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lunes, 14 de septiembre de 2026

La transformación de Aquiles. Antología. SEGUNDA PARTE. Fulgencio Martínez / Séptimo Alba / Sebastián Alfeo. COLECCIÓN ÁGORA ANTOLOGÍAS

 

 

La transformación de Aquiles. Antología. Fulgencio Martínez

SEGUNDA PARTE

 

 

POEMAS DE SÉPTIMO ALBA

DE Línea de cumbres (2019)

 

LA TRANSFORMACIÓN DE AQUILES

 

Ahora llega a una casa donde nadie le espera,

y a este marzo después de cuatrocientos

plenilunios que vive aquí. Le sorprendió

el frío del primer domingo de Cuaresma

y echó atrás sus pasos en la ciudad, y ahora,

metiendo la cabeza en su caparazón,

la tortuga duda…Cómo va a poder

despistar tantas hojas que ha visto en su paseo

y el agua de aquel charco

que le miró y le siguió a su calle

sabe que no va a poder olvidarla,

después de oír susurrar en ella la vida.


 Línea de cumbres

 

 

 

MAÑANA DE DOMINGO

 

 

Una mañana de domingo,

después de despedirse

el sol, me encuentro solo,

temblando en mi cuerpo

como en un astro remoto y frío.

 

He recogido mi alimento

solitario, y sentado a la mesa

con mi vida, sonrío

frente a mi invitada,

llevándole a mi boca, despacio,

el aroma de mis palabras.

 

                                                             (29 de octubre de 2000)

 

Línea de cumbres

 

 

 

 

APRENDIENDO LAS REGLAS DE LA CASA

 

 

No tienes obligación de sorprender,

solo de agarrarte, fielmente,

a un ritmo inexperto

esperando que la inquietud

retorne, a su hora,

con la cuchilla más fina.

                                               Sin otro

afán (como cuando niño subías,

pálido, en el vértigo de la noria)

ni otra excusa que medir tus brazos

con lo inasible.

 

                           Recuerda que, entonces,

canturrear o decir

unas palabras en voz alta,

alejaban el miedo.

No tienes obligación de sorprender.

Necesario es hablar por los otros

que cayeron, por una escala

de grises, en lo negro.

La suma predecible o el azar

de su resultado incierto, eres tú:

la conciencia de este instante

que huye y que tratas de apresar

con la palabra.

                            Deja, recién llegado,

deja que el aire te instruya

en las reglas de la casa.

 

 

 Línea de cumbres

 

                                                          

 

                      PUT YOUR HEAD ON MY SHOULDER

                                                                        

                                                                                a Soledad Inglés

 

                  

                   No volverá más el verano

                   que está tomándose ahora su tiempo.

                   Me sonríes, mujer, con el encanto

                   de una ola que acaricia

                   mi piel tan lentamente

                   que parece que nunca ha de pasar;

                   pero cuando nado hacia ti y casi te alcanzo

                   huyes hacia la orilla y te desprendes

                   y, otra vez jugando, detrás, me esperas

                   y al fin vienes a mi lado, y me dices,

                   con la tersa voz del recuerdo ya,

                   put your head on my shoulder…,

                   acompañando con un signo,

                   un gesto de cabeza,

                   la melodía de tu voz. Por ti sé

                   que la voz humana puede ser más

                   dulce que cualquier signo;

                   la escritura se queda a medio camino:

                   apenas un poco más que un lenguaje de signos;

                   pero la voz humana grabada en la memoria

                   tiene la cualidad más pura del tiempo, es invencible:

                   de esto estoy seguro, amor, es invencible.

 

 

                                                                                               (9 de Junio 2019)

 

            Línea de cumbres

 

 

 

NO MÁS PARQUES

 

Cumplí los cincuenta, perdí la línea,

perdí el hambre y engordo.

Los deseos se acumulan en bolsas de plástico

que las horas por venir                                                                          

invitan a cerrar herméticamente.

Me vence la torpeza

de bajar otro escalón,

el del portal, para depositarlos

afuera..., en un basurero horrible,

hacia el que elevar los brazos requiere

el vigor de un gigante,

el esfuerzo con que un dios mueve el mundo.

Si hubiera un descampado...

para que mis deseos

descansen, por fin, en ningún lugar;

y no continúen despiertos

en otros enjambres paralizados.

Algún sobrio y funcional descampado

donde esos cometas vacíos cesen 

de esperar un nuevo y descomunal ímpetu

que los derrumbe en alto rodar en llamas.

Oye mis quejas, tú, Municipio.

No más parques para viejos,

ni verdes piscinas de reciclaje.

Un descampado sería tan funcional...

 

Línea de cumbres

 

 

 

 

CUERPO COMPAÑERO

  

No estaba dentro sino a flor de tierra

el sustento que buscabas, tan honda

y peregrinamente, compañero.

