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martes, 27 de octubre de 2026

ADELANTANDO EL RELOJ DE ESPAÑA. EN EL CENTENARIO DEL LYCEUM CLUB FEMENINO (Sobre el libro de Rocío González Naranjo "Marisabidillas, frívolas y peligrosas: El Lyceum Club Femenino de Madrid (1926-1936)"). Por Francisco Javier Díez de Revenga. Artículos / Ágora-Papeles de Arte Gramático N. 43. Nueva Col. Invierno 2026




 

EN EL CENTENARIO DEL LYCEUM CLUB FEMENINO

 

 

ADELANTANDO EL RELOJ DE ESPAÑA

 


POR FRANCISCO JAVIER DÍEZ DE REVENGA

 

 

Rocío González Naranjo ha publicado un libro de la máxima actualidad: Marisabidillas, frívolas y peligrosas: El Lyceum Club Femenino de Madrid (1926-1936), editado por Hoja de Lata en su colección Mecanoclastia. El Lyceum Club Femenino fue la institución pionera del feminismo en España. En 1926 las abogadas y políticas Clara Campoamor y Victoria Kent, las escritoras Zenobia Camprubí, Concha Méndez o Elena Fortún, la pedagoga María de Maeztu o las activistas María Lejárraga e Isabel Oyarzábal, entre muchas otras, se unieron con la firme determinación de crear un espacio en el que las mujeres pudieran desarrollar un proyecto de emancipación propio. 

 

                                                                                                                                 Clara Campoamor

 

        Hace ahora cien años estas mujeres imprescindibles en nuestra historia cultural, política y social iniciaron su insólita aventura en la suntuosa Casa de las Siete Chimeneas, en la calle Infantas, actual Ministerio de Cultura en Madrid. Aunque tuvo una segunda sede en la calle de San Marcos, entre enero de 1931 y julio de 1936, en la sede de la antigua Asociación de la Prensa.

Durante una década desarrollaron una intensa actividad cultural, política y social, con la que rompieron moldes y se granjearon enemigos a diestra y siniestra. Como señaló María Teresa León, «adelantaron el reloj de España» y demostraron un gran ejemplo de actividad colaborativa en todos los ámbitos del saber. «Marisabidillas, frívolas y peligrosas», «fumadoras de cigarrillos egipcios» o «burguesas, aburridas y jugadoras de bridge y mahjong», fueron algunas descalificaciones que recibieron, mientras creaban el primer servicio laico y gratuito de cuidado de niños, organizaban conferencias de las principales figuras intelectuales del momento o lograban dinamizar un espacio en el que, por primera vez, eran ellas las protagonistas y los hombres se limitaban a ser «los maridos de sus maridas». En 1919 María de Maeztu escribió que el despertar de la mujer moderna española ocurrió como resultado de la crisis nacional que motivaron la guerra con los Estados Unidos de 1898. Con el movimiento de 1898 «aprestáronse las mujeres de España para una más alta cultura, para una mejor educación».

Durante la existencia del Lyceum Club realizaron grandes cosas que parecían imposibles en la España de ese momento. Se expusieron públicamente y participaron en los debates políticos más polémicos de aquellos días, y ya durante el período de la II República, sobre todo en el del voto femenino y en el de la abolición de la prostitución. Pero el Lyceum también fue un trampolín para artistas, músicas, actrices, escritoras, dramaturgas y poetas, mujeres todas que comenzaban su actividad. La significación del Lyceum está ligada a la riqueza de la Edad de Plata, a la vanguardia y la generación del 27, al fenómeno de la «mujer moderna», al movimiento de las sinsombrero, a las sexualidades diferentes. Pero lo más tremendo es que los vencedores consiguieron que toda su labor quedara relegada al más absoluto de los olvidos, como si no hubieran existido.

Políticamente sucumbió por la creación de la sección femenina de la Falange, y solo muy recientemente se ha luchado por superar una imagen que se trasmitió de que eran un entretenimiento de mujeres de la clase media reunidas en un centro donde «por pocas pesetas se tomaba un buen té», como señaló Pilar de Valderrama en su libro Sí, soy Guiomar. Se ha combatido por recuperar y contar de verdad de lo que estas mujeres se propusieron y consiguieron, entre otros aspectos como el de completar la nómina de la generación del 27. Tania Balló visibilizó el esfuerzo con el movimiento de las sinsombrero y poco a poco se fueron valorando los trabajos de mujeres como Carlota O’Neill, Victoria Durán, Maruja Mallo, Concha Méndez, Margarita Manso; y que María Lejárraga y María Teresa León, dejaran de ser una mujer a la sombra de un hombre.

