EL OTRO 98. JOVELLANOS Y GOYA. NUESTROS MAESTROS
El otro 98. Francisco
de Goya retrata a Gaspar Melchor de Jovellanos, en 1798, a la sazón
siendo el intelectual gijonés Ministro del Gobierno de España durante un breve periodo.
Capta el genio aragonés al político, intelectual y escritor símbolo de la razón
vigilante y de la prudencia, con un fondo de responsabilidad mezclada con
preocupación por el destino del país que le toca en su cargo proteger y
mejorar, sin zafarse de esa carga de gobernante con el tiro hacia arriba, hacia
nebulosas mundiales falsas excusas del mal comediante y no gobernante, ni bueno
ni malo, retórico y codicioso de honores y dineros, que diría Platón en
su análisis de "República" de los demagogos y tiranos. El
cuadro es gala del Museo del Prado, en Madrid. (Para visitas escolares,
consultar horarios, maestros y profes. Aconsejamos leer el
breve y didáctico artículo de Miguel Calvo: "Retrato de Jovellanos. Goya
pinta a su amigo. España, 1798": https://historia-arte.com/obras/retrato-de-jovellanos).
Al
hilo de esto publicado arriba, se nos ocurre reflexionar sobre la función del
filósofo y, por extensión, del intelectual o autor público, que no es el que
más vende libros ni discos ni sellos de segunda mano, aunque sean
"raros".
Condenamos a perpetua infamia, por defenestrar la Filosofía
del currículum de Bachillerato, a ministros del anterior Gobierno del PP, como
el ministro de Educación, señor invisible Wert, Ignacio (indigno
del santo) y por mayor responsabilidad como jefe de ese Gobierno al zorro de
Mariano (diz que Rajó y... qué... y Brey y Mu), pero a éste por comodidad
suya (por lo que merecería en prisión preventiva una celda sin ningún servicio,
ni urinario, ni el Marca, ni siquiera un puro habano seco).
Y buenos profesores y maestros tenemos. Pero esos bulldozers inútiles pensaron que para qué servía la filosofía a partir de que ellos llegaran
al poder. Para nada, debieron responderse a sí mismos, o ni siquiera, porque
son muy vagos, otros les chivaron la respuesta, y el edicto contra la filosofía
en el Bachillerato y en la escuela (luego, tomaron nota en la Universidad). Se
desperdiciaron profesionales bien formados; y lo peor, futuras vocaciones
filosóficas, se proscribió la opinión crítica, y se desanimó en su propia alma el mismo sentir crítico de los
españoles, incluidos los que viven en España y han venido de fuera con toda la
buena y digna intención de convivir y trabajar y, por qué no, sentirse
españolitos entre españolitos, más guapos o guapas, con cualidades más o menos, qué de todo
hay entre nosotros, en nuestra cultura diversísima y plural y unida en más alto
interés y razón de convivencia y de sentir histórico. Un español o española o
del país que proceda y sienta nuestra cultura hispana y europea, española, al
fin, puede amar la fiesta de los Toros, otro no estimarla para nada, incluso
pedir su abolición, y otros, como yo, respetarla y sobre todo amar a su gente,
y a los escritores (Federico), pintores (Goya), y profesores e intelectuales en
activo (Andrés Amorós) que la han inmortalizado y aún hoy la siguen.
Volviendo a la filosofía, se invirtió mucho en ella en democracia,
con los gobiernos socialdemócratas –no esta farria de "in-progres"
unos días, neocomuneros otros, alternativos y mundialistas anti-Trump pero
pro-comunistas chinos, otros; y aun otro día, muy amigos y cómplices de los
narcos y dictadores bolivarianos, vía Zapatero Zapatón (al que
algunos llaman no Mendigo ingrato, que se diría el gran poeta Blas de
Otero; sino Zapatero Ladrón de Vara, Sin Gue, pero con sonrisa de
"Joker").
Y ese dinero de todos los trabajadores que cotizamos en
España se perdió y la inversión en buenos profesores formados, que podrían
ahora ser de mucho servicio a su país, si no al mundo mundial, y a otro mundo
"altermundialista", qué no sé lo que es eso de
"altermundialista" que aún es lema críptico del diario muy francés Le
Monde.
