
REFLEXIONES SOBRE UN POEMA Y SUS VARIANTES
(FRAGMENTOS PARA UNA POÉTICA)
CORPO D´AMORE
Me gusta en las tardes
lentas de verano
escuchar canciones
de mis diecisiete años.
Pasear desnudo
en mi habitación
con otro cuerpo
desnudo, y vivir
lo que de adolescente
soñaba.
Entonces,
una satisfacción menor
era engañar al tiempo.
Ahora que he mordido
su manzana, voló la culpa,
me reconozco en lo escrito
por su mano.
La estrofa penúltima ha sufrido cambios. Del fragmento-verso que liga con la estrofa anterior se ha suprimido “, y ahora”, y el verso que cierra la estrofa sufre una variante: “era” en vez de “es”. Por otra parte, se ha deslizado el “ahora” a una estrofa inédita, injertada como nuevo final al poema. Este se puede decir que ha sufrido una variante significativa o nueva versión, la cual se signa el jueves 3 de septiembre de este año 2026.
Por cierto, el título del poema: “Corpo d’amore”, se refiere a una película italiana que vi en mi adolescencia, en un pase en el instituto donde estudié el bachillerato, dentro de las actividades de cinefórum que impulsaba su director, don Venancio Iglesias Martín.
El título se mantiene y da continuidad a las dos versiones del poema.
La primera, o al menos la publicada por primera vez, se incluye en mi libro León busca gacela (Poemas de Séptimo Alba. 2002-2008), editado por Renacimiento (Sevilla) en 2009. Es significativo, creo, que dicho poema lo firme mi ortónimo Séptimo Alba. En cambio, la nueva versión (arriba) está firmada por otro, Fulgencio Martínez, también ortónimo del auctor del mismo nombre y apellidos, un servidor de ustedes.
Esta es la versión publicada en León busca gacela:
CORPO D´AMORE
Me gusta en las tardes
lentas de verano
escuchar canciones
de mis diecisiete años.
Pasear desnudo
en mi habitación
con otro cuerpo
desnudo, y vivir
lo que de adolescente
soñaba.
Entonces, y ahora
una satisfacción menor
es engañar al tiempo.
¿Por qué “ahora” digo: “era engañar al tiempo”?, y ¿qué significa el injerto final, la estrofa de cierre (nada menos)?
Ahora que he mordido
su manzana, voló la culpa,
me reconozco en lo escrito
por su mano.
Confieso mi perplejidad y me propongo con el lector seguir preguntando hasta ver si algo sube a la claridad. Tengo una necesidad de aclarar mi poética, que se ha unido ella sola al tiempo de manera que no consigo a menudo dilucidar (el tema del tiempo y la poesía es tan general que no consigo ver claro lo específico de mi caso, o del caso de mi poesía, mejor dicho). Pero en vivo ahora, recién terminada esta variante y con la iluminación de su estrofa final, quizá encuentre algunas palabras clarificadoras.
Es meridiano que el poema (todo poema, y toda revisión de un poema) instaura un “ahora” y se produce desde ese punto temporal / biográfico.
Lo que por descontado modifica el “entonces”, que queda remitido a un tiempo pre-anterior. Así en este poema: el “entonces” de su primera escritura ya no es el mismo que el de la nueva versión. Esta operación es debida sin duda al desplazamiento del “ahora”, el cual se sitúa en 2026, ya no en los años 2008-2009. El autor ha cambiado, tal vez, ha envejecido en 18 años, pero, quizá más importante que el mero transcurrir del tiempo, ha modificado éste al mismo sujeto que se expresa en el poema. Ha tenido tal sujeto un cúmulo de experiencias, perspectivas que lo han expuesto a una reflexión, y esta última es lo decisivo para el nuevo enfoque del poema y su consiguiente movimiento. Esa reflexión es lo decisivo, pues; pero no se produce sino por un “golpe de vista” en el momento en que el poema nos está pidiendo su relectura. (Hablo de “nos” porque en ese momento el autor incluye uno o varios lectores posibles). En poesía, pues, no basta el cúmulo de algo, es necesario el crujir, la explosión (de un sentir reflexivo que quiere salir a flote, un pensamiento poético, entiéndase bien este término, que responde a una necesidad de verdad). Pero todo es tentativa, en poesía, hasta que no se acierta con las palabras, los fonemas y el ritmo. Soy muy susceptible a los sonidos que por sí mismos significan, subrayan o menean, como una brisa, el árbol semántico, y también, por supuesto, me importa el ritmo.
(…) es engañar al tiempo.
Ahora que he mordido
su manzana, voló la culpa,
me reconozco en lo escrito
por su mano.
No sabría explicarlo bien, pero el sonido sordo oclusivo de la p con su explosividad es fundamental aquí. Sale tras varias pruebas que el consciente poético rechaza; pero sale inconscientemente, de una tirada, en toda la secuencia de los cinco versos; o no sale. Importa también su repetición y el lugar que ocupa en la secuencia, que encadena una escritura de ecos (la poesía es casi siempre una escritura de ecos que responden a una sola voz en cada poema), desde la ocurrencia del sema “tiempo”.
Sé que me estoy distrayendo, y vago para no abordar la pregunta de fondo, que se desprende de los dos últimos versos del poema, y que necesito abordar ya. ¿Me reconozco en lo escrito por la mano del tiempo? Entonces, si la respuesta es o fuera afirmativa, ¿por qué cambio las escrituras de algunos poemas, incluso de algunos ya publicados en libro?
La respuesta me asombra a mí propio ojo. Y parece incluso obvia una vez deshecha la apariencia. El tiempo, a través mío, se diversifica, se corrige, se escribe, en suma.
En esta poética no hay, pues, un texto exento a priori de variantes, de nuevas lecciones del tiempo.
El poeta (o, para ser más precisos, el poeta-médium), el que confirma el reconocimiento de su verdad en lo escrito (¡y qué mejor manera de reconocerlo que cambiando las versiones de acuerdo a esa verdad!), ese soy yo, modestamente, orgullosamente.
Y soy yo también el que cambia.
Fulgencio Martínez
Huesca, 3 de septiembre d 2026