 

                                                                                                                                                        María de Maeztu

 

Sin duda hay que destacar la significación de María de Maeztu, impulsora del despertar de la mujer moderna española, orgullosa de su papel que ha quedado documentado en cartas, entrevistas y memorias. Gran pedagoga, directora de la Residencia de Señoritas del Instituto Escuela, nacida en el ámbito la Institución Libre de Enseñanza, luchó por la educación igualitaria para el acceso de las mujeres a los espacios públicos y profesionales, superando la idea de que el magisterio era la única salida profesional para la mujer y luchando por hacerla superar en otros dominios: comercio, idiomas, música, telégrafos, o la profesión «de cuidados».

El final vino en abril de 1939. Serrano Suñer, ministro de la Gobernación decreta el cierre del local del Lyceum y encarga a Pilar Primo de Rivera que lo convierta en el Círculo Medina. Lo curioso es que Serrano Súñer fue uno de los primeros conferenciantes del Lyceum en 1927, pero jamás volvió...

 

 ___

El artículo ha sido publicado originalmente en el diario La Opinión, de Murcia, el 23 de octubre de 2026. Lo reproducimos por gentileza de su autor.

 

 


 

Francisco Javier Díez de Revenga es Catedrático emérito de Literatura en la Universidad de Murcia. Escritor, ensayista, autor de libros de referencia sobre Miguel Hernández, Carmen Conde, Azorín, y sobre la Generación del 27. Publica semanalmente un comentario sobre libros de actualidad en el periódico La Opinión, de Murcia.

lunes, 26 de octubre de 2026

TESORO (Comentario al libro de poemas "Mística del bosque", de Paz Hinojosa"). Por Fulgencio Martínez. Avance de la revista Ágora-Papeles de Arte Gramático. N. 43. Nueva Colección. Invierno 2026 / Bibliotheca Grammatica / Poesía

 

                                                                    Paz Hinojosa Mellado, autora de Mística del Bosque. Fuente; La Verdad.

 

TESORO (Comentario al libro de poemas "Mística del bosque", de Paz Hinojosa")

 

 

Paz Hinojosa 

Mística del Bosque 

OléLibros, Valencia. 2026 

 

 


Paz Hinojosa Mellado, doctora en Filología Hispánica y profesora de Lengua y Literatura en el IES Cervantes de Murcia, tiene ya a sus espaldas una breve pero muy interesante escritura de prosa narrativa. Sus tres libros publicados de cuentos o narraciones cortas (Poetas como dioses, Miradas perdidas y Algunas metamorfosis) muestran, en nuestra opinión, el progreso de una de las mejores escritoras actuales. Desde el primer título citado Paz Hinojosa confía al componente poético (lenguaje cuidado, abierto a la participación del lector y autorreferente, que apela a la propia simbología del texto, etc) una parte esencial del relato. La calidad de su escritura se acrece con los recursos de la ironía, de la intertextualidad, e incluso del erotismo (especialmente, en algunos de los mejores cuentos de Algunas metamorfosis, libro publicado en fechas aún recientes, en 2025).

    En noviembre de 2023, Paz Hinojosa obtiene el Premio de Poesía Andrés Salom en su quinta edición, con un conjunto de poemas reunidos bajo el título "Brasas". (1) Algunos poemas de esa colección pasarán al primer poemario publicado por la autora granadina, Mística del bosque (Olé Libros).

    Nos centramos ya en Mística del bosque. Es importante, creemos, retener que su autora es una excelente narradora, dotada de amplios recursos, entre ellos, el principal y fundante desde origen de su obra: el punto de vista poético, con su capacidad de sugerir, con los menos elementos; con su arte de crear atmósferas y también de incluir al lector en una subescritura emocional, bajo el texto en superficie abierto pero cosido a sus claves simbólicas y términos codialogantes...Ese punto de vista poético implica, pues, no solo un lenguaje poético (este es consecuencia del punto de vista previamente elegido por el autor de un texto). La narradora Paz Hinojosa sabe bien aprovechar lo poético en sus narraciones, como ella otros (casi diríamos los grandes de la narrativa) han partido del punto de vista poético (Joyce, Virginia Woolf, Unamuno, Borges, Rosa Chacel, Hermann Broch, Kafka, hasta un poeta como Pedro Salinas en sus magníficos relatos cortos, por citar solo unos pocos casos).