Cuerpo, compañero mío, servido

tan bien, y tan mal a veces, cuando

abría tus páginas y leía

su letra muerta solo, el espejismo,

exento de alma, de mis pensamientos.

Esos renglones con que me hablas tú

no los entiendo ni a veces los oigo

porque estoy quizá ocupado en cosas

profundas y que no tienen sentido.

Ahora que atardece ya, te libero

del peso de mis culpas

de mis penas y de mis alegrías;

y me redimes ya de tu servicio.

La noche nos hermana.

Vayamos juntos, cuerpo,

sin hacernos promesas

de amistad eterna, por esta noche.

 

 

          Línea de cumbres

 

 

 

FIDES  (Poción mágica)

                             

Toda la fe en la escritura vuelve

en la escritura misma

cuando estamos a punto

de renunciar. Toda la mar abraza

a esta única gota que se hace cuenta

de la vida. Mirándome la mano

en lo oscuro, pasa un río de ceniza.

Un ápice de deslumbramiento mágico.

Un fondo de rocío bulle a ráfagas…

evoca el cielo nocturno estrellado.

Por verlo contigo valió la pena

deambular como un ciego muchos días.

Que nadie se equivoque: no elegimos.

Tan solo se decide perseverar o no.

Los ojos del niño se divertían

cazando en un estanque

sus pensamientos, como ahora yo

sobre la hoja verde que gira en blanco.

Hoja de menta, delirio de olor

que nos quita el relente del aliento

y nos dora con ilusión los frutos

extraños que dejamos en la sombra

madurar. Los fantasmas sin sonido.

Los versos en los que se labra el alma

su vuelo sobre el olor a podrido…

Que nadie se confunda, que lea bien,

que nadie añada: “y su mortaja”.

Por verlo contigo valió la pena

deambular como un ciego muchos días.

Que nadie se equivoque: no elegimos.

Tan solo se decide perseverar o no.

 

 

            Línea de cumbres

 

 

 

TRAS LA PÉRDIDA DEL REINO SEGURO

 

No veo más que una extensión de piedras

desde aquí, mecido en la copa del barco.

Los bárbaros se han sentado en los tronos

vacantes de los reyes. Vaga la locura

por el campo de batalla que ya es todo

el reino. Mudos son los ojos que ven

esta escena y no dan señales de alarma.

¿Dónde están mis almenas? ¿Dónde la ira

y el metal de los brazos que protegieron

a mis tiernos retoños? ¿Qué se hizo de ellos?

¿Dónde las lágrimas por lo huido lejos?

¿Y adónde el cuidado de nuevo se torna?

¡Qué terror en la mar de fieros vikingos!

 

 

  Línea de cumbres

 

 

 

DEFENSA DE LA UTOPÍA

 

Son espejos, son islas

que cruzan de pie la noche.

 

Dos cuerpos apretados uno al otro

alejan cualquier pacto con el miedo;

se acuestan a levantar, desde sus ojos,

un nuevo mundo; por sus venas corre

una escala de verdes que no existen

-formidables, ágiles, fieros animales

recorriendo la selva sin espanto ni odio,

pese al humo insensato que avanza de la codicia,

contra el tiempo y la realidad, que les azuzan sus flechas.

 

Los brazos se han fundido en los brazos.

Las rocas ya se mueven en el mar

para posarse, blandas, bajo sus cabezas.

 

 

                                                                      (30-8-2006)

 

   Línea de cumbres

 

 

 

 

                                             POEMA NOTICIA

 

                                                            (En el centenario de Ernst Jünger)

 

 

 

            En su gruta-retiro de Wilflingen ha cumplido recientemente un siglo

            el escritor alemán Ernst Jünger. Quienes amamos la literatura como

            el mejor disolvente de la banalidad de esta época y contemplamos

            cada día la historia, en las páginas de los periódicos o en la tópica de

            las charlas con los conocidos, de tarde en tarde nos sentamos con un

            libro para leer a algún genio que justifica por él solo el continente y

            el contenido de nuestras rebeliones.

 

            En la era de la hipersimplificación un puñado de escritores sinuosos,

            dotados de todos los resortes de un pulpo y esquivos a la conformidad

            programada. Kafka, Céline, Bergman, Thomas Mann; y el más odioso

            y amado por nosotros, Ernst Jünger.

 

            Se les estudia, sí, se ocupan de ellos… Nunca sabremos cómo vivir

            contra ellos después de haberlos leído. Hijos deformes, imbéciles,

            nihilistas profundos. Lúcidos hasta reconocerse los poetas de nuestro

            delirio. Disecaron al monstruo que ya se veía venir en el alba de la

            simplificación; a pesar de todo, el monstruo siguió instalándose, en

            nuestro lenguaje, en nuestras categorías vacías. Confundido con el

            hombre de la calle, ya no nos visita con sus colores reales.

