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miércoles, 27 de mayo de 2026

SOBRE ORIGINALES, COPIAS Y APROPIACIONES. Por PEDRO FELIPE GRANADOS. La sonrisa de Cervantes / Textos cervantinos 25. Ágora N: 39. Mayo 2026 Parte II

 

 El Quijote apócrifo (Letras Hispánicas) : Fernández de Avellaneda, Alonso:  Amazon.es: Libros

 

 

SOBRE ORIGINALES, COPIAS Y APROPIACIONES

 

PEDRO FELIPE GRANADOS

 

  

Tras publicar la primera parte del Quijote, que él pensó definitiva, Miguel de Cervantes se encontró con la desagradable sorpresa de que, en Tarragona y en 1614, apareciera impresa, bajo el seudónimo -aún no desvelado el autor que se oculta bajo él- de Alonso Fernández de Avellaneda, natural de Tordesillas, Valladolid, una continuación de su obra basada en los mismos personajes que a él tan ímprobos esfuerzos le costó crear. Avellaneda se apropió de las figuras de Don Quijote y Sancho y los hizo  pasear por tierras de Zaragoza y Madrid, incidiendo más en la locura del caballero y en una cierta sandez del escudero que en los altos ideales que movieron a Alonso Quijano a mejorar el mundo.

Del enfado de Cervantes da idea el hecho de que protestara contra este acto de  saqueo escribiendo una segunda parte, en la que decidió sacar al hidalgo del lugar de La Mancha en que lo había recluido al final de la primera, encaminándolo, para ‘socorrer viudas y ayudar huérfanos’, a Barcelona, un emporio de las comunicaciones y el comercio, en una de cuyas playas es derrotado por el caballero de la Blanca Luna. Éste, en realidad su convecino el bachiller Sansón Carrasco, en aplicación de las rigurosas normas de la caballería andante le impone la penitencia de abandonar las aventuras y regresar a su pueblo, en donde el autor le hace morir con el fin de cerrar la obra para siempre, cortando así la posibilidad de una nueva y fraudulenta continuación. Cervantes hace de Barcelona, en esta continuación, un bellísimo y encendido elogio, y, a pesar de ello, cierto nacionalismo beato y zafio ha olvidado al autor en favor de ‘glorias nacionales’ de las letras que no llegan a la suela del zapato al de Alcalá de Henares.

Esta vieja artimaña de la apropiación del producto intelectual de un autor y de usurpación de famas ajenas para obtener provecho y nombradía propios continuó produciéndose, sobre todo por motivos económicos, que son los que mueven en estos momentos buena parte de las obras nacidas en el ámbito de la cultura.

La que sin la existencia del Quijote original sería una aceptable novela, ha purgado durante siglos la pena de su propio anonimato, pues estando en circulación el libro cervantino, a casi nadie se le ha ocurrido ocuparse demasiado de la imitación de Avellaneda. Y es que ha habido un consenso general sobre el hecho de que aquella apropiación atentaba contra el derecho de un autor a que sus libros y sus personajes pasasen a la posteridad sin ser sometidos a continuaciones, refritos, imitaciones, reducciones…, salvada la intención didáctica, que, en aras de una difusión temprana de los clásicos, permite trasvasarlos a una lengua más accesible para niños y jóvenes, que, de otro modo, no podrían ser entendidos hasta una edad adulta y más formada.

 


 


A propósito de la conmemoración del año cervantino de 2015, que se alargó hasta mediados de 2017, aparecieron versiones y continuaciones de autores conocidos. Es de recordar la de Andrés Trapiello, que prolonga las andanzas de Sancho Panza, o la de Marina Perezagua, que hace aparecer a caballero y escudero nada menos que en Manhattan, en unas aventuras que, a mi modo de ver, no están a la altura de otros excelentes relatos de la autora (‘Tatuaje de leche’).

Me asaltan dudas con relación a la licitud intelectual de estas continuaciones, con idénticos personajes, por parte de autores diferentes de los originales, aunque aceptaría de buen grado que se me convenciera de su conveniencia o su valor estético y se me demostrase que se trata de invenciones legítimas y no de un acto de piratería literaria. Al fin y al cabo, también Cervantes se inspiró en algunas obras contemporáneas como ‘Amadís de Gaula’, ‘Tirante el Blanco’, el ‘Entremés de los romances’…, y en episodios puntuales de obras clásicas de hondo calado como la ‘Ilíada’ o la ‘Eneida’…. Hago excepción, en mis dudas, de aquellas obras que se escriben como un homenaje sincero al original sin tratar de usurpar su espíritu creativo.

 

El mundo editorial y el del espectáculo, que frecuentemente se confunden, concebidos hoy como una derivada del entramado económico más que como un apartado del ámbito de la cultura, han apostado por las continuaciones, creando secuelas de las aventuras de Sherlock Holmes, de las novelas de Agatha Christie o de la muy sonada saga Millennium, dejada sin concluir a su muerte por  Stieg Larsson y continuada por David Lagenkrantz, que ha pasado sin pena ni gloria, a pesar de incidir en un tema de actualidad como la Inteligencia Artificial. Muy diferentes son las atinadas aproximaciones a la obra o al autor como las de Salvador García Jiménez que, en un dechado de creatividad, escribió la novela ‘El hombre que se volvió loco leyendo El Quijote’ y ‘La vida de ultratumba de Miguel de Cervantes’. En otros espacios artísticos, Maurice Béjart llevó a cabo un genial ballet, ‘Che, Quijote y bandoneón’, en 1999, y Picasso se inspiró en las figuras de caballero y escudero para varios de sus grabados. Por su parte, el cine ha producido series y películas de inmejorable recuerdo (excepto la muy reciente ‘El cautivo’, de atractiva factura cinematográfica, pero que, en mi opinión, traiciona el espíritu cervantino).



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        Como conclusión, cabe señalar que nuestras obras clásicas, tan devaluadas hoy en el interés del público lector, a pesar de su valor permanente, siguen aportando muestras imperecederas de belleza, equilibrio, creatividad e inteligencia porque fueron creadas, frecuentemente, con fragmentos de vida de sus autores y con la imitación respetuosa (‘nihil novum sub sole’) de sus antecesores.

        


Pedro Felipe Granados nació en Albox (Almería). Catedrático emérito de Literatura. Autor de libros de poesía, relatos, artículos y ensayos. Reside en Lorca, donde se dedica asimismo a la gestión cultural. Colabora en prensa con artículos, crítica literaria y ensayos: Diario La Verdad y Revistas como Cuadernos del Lazarillo, Scripta Nova, Ágora, Axarquía y Caxitán, entre otras. Dirige la colección literaria Hojas de la Quimera sobre temas lorquinos. Académico correspondiente de la de Alfonso X el Sabio, de Murcia, posee distinciones relativas a la enseñanza y la cultura, otorgadas por el Ministerio de Educación y la Consejería de Educación, así como premios literarios, entre ellos el Dionisia García y el Emma Egea.