UNAS NOTAS SOBRE EL
ÚLTIMO CASO DE UNAMUNO
Por Luis García Jambrina
Incluso imaginó que, tiempo
después, tal vez en el siglo siguiente, alguien escribiría una novela o nivola
con su historia, esa de la que no hablarían los libros académicos ni las
biografías oficiales de Unamuno.
LA NOVELA
El
último caso de Unamuno (Alfaguara, 2026). Otoño de 1936. En
una Salamanca conquistada por el ejército sublevado, Franco acaba de ser
nombrado jefe de Estado y Unamuno está investigando el misterioso suicidio de
un catedrático de Derecho. Solo tres meses más tarde, el escritor muere
repentinamente, y Teresa Maragall, anarquista y eterno amor de Unamuno, junto
con el abogado Manuel Rivera, antiguo amigo y colaborador en las pesquisas del
rector, se propone averiguar qué ha ocurrido. Ambos saben que la prensa oficial
miente.
En una ciudad ocupada por miles de
fascistas y militares, mientras España vive sus días más oscuros, la
investigación parece imposible, pero Unamuno será capaz de sorprender a sus
amigos, y al lector, gracias a unas misteriosas pistas que irán desmontando
pieza a pieza uno de los grandes rompecabezas del franquismo. Una refinada
novela de misterio y filosofía política que desvela una sorprendente trama
histórica.
Esta novela o nivola o lo que sea,
pues como autor no me atrevo a calificarla, es una interpretación libre,
personal y literaria de sucesos históricos y biográficos y está basada, hasta
donde me ha sido posible, en hechos y personas reales. Inevitablemente, debido
al complejo asunto que trata, lleno de lagunas y misterios, contiene una buena
dosis de ficción e invención en las situaciones, los personajes y los diálogos,
pero todo ello ajustado de forma creativa y, a la vez, coherente con los datos
históricos y biográficos y con la personalidad del principal protagonista, don
Miguel de Unamuno, que en una parte de la trama es sujeto y, en la otra, objeto
de una investigación criminal. Dada la naturaleza literaria de este relato y la
libertad de creación y de expresión que ella conlleva, su objetivo no es lograr
la verdad histórica y jurídica, sino la verosimilitud y la justicia poética.
LOS
PERSONAJES
Miguel de Unamuno.
Tiene setenta y dos años y está jubilado, aunque sigue siendo rector vitalicio
de la Universidad de Salamanca. Vive entonces con dos hijas, un hijo y un
nieto. Aunque al principio apoyó lo que él consideraba un mero pronunciamiento
militar, enseguida se distanciará de los sublevados y comenzará a hacer
declaraciones contra ellos para que todo el mundo sepa que es lo que está
pasando en Salamanca. También intenta ayudar a algunos detenidos y
sentenciados. Morirá el 31 de diciembre del 36.
Teresa Maragall.
Amiga y enamorada de Unamuno desde hace unos treinta años. Sigue siendo una
activa militante anarquista. Al enterarse de la muerte del escritor, viajará a
Salamanca con una falsa identidad para asistir al entierro de don Miguel y allí
se quedará para investigar lo que ella piensa que es un asesinato. Fingiendo
ser corresponsal de prensa extranjera, entrevistará a aquellos que puedan saber
algo sobre la muerte de su amigo y especialmente al único testigo.
Manuel Rivera.
Amigo y antiguo colaborador de Unamuno en sus pesquisas. En los últimos meses,
se ha distanciado de él por discrepancias políticas. Tras enterarse de su
muerte, decide investigarla junto a Teresa Maragall. Él se encargará de indagar
en el ámbito familiar y los papeles de Unamuno de esos últimos meses.
Aurelia Bernal.
Sirvienta de la familia de Unamuno. Persona honrada y fiel. Es la única que,
aparte de don Miguel y de su visitante, se encuentra en el domicilio del
escritor cuando muere y sospecha que algo podría ocurrirle. Sus aportaciones
serán fundamentales para la resolución del caso.
La familia de Unamuno. En
la casa de don Miguel siguen viviendo sus hijos Felisa, María y
Rafael, así como un nieto, Miguelín, que asisten, cada vez más
preocupados, a los últimos meses del escritor. Durante ese tiempo el escritor
pasa mucho tiempo con su nieto. También aparece Fernando, el hijo mayor,
que vive fuera de Salamanca. Todos ellos serán fundamentales para la
investigación.