 

                                                 (1995)

 

 

            Línea de cumbres

 

 

 

EL PAÍS DE MIS PADRES

 

                         MEMORIAL A LA DEMOCRACIA

 

                                               

 

En el frente de Rusia murieron mis capitanes

En el invierno de Rusia la nieve se cubrió de cadáveres

Apenas hay un recuerdo suyo esta primavera de diciembre

en la que los jóvenes exsoviéticos comen un bocadillo

a la puerta de una dacha

y miran las pantallas de sus móviles

 

En el campo de Argelès-sur-mer se contaba el deshielo

por cada ración de hambre, de muerte y exilio.

Los españoles internados por el gobierno francés

en aquellos silos murieron a golpes de piojos

 

La España roja y la División azul

descansen en paz, libres de la canalla

revendedora de la leyenda cainita

contra un país por el que madrugaron

los brazos de mi padre, la inteligencia

de mi madre. Descansen en paz los muertos.

 

Sois vosotros los españoles fieles,

los descontaminados del cromo del odio,

los que os levantáis cada día

a vuestros trabajos y a decir alto

cómo habitar un mundo sin fieras.

 

 

 Fulgencio Martínez

2019

 

La segunda persona

 

 

 

     

LEÓN BUSCA GACELA 

 

 

               LA VELA DEL DEMONIO

 

                                                                                   a Luis Cernuda (2002)

 

     En la sospecha de que tu voz recuerde

     la voz del demonio,

     ve ahí reunida tu familia erudita

     con el Consejo de la ciudad. Dirimiendo

     ante los jueces nocturnos la querella

     de tu homenaje, al cumplir tú cien años.

 

     Como el marino al que un caprichoso azar,

     una nube divina lo devuelve a su patria,

    volviste tú a la tuya

    cuando te daban ya por muerto entre los muertos.

 

    Temen los eruditos el misterio del que estaban guardados,

    y te presentan reducido a una corona marchita.

 

    Insultan, así, a la inteligencia

    de la vida y a la historia,

    que hizo sitio a tu muerte en tierra extraña.

 

    Aunque, comprende: sólo les mueve la rutina

    de conseguir un poco de dinero.

    Su servil inconsciencia les bendiga,

    el aire que les ata a su columna.

 

     

     León busca gacela

 

 

 

                 UN SUEÑO EN EL SUEÑO

 

                 León busca gacela

                en la cima del mundo.

                                              

                 Un león,

               un animal de crin dura y espejos

               duros como el latido de la tierra

               avanza solo por la luz del día,

               recorre todo el día la sabana

               majestuosa de fuego y de silencio.

                                              

               A la hora de Venus, se detiene.

               Mira al azul remoto, y a la nada

               dora que transporta su cuerpo

               más allá del río donde ve

               reflejados sus tristes ojos,

                                              

               y la inquietud que se abría paso

               en su rostro tira de él,

               echa abajo su casa

               de fieras y le hace

              soñar por un instante

              reunido en la Esfinge.

                                              

 

   León busca gacela

 

 

 

LA EXPULSIÓN DE LOS ESPÍRITUS DEL INVIERNO

 

 

      Nada alegra tanto como una tempestad

      que trae, del brazo, una luz

      dura y larga y una despedida de seda.

      Nada es tan leve después de oprimir tanto.

 

      Nada tan grácil

      como un águila real en su vuelo

      ni tan decidido a aplastar cualquier presa.

 

     Nada, en fin, tan alegre

     como ese águila de vuelta a su nido,

      caminando sin pasos,

      sin pasado, libérrima en el aire.

 

      ¿Por qué no podría tener mi ansia

      forma de ave que expulsa a los espíritus

      acomodados del invierno y genera

      un río de música en las alturas?

 

       En un mundo inocente

       quiero estar indefenso

       como agua que mana en la noche

       y, al alba, se muestra llena de barcos.

 

 

             León busca gacela

 

 

 

  UNA VICTORIA MORAL

 

  Los días de enero trabajan el corazón

  con duras materias de melancolía.

  Aún es corta la mano que trae la luz

  y el palacio del invierno aún nos tiene

  sumergidos en la fragua de nuestras intenciones

  que no aciertan apenas a romper un cristal.

 

   Como los búhos rodamos torpes de día,

   esperando la mancha de un filo caliente

   o una tensión de pasos sobre carbón al rojo:

 

  Nada nos duele más que permanecer

  despiertos cerca de la telaraña

  hueca y casta de la nocturna inquietud,

  que gira acusadora en nuestra noria,

   inaprensible como agua podrida.

                                              

   Los linderos más altos nos demandan:

   salid ya, los muertos, a tomar el aire.

 

   Y el pecho fija su faldón al asiento,

   torpes zancadas a impulsos tasados

   desvanecen los prestos pies del afán.