Pues, atentos (sobre todo, sesos de la Oposición, que os
quedáis flacos por pereza o falta de riego mental, o me temo la verdad: de
formación y de ganas de saber, antes de estar "en política", como
eufemísticamente soléis decir, para endulzar vuestra ansia de poder): pues, a escuchar: también vosotros, sindicalistas cavernarios de los Partidos óptimos,
sólo (de los malos, no) que tenéis siempre a punto la huelga o la mani a favor
de la Sanidad pública, os propongo que colabore el Rey de Marruecos, Mohammed
VI, con su peculio propio, a sostenerla y aun ampliarla en calidad y a disminuir
el tiempo de espera para un servicio de urgencias, donde vamos todos en masa, o
de una prestación sanitaria de cualquier tipo, en especial las operaciones o
intervenciones de vital importancia para la salud física y el equilibrio mental
de todos los españoles o transitorios por España, de todos los usuarios de la
necesaria, progresista y descompensada en su mantenimiento económico Sanidad Pública
española. Una caja pública de solidaridad entre generaciones de trabajadores y
cotizantes de todo el país. Solidaria con aquellos que por
circunstancias no pueden cotizar, pero podrían o querrían por su dignidad
personal y su condición orgullosa de trabajadores. Después de la inglesa, que
se inventó antes, la mejor idea que ha habido en este país (después del ideario
de Ángel Ganivet).
¿Es un contrafáctico lo que propongo: que el rey
alauita colabore solidariamente con la Sanidad pública española?
La función de
emitir un juicio contrafáctico es despertar conciencias o revelar la verdad
obvia, que no se quiere oír; como en este caso.
Pero me temo
que debo recordar lo que es un contrafáctico, que decimos los lógicos. Lo que
sin duda sabría un alumno de Filosofía de Bachillerato si se hubieran dedicado
los profesores formados a seguir enseñándola (¿incluso, contra el Gobierno?).
Algunos lo hicimos. Porque sin conocer qué es una falacia, formal o retórica,
que hay muchas en esas dos categorías, o un falso silogismo, o una reductio
ad absurdum para descalificar tirando para arriba un aserto; o un argumento
ad hominem (o ad feminam, si quieren las del consello inclusivo),
pues nada, los debates no son sino pedradas recíprocas entre muñecos
televisivos, pseudoperiodistas en pepitoria, tertuliados resabidos qua (o
“porque” o “en tanto que”) aferrados al argumentario partidista con
consulta en directo vía móvil; o simplemente una jauría de perros, ni siquiera
una jaula de grillos o un concierto de cigarras en verano, que a veces suenan
bien acordadas, aunque nos quiten la siesta.
Los usos de la
lógica para deconstruir el mal uso del lenguaje deformador de los políticos y
sus guajes mediáticos, ya lo llevó a la práctica nuestro patrón (no hablo de
patrones malos, queridos sindis), hablo de Platón, mencionado ya arriba: el
creador de la filosofía académica, es decir, de la filosofía escrita,
consciente del legado de transmisión crítico-cultural que había que dejar
después de Atenas, para el tiempo futuro, incluido el nuestro, este punto
fugaz. A diferencia de su maestro, el primer lógico, el más grande lógico, Sócrates,
quien siguió pensando toda su vida (larga, sí, pero menos que la de su
discípulo) que la filosofía era cosa de los círculos nobles de Atenas, para
transmitirse oralmente en la formación de los jóvenes nobles, entre
ejercicio en el gimnasio, conversaciones inteligentes en simposium o
banquetes (como el que describe Platón, magistral, la mejor pieza literaria de
casi toda la Literatura y la Filosofía, es decir, de la Escritura occidental).
La Filosofía vino para quedarse, desde Platón. Incluso se la
vio por España...
Andrés Acedo
con ideas de Fulgencio Martínez
Profesor de filosofía en prácticas y retirado.
Murcia, domingo 19 de Abril de 2026