Adolfo Núñez.
Médico y cirujano de prestigio, examinó el cadáver de Unamuno e hizo el
certificado de defunción. Amigo y compañero de tertulia de don Miguel, había
sido concejal del Ayuntamiento de Salamanca, dentro de la Conjunción
Republicano-Socialista. Después del Alzamiento, había sido militarizado con el
grado de teniente.
Eloísa Cifuentes.
Mujer valiente y piadosa. Es la viuda del catedrático jubilado de Derecho Penal
Daniel Carbajo, uno de los que colaboraron con los sublevados en la
legitimación del Alzamiento. Ella le pide a Unamuno que investigue su muerte,
pues le parece muy sospechosa.
Juana Vila.
Maestra represaliada. Amiga de la familia de Unamuno; hermana de Salvador Vila,
fusilado por los sublevados, que era amigo y discípulo de Unamuno.
Filomena Domínguez. De
unos diez años. Vecina de Unamuno, con el que estaba fascinada; siempre jugaba
a la rayuela delante de la puerta del edificio.
María Luisa González Rodríguez.
Joven bibliotecaria y profesora; antigua alumna de Unamuno y amiga de la
familia.
Anselmo Sánchez.
Viejo militante anarquista y pintor aficionado. Fue amigo de Unamuno hasta que
este apoyó a los militares sublevados.
Andrés Galán.
Catedrático de Derecho Civil y confidente de Unamuno.
Francisco Franco. General
del ejército y uno de los militares conjurados contra el gobierno de la
República. Por una serie de circunstancias, pronto acabará encabezando el bando
sublevado y convirtiéndose en Generalísimo de los ejércitos y jefe del Estado
de la España nacional. Como tal, instalará su Cuartel General a principios de
octubre en Salamanca, desde donde dirigirá la guerra con mano de hierro y
comenzará a sentar las bases del futuro Estado.
Carmen Polo.
Esposa del Caudillo. Mujer con ínfulas religiosas y espirituales. Lectora devota
de El Cristo de Velázquez de Unamuno, pero detractora de este por su
carácter herético y heterodoxo.
José Millán Astray. Apodado
el Glorioso Mutilado por sus heridas de guerra. Viaja desde Argentina para
sumarse al Alzamiento. Fundador de la Legión, militar experimentado y, durante
varios meses, jefe de la oficina de Prensa y Propaganda. Tiene una extraña
fijación con Unamuno, al que se enfrenta en el paraninfo de la Universidad.
Salvador Múgica.
Coronel del ejército sublevado y jefe del recién creado Servicio de Información
Militar (SIM), encargado de todo lo relacionado con el espionaje y el
contraespionaje.
Mario García Giner. Sargento
del ejército sublevado con destino en Salamanca.
Bartolomé Aragón.
Joven profesor de la Escuela de Comercio y de la Facultad de Derecho. Falangista
y admirador de Mussolini. Es el único testigo de la muerte de Unamuno. Durante
los primeros meses de la guerra, desarrolló una gran actividad en favor de los
sublevados en Huelva, tanto en el frente como en la retaguardia, dado que era
jefe de Prensa y Propagan de la Falange en esa ciudad.
Ernesto Giménez Caballero.
Escritor de vanguardia y destacado falangista. Fundador y director de La
Gaceta Literaria, la principal revista de la Generación del 27. Admirador
de Unamuno y número dos de la oficina de Prensa y Propaganda.
Enrique Pla y Deniel. El
obispo de Salamanca. Apoyó de forma decidida a los sublevados; de hecho,
escribió una pastoral en la que justificaba lo que él consideraba una cruzada y
le cedió su palacio a Franco para situara en él su residencia y su Cuartel
General. Despreciaba profundamente a Unamuno por su pensamiento y sus
actitudes.
Gonzalo de Aguilera Munro. Oficial
de prensa encargado de atender a los corresponsales de guerra extranjeros. Su
carrera militar había sido mediocre y ahora ejercía como terrateniente y
aristócrata, ya que era conde de Alba de Yeltes. Se lo conocía con el apodo de
Capitán Veneno, pues veneno era todo lo que brotaba de su boca.
Francisco Bravo. Periodista
y jefe de la Falange salmantina. Se declaraba admirador de Unamuno, si bien lo
atacó duramente en la prensa en diferentes ocasiones. Su actitud hacia el
escritor era bastante ambigua.