 

  Camino de retorno a la melancolía,

  escribimos la oda a una victoria

  moral, fácil contento para el poeta,

  dura piedra de angustia para el hombre.

 

 

           León busca gacela

 

 

 

 

RUIDO, RUIDO

 

 

              Oímos, sólo, el ruido 

              de un elefante;

              la gruta despierta,

              cada día, con ese ruido

              que maneja sus brazos

              como las tormentas, cuando se acercan  

              con ruido sordo en el cielo.

 

             Los que vivimos abajo

             somos igual que hormigas,

             tenemos hábitos poco singulares:

             trabajamos, comemos y dormimos

              y practicamos nuestras aventuras

              a unas horas determinadas,

              lo que nos vuelve predecibles

              y un objetivo, sin duda, al alcance

              para el ruido de las tribus nocturnas.

 

               Despertamos y es todavía el ruido

               de ese ruido, un estruendo banal 

               que nos corrige el ánimo pacífico,

               y nos hace recitarle a la luz

               una imprecación y un ruego 

               de auxilio, que se pierde

               en esa ciénaga de puños y de pedos

             que sigue toda la noche y todo

               el día envenenándonos de ruido.

                                            

 

                      León busca gacela

 

 

 

     IBERIA PERDIDA

 

 

     Cuando busca mi sangre más amplitud cordial

     escribo en el paisaje nostalgias inmemoriales

     de aquella dulce Iberia perdida como un sueño

     al despertar de la Historia.

 

      En las frescas mañanas aún escucho

      voces de barro en los cerros dormidos,

      tiemblan en los costales de los campos

      diminutas hogueras azules, y rebaños

      de gigantes surcan la faz de la lejanía.

 

       El añil y la verbena florecen

       en cualquier estación

       sobre gargantas blancas

       de polvo sin camino.

 

       Frutos jugosos, armados de espinas,

       aguardan al caminante sediento.

 

                                    

            León busca gacela


 

 

           CADA TARDE VENGO

 

 

          Trato de ser amigo

          de mi mitad oscura.

          Cada tarde vengo

          a mirar las sombras.

 

          Despidiendo el día

          me alzo a vislumbrar

          el vuelo de una paloma

          sobre la maleza.

 

           Comprendo, entonces,

           que el deseo mío

           es ya una forma

           de presentimiento.

 

 

                 León busca gacela

 

 

 

 

 CANCIÓN TARAREADA

 

  De un momento a otro

 se aproxima

 y me estremece

 una canción

 cuya letra no puedo recordar nunca.

 

 Sé un estribillo,

 un ritmo,

 el tono desnudo

 de la tierra en noviembre,

 que sonaba en mi primer poema.

 

  La ternura fanática,

  desusada, del mozo

  con su canario mudado,

  que a cantar comienza

  al oído del primer deseo.

 

 

                  León busca gacela

 

                                              

 

 

 

 CORPO D´AMORE

 

 

                                                 Me gusta en las tardes

                                                 lentas de verano

                                                 escuchar canciones

                                                 de mis diecisiete años.

             

                                                  Pasear desnudo

                                                 en mi habitación

                                                 con otro cuerpo

                                                                      desnudo, y vivir

                                                  lo que de adolescente

                                                  soñaba.

 

                                                                Entonces,

                                                  una satisfacción menor

                                                  era engañar al tiempo.

 

                                                 Ahora que he mordido

                                                 su manzana, voló la culpa,

                                                 me reconozco en lo escrito

                                                 por su mano.

 

Versión del poema publicado en León busca gacela.

 

 

EL CUERPO DEL DÍA

 

 

 

            HAIKÚ

                          

 

En la calle de Agosto

la golondrina

que volvió antes de tiempo.               

 

 

                    ......................

 

 

          Cuando abrí mi balcón,

          la perdí; las nubes la llevaban

          en su red tupida,

          las palabras, más que una vida robándome,

          no la pudieron retrasar, ni un momento.

 

               Ella, a la tierra,

           al aire, al más allá. A la tierra.

 

 

            El cuerpo del día 

 

 

 

CEMENTERIO DE PALOMAS

 

El servicio de limpieza del Ayuntamiento ha retirado las palomas muertas, por veneno, bajo la fachada de la Catedral.

                                                                     Diario de Murcia.

 

         

 

   Qué desaliento el de la paloma

   envenenada bajo la gran torre.

 

    Cómo se apagan las cuerdas que, un día,

    iluminaron nuestro paso triste

    por aceras y plazas y jardines

    polvorientos de esta ciudad.

                                              

                                                     Extrañas

    se han vuelto nuestras huellas

    aquí,

              como un aleteo

    de una vida que pasó hace mucho.

 

 

 

 

BALTASAR, REY

 

                                                            DANIEL: ¡Ay de ti, reino infelice!

                                             Pedro Calderón de la Barca. La cena del rey Baltasar

 

                                                           La soledad es poder.