    Sin embargo, hemos de preguntarnos si hay diferencias al pasar a escribir poemas. Sí. En principio, el punto de vista narrativo puede ser incorporado como elemento a un poema, pero, donde no esté al servicio de algo más substancial a la poesía, el poema decae (se hace plano, relación casi siempre anecdótica, aunque dé como resultado una historia bella, sincera, incluso rara. Le falta un escalón para ser poesía de verdad). Quizá, por eso, Hinojosa prescinde, en la casi mayoría de sus poemas, de lo narrativo, condensa y toca la cuerda esencial. Nos esperaríamos una poesía larga, de versos extendidos y poblada de mil anécdotas, nombres y direcciones, como una agenda, o incluso, como un diario. No. Mística del Bosque es un poemario dividido en cinco secciones que nos presentan un discurso seguido, in crescendo en su intensidad y belleza. Solo, prestando alguna atención a lo sugerido, se puede adivinar alguna confidencia personal, algún suceso digno de constatar en un diario (quizá la expectación ante un futuro hijo). La poesía de Paz Hinojosa ahonda en el misterio de donde surge el poema; y en esa quête o búsqueda (elemento, por cierto, común con lo narrativo, pero sutilmente utilizado en la poesía de Paz Hinojosa): en la búsqueda de la palabra justa, del poema como cifra del sentido de todo, esta poesía nos lleva al centro de ese mismo todo. El bosque representa, en nuestro entender, la imagen sensible de ese Todo, ante el que apenas la poesía puede balbucear.

        Los elementos presocráticos, sobre todo, el fuego (el fuego como símbolo del poema, que se consume en su propio sentido); la llama, las brasas; el pájaro o los pájaros en la primera parte del libro, o los árboles, en la tercera (y quizá la más compacta, llena de megapoemas brevísimos) son notas que confluyen en la melodía final, en la quinta y última parte de Mística del bosque, donde en contraposición a todo lo anterior se nos presenta un poema largo, hermosamente dialogado, donde adivinamos, en lo hondo, algunos rasgos biográficos, psicológicos y, ante todo, espirituales de su autora.

    Nos limitaremos a marcar algunas sendas del poemario (sabiendo que otros lectores pueden seguir y trazar las suyas propiamente).

    El poemario está dedicado por su autora: "a mi hijo". Se abre con varias citas de poetas; a destacar, por su interés para la poética y el fondo del libro, la de Ernestina de Champourcin, la poeta de la Generación del 27, presente en la celebrada antología de Gerardo Diego (2ª ed. del año 34. Antología de Poesía española).

"¿Poesía sin misterio es acaso poesía?" 

    Ernestina de Champourcin 

 

 

                                                Ernestina de Champourcin

     

    En un paratexto al final del libro, su autora nos revela las fuentes en que se inspiran los títulos de las cinco secciones o partes del poemario. La primera de ellas, "Sílabas son incandescencias", inspirada en Octavio Paz (en su poema "El fuego de cada día"; y hay un guiño o juego con el apellido del mexicano y el nombre de la autora en esta alusión de apertura), inicia la búsqueda del poema, que aquí comienza, en el fuego; y que seguirá luego en el aire (los pájaros), y en la conjunción de cielo y tierra (los árboles). de las dos secciones siguientes.

Destaca el poema titulado "Brasas" (p. 12. op. cit).

   Armadas de su fuego,

   portadoras de teas,

   incendian nuestros ojos.

   Palabras que arden,

   piras de voces ígneas,

   llamas que hieren

   y queman las miradas.    

 


     La apuesta por las palabras nítidas, incandescentes, perfiladas a la luz de la llama, evocan también a un oyente, igual que a un narrador (o un rapsoda; seguimos los hilos secretos de la narradora/ poeta Paz Hinojosa). La complicidad con el que recibe los poemas es también una invitación a indagar la grieta, el secreto, el misterio, el intersticio, la fractura, términos que, cada uno con sus diferentes matices, aproximan al campo semántico del canto, del poema, que tiene refugio en lo pequeño, en la brevedad, en el instante, en su mismo momento y decir en que se consume, y como el fénix, tal vez renazca en otra mirada o lectura. 

    El poema titulado "Humildad" nos da todos los motivos que hemos glosado en el anterior párrafo (la complicidad con el lector, ante el que la autora se presenta, con el pronombre personal: "Yo") y una auténtica poética (de la que hemos destacado los términos propios en el poema), una poética que vale tanto por lo expresado explícitamente como por la sugerencia que nos da en mano un saber indiciario y quizá más oculto. Hemos de seguir leyendo, pero antes reparemos en cada linea de este poema, extraordinario (desde el título):

 

HUMILDAD

 

Canten otros lo inmenso del paisaje.

Yo prefiero la grieta,

con su fragilidad y su secreto,

el misterio que oculta el intersticio,

las palabras que esconde la fractura,

apenas un rasguño.