Víctor de la Serna.
Periodista y escritor falangista. Hijo de Concha Espina. Fue el principal
organizador del entierro de Unamuno.
Eugenio Montes.
Joven escritor, periodista y catedrático de instituto; destacado falangista.
Acompañó a Unamuno en algunos de sus paseos hacia el final de su vida.
Esteban Madruga.
Rector de la Universidad de Salamanca; antiguo vicerrector con Unamuno.
La mayoría de los citados son personajes históricos
o reales.
LOS
LUGARES
La ciudad de Salamanca. Estamos
en las Salamanca de los primeros meses de la Guerra Civil. En ella el
Alzamiento triunfa de inmediato. Pronto se convertirá en la sede del Cuartel
General de Franco y de la oficina de Prensa y Propaganda; también de las
delegaciones italiana y alemana. Además del ejército y las milicias, la ciudad
se llena de soldados italianos, militares nazis, diplomáticos, falangistas
convencidos y arribistas, espías, periodistas, buscavidas...
La casa de Unamuno.
Se trata de la última casa en la que Unamuno vivió. Allí sufrió una especie de
confinamiento después del incidente del 12 de octubre y allí murió el último
día del año 36. Todavía se conserva, en la calle Bordadores, y en ella puede
verse una lápida alusiva a su muerte.
El Edificio Histórico de la Universidad. En
él varios catedráticos ilustres de Derecho se ocuparán de legitimar el
Alzamiento, deslegitimar el gobierno de la República y construir las bases de
una Nueva España. En su paraninfo, tuvo lugar el célebre enfrentamiento de
Unamuno con Millán Astray el día de la Hispanidad o de la Raza.
El palacio de Anaya.
Sede de la oficina de Prensa y Propaganda y último lugar en el que Unamuno dio
clase y se jubiló con honores en una celebración a la que asistió el presidente
de la República.
El palacio episcopal. Situado
junto a la Universidad y la catedral, en él estuvo desde principios de octubre el
Cuartel General de Franco y la residencia de este y su familia. Al menos
Unamuno lo visitó una vez para tratar de interceder ante el Caudillo por varios
detenidos y represaliados.
El cementerio de san Carlos Borromeo.
En él enterraron a Unamuno con honores de falangista caído y, detrás de sus
tapias, los sublevados fusilaban a diario a muchos detenidos por sus ideas
republicanas o de izquierdas o por simpatizar con el enemigo.
A estos, hay que añadir, entre otros, el
cuartel de las milicias de Falange y la sede local de esta organización, la
casa del catedrático jubilado Daniel Carbajo, el convento de San Esteban y diversas
calles de la ciudad.
EL CONTEXTO Y TRASFONDO HISTÓRICO
La
novela reconstruye, en toda su complejidad, los primeros meses de la Guerra
Civil en Salamanca, pues son esas circunstancias las que explican la muerte de
Unamuno y su comportamiento durante los últimos meses de su vida. El Alzamiento
militar triunfó sin demasiados problemas en la ciudad. Aunque no hubo apenas
enfrentamientos, el 19 de julio tuvo lugar, eso sí, un trágico incidente en la
plaza Mayor, el célebre “tiro en la plaza”, que causó la muerte de cuatro
hombres y de una niña de cinco años y dejó varios heridos de gravedad, algunos de
los cuales murieron posteriormente. Se trataba de las primeras víctimas de la
guerra en Salamanca. A partir de ahí se desató una cruel represión con la
detención y el fusilamiento de numerosas personas debido a sus ideas y
simpatías políticas, empezando por su alcalde Casto Prieto, que fue sacado por
los falangistas de la cárcel y fusilado junto a una zanja.
A los pocos días de la declaración del
estado de guerra, se organizó una manifestación espontánea de apoyo y adhesión
al alzamiento que recorrió algunas calles de la ciudad. Estaba claro que, desde
el principio, Salamanca era una ciudad azul y pronto llegaría a ser la sede del
Cuartel General de la España sublevada y de la oficina de Prensa y Propaganda.
El ambiente en la ciudad del Tormes era de gran excitación bélica y las calles
estaban llenas de soldados que desfilaban de un lugar para otro con uniformes
de todos los colores, desde el negro de los oficiales fascistas italianos hasta
el rojo de las boinas requetés, pasando por el caqui de los aviadores de la
Legión Cóndor. Su antigua y prestigiosa Universidad se puso de inmediato al
servicio de los sublevados, que harán uso de buena parte de sus edificios e
instalaciones y se servirán de algunos de sus catedráticos para legitimar el
alzamiento, deslegitimar el gobierno de la República y sentar las bases del
futuro nuevo Estado.