                                                                       Marqués de Sade

 

 

Una argolla de opio, sediciosa

como un sueño de ledas máscaras forjadas por idolatría,

azora orbicular a mi pensamiento:

imágenes tristes se mezclan con letíficas imágenes;

en las fuentes de mi jardín

medra mi rostro estremeciéndome por la belleza de un dios

y luego, de entre las ondas, una clepsidra asoma

que agrieta mi melodía de líquidas flautas.

Mi reino representado sobre un quimérico corcel;

sirena de los cielos, hechiza al León,

sus saetas prevalecerán sobre la justicia de Helios,

como una astilla de fuego prevalece sobre la liendre.

Podré crear nuevamente el Huevo primigenio,

extirpado su instinto de dispersión,

abortada la fealdad circunvalante a sus futuros dioses:

el tiempo que destruye sin fe, como un bacilo mecánico.

Mas, ay, que ya ciñen mi aurora almenada

muchedumbre de cuervos encapuchados:

rústicas mujeres hijas de Diana,

conducidas a la hoguera para lúbrico divertimento de Crucifer;

oiga llamar a una: Doménica Barbarelli…

anarquistas rusos de 1905,

el poeta de la Gran Presnaïa cantará con sus lenguas…

populacho del París de 1793, fantasmas encallecidos…

 

(El Arpista, que me solaza con sus alegorías

y se convida de mi cena,

unas veces modula su instrumento

para ensalzar la inmortalidad de mi tumba;

otras, afirma que la tumba del Rey-Sol será asolada).

 

 

                        Fulgencio Martínez, La docta ignorancia

 

 

 LA SEGUNDA PERSONA. CAMINOS

 

 

 

CAMINOS 

 

Caminos que me aguardan

o que por siempre quedaron atrás,

no sé quién los trazó. Quieto, respiro,

respiro: respirar es suficiente.

No tengo que pensar en reunirme

con alguien, a alguna hora, en algún sitio.

 

Miro, a lo lejos, con expectación

e inquietud durante un breve tiempo,

solo por ver si han vuelto los gorriones

a posarse en aquella rama cerca

de la ermita de la Virgen de la huerta.

 

A la Virgen de la huerta

le ofreciera mi exvoto

de adoración supersticiosa. Esos dos gorriones.

A falta de cigüeñas, los aguardo

como buenos augurios,

 

¡queridas figuras de mi destino,

que no pueden señalar ya mi rumbo

ni su presencia tampoco hacerme daño;

vuestro saludo agudo no me lacera más

que un breve naufragio en mi memoria!

                                 

                                                                 1 de febrero 2021

 

                        La segunda persona

 

 

EN LA VIDA DE ENFRENTE

 

                              1

 

La luz de la mañana

de invierno silenciosa

brilla hoy para mí

en la vida de enfrente.

 

La luz –va por calles–

ahora para su ronda,

se desnuda ante mí

en la casa de enfrente.

 

Como siempre que llega,

me faltan las palabras;

me sorprende vivir

esa vida de enfrente.

 

                    2

 

Llega, y ya presiento

aquí el gran abandono

de su cuerpo dorado.

 

Toco muy solamente

las briznas, los cabellos

que suelta, que desgrana.

 

Sin abrirle mi puerta,

para que no se vaya…

 

Sin apenas rozarla,

la dibujan mis dedos

en la vida de enfrente.

                                                                                                                    

                                                                        22 de enero, 2015

            La segunda persona

 

 

 

VIDAS AL CONTADO

 

                (a la memoria de mi padre)

 

Esta tarde mañana ya fue cumbre

aguda torre en el cielo desnudo

trago de luna, cornamenta del sol,

clara alondra enmudecida.

Saben los latidos a tierra viva

cuando ausculto el campo con mis pasos.

Seca la esperanza, amarilla pronto

en el verde hilo del cereal amarillo

demasiado pronto. No pesa el aire

y las tijeras del agua no lo encuentran.

Mirad: esa huerta pequeña, esas

vidas nuestras al contado

reclaman

un rayo restallante en la roca, 

y nuestra voluntad

y nuestro trabajo a diario.

                                                     También

la bendición del padre.

 

Fulgencio Martínez

Tarazona, abril 2023 

 

Sendas de invierno

 

 

 

 PASIÓN DE ESCRIBIR

 

Ayer -era yo muy joven hasta ese ayer-

escribía no sé para qué, ni os importa;

escribía por algún motivo hondo

o eso me parece ahora.

 

Descubrir la pasión

de uno y lanzarse boca abajo en ella,

sin pensar cada doble movimiento

del miedo y del esfuerzo…

 

Recuerdo que el resultado era

una liberación, como de un mecanismo.

Un vuelo corporal

intenso, no ficticio (o literario)

más intenso, incluso, en horas de siesta.

 

Escribir -hoy- me hace daño.

