
Montesquieu, el padre de la separación de poderes
Ágora, la cultura de la crítica
EL SOCIALISMO QUE NO HA ROTO SUS CADENAS
La despedida de mayo nos deja una luz amarilla, bendecida. Las noches son aún suaves y el pecho tiene por delante la luz de una aurora que se pulsa a mano, como si tocara pronto renacer. Los hombres y las diosas, como las estrellas meditantes, vigilan y guardan en sus pensamientos las buenas noticias presentes para luego cuando el tiempo se adense y enrurezca. Los políticos de este país, que es el mío, y tal vez el tuyo, por desgracia, lector, harán todo lo humanamente posible para ello; como no puede ser de otra manera, que dirían esos tipos con su lenguaje adocenado, "forcluido", diría el maestro Jacques Lacan (al que casi ya nadie conoce ni de nombre, y al que casi nadie lee).
La socialidad zapateril y ensanchada se ha blindado desde hace días contra el diluvio. ¿Por qué? ¿ Por qué los socialistas no han echado abajo el palacio de invierno, la cosa nostra, y se ha lanzado a cortar las cabezas de sus líderes tramposos y seguramente responsables de asesinatos, tanto fuera como dentro de España? (En Venezuela, por ejemplo, donde se enquistaron en la dictadura de Chaves y luego de Maduro, junto con sus alfeñiques de los partidos ultraizquierdistas, Podemos, la CUP neofascista catalana, el Partido Comunista de España, cuando ya Lenin y Stalin, dictadores babilónicos, habían sido mandados a la letrina de la Historia. Y dentro en España, en la España del coronavirus y el confinamiento ilegal aprovechado para su enriquecimiento y para la extensión de su poder por el grupo peligroso que aún gobierna sine die y gobierna porque tiene el apoyo social de una "mayoría" de mansos cómplices).
Hemos de llegar a la conclusión, triste y muy verosímil, de que el verdadero cáncer nacional son esa "mayoría": esos socialistas y sedicentes progresistas (de nuevo, como advierte Guillermo de Ockham, estamos ante un flatus vocis, ante palabras vacías; o aún peor, ante palabras que se esgrimen para ocultar justo lo contrario de su realidad).
Ese cáncer, pues, no está en los líderes mafiosos, que hasta tienen un halo literario de chulería y cinismo que los hace compañeros de los pícaros de la literatura. José Luis Rodríguez Zapatero y su esposa y cómplice joyera; Pedro Sánchez y su esposa, la doctoresa sin bachillerato, la hija de Sabiniano: el mayor empresario de saunas y prostíbulos de Madrid y de media Europa, tal vez también de Marruecos; y como ellos un grupo extenso de parejas de hecho o de folleteo, La Leire o la Lirio, y su chorbo, la otra Ministra de Hacienda y su urogallo vicepresidente de la SEPI, la Paqui y su tronco Santos Cerdán, segunda mano de Sánchez, hasta que este se la cortó; el otro y el otro, la familia Koldo García y la familia Ábalos y la familia Illa, y todo el puterío de Roma, Madrid, Valencia y Teruel que daría para una segunda y tercera parte de La lozana andaluza, y todo el lumperío de Sevilla en tiempos de Rinconete, ladrones de bolsas, mascarillas, guantes y gabanes, y el bobo canario Victor y Ángel, ocultando sus gárgolas, y prosado en la memoria histórica mentira pactada con los fascistasunos asesinos.
. Puesto que aquel grupo que encabezan Sánchez y Zapatero ha permeado a su modo la sociedad española durante siete años y se ha convertido en el buque insignia de una mayoría, o esta misma lo cambia o ipso facto, es cómplice de sus crímenes. Esta hipótesis, que creo la más probable, nos lleva a una sociedad enferma moralmente y, por extensión de su mala educación sobre generaciones jóvenes, a un bucle de perpetuación del mal.
Algunos opinadores vaticinan que, por mor de ocultar sus fechorías, tratarán de llevarnos al dilema de república versus monarquía, y posiblemente, por qué no, ya va siendo tarde, a una nueva guerra civil entre españoles (aunque ahora, quizá, los vascos, los gallegos, los catalanes y algunos pueblos más, periféricos y no alineados, se abstengan). Pero no. Eso es un misil nuclear reservado para últimas acciones de ocultación y confusión que hagan olvidar el latrocinio omnívoro al que han sometido a España desde hace siete años y para limpiar toda la prevaricación de la que han de dar cuenta, más pronto que tarde, ante los jueces.
En una fase intermedia, en la que ya nos encontramos, se trata de oponer democracia (ellos y ellas, el grupo de los ladrones pillados in fraganti) a los antidemócratas que los critican o juzgan su conducta (y no me refiero sólo a los jueces que les investigan, sino a la opinión pública crítica, la prensa crítica, más de la mitad del país aún no envenenada por las migajas y los cantos de cisne del socialismo canallesco). Leamos entre líneas las recientes torpes declaraciones del Ministro Puente (se le cae hasta el apellido en ejercicio de puro Narciso), donde dice ante los micrófonos de la prensa que él no ha dicho que respeta la Justicia, no se equivoque usted, periodista. En el fondo, piensan (estúpidamente, unos como ignorantuelos, otros como cínicos que son), que la democracia consiste solo en dilucidar quién tiene más votos (de diputados) para formar gobierno. No. La democracia, desde los atenienses, y modernamente, desde Montesquieu, es algo más, más que un único Poder ejecutivo, que suele ser extensión de un partido o de varios partidos en el juego político.
La democracia es el ideal y a veces también la concreción histórica de dicho ideal de una sociedad de libres, de iguales, de contrapoderes al ejecutivo y a los partidos políticos que tienden a acapararlo todo; un ámbito de jueces bien formados e independientes y de periodistas, de intelectuales -¿qué es eso, diréis, recordando a los de la Ceja?1-, escritores, artistas, poetas cultos e independientes del poder; la democracia es un conjunto de hombres y mujeres, en fin, por el debate, la cultura, el bienestar, la justicia y el progreso, moral, ético, y económico. No puede una democracia basarse en un único sinvergüenza que lidera a un grupo de afines sinvergüenzas, como los socialistas de carné que aún no han roto sus cadenas.
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1. Casi todos recibieron prebendas y regalías, los escritores como Antonio Muñoz Molina una temporada en Nueva York.
Fulgencio Martínez
editor de Ágora
30 de mayo 2026