En tales circunstancias, Unamuno pasará de su apoyo inicial a los sublevados a su inmediato distanciamiento, hasta acabar posicionándose claramente y con gran valentía contra ellos, con todas las consecuencias.
Luis García Jambrina (Zamora, 1960). Ha publicado novela, cuento, ensayo y teatro. También ha sido editor de grandes autores del siglo XX, como Pere Gimferrer, Claudio Rodríguez, y Unamuno. Editor de Teresa, edición facsimilar (Universidad de Salamanca, 2024) y con anteriorioridad, también en facsímil, de la La tía Tula (2021, Univ. de Salamanca).
Su primera novela El Manuscrito de piedra (2008, ed. Alfaguara) recibió el Premio de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza, inicio de un ciclo exitoso de narrativa con protagonista ilustre como investigador, Fernando de Rojas, el autor de La Celestina. El manuscrito de nieve (2010, Alfaguara), El manuscrito de fuego (2018, ed Espasa), El manuscrito de aire (2019, Espasa), El manuscrito de barro (2021, Espasa), El manuscrito de niebla (2022, Espasa), El manuscrito de sangre (2025, Espasa, 2025).
Un nuevo ciclo que tiene al rector Unamuno como investigador comprende las novelas El primer caso de Unamuno (2024, Alfaguara; también edición en Debolsillo, 2026) y El último caso de Unamuno (2026, Alfaguara), la segunda entrega de la serie en donde se investiga la propia muerte del rector de la Universidad de Salamanca.
Otras novelas del autor son, por ejemplo: En tierra de lobos (2013, Ediciones B, 2013) y Así en la guerra como en la paz (2023, Espasa).
Entre sus colecciones de cuentos destaca: Muertos S. A. (2021, Reino de Cordelia). Tiene traducido al rumano y publicado en Bucarest la colección de cuentos Vise paralele [Sueños paralelos], traducción al rumano de Ileana Scipione (2006, Bucarest, RAO).
Su obra ensayística se ha centrado en la obra de Unamuno y en la Generación del 50, tanto en los novelistas (Miguel Espinosa) como en los poetas, en especial en Claudio Rodríguez. Guía de lectura de Claudio Rodríguez, en colaboración con Luis Ramos de la Torre (1998, Ediciones de la Torre), De la ebriedad a la leyenda (Universidad de Salamanca, 1999), Claudio Rodríguez y la tradición literaria (Junta de Castilla y León, 1999), La otra generación poética de los 50 (UNED, 2009). La vuelta al Logos (Introducción a la narrativa de Miguel Espinosa) (1998, Ediciones de la Torre, 1998).
En 2021, publicó el ensayo La doble muerte de Unamuno. (Ed. Capitán Swing), escrito en colaboración con el cineasta Manuel Menchón.
Destacan sus ediciones de libros del gran poeta zamorano Claudio Rodríguez, de José Manuel Caballero Bonald (Años y libros, 2024, Univ. Salamanca), y el libro de referencia La promoción poética de los 50 (2000, Espasa, Colección Austral).
Luis García Jambrina es doctor en Filología Hispánica, profesor titular de Literatura Española en la Universidad de Salamanca, dirige la revista Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno y los Encuentros de Escritores y Críticos de las Letras Españolas en Verines desde 1999. Es Premio Fray Luis de León de Ensayo, otorgado por la Junta de Castilla y León, 1999.
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MÁS INFORMACIÓN EDITORIAL SOBRE LAS DOS NOVELAS DE LA SERIE DE LUIS GARCÍA JAMBRINA CON EL PROTAGONISTA MIGUEL DE UNAMUNO.
Luis GARCÍA JAMBRINA
EL ÚLTIMO CASO DE UNAMUNO
ALFAGUARA, 2026.

Más información sobre la novela El ÚLTIMO CASO DE UNAMUNO:
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Luis García Jambrina
El primer caso de Unamuno
Ed. Alfaguara. 2024
Más información sobre la primera novela de la serie: El primer caso de Unamuno:
NOTA del ed.: La revista Ágora agradece a don Luis García Jambrina su colaboración especial en el dossier dedicado a don Miguel.