Me acuesto

para dormir y sigo desvelado y herido,

con taquicardia casi toda la noche,

el día en que he escrito una línea.

 

 

 La segunda persona

 

 

ESPACIO PARA UNA URNA

 

 INÉDITOS DE ESPACIO PARA UNA URNA. Exposición temporal 4

 

PASEO POR EL AMOR Y LA MUERTE

                    (JOHN HUSTON, 1969)

 

 

Desde la profunda Francia caminaron

hacia el mar, y se perdieron en el tiempo.

Ella, una mujer noble desarraigada,

él, un estudiante en París, de teología.

Había cerrado la Universidad,

ardían como piras los castillos.

Sus almas se dieron la mano

para huir de la violencia

de su mundo, 

                           de cualquier mundo.

 

 

  Espacio para una urna 

 

 

ESE DOLOR ANTERIOR AL AMOR

 

Infinidad de gentes

pueblan este mundo, y es natural 

pensar que pudimos vivir

sin conocernos el uno al otro.

Solo este pensamiento nos une

en las horas más desiertas de la ausencia

cuando ya ninguno de los dos se perdona

haber encendido el arma del olvido.

Así, no habrá más dolor que aquel

que corre en el agua, que suena en los frutos,

que baja en las mareas y sube con la pleamar;

ese dolor que muerde con apetito

las semillas de las cosas que van a nacer,

ese dolor junto a la madre y el padre,

ese dolor de todo lo efímero de este mundo.

 

 

Fulgencio Martínez

13 de junio 2023

 Espacio para una urna 

 

 

 

 

TODO ESTÁ EN EL CIELO Y EN LA TIERRA

 

 

La fuerza de una casa no está en sus cimientos

sino en el tiempo que se vive en ella.

Las casas abandonadas, o aquellas que transcurren

habitadas durante pocos meses o semanas al año,

se ajan con presura, se resquebrajan

a paso de lebrato sorprendido, y mueren

antes de criar afectos. Sin el calor

del río próximo

que sube su mano mansa a sus habitaciones,

la casa semivacía es un desierto en ciernes:

una plaza que ya ha sido entregada.

 

Mira a tu lado y comprende

que todo está en el cielo

y en la tierra. Llega con tus brazos

adonde puedas tocar algo: cualquier cosa:

astilla, o piel, allí está todo

el cielo: lo moldeas con tus dedos, lo salvas,

le das cobijo a su vivir desamparado.

 

Igual es el proyecto de construir

una casa estable para tu perdida existencia,

una casa en un lugar no lejos de un río,

no demasiado lejos en el tiempo

que se acaba.

 

 

Espacio para una urna 

 

 

 

 

DESCRIPCIÓN DE UNA VIDA

 

 

Son los lugares tránsito a otros lugares.

Y las vidas cambian su destino,

o, no sé, lo llevan a otras,

siguen siendo sombras y luego estelas. 

Diciembre me alumbró

y cada diciembre muero y renazco.

No encuentro un filo adonde cogerme

mas no sé si gano o pierdo

cuando me pierdo o me gano. Avanzo

tenso, por una tormenta de hormigas,

como un funambulista por un fino alambre,

sin mirar a los dientes de la cuerva

que me sonríe allá abajo, compadecida.

Toda mi vida es una esfera y se mueve

sin solución hacia la extrema nada.

 

 Espacio para una urna 



 

 

SON ÁNGELES

 

 

En las flores viven seres muertos, antepasados.

No vayas al bosque de noche

y tengas rojas pesadillas.

No cantes en el silencio del arroyo

noctívago, ni en la mano lleves luz

porque asusta a los búhos que cazan a oscuras…

No lleves prisa, si vas a un bosque de noche.

No traigas una trampa,

ni traigas un mapa, ni una corvilla

para segar el muérdago venenoso.

 

Si vas de noche a un bosque, a un callejón

desconocido, lento, infinito

y serpenteante como el vacilar en el estómago

de una nuez alucinógena;

si vienes a un bosque de noche,

conviene que sigas las voces de tu cuerpo,

que reces mentalmente en un latín desacostumbrado,

recibido por ti ex profeso de los ángeles

y, sobre todo, se aconseja no preguntar

a esos seres salvíficos si son de veras

ángeles de purísima luz o son demonios

que pasan a este lado en las alucinaciones

fingiendo arrepentimiento para perderte,

 

voluntad de enmienda y buenas obras

de caridad, como esa de guiar al extraviado. 

Sola la fe aleja a los lémures y a los lobos.

Acuérdate de esto

si vienes a la fogata en mitad de la noche.

