Glenn Close
BALADA TRISTE DE RESENTIMIENTO (UNA MIRADA MÁS ALLÁ DE LA PELÍCULA LA BOLA NEGRA)
Unamuno en sus últimos meses de vida nos dejó unas reflexiones manuscritas que tituló "El resentimiento trágico de la vida. Notas sobre la revolución y la guerra civil españolas".(1) Hay una nota muy sintomática, en la cual alude al libro de Spengler La decadencia de Occidente; título que el ex-rector de Salamanca (doblemente destituido en el otoño del 36) por el régimen "nacional" y por el "republicano", denomina El hundimiento de Occidente.
Este sí que es El hundimiento de Occidente. La gran guerra no la ganaron ni unos ni otros; la perdieron todos trayendo dos barbaries, la comunista y la fascista. (2)
Don Miguel no está refiriéndose sólo a la "guerra incivil" entre españoles, sino también a un tiempo de Europa, la Europa posbélica surgida de la Primera Guerra Mundial.
No estoy seguro (y en este punto discrepo de don Miguel, como buen alumno suyo que me considero) acerca de que las guerras no se ganan y se pierdan, al menos "puntualmente", que diría un pobre diablo. De toda la vida, en las guerras hay un ganador y un perdedor. Otra cosa es que, con el tiempo y el desgaste que se adhiere a todo, y, por qué no decirlo, con una pizca de generosidad, cuando no de instinto de supervivencia, el ganador rebajado de su omnipotencia se muestre generoso con el vencido, y de acuerdo o en desacuerdo, pero en la práctica obligado por los hechos, acepte pasar página. Eso ocurrió en España, en un momento previo a la Transición: el ganador de la guerra "generosamente" se hace a un lado, renuncia a su conquista del poder. (Ni este hecho, disolución de las Cortes franquistas; ni la propia Transición pacífica, liderada por el Rey Juan Carlos I y por Adolfo Suárez, con apoyo del comunista Carrillo, ni el propio consenso de los partidos mayoritarios -incluido el PSOE de Felipe González- para la plasmación de una Constitución democrática, son puestos en valor hoy en la escuela y en la Universidad españolas. En todos esos puntos veo un rasgo de grandeza).
Después de ver la película "La bola negra", filmada por dos directores ("Los Javis"), con la contribución y respaldo del Ministerio de Cultura -según consta en sus créditos iniciales- (3) he reflexionado si debería comentar aquí el mal encaje cinematográfico de las tres historias que narra, la artificiosidad a la hora de la escenografía, los olvidos y contradicciones del guion; o, yendo a los temas que esboza, la banalización de la guerra, mezcla de tintas fuertes (hospital, bombardeo) y rosas (desnudos masculinos sin tasa). Y más aún, tres asuntos centrales.
1. La homofobia (tema que se une en la película, superficialmente, con la presentación de una o varias historias de amor homoerótico, es decir, de un sentimiento verdadero de amor, como pudiera ser de amor hetero; la película sería más creíble si solo nos diera esos casos de amor, sin la sujeción de estos a la tesis contra la homofobia, que resulta una plasta en la película hasta el final, con mensaje: "acechan todavía").
2. La advertencia contra el fascismo: el de ahora, no solo el de los nacionales: franquistas o falangistas, la película no distingue; como no distingue entre falangistas, ejército nacional e Iglesia católica; de ahí que aun avisando de que al protagonista amante de Lorca le iban a matar los de Falange, se olvida de ello, y es el ejército "facha" quien se responsabiliza del fusilamiento -por otra parte, un contrafáctico, según la Historia, pues Rodríguez Rapún no murió de ese modo, y menos fusilado por su amigo, su "erastes" o mejor "eroumenos" Sebastián (nombre símbolo del homosexual pasivo), quien en definitiva no era un buen facha, sino un mal facha, o un no-facha, por eso era bueno -en cambio, los buenos rojos son siempre buenos, no se convierten en buenos por decaer de ser buenos rojos, o sea, comunistas violentos y totalitarios como los fascistas. Fascista igual a malo en sí; comunista-socialista igual a bueno en sí. Si uno acepta este esquema la película tendría sentido; si no, todo es un camelo. Me temo que muchos espectadores lo han comprendido así (?), sobre todo jóvenes (recuerden lo dicho sobre la Escuela, y más la de la "raza", la pública, o la de la secta de izquierdas).
3. Y del otro tema, de Federico García Lorca, mejor "silemus", mejor callar, por indignación. No quisiera hablar porque me prevengo, quizá en exceso, contra mi propia manía o subjetividad como lector de poesía, y aun algo poeta que me creo. Los lectores, y los poetas más, tenemos "nuestro Lorca". De todo lo que se ama, con pasión, somos poco dados a admitir que otros tienen otros puntos de vista tan valiosos o más que el nuestro.
Tras repensar las imágenes que he visto en la película La bola negra, me quedo con dos momentos, ambos situados en mi querido Ateneo de Madrid. El primer momento representa la charla de una hispanista norteamericana (magnifica interpretación de la actriz Glenn Close) ¡en la biblioteca del Ateneo, en donde yo pasé tantos ratos mirando libros y preparando Oposiciones! (Aprovecho aquí para meter una morcilla en el artículo y volver a pedir a la dirección ateneísta que vuelvan a comprar periódicos plurales, que no solo tenga El País en la mesa de lectura; eso es un síntoma de raquitismo intelectual). Dejo a mis lectores que extraigan sus conclusiones de la charla de la experta en Lorca. En un segundo momento, ya en la cafetería ante la Galería de Retratos, la hispanista, que no hispanófila, se confiesa al chico, nieto (ay los nietos...) de aquel mal facha; no buen facha, o no facha, pues era marica y no puede haber maricas fachas, como tampoco puede haber homofobia entre los rojos -cosa que se contradice también con los hechos y con la época, donde el propio Lorca era censurado en las publicaciones rojas-. Ya tienen bastante los rojos con la fachofobia y con la hispanofobia, en general. (4). Esa sería una conclusión consoladora.
