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viernes, 16 de octubre de 2026

"LA ARENA ENTRE LOS DEDOS. DIARIOS REUNIDOS", DE CHANTAL MAILLARD (Ed. PRE-TEXTOS). Artículo de José María Piñeiro. Ágora-Papeles de Arte Gramático N. 42. Nueva Colección. Otoño 2026. / Bibliotheca Grammatica / Diarios

 


 

LA ARENA ENTRE LOS DEDOS. DIARIOS REUNIDOS, DE CHANTAL MAILLARD (Ed. PRE-TEXTOS)

 

por José María Piñeiro

 

 

Esa es la imagen que para Chantal Maillard define el paso del tiempo, la fugitiva, pero minuciosa impresión que la experiencia de todos los días deja en el espíritu y en la memoria, la arena entre los dedos: algo tan real y fluyente como casi impalpable y atomizado. Pero Chantal también se está refiriendo al modo de consignar dicha experiencia para la memoria inmediata al menos, es decir, la escritura y en este caso, la escritura de diarios. Efectivamente, Pre-Textos nos presenta en este volumen la obra diarística completa de Chantal Maillard, que comprende una entrega de varias décadas, desde Filosofía de los días críticos hasta Bélgica, que, siendo una obra memorística, su factura se presenta bajo la forma de diario.

          Hace ya mucho tiempo que el diario se ha convertido en un género literario más, pero con la ventaja de poseer cierto marchamo de autenticidad en su propia composición: ser la materia de una experiencia real, la expresión de una vivencia cuya confesión permite los explayamientos más excitantes y comprometidos. Como afirmaba Maurice Blanchot, aunque lo que se manifieste en un diario sea falso, la implicación del tiempo dentro de la escritura, un fenómeno dentro de otro, le da a la escritura diarística una dimensión esperanzadora en su recepción lectora: ligarse al futuro. Quien escribe diarios, dice Blanchot, no renuncia a la felicidad, a un protagonismo, aunque sea póstumo. Quien escribe diarios posee la ventaja de mezclar tiempos, de alterar sus desarrollos, de inscribirlos como episodios cumplimentados de un sentir ineludible: quien escribe diarios constata el devenir y lo conjura. Todo ello viene a decir que la mente escritora de un diario veraz trasciende hasta cierto punto, las realidades que el tiempo conlleva y va generando. Un diario no es sólo una sucesión de notas: propicia un espacio atemporal donde el escritor elige, soberanamente, qué confesar o explicitar.

          Como poeta y filosofa, para Chantal el espacio del diario es el lugar óptimo para la exposición libérrima de las incidencias íntimas y los estados anímicos, la ocasión infinita para la minucia analítica y el fulgor conceptual de la síntesis intelectiva y poética. Chantal utiliza el diario no para la mera estadística o recolección anecdótica, sino para el examen del sentimiento y del sentido, de qué modo surgen y cómo transitan por el alma y la comprensión del entorno. Con un lenguaje accesible Chantal se interna en la inaccesibilidad del instante, de su acontecer en nuestra alma pasional, para dar cuenta de la percepción de cada matiz, de las evoluciones que convergiendo o dispersándose dejan su rastro en nosotros, en nuestro luminoso y doloroso encuentro con la realidad y con los otros. Como ocasión para la exposición veraz, el diario intelectual de Chantal es también una investigación flexuosa de cómo se articula el lenguaje, depósito de nuestros imaginarios y de los símbolos que nos atañen, de sus secretas servidumbres, de sus inercias cognoscitivas. En Chantal es un objetivo liberar al lenguaje de sus corsés tradicionales y buscar el modo de ensayar uno nuevo, dispuesto a encarar los últimos escenarios en que se presenta la realidad.

 

La obra de Chantal Maillard es toda ella una búsqueda de cómo el lenguaje nos permite o nos obstaculiza penetrar y manifestar la complejidad de lo que realmente sentimos, y por esta causa, también, toda la obra poética y filosófica de Chantal es un explorar de qué manera podemos utilizar, potenciar las facultades del lenguaje para la comprensión de lo que nos sucede. Este paso de la reflexión es crucial. Es el medio de comunicación por excelencia, lo que tiene que ser manipulado, trastocado, simplificado o multiplicado para entender las evoluciones de ese algo que en este caso es lo que nos ocurre anímicamente, en nuestras relaciones con el prójimo, con el tiempo, la muerte, la memoria.