 

 

         Espacio para una urna 

 

 

 

 

RETORNO

 

 

Como el que se quita tierra de los ojos

he venido de nuevo a ver esta ciudad invisible

que se prendió a mi corazón

cuando anduvo huérfano de su nido

No sé qué embrujo se inició

hace ya algunos años

y continuó bajo tiempos y lugares diversos

y sigue hasta hoy guardándome la ausencia

 

 

                                                                               Septiembre, 2024

            Espacio para una urna 

 

 

 

TRANSPORTE

 

 

 

Y había allí un lento estribillo

que repetían los ojos de las cosas,

una imagen musical, de agua y tiempo,

serena melancolía casi palpable

para unas manos abiertas,

con las palmas hacia arriba,

suplicando -¿a qué dioses?-

agradeciendo -¡¿a quién?!-

aquella fina lluvia renovadora,

que invadía, suave, la tierra sedienta

en un mes de septiembre igual que este,

igual de perdido en su tránsito en la luz.

 

             Espacio para una urna 

 

 

 EL SUFRIMIENTO DE LA OBRA

 

 

PASTOR DE LLUVIA

 

                                                   Me moriré en París con aguacero…

                                                                               César Vallejo

 

                              Miro con fiebre desnudarse el árbol

                              de mis sensaciones, y quedo suelto

                              como un color o un timbre de voz en la montaña.

                              Arriba mece el cierzo las melodías

                              de las flores y los pájaros, y corre

                              lento el paso del arroyo hermano

                              de las sombras del uro extinguido.

                              Al pie de su corriente hay una cabaña

                              que toda la verde luz de la tierra recibe.

                              Allí me sentaré, como llevado de un sueño.

 

                              Escribo ahora mis recuerdos de la lluvia,

                              cuando la cabeza puedo domar con la mano

                              y esta norma no escrita, la de no mentir,

                              me impone su corrección por delante.

 

                              Llovía y salieron de los picos más altos

                              un tordo y un cuervo, a volar sobre valles y cumbres.

                              Sin dolor ni llanto encontré la muerte.

                              La tregua, el remanso, la calma de morir

                              mientras caían las gotas de agua como furtivos.

 

                              En todos los momentos que he vivido

                              después, me he preguntado por qué temo,

                              qué espanto me tuerce el gesto y me asombra

                              la vida, hasta hacer de mí un carnero viejo,

                              maltratado por la cuerda que arrastra

                              al cuello, y lo más terrible,

                               por su propia consciencia de víctima.

 

                                     Inédito. El sufrimiento de la obra 

 

 

                              NO BASTA

 

                    Ocurre lentamente, como una amistad

                    que se hace con el susurro de muchos pasos

                    camino de un mismo pozo;

                    y apenas sucede, destiñe como la luna nueva,

                    se vierte en recuerdos de una vida posible

                    más alta que esta vida

                    que precisa a diario cuidados y renuncias.

 

                    Es el oro de su corta eternidad

                    la imagen de la noche,

                    la sombra compañera, la inmensa

                    sed de algo nuevo.

 

                    Sabemos que ocurre, tenemos una

                    prueba en el amanecer,

                    pero no basta.

 

                       Inédito. El sufrimiento de la obra 

 

 

 

ALGO ROTO

 

Todas tus huellas, amor, puse

en un álbum, y me olvidé.

                               No de ti, de mí, de mi necesidad de amarte

precisamente a ti,

de aquella mi carrera fatal hacia tu rostro

desde el origen y el primer bostezo del mundo.

 

Todas tus señas corporales,

todas tus cicatrices, poses y secretas ternuras

logré prender, como el taxidermista, en una imagen

que ya no es sino la escoria heráldica de un amor

al que entregué mi vida, al que lancé a la noche.

 

¿Por qué, sin embargo, aún miro a los astros

por encima de la luna

cuando tengo en el pecho un rumor, algo roto?

              

                                    Inédito. El sufrimiento de la obra 

 

 

MURAL LÍQUIDO

 

 

                              En mi fin está mi comienzo.

                                               T. S. Eliot

 

 

Pongo tiempo y pulso en las palabras

que llevo dibujadas en la memoria

sentimental. A veces, cruzo un río

donde las ondas ceden al avance

de mis brazos;

                              mas casi siempre,

retrocedo, en mi torpeza, contra mi madera,

sin lograr evocar aquellas justas.

En mi fin comienzo. En mi principio

recuerdo toda la vida,

el misterio del tiempo es una línea

que sube y baja a cada latido, ahora:

la suma de este otro y de ese otro que fui

me llama y me nombra con el yo

al que voy, al que estoy yendo

y que me impulsa ya.

No conseguirás, en vano lo intentes,

separar de la madeja un solo hilo

ante el que creas poder decirte:

eso soy yo, mi forma. No hay objeto,

nada hay delante de ti, nada sino

un río de pensamiento y murmuraciones.

 

 Inédito. El sufrimiento de la obra 



 

 

TEMBLOR DE HOJAS

 

 

Días de intensa luz, urnas de viento

                              de pronto restablecen la atmósfera.