Canto lo pequeño,

refugio del poema.                                                                                                                                                

        (p. 15) 

 

    En esas ocho líneas se ofrece una poética a la que se atiene la autora en todos los poemas de Mística del bosque. (Tendremos ocasión de comentar la aparente excepción: el poema final).

    El agua, los ríos, el fuego, la sangre, el sol son actantes-símbolos en los poemas de esta primera sección. La búsqueda se va adentrando, personalizando en el interior del yo, en la carne y en la sangre del yo que enuncia. Hasta salpica en las pupilas del que lee. En el poema "Ardo" leemos:

Llevo en mis venas

poemas en llamas,

antorchas de versos,                   

teas ardientes.   

Si sajas las células       

flotantes en la sangre

y extraes su fuego, 

puedes quemar el sol.


        (p. 23) 


    La búsqueda del poema solo se realiza con una condición previa: la entrega del poeta al objeto de su desvelo, una entrega parecida a un acto amoroso: (con una cierta ambientación religiosa, ritual, de "sacrificio"). Veamos este poema, uno de los mejores del libro: (p. 25)            

        CANDIL                                                                                                                                                              

En vela toda la noche, 

como virgen prudente. 

Encendida mi lámpara,  

humildad en su luz.    

Soy antorcha en llamas,        

paciencia y vigilia, 

por si adviene el poema 

como esposo al que aguardo.

 

   Qué delicada joya. Qué maravilla de poema, ¿no? Obsevemos de paso la decantación de esta poesía por las composiciones de ocho versos (o a veces también las composiciones asimismo monoestróficas pares, de cuatro). 

   MASA

 Tengo en la punta de la lengua                                                                                                                        una palabra que tú me entregaste,                                                                                                                amasada con saliva y fermentada luego.                                                                                                    Alzada como una catedral o un pan.

        (p. 32) 


    Hay otro tipo diferente de composiciones en el libro, pero, creemos que es en esta especie de octavilla libre donde la autora rinde lo mejor de su poética. 

    Pero para desmentir mis propias palabras, no me resisto a traer otro poema de esta primera parte, tan rica en poesía sencilla, pura, difícil y sorprendente en algunas de sus imágenes (catedral, pan):

   ESPERA

Como la arcilla antes 

del preciso instante 

en que la toma el alfarero, 

me esperan mis palabras.

Me aguardan

con el temblor de la rama 

que va a florecer.

        (p. 34) 

 

   Es una composición de siete versos. Por su fraseo, natural, y su sabiduría compositiva, recordando casi una acuarela o un haiku, podría ser el mejor poema del libro, a nuestro parecer.

 

    La segunda parte, "Que bien sé yo la fonte que mana y corre" (cita de San Juan de la Cruz), se presenta como un nuevo estadio en la persecución del poema (observemos que queda muy corto aquí y en todo el poemario que comentamos el socorrido referente a la metapoesía; no es ajeno este término, que huele un poco a laboratorio; pero la búsqueda del poema es vivencial en la autora). Destaca, con mucho, el poema dedicado a Dionisia García, poeta y maestra de poetas (decimos "maestra" en sentido de ejemplo vivo y aleccionador):

     POESÍA

                    a Dionisia García 

   En silencio y sosiego

   desciende siempre el don.

   Con llamarada de agua, 

   así llega la lluvia cuando callo.  

   Alzados mis océanos 

   para unirse con ella. 

   Mis líquidos se elevan,    

   marea alta íntima.    

   Celebro entonces liturgia pluvial.                                                                                                                         

                         (p. 42)                                                                                                                                            

Composición de 9 versos, impar, con el verso final de recapitulación o conclusión. (¿De nuevo, nos equivocamos?)

Esta segunda parte presenta los efectos anímicos causados por la búsqueda del poema. No siempre se presenta con la subida de la expectación, con cierta euforia y estado de enajenamiento positivo. El agua, la lluvia, el fruto son los nombres-símbolos que acompañan esa espera. "Fruto" (p. 49) es el poema donde el anhelo de ese ser espiritual se asimila con el hijo, con la comunicación /comunión con un ser de carne y sangre:

    De tanto mirarlas 

    se enraízan mis pupilas en las tuyas  

    y comienzo a habitarte. 

    Mi calcio se instala en tus huesos, 

    me late ahora tu pulso. 

    Estoy brotando. 

    Fruto en la sangre que mana.                                                                                                                             

                       (p. 49)                                                                                                                                                            

 Siete versos. Impar (¿Seguimos sin dar una?, señor crítico).