          La tendencia de Chantal a través de todos los géneros que toca es la incursión en un material complejo, la búsqueda de la adecuación lingüística a las dimensionalidades de la experiencia vital, y es por ello que su obra prosística adquiera el aspecto de nutricias exposiciones, es decir, descripciones del fenómeno de la vida. Una descripción acaba convirtiéndose en una narrativa de hechos psíquicos, de reacciones profundas, de desolaciones y entusiasmos. Esta es la secreta épica que Chantal va desvelando y articulando a través de cada uno de sus inquisitivos buceos. En este ámbito, los dragones o enemigos que acosan al caballero andante son las llagas emocionales y su persistencia, las abruptas asimilaciones de la muerte en el sujeto, las extrañezas que el tiempo va imprimiendo en la historia íntima de la persona, el abanico solapado de posibilidades que la imaginación crítica contempla en la comprensión de los distintos problemas… 

      La percepción de la poesía, el ensayo o la página memorística como vasos comunicantes de una misma experiencia, le prestan a la producción de Chantal de un notable aspecto unitario y harmonizante. Chantal expide, pues, un mensaje complejo a través de conformaciones distintas. Lo poético es el ámbito general en que libera sus acotaciones a los pliegues propios de la poesía y el pensamiento.

         Maillard no trabaja sistemas filosóficos ni derivaciones de los mismos, no se entrega sin más a la elaboración de conceptos abstractos: se detiene a dilucidar las imágenes que aparecen siempre vinculadas a un pensar, cuyo devenir constata como elemento de un proceso. Chantal rastrea lo que el lenguaje vela, lo que la memoria produce en nuestra exploración del tiempo. Esa línea o sucesión de líneas divergentes, captadas por la imaginación y la percepción, constituyen el material que el misterio revela sobre nuestras realidades. A Chantal le interesa la red de alusiones que descubre en los márgenes, no tanto lo que una palabra evidenciada pueda suponer para una comunidad lectora. Ambas informaciones nos ayudan a ascender, a ubicar la razón y el alma.

        Lo que a Chantal incumbe, pues, es la delicadeza con que la experiencia vital y poética se configura y produce, los datos sensoriales en combinación con los procesos intelectivos. Esto significa que con su obra tenemos que hacer una grata excepción a los formalismos filosóficos. Su escritura es ajena a todo otro compromiso que no sea el de dar nota específica del sentir y del carácter fugitivo y arisco de ese sentir en su límpida captación sin más. Necesitamos tiempo, dedicación y amor ante el surtido de matices que se sumen en un fulgor de crepúsculo. Como decía Nietzsche, la vida es bella como la luz de la tarde, pero huidiza y fugaz como esta. Por ello, lo que Chantal nos descubre, lo que interesa no son confirmaciones ideológicas o sumas cuantitativas de lo percibido, sino el orden prioritario que el propio surtido de detalles va constituyendo y cuya naturaleza se diluye en su embate cualitativo.

        Lo que Chantal nos indicará en sus investigaciones diarísticas, no serán constataciones históricas o la premura de calificaciones que, presuntamente, determinen la naturaleza de algo, sino lo que ocurre en los márgenes del tiempo y que finalmente nos influye en la aceptación o no de algo, la masa de lo ingrávido, de lo secreto, de lo que finalmente nos influye y se incorpora a nosotros.

       La obra de Chantal no se dirige a un análisis de la historia de las ideas, no se constituye como estudio de las evoluciones formales de la producción última filosófica en Europa o América. Lo escurridizamente gravitacional, lo que no alcanza en los intereses intelectuales comunes el estatus de acontecimiento, pero precisa con urgencia de una definición, lo que vulnera al sujeto, lo asedia, o lo cerca de luz insólita, lo que todavía porta la poesía como mensaje específico, lo no historiable pero que necesita de un balance tan quedo como implicativo. Todo este material denso e ingrávido que conforma la persona en su viaje por los umbrales de la vida y del tiempo, es lo que destaca con nitidez la obra de Chantal de la de otras escritoras filosóficas. 

 

 

 

José María Piñeiro (Orihuela, Alicante, 1963). Ensayista, crítico literario y poeta. Autor de Suma de auras (Frutos del tiempo, Elche, 2023). En 1985 fue uno de los fundadores de la prestigiosa revista Empireuma, junto con Ada Soriano y José Luis Zerón Huguet. Ha publicado también el libro de aforismos y fragmentos de reflexiones estéticas: Ars fragminis (2015, Ed. Celesta). En poesía, ha publicado, entre otros poemarios, Las raíces del velo (2019, Ed. Celesta), Profano demiurgo (2013) y Margen harmónico (2010). Fue Premio Andrés Salom de Ensayo breve en 2011. Colaborador habitual de Ágora con su serie Breviarios.

Autofobia (reedición). "Autofobia" en nombre de Derechos Universales y violencia contra la propia ciudadanía. Artículo de Fulgencio Martínez / Ágora-Papeles de Arte Gramático N. 42. Nueva Col. Otoño 2026 / La cultura de la crítica

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        Autofobia

 

"Autofobia" en nombre de Derechos Universales y violencia contra la propia ciudadanía.

