciende” (fuego, pasión) queda suprimido pero también el inmediato freno. Juego de atrevimiento y de vuelta al pudor, que denota un acercamiento más sensitivo. Maravilla más la variante, a mi entender:

            con clara luz la tempestad serena.

            Sin la “y” que se añade por error en alguna edición o cita. Un endecasílabo tan perfecto, terso, esculpe en luz (belleza espiritual) la imagen del bestiario sirena-tempestad.

 

[2] ¿Quins tan segurs consells vas encercant,
cor malastruc, enfastijat de viure,
Amic de plor e desamic de riure?
¿Com soferràs los mals qui et són davant?
Acuita't, doncs, a la mort qui t'espera.
E per tos mals te allongues los jorns:
aitant és lluny ton delitós sojorns
con vols fugir a la mort falaguera
.

 

Para leer el poema completo de Ausiàs March, en coplas de ocho versos:

https://www.viasona.cat/grup/raimon/raimon-canta-ausias-march/quins-tan-segurs-consells-vas-encercant

 

Para escuchar el poema en la estremecedora voz del poeta y trovador Raimon:

https://youtu.be/tjExyT_1LaY?si=HV7zEC3ogTrROFm3

 

[3] Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido, el sol relumbra en vano
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;

mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano,
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello;

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lirio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o víola troncada
se vuelva, mas tú y ello, juntamente,
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

 

(Soneto de Góngora. Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes).

 

[4] Famosa es la anécdota que establece el antecedente de la recomendación de Boscán a Garcilaso para que se aplicara éste a la lírica italianizante: fue el encuentro en Granada y en la Alhambra del Joan Boscán y el embajador veneciano e historiador Andrea Navagero, en 1526, en la tornaboda del Emperador con la bellísima Isabel de Portugal.

 

                                                                        El veneciano Andrea (Andrés) Navagero, Navajero o Navagiero.

 
 
ANDRÉS ACEDO
20 de junio 2026.
Nuestros maestros II. Ágora 40 Nueva Col. Verano 2026