Pues bien, nuestra experta en Lorca, Glenn, digamos, confiesa que en realidad entró a estudiar a Lorca por venganza. ¿Cómo? Sí, literalmente, dicen los guionistas, "por venganza", resentimiento contra el mundo o contra una parte del mundo, quizá los fachas universales. ¿Y por qué? Porque su hermano frustrado homosexual, quizá perseguido o victimizado, se suicidó, no se informa en qué circunstancias.
La película presenta tres tiempos (el de la antes de la guerra, el de la guerra y el ahora); es este último tiempo del presente actualísimo el que informa y dirige el punto de vista de la película. Ello no sería de criticar (un buen relato se construye a veces desde el presente), pero en este caso, en la narrativa de "La bola negra", el punto de vista del presente anula y desvirtúa (no en lo ideológico, que también, pero más grave desde la verdad y la tensión narrativas) las dos historias anteriores; incluso el valor de la ficción dentro de la ficción, la pieza de teatro supuestamente de Lorca, que da título a la obra, y que podría rendir mucho más cinematográficamente, narrativamente, si encajara mejor y no con escenas de videoclips y tomas, en escenas corales, donde se nota mucho que los personajes están posando para la cámara.
El resentimiento, bien lo vio Unamuno en sus notas citadas, no es solo de los españoles. La película de los Javis, sufragada en parte por mi bolsillo a través del Ministerio de Cultura de mi país, trata en el fondo de un tema global y de un tesis global, convertida en caballo de batalla por el woke internacional. (Lástima, cuando yo creía que trataría del hombre de carne y hueso, o sobre el drama de España, recurrente, o histórico, incluso con enfoque presentista). No. La peli es una propaganda mixta, pero sobre todo, de alcance mundial o premundial. (A ver si llega al mundo islámico, a Marruecos, a Arabia, y más allá, a Cuba, a la Rusia de Putin, a Afganistán...).
Por lo que dice la católica irlandesa norteamericana y se ve en la película (aunque esta quiera darnos lección de cosas de españoles), la sed de venganza es universal. Por cierto, el IRA, la ETA siguen vivos al día de hoy... En el Ateneo tuvo ocasión Glenn de mostrar algo de piedad por las víctimas de tanto asesinato, además de mostrar su justo sentimiento de venganza, resentimiento diría el vasco. Aquel que miró más allá de los hunos y los hotros. Excepción casi, en un presente bizco al que algunos quieren ciego.
Fulgencio Martínez
Huesca, jueves 22 de octubre de 2026
Notas
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1. Para el libro El resentimiento trágico de la vida, de Unamuno, recomiendo la edición en Pre-Textos, de 2019, preparada por los hispanistas franceses Colette y Jean-Claude Rabaté.
2. p. 59. Op. cit. // Antes en p. 55, es consciente (más allá de su destitución como Rector de la Universidad de Salamanca), del intento de ambos bandos de someterlo por "cancelación" (diriase hoy): "Me insultan los rojos sin secreto -tacañería-; me destituye Madrid, me destituye Burgos. Y luego me destituyen mis compañeros". "Cancelar" persigue como fin más perverso y refinado ese extrañamiento entre los propios.
3. Algo que lleve el respaldo del Ministerio de Cultura (?) es "bueno" por ser útil a su propaganda. Ergo... (Sí, no sabemos qué cómite otorga las ayudas del Ministerio en cosas de cine; al menos, en literatura, sabemos los nombres de los jurados y comisarios políticos).
4. Sobre la afirmación de que los españoles desconocíamos la homosexualidad de Lorca y la de Cernuda, homosexualidad de la que nos ilustra Glenn, vamos a los textos, como este de Lorca, de la conocida Oda a Walt Whitman, el gran poeta de la democracia americana, por cierto, homosexual, del que aconsejo la inmejorable traducción de Borges de su Canto a mí mismo.
Puede el hombre, si quiere, conducir su deseo
por vena de coral o celeste desnudo.
Mañana los amores serán rocas y el Tiempo
una brisa que viene dormida por las ramas.
Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whítman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.
Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos
gotas de sucia muerte con amargo veneno.
Contra vosotros siempre,
Faeries de Norteamérica,
Pájaros de la Habana,
Jotos de Méjico,
Sarasas de Cádiz,
Ápios de Sevilla,
Cancos de Madrid,
Floras de Alicante,
Adelaidas de Portugal.
¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!
Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores,
abiertos en las plazas con fiebre de abanico
o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.
¡No haya cuartel! La muerte
mana de vuestros ojos
y agrupa flores grises en la orilla del cieno.
¡No haya cuartel! ¡Alerta!
Que los confundidos, los puros,
los clásicos, los señalados, los suplicantes
os cierren las puertas de la bacanal.
Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson
con la barba hacia el polo y las manos abiertas.
Arcilla blanda o nieve, tu lengua está llamando
camaradas que velen tu gacela sin cuerpo.
Duerme, no queda nada.
Una danza de muros agita las praderas
y América se anega de máquinas y llanto.
Quiero que el aire fuerte de la noche más honda
quite flores y letras del arco donde duermes
y un niño negro anuncie a los blancos del oro
la llegada del reino de la espiga.
Oda a Walt Whitman, Federico García Lorca (Fragmento final)