 

Los derechos de los ciudadanos, de "los iguales ante la ley" en una Constitución democrática, están siendo pisoteados por gobiernos de aspiraciones autoritarias, como está ocurriendo en España. Gobernantes de este perfil, como Pedro Sánchez, se amparan en un discurso de defensa de los Derechos Humanos, enfrentándolos y anteponiéndolos, para su interés propio, a la democracia y a los derechos de los ciudadanos de un Estado democrático. 

Un ejemplo de esta deriva es la violencia contra los ciudadanos españoles de Ceuta. Contra los mayores y los niños de Ceuta privados del disfrute de sus Derechos Humanos y de sus derechos y libertades constitucionales, aún en el día de hoy.

El artículo esboza el análisis de las actitudes autofóbicas de odio o rechazo a los iguales o isónomos, en suma, a los propios conciudadanos o gobernados, en nombre de una supuesta superioridad ética propiciada por el amparo de los Derechos universales del Hombre, convertidos en instrumento de poder y propaganda de un neodiscurso fascista de izquierdas que desprecia ahora y siempre la democracia tal como ésta ha venido definiéndose en Grecia, en la Europa moderna y en América. 

 

¿Qué es autofobia? De la autofobia poco se ha escrito a pesar de ser tan corriente como la xenofobia. Hay personas que rectamente se declaran en contra de la xenofobia, pero que en nada reparan en su propia sombra autofóbica.

    La autofobia es un sentimiento que se da en individuos y grupos que comparten parecidas creencias o marcas de reconocimiento. El reconocimiento es una necesidad básica. En la "sociedad líquida" (Z. Bauman), que desarticula progresivamente al individuo respecto a sus anteriores constructos supraindividuales donde se reconocía y valoraba, la autofobia se ha manifestado en su cara más desnuda y destructiva. 

    Mientras la xenofobia se manifiesta desde una inferioridad hacia el otro (que es visto como peligroso, temible, de ahí la filiación acertada de fobos con temor, miedo, a la vez que rechazo u odio), la autofobia se practica desde una cierta superioridad hacia la víctima. (Sentimiento de superioridad, como de inferioridad en la xenofobia, que son siempre vivencias de quienes tienen una u otra actitud).

    La complejidad de ambas actitudes o mecanismos de defensa no quedará apenas explorada en este artículo, que como tal, atendiendo a la etimología del vocablo "artículo", solo quiere ser una llamada de atención, un toque con los nudillos en una puerta que me temo difícil de abrir.

 

    Todo resulta paradojal en cuanto uno explora un aspecto u otro de la autofobia. ¿Superioridad sobre los propios, sobre uno mismo? ¿No hay un evidente desquiciamiento esquizofrénico aquí? Tal vez no, si estudiáramos la autofobia desde el superyó y el yo freudianos, o si, simplemente, como dicta la experiencia, supusiéramos al ser humano, no como se quiere él ver, sino como es casi siempre, una imagen de otra autoridad a la que obedece y por la que miente, mata o vive y obtiene reconocimiento desde arriba y desde el grupo horizontal de sumisos. En nombre de esa imagen de autoridad, el sujeto puede aplicarse a sí mismo una condena y un perdón. 

 

     Nos interesa solo destacar un aspecto de la complejidad. (La autofobia incluso se resiste a ser aprehendida como concepto en la circunstancia de incertidumbre en la que vivimos, incertidumbre que se ha venido agudizando hasta hoy, en la tercera década del siglo XXI, pues aún a comienzos del siglo XXI, en que se escribe el análisis de Bauman, había conceptos (semi) claros sobre el bien y el mal, los pobres y los ricos, el tercer mundo y el primer mundo. Por ejemplo, el acceso a las tecnologías de la información parecía aún a Bauman sólo propio del primer mundo y, como tal, un índice de poderío). 

    Si, en principio, la fobia se dirigiera a lo propio, ¿qué entendemos por lo propio? ¿La personalidad, el yo; la familia, la comunidad más cercana, la ciudadanía; la condición humana?

