DESDE LA PIEL AL INTERIOR DEL ALMA. COMENTARIO DE BUENOS DÍAS,
MEDIANOCHE, DE SUSANA BENET
Susana Benet
La
poesía de Susana Benet (Valencia, 1950) pinta una travesía desde la piel
al interior del alma. No he encontrado en ningún poeta, de ningún sexo, como en
ella una voz que se construya de manera tan fiel y renovada en cada libro de
poemas. Y en todos, con los mínimos elementos discursivos, ausencia de retórica
inútil (entiéndase bien; con la retórica precisa, necesaria a cada poema). Y en
todos también la sensación de un yo que desde la pureza del misterio planea en
vuelo bajo, recorriendo su mundo y recogiendo la mano del lector para
acompañarlo en un viaje nada exótico, como por un jardín de casa donde uno pudiera
imaginar las jornadas más vivas y prometedoras de belleza y curiosidad, las
aventuras del alma más secretas.
El reciente libro de la poeta valenciana lo ha editado Pre-Textos, en su
colección La cruz del Sur, se imprimió en abril de 2026. Buenos días, medianoche se
inspira en un verso de la poeta estadounidense Emily Dickinson, citado en el frontis del poemario de Susana Benet. (“Buenos días, medianoche. / Vengo
a casa. / El día se cansó de mí). Los otros dos autores cuyas citas presiden la
obra son el valenciano José Luis Parra, poeta querido y por desgracia
prematuramente arrancado por la muerte, y el poeta y artista chino Su Shi,
llamado también Zizhan.
Algunas
de las constantes del discurso poético del libro que comentamos se encuentran
ya en esas tres citas: el día, la medianoche, el despertar, la tristeza y el
anhelo de eternizar lo fugaz. También, por otra parte, se presenta por medio de
ellas la sensibilidad de la poeta, que es una magnífica acuarelista; su vocación
artística y su sensibilidad que abarca y logra reunir en su propio ser lo
oriental y lo occidental, lo masculino y lo femenino.
El
libro contiene unas pocas joyas a las que ya nos tiene acostumbrados Susana
Benet en otros títulos anteriores: unos pocos haikus -o haikai-. No puede este
lector sino deleitarse de nuevo en su relectura:
Recogimiento.
En el jardín un pájaro
canta en voz baja.
(p. 21)
Tras los
cristales,
rota por el relámpago,
tiembla la noche.
(p. 31)
O
este haiku que abre el libro:
También las hojas
que hace sonar el viento,
cuentan su
historia.
(p. 9)
Cada
lector tendrá sus preferencias. Muy difícil es elegir entre tanta escritura
bellísima y prometedora de hondo diálogo con la sensibilidad receptora. Hay
otro tipo de composición, de cinco versos, parecido al tanka, que es capaz de
transmitir la unión de contrarios (blanco/ negro; noche/ día), que es el
leitmotiv de todo el poemario, con una extrema brevedad:
BLANDO SILBIDO
Es negro el pájaro,
pero blanco el silbido
que lanza lejos
del árbol, hacia el claro
espejo de la luna.
(p.
35).
Buenos días, medianoche es un libro que hay que leer
despacio, y releer. Descubriremos matices, tonos existenciales y aun
desgarrados en su estremecedora belleza y sensibilidad. Así, por ejemplo, el
poema "Extinción". Su fraseo natural, ausente de retórica innecesaria;
el estilo de la poeta que sencillamente
nos dice cosas fuertes con palabras exactas y en tono conversacional, nos
recuerda a los grandes poetas humanistas clásicos (Francisco de Aldana, o
Fray Luis de León, con quien comparte Susana Benet una sensibilidad
especial, un miedo a la clausura y un afán por la luz y la modestia personal).
Pero leamos:
EXTINCIÓN
Aquello que era sólido y seguro
se extinguió de repente y ya no queda
ni un mínimo relámpago que alumbre
la niebla de los días venideros.
Todo parece frágil, se suceden
las horas como gotas que, veloces,
se evaporan y ya nada interrumpe
ni logra detener esta deriva.
Debo quedarme inmóvil, como cuando
jugaba al escondite. Así, tal vez
pase de largo el tiempo y no me arrastre
con su implacable mano hacia el vacío.
(p. 45)
(Cuántas
veces nos ha atormentado, como autores, la sospecha de no acabar bien un poema.
Ese don de saber cerrar el poema de forma magistral, como en “Extinción”, lo
tiene Susana Benet y nos recuerda también a otro maestro de los finales de los
poemas: su paisano Francisco Brines).
No quiero acabar este sucinto comento
sin citar dos composiciones íntimas que me han especialmente gustado en el
libro. El poema dedicado al padre (“La siesta”, p. 39) y a los hijos (“Atrévete”,
p. 12). Este último un extraordinario texto, de afirmación del amor y la
libertad.
Nos dejamos en el tintero otros muchos
temas y su comentario: las estaciones, el testimonio de la amistad (manifiesto en
las dedicatorias de muchos poemas) y el duelo por las pérdidas de los amigos, y
ese mundo propio de comunicación de la autora con la naturaleza, con el jardín,
en concreto, símbolo central en el libro; un jardín nada exótico, como dijimos;
doméstico, lleno o ausente de pájaros y de rosas, con luz o con oscuridad, con
lluvia o sediento, según el día, según las estaciones del año; como la vida
misma, o como el estado de ánimo de quien lo contempla. Os dejo, por último,
este regalo, el poema que quizá más me ha gustado del libro, por su materialidad
y cotidianidad, transcendidas; por la sutilidad, no sé, al evocar el misterio, también
por un no sé qué pálpito romántico:
RASTROS
a Pilar Pardo
Llovió de madrugada.
Me asomé y recogí de prisa
la ropa con apenas
un rastro de las gotas.
Tu camisa
parecía temblar entre mis manos.
La dejé sobre el sofá
con las mangas extendidas.
Me pareció una gaviota en pleno vuelo.
Y percibí el olor
a salitre del mar sobre el tejido
junto a la huella leve,
familiar de tu piel.
(p. 26)
Qué
decir. Extraordinario. Nos hace desear escribir poemas y leer poemas así.
Fulgencio Martínez
Huesca, miércoles 4 de noviembre 2026
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Más información editorial sobre Buenos días, medianoche, en Editorial Pre-Textos:
https://pre-textos.com/producto/buenos-dias-medianoche/
Blog de Susana Benet:
https://susanabenet.blogspot.com/