 

    En este poema (en el verbo: "enraízan", no solo fíjate en el recuento de los versos, lector, pero me gusta que lo hagas para que te demores) tiene su origen una gran parte de la simbología clave de la tercera parte del libro: donde raíz, sin raíz, árbol y estrella, vuelo a las alturas, reparten juego; recordemos que para la mitología medieval el cielo o firmamento es un arvore inversa: un árbol invertido, con las raíces en lo alto, quizá en el empíreo o región divina que no alcanzamos más que con el intelecto puro o con la fe (Dante):

    La tercera sección, titulada "Vuestras músicas vienen del alma de los pájaros", inspirada en uno de los poemas -"Árboles"- del joven García Lorca (del Libro de poemas) representa el clímax del poemario, que visto de principio a fin nos muestra un crescendo poemático, y un descenso y recapitulación en sus secciones cuarta y quinta, respectivamente.

    Es el momento de encuentro con el poema. Véase este primer texto de esta sección (que representa bien todo el desarrollo, y, por mor de la brevedad de este comentario, nos evita traer cualquiera de los otros poemas de esta parte tan plenos individualmente y ensamblados en su discurso):

        HILO

  Con hilo vibrante apreso al pájaro.

  Huellas en su plumaje de cuerdas vocales. 

  Ahora está vacía mi garganta. 

                                   (p. 61)                                                                                                                                

     Tres, Impar. (Ruina, señor crítico).

    "Raíz" (poema universo: "Con mi raíz escalo el cielo"); "Inspirada", "En clausura", "Inspiración", "Sed, "Osamenta", "Red", "Pájaro", "Vuelo": esta parte tercera quita el aliento al lector, herido y consolado con la belleza de la palabra. Los títulos de los poemas -algunos de los citados, por ejemplo- son significativos de la simbología mística, pertenecientes a la mejor poesía española (San Juan de la Cruz, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Dionisia García), convocados por Paz Hinojosa en su búsqueda del poema, identificado al fin con el pájaro que revive en la llama; en la voz y en la mirada en torno al poema esbozado con palabras, escrito con signos mudos, y finalmente cantado y escondido en la memoria/ bosque del lector.

 

     "Escribir es como la segregación de las resinas" (José Ángel Valente): La cuarta parte es un descenso, donde la reflexión tiene protagonismo. Destaca el poema más largo de esta parte, y uno de los mejores del libro: "Gramática desconocida". 

    Y, por fin, llegamos a la quinta y última parte, compuesta de un solo poema, a modo de "suite", una composición larga de versos, sin título. El de esta parte final es "Un bosque ardiendo bajo el mar desnudo", y se inspira en un verso del granadino Luis Rosales. (Dos granadinos excelsos, dos grandes poetas, aludidos en este poemario, lo que supone un homenaje implícito a su tierra por parte de la autora, Paz Hinojosa).

    Renuncio al comentario de este poema extraño (en nuestro tiempo) y válido para leer en compañía de textos de los grandes poetas citados anteriormente. El bosque, como lugar donde encontrarían sentido las pérdidas, en cuyo umbral se doblaría la apuesta:

Me despojé de oscuridad para recibirle. 

Me liberé de limos.

Desalenté a todas mis tinieblas. 

Me vacié de vísceras. 

 

    El lenguaje se vuelve cardíaco, sincopado. Nos dispara. Los versos se suceden yuxtapuestos, sin apenas sintaxis subordinada o coordinada. Metonimia continuada de un caminar. Al fondo, Él.

 

Avanzo hasta Él. (,,,)

Soy tronco para su voz de hiedra.

 

    (Hay un diálogo interior en este poema largo, que necesita ser largo, extenderse al ritmo que avanzan el poema y el tema: se desplaza, avanza el Bosque es el leitmotiv). 

    El Bosque, Dios, lo absoluto, el todo (y yo en el todo); pero esa plenitud de identidad "no lo puedo decir.../ No sé escribirlo..." (concluye la autora).

    Entretanto, Paz Hinojosa ha compuesto un libro de poemas. Mística del bosque, que aconsejo leas con atención. Descubrirás mucho más.

 

Fulgencio Martínez

Huesca, domingo 25 de octubre de 2026 

 

____

NOTA 

(1) Para leer "Brasas", de Paz Hinojosa, ganadora del Premio Andrés Salom de poesía en su Quinta edición, en la modalidad de poesía en español. Noviembre, 2023. Publicación en digital del Taller de Arte Gramático y la revista Ágora.

 https://www.calameo.com/read/002827296e16d8ed4fc33

 

 También disponible en Dialnet (Universidad de La Rioja).

 file:///C:/Users/USUARIO/Downloads/Dialnet-Brasas-9232468-1.pdf