    Cualquiera de esas tres instancias, intercomunicadas y jerarquizadas nocionalmente en tiempos aún próximos, se ha vuelto problemática. Al menos en Occidente, el yo es visto como un gen egoísta, la ciudadanía (lo propio de un ciudadano de un Estado) ha sido rebajada a una palabra vacía, que usan a barato los políticos; o en todo caso, la ciudadanía es algo abstracto, que remite a una Constitución, nunca a un sentimiento y a una paideia, como antes; hablamos de un plexo de sentimientos: de igualdad, dignidad y pertenencia, de libertad, felicidad, de seguridad que tienen como contrapartida un sentimiento "natural" de protección hacia los iguales; no hablamos de mera emotividad patriótica, fácil de ser satirizada por los conductores de la ciudadanía (palabra ciudadanía, la ciudadanía, que utilizan en su discurso hueco los anti-ciudadanos para dirigirse a los que ellos consideran su gleba; ojo, sin nombrar nunca una ciudadanía concreta, a un ciudadano concreto o al conjunto de los iguales cuyos derechos cívicos reconoce y ampara una Constitución concreta). Anti-ciudadanía que casa bien, en aquellos predicadores de la iglesia global, con la presunta autorrepresentación como "ciudadanos del mundo": o sea, portadores del espíritu universal y de los derechos presuntos de tal condición: “ciudadanía del mundo”, que en su día fue divisa filosófica (idea estoica), y hoy está vacante de deberes con ninguna patria concreta, con la protección de ningún igual pero sí defiende beligerante la autoapropiación de toda la supuesta legitimidad ética que supone a los seres superiores "apátridas". 

    Y, por ultimo, lo universal, lo humano ha sido reinterpretado como culpabilidad y borrado de todo el trabajo de dignidad propia, artesana, colectiva, de país, ciudad o barrio. Lo universal de los Derechos del Hombre ha sido invertido, es lo particular de unos grupúsculos o colectivos (vasos comunicantes de los partidos) que el poder anticiudadano dirige y utiliza (supuestos "desheredados", supuestos sujetos colectivizados, desprendidos de todo rango humano propio: que todos se juntan en el mántrico término "vulnerables". Hasta en el interior de un país y de una Constitución, como son España y la Constitución democrática del 78, que instaura casi por primera vez en esta nación la isonomía o igualdad ante la ley, los Gobiernos, cada vez más Partidos particulares, dirigen las leyes, las ayudas o subvenciones teniendo en cuenta no la igualdad ante la ley de todos, sino la pertenencia a un colectivo al que se desea compensar por su pasada o futura adhesión y apoyo electoral. La contradicción es que se ejerce ese mal hábito con dinero de todos, y pervirtiendo, como en otros muchos casos, valores en principio positivos, como la equidad, pues no es aquello sino otra forma de caciquismo o de voto cautivo).

    El odio y rechazo a lo propio, al país, a la ciudad propios, tiene una sublimación o justificación teledirigida de antemano: esos anti-ciudanos miran por el humanitarismo particular de los colectivos vulnerables, y en su supuesto nombre, por toda la humanidad; siguen el espíritu de los tiempos, se autoproclaman, a la orden del día de hoy y del progreso. Si usted, si cualquiera de ustedes, o yo mismo, eleva una objeción y les señala su autofobia, les dirán que no miran por lo humano, o que no han elevado la vista a la tercera realidad, el mundo del relato de los ciudadanos del mundo. Dirán, coherentemente con su falsa óptica, que usted y yo odiamos el mundo humano, los extraños y los vulnerables (hay tantos donde escoger), en fin, dirán de nosotros que somos xenófobos. 

    No pueden decir otra cosa de ellos, con más razón.

 

    La autofobia es el verdadero rostro de esos calumniadores y anticiudadanos, montados en un relato desquiciado y desquiciante; mas cubiertos con una máscara hipócrita que pocos se atreven a arañar siquiera (tiene dureza y pincha....); han hecho creer a generaciones enteras que hay ciudades en la nada; han manipulado y domesticado al servicio de una ideología particular los valores y Derechos universales, reconocidos en la Carta Magna; han convertido los términos humanidad y humanitarismo en un oprobio a los mismos valores humanos (creando la paradoja de un humanitarismo amoral, por no decir inmoral, a su interés propio) y en fin, acusan de insolidaridad a sus adversarios, cuando ellos no son solidarios con los derechos de los suyos. ¿Pero quiénes son los suyos? 

    Son antiempáticos, autófobos y xenófobos, pues incluso los suyos (salvo quizá su YO y su círculo íntimo: su Yoesfera) quedan por debajo de ellos. Los demás ni cuentan.

     Tal parroquia, parroquia en realidad, que no Iglesia, falta estos días a la solidaridad con los españoles de Ceuta, porque no tiene solidaridad con ningún ser humano concreto, menos con ningún ciudadano de cualquier país, y menos aún, con la Humanidad. Son heces del nihilismo, y en España gobiernan con mentiras pero en el orden de la cultura y en la escena política global han hundido sus garras a un grito o eslogan: despierta (woke).

 

 

Fulgencio Martínez

reedición, 16 de octubre de 2026