Alexis Hechavarría. Fuente: Facebook
CIELO AZUL, UNA COMETA: MIS ALAS PARA SOÑAR, POESÍA DE UN ALMA CUBANA (SOBRE EL POEMARIO DE ALEXIS HECHAVARRÍA APOCALIPSIS DEL LAGARTO)
Alexis Hechavarría
Apocalipsis del lagarto
Décimas y sonetos
Prólogo de Carmen Plaza
Comte d’Aure, 2026, 78 pp.
por Anna Rossell
Bienvenido este poemario de Alexis Hechavarría, un escritor cubano que recoge el testigo de la mejor poesía clásica en lengua española. Bienvenido doblemente. Porque en la actualidad encontrar poemas escritos en la mejor métrica, la que cultivaban los excelsos poetas del Siglo de Oro español y algún otro, también excelso, del siglo XX, es raro, es un regalo. Eran los mejores: Garcilaso de la Vega, Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Luis de Góngora, Sor Juana Inés de la Cruz, Federico García Lorca y Jorge Luis Borges. Ellos, grandes cultivadores del soneto, y Vicente Espinel, Lope de Vega, Pedro Calderón de la Barca y Miguel de Cervantes, grandes de la décima.
Sí, un regalo. Porque este poemario es un libro confeccionado únicamente a base de sonetos y décimas. Y no extraña, viniendo como viene de un escritor que cultiva también la música y que creció en una Cuba que sorprende por la genialidad de su repentismo al ritmo de décimas u otras formas de improvisación (Justo Vega, Adolfo Alfonso, Jesús Orta Ruiz, Ángel Valiente o Alexis Díaz Pimienta).
La infancia de Hechavarría transcurrió además apadrinada por un buen poeta, Ramírez Duarte, su tío, a quien el sobrino aprendió a admirar por su poesía y a través del cual la conoció. Con él sostenía largas e inteligentes conversaciones sobre arte poética y literatura: «sobre literatura, sobre los sueños y las revelaciones, sobre los espíritus, el tiempo y la familia». Alexis Hechavarría lo reconoce como su maestro de referencia, así como también reconoce como referentes a César Vallejo, José Martí, Julián del Casal y Juan Clemente Zenea.
Al igual que Ramiro Duarte, quien también practicaba la décima, Alexis Hechavarría es un poeta de nostalgias y sueños. Su poemario se refiere a menudo a ambos. Nostalgias porque recurre a menudo a los recuerdos añorados de su infancia, a su libertad infantil correteando por el campo y las calles de su ciudad en Cuba, a sus juegos, elevando al cielo una cometa…: «Cielo azul, una cometa: / mis alas para soñar, / un juego para volar / por los aires del poeta. / Boina, libro, pañoleta: / el mundo hasta el horizonte. / Padre vestido de monte / sobre su blanco caballo, / Madre bordándole el sayo / a las plumas del sinsonte.» (Estampas de niñez).
Y nostalgia por sus personas queridas,
a las que admiró y sigue admirando, ancestros y amigos suyos, traspasados, que
dejaron huella esencial en él, a los que gusta rendir homenaje y tener
presentes. No es casualidad que el poeta reconozca como el poema que más le
gusta de su libro «Peregrinación de los recuerdos». En él leemos: «Trenes, aviones
y guaguas: / caballos de mi locura, / turbión que no tiene cura, / aguacero sin
paraguas: / herencias que sobre yaguas / me dejaron los abuelos: / muertos
calvos que sin pelos / en la lengua y la cabeza / me guardan de la tristeza, /
del rencor y de los celos.» (I) // «Ancestros de lucidez / y de hondura
cristalina, / manos de yugo y resina, / intrincada sencillez: / redonda y
fértil preñez / que procrea en mi esperanza, / explosiones de la alianza /
entre mi carne y el muerto: / madera, horizonte, puerto / que siempre mi mano
alcanza.» (II) // […] «Me lo dijiste poeta / intemporal, tras el vuelo, / tu
pie descalzo en el suelo / y tu vista en el cometa. / Me lo advertiste profeta
/ con un ademán de estrella, / me llevaste tras aquella / certidumbre del
color, / debo escribir por amor, / por gratitud a tu huella.» (VII).
El sueño (suyo o de otros) es para la voz poética el alimento que nos sostiene: «Monte, caballo y arnés / horizonte colorado, / punta curva del arado / que desde el portal me ves. / Te imagino cada mes / desbrozando la maraña: / la ruta que lleva a España / soñando con Barcelona, / porque el soñar ilusiona / cuando la nostalgia araña.» (Padre).
O rememora a un ser querido que dejó el mundo de los vivos, cuyas enseñanzas le siguen acompañando y con quienes desea reencontrarse: «¡Cuántas veces tu recuerdo ha iluminado / los fantasmas trashumantes de mi sino! / La guitarra que acompaña al desatino, / ese mundo por los cuerdos ignorado. // ¡Cuántas horas en mis sombras he invocado / a esos duendes que decías nos sostienen! / Las luciérnagas felices que detienen / con su lumbre, mi sendero equivocado. // Las cansadas ilusiones ya son humo / en los párpados del cielo taciturno / donde al tiempo que las vivo me consumo. // En las órbitas de mundos venideros / nos esperas con un libro entre las manos / alumbrando con tus versos mañaneros.» (Evocación).
Los poemas de Hechavarría rezuman melancolía, pero también reclama su atención una realidad social que supone un amargo contrapunto al bagaje sensiblemente positivo que el sujeto poético transporta como herencia desde la infancia: «Esqueletos desangrando / los tuétanos a la hambruna / frente a enjoyada fortuna / indigesta, vomitando. / Alelados descifrando / si está en el cielo la luna, / ilusos en la comuna / huyendo del consumismo, /estatuas del comunismo: / rostros sin cara ninguna.» (Noticias).
Pero el poeta echa mano también del humor, un humor finísimo que entrevera en sus versos y provoca la sonrisa del lector, y de su vena reflexiva, filosófica (sobre la vida, la suerte, el azar…).
Según afirma el autor, el poemario es fruto de una larga trayectoria. Curiosamente debió de ser su título lo primero que concibió, pues dice que se le ocurrió hace treinta años, en la ciudad de Las Tunas, sentado en una piedra, «mientras esperaba un camión, una vaca, un perro o un caballo», algún medio de transporte que lo llevara a La Habana. Sentido del humor no le falta.
El prólogo del libro es de la poeta Carmen Plaza.
Alexis Hechavarría Duarte (*Las Mangas, Bayamo, Cuba, 1971). Maestro por la Escuela Pedagógica Rubén Bravo Álvarez de Manzanillo (Cuba). Obtuvo el título de armonía y orquestación en Cuba. Reside en Barcelona desde 1994, donde ha desarrollado una intensa labor como músico, arreglista y profesor. A su llegada, fundó la peña El Duende, lugar de encuentro de cantautores y poetas. Escribe, además de poesía, cuentos y canciones.
Anna Rossell es Filóloga alemana, escritora, poeta, crítica literaria y gestora cultural.
https://ca.wikipedia.org/wiki/Anna_Rossell_Ibern








