UN PROFESOR EN NUEVA YORK
por Francisco Javier Díez de Revenga
Ángel del Río recibió y acompañó a Federico García Lorca en su estancia en Nueva York entre 1929 y 1930. Tanto Del Río como Amelia Agostini lo acogieron e incluso lo invitaron a la residencia de descanso que los esposos disfrutaban en el campo, en Shandaken, Catskill Mountains (Nueva York) en septiembre de 1929. Alguno de los poemas de Poeta en Nueva York le están dedicados a del Río, que se convertiría en uno de los primeros y más agudos intérpretes de la obra.
Enrique Andrés Ruiz (Soria, 1961) acaba de publicar, en Periférica, Mister Ángel del Río. Novela de los nombres, que recupera en un apasionante relato la vida y milagros de quien fuera unos de los profesores de español más influyentes en los ambientes del hispanismo norteamericano durante una larga etapa desde los años veinte del siglo pasado hasta la fecha de su muerte en 1962. Nacido en Soria en 1901, Ángel del Río fue profesor en Francia (Estrasburgo, 1921-1923), México (1924), Puerto Rico (1925-1926) y, finalmente, Estados Unidos, en Miami (1926-1929) y en Nueva York, donde permaneció desde 1929 hasta el momento de su muerte: fue adjunto de otro de los grandes filólogos españoles exiliados, Federico de Onís, en la Universidad de Columbia, y tras una estancia en la Universidad de Nueva York (1950-1954), al jubilarse Onís, volvió de nuevo a Columbia, cuyo Instituto Hispánico dirigió hasta el final.
Autor de una excelente bibliografía cuya vigencia aún perdura, entre sus obras destacan El concepto contemporáneo de España (1946), la muy bien construida Historia de la literatura española (1948) y sus Estudios sobre Literatura Española (1966). Escribió, además, Vida y obras de Federico García Lorca (1952), Estudios galdosianos (1953), Introducción a Poeta en Nueva York, de Lorca, (1958) y una muy extensa Antología General de Literatura Española. Verso - Prosa - Teatro, en colaboración con su esposa, Amelia Agostini de del Río.
Como bien indica el subtítulo de la novela, además de ser en realidad una novela histórica e, incluso biográfica, es una narración en la que los nombres de las personas que se van cruzando en el camino del protagonista a lo largo de su intensa vida como docente y estudioso, le hizo coincidir, desde su natal Soria, con personajes históricos de la talla de Antonio Machado (que fue su profesor en el instituto), Gerardo Diego, Pedro Salinas, Ernest Hemingway o Diego Rivera, entre otros muchos.
En el verano de 1924, el 3 de julio, Gerardo Diego, que está en esa fecha en Soria, viaja desde la ciudad castellana, en coche, con un grupo de amigos, Mariano Granados, Bernabé Herrero y Ángel del Río, para pasar unas horas en el monasterio de Silos. En la noche de ese día sale al claustro del cenobio y contempla, a la luz lunar, el enorme ciprés allí plantado por algún monje a principios del siglo xx. Y esa misma noche, avanzada ya hasta ser madrugada del día siguiente, escribe, en la celda donde va a dormir, el soneto que ha de convertirse en el probablemente más conocido, más famoso poema suyo: «El ciprés de Silos», que dejó escrito en el libro de firmas del convento y que dedicó a Ángel del Río. Allí se hubiera quedado el soneto si Pedro Salinas no le hubiera convencido para que lo incluyera en la obra Versos humanos, con la que Diego ganaría un año después, en 1925, el Premio Nacional de Literatura. El poema siempre llevaría la dedicatoria a Ángel del Río.
Ángel del Río recibió y acompañó a Federico García Lorca en su estancia en Nueva York entre 1929 y 1930. Tanto Del Río como Amelia Agostini lo acogieron e incluso lo invitaron a la residencia de descanso que los esposos disfrutaban en el campo, en Shandaken, Catskill Mountains (Nueva York) en septiembre de 1929. Alguno de los poemas de Poeta en Nueva York le están dedicados a del Río, que se convertiría en uno de los primeros y más agudos intérpretes de la obra. Su destino se cruzó con el de pintores, escritores, exiliados, revolucionarios, agentes de inteligencia…, pero también los hay falsos, los hay dobles, los hay oscuros, los hay invisibles. Este trágico contraste entre las vidas comunes y los seres bañados por la luz de la inmortalidad impregna toda la novela y revela, también, la condición fabulosa de la historia literaria y de sus héroes.
Es interesante observar cómo Enrique Andrés Ruiz va trenzando los episodios y mezclando realidades con escenas de ficción, pero lo cierto es que, en todo el desarrollo de la novela, la figura central de Ángel del Río protagoniza una vida, unos encuentros y unos proyectos que no llegó a culminar, cuando su prestigio internacional era reconocido en todo el hispanismo. De hecho, se preparaba para impartir unos cursos en París, en la Sorbona, cuando su enfermedad se agudizó y hubo de regresar a Nueva York, donde moriría. Como advierte el novelista, él ha pretendido ser como un «alfarero», y moldear la materia, «yerta, muda», de los documentos y entreverarla con la imaginación «para dar voz y cuerpo a las palabras, para que los nombres recobren la carne perdida».
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El artículo fue publicado en el diario La Opinión, el 18 de septiembre de 2026. Lo reproduce Ágora por cortesía de su autor.
Francisco Javier Díez de Revenga es Catedrático emérito de Literatura en la Universidad de Murcia. Escritor, ensayista, autor de libros de referencia sobre Miguel Hernández, Carmen Conde, Azorín, y sobre la Generación del 27. Publica semanalmente un comentario sobre libros de actualidad en el periódico La Opinión, de Murcia.
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Más información editorial sobre el libro Mister Ángel del Río. Novela de los nombres:
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