ÁGORA. ULTIMOS NUMEROS DISPONIBLES EN DIGITAL

miércoles, 25 de marzo de 2026

JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO-

 Un recuerdo para nuestro amigo, José Luis Martínez Valero. Está en mejor espacio, descanse en paz.

 

 

Alfredo Piquer. Cuatro poemas (Se incluyen dos inéditos: "Mar" e "Iconos", y dos publicados en el libro "Odisea mínima"). Selección del autor. Avance de Ágora N. 38. Nueva Col. / Diario de la creación. Panorama de la poesía actual

 

                                                            Alfredo Piquer

 

 

 

 

POEMAS DE ALFREDO PIQUER

 

 

 

 

          RUPESTRE

 

Va declinando el día y se acentúa el frío,

glacial aún la noche, fuera de la caverna.

Un retumbar de cascos se oye sordo y lejano

abajo en la llanura. Y retorno a la luz

exigua de la llama y a las sombras que arroja

en la áspera pared de la oquedad más honda

de la gruta. Allí llevo mis pasos, la soledad

serena de mis horas más íntimas;

dibujo allí despacio las líneas precisas

que evocan el espíritu del animal,

la carrera indómita de los caballos

golpeando el suelo, el rumiar de los uros

y el bisonte, el contorno del hollín y los óxidos

de la escritura que primera describe su galope

y su apacible pasto, donde me tiendo

y sueño la libertad de la crin y el relincho,

el sonoro mugido, la identidad mágica   

entre el trazo y la bestia, donde recreo el mundo

y su sentido, y escribo mi poema

sumido en el silencio sacral y más recóndito

de mi propia tiniebla.

 

                 (De Odisea mínima. Erato ed.  2026)

 

 

 

 

          MAR

 

Fue la anónima lejanía del mar,

perpetuada en el tiempo y su halo de sueño,

y su espíritu arcano de oscuridad

y destino absoluto, carente de adjetivo,

custodia aún de pecios infinitos,

abrazando las islas, besando con sigilo 

o estruendo, playas o acantilados.

Fue el mar el que ocultaba sus cipreses oscuros

y la piedra solemne de antiguos mausoleos

en la isla de la muerte.

Y en la penumbra de nuestra incertidumbre

el mar esconde el plazo de otra quietud

salobre y abatida, el cántico silente

que entona interminable, el susurro

secreto que confía a las lápidas.

 

               (Inédito)

 

 

 


 

 

            MONEDAS                    

                                 

                                            (Monedas. Kavafis. Ixxxviii. J .M. Álvarez)

                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

Monedas con inscripción griega

de Lidia, Jonia, Atenas, Siracusa;

tetradracmas de Tracia y Mytilene,

de Lesbos y de Siria, incluso Egipto.

En esto andan, satisfechos, felices,

los que vocean y anuncian a artistas

y poetas y trafican con sus sueños íntimos

a cambio de dinero. Pasean jactanciosos

por las calles ruidosas de Jerusalén.

Y todo este gentío servil de aduladores

y pretendidos vates les rinde pleitesía. 

Vedlos ahí, encumbrados, Alejandro

Janeo y su esposa, la reina de los rollos

de papiro y las pieles de Pérgamo.

Y no tendrán en cuenta si celebran

los ripios más vulgares; o al contrario,

si desprecian las mejores estrofas.

Solo tientan callados en su bolsa

las monedas con inscripción griega

u otras cualquiera, sin que importe

mucho su procedencia.

 

           (De Odisea mínima. Erato ed. 2026)

 

 

 

 

 

            ICONOS

 

En la penumbra del pequeño templo, el humo

de las velas ennegreció los antiguos, plateados  

iconos con que la fe fue poblando sus muros;

más allá, la clave que esconde el mar arcano

y su palabra de espuma y oleaje pugnaba

con constante combate contra el rugido ronco

y profundo de los siglos. Nunca volvimos

donde las aves súbitas recogen cada noche su vuelo,

donde un rumor oceánico se oía y la luz

del crepúsculo dorado fulgía en los cantiles,

donde las cúpulas azules y las campanas

en las blancas espadañas anunciaban otro mundo

de cal y de pureza; donde el brillo metálico

de los delfines asomaba efímero y gozoso

sobre la superficie del mar.

El silencio cubrió de oscuridad las sagradas

efigies y ya no hubo respuesta para el sueño

axial, cristalizado, finalmente perdido;

solamente una playa inmensa y blanquecida

y un mar inmóvil, sin viento ni marea,

y un sol cenital, solitario y perpetuo.                                                           

  

          (Inédito)

 

 

 

Alfredo Piquer (Madrid, 1951). Licenciado en Filosofía y Letras (Historia Antigua), por la U.C.M. (Universidad Complutense de Madrid). Graduado en Artes Aplicadas y Oficios Artísticos (Litografía), Licenciado en Bellas Artes, (Grabado), U.C.M. Desde 1985 ha sido Maestro de taller de Litografía, en la Escuela de Artes Aplicadas y 0. A. n.º 10, Madrid y desde 1988 Profesor de Entrada de Procedimientos de Ilustración del Libro, Escuela de Artes Aplicadas de Oviedo, Asturias. Desde 1990 Profesor Asociado de la Facultad de Bellas Artes de Madrid. Doctor en Bellas Artes en 1999, obtiene plaza de Profesor Titular de Universidad de la Facultad de Bellas Artes, U.C.M.

Desde 1975 realiza numerosas exposiciones individuales y colectivas tanto nacionales como internacionales de su obra plástica obteniendo algunos premios. Desde 2005 es coordinador del Grupo de Poesía del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Premio de Poesía del Círculo de Bellas Artes 2002. Finalista del Premio de Poesía “Ciudad de Mérida” 2010. Tiene nueve poemarios publicados: Paleografías, Mar sobre este altar, Memoria de naufragios, Tu oscuro nombre, Circe, Museo, Elegía,  Epigrafías y otros poemas y Odisea mínima. Y dos libros de ensayo: Écfrasis y Agamenón no sabe escribir.