                              La tibia tierra, dulce, hermosamente

                              como una libélula ritma sus alas

                             

                                   A los valles hondos de las palabras,

                              viajero sin destino, llego en mi ocaso.

                              Toda la jornada por delante, tras la puerta

                              de otro día con aire de frente y a mi espalda

 

                              Surco final o túnel que me impulsa

                              a iniciar la senda invisible adivinada

                              apenas por los ritmos del corazón,

                              por el temblor de hojas enloquecidas

 

                              en el preámbulo de la tormenta, jubilosas,

                              apretadas en su verdor, sobre el mástil

                              de su árbol viviente y recortado

                              contra la densa niebla de Junio que entra

 

                              Me enseñáis, vosotras, ramas temblorosas,

                              hojas inquietas, a celebrar mis pasos por igual,

                              hacia la luz o hacia la sombra, hacia la dicha

                              o el dolor, y a dejar de todo el verbo tembloroso

 

 

 

                                                                                        30 de Mayo 2025. Huesca

 

                                   Inédito. El sufrimiento de la obra 

 

 

 

LA GRAN DECISIÓN

 

Homenaje a Le petit Prince (“El principito”)

de Antoine de Saint-Exupéry

 

 

No vienen con nosotros en nuestro equipaje,

desertaron felizmente como humo,

se fueron a una isla donde no hay humanos,

y yacen entre arrullos de palmeras y nubes.

Las palabras un día nos abandonaron.

Fue la gran decisión. El alba más luciente.

Desde entonces andan libres de sospecha,

y nosotros, libres

de la culpa de haberlas recreado y deformado

para sustituir por ellas los hechos.

 

 Inédito. El sufrimiento de la obra 

                                 

 

 

 

 

BAÑO DE MADRUGADA

 (Recuerdo de Menorca)

 

 

 

Quise tocar y retener la ola,

y mis manos se volvieron ríos.

Era de Venus divina escultura líquida.

 

De madrugada me arrojé en ese mar,

resina se me hicieron mis dedos

intentando retener lo inefable…

 

Entonces, comprendí que las deidades,

más allá de morar un lugar bello,

gustan transformarse por una temporada

en una materia, una planta, un río o una roca,

en una muchacha -¿por qué no?-, y en una ola.

 

Y que esos seres y elementos mortales

no son solo adjetivos o atributos divinos;

son la misma divinidad sustantiva y voluble.

    

    Compañía de quimera

 inédito. Publicado en catalán (traducción de Anna Rossell) en Senderes d'hiver

 

 

 

 

Un zumbido de abejas en el hueco de un tojo

 

Si hay consciencia allá,

si el pensar no concluye,

si persiste en lo roto del olvido

y con celo lustra, como un jazmín solitario,

la invernada...

                                y pasos que rehúyes

te acercan, ardientes, a un zumbido

que deberíamos curar con nuestros

                               solos brazos ahora,

como se apaga, dulcemente,

un fuego de violetas en marzo;

las brasas que quedan, 

solo los niños saben

quién las compra desde el tabuco más mísero...

Si tu dama negra existe y su seno

puntiagudo de interrogaciones existe

-acorralado animal desde que piensas:

"tal vez, cuando yo muera, ella siga

profundizando en mi inconsciencia,

que me frota, como un gusano, en vida"...-

Si hay consciencia allá

si el pensar no concluye...

agua sonámbula, vete

a grandes tragos tentando el lecho;

la ansiada greña que te salve

de tu nevado laberinto.

 

del ciclo Libro del esplendor. Poemas publicados en el libro antología: I Y II ENCUENTROS DE Poetas en Águilas (cord. Jesús Cánovas Martinez)

 

 

LA TRANSFORMACIÓN 3

 

 ESCRITURA Y MUERTE

 

 

Platón comparó lo escrito con un jardín de Adonis, símbolo de lo bello efímero.

 

 

As rosas amo dos jardins de Adónis (…)

            Fernando Pessoa. Odas de Ricardo Reis

 

 

EL ÚLTIMO VERANO

 

El mar, ebrio,

visible en los claros de las cortinas,

tropieza en la penumbra

de la alcoba

de la casa alquilada para el verano.

 

Al fondo, mi mujer se lava los cabellos.

 

La vida no tiene fondo ni orillas,

es más grande que el mar

y que el tiempo.

 

Con otro rostro vuelve,

con la misma luz y distinta;

para adivinar su dulce

transparencia, abre tus manos.

 

 

 

de Compañía de quimera

del ciclo Línea de cumbres, inédito

 

 

 

FINALMENTE

 

 

Finalmente,

los labios en el aire,

respiramos la luz enamorada.

La conciencia se volvió a la rosa

y al pájaro,

                  al ritmo

de la ola, a la ventana

y al sol.

              Pero llamarnos, no podemos.

Hablamos y no suenan las palabras.

 

 

de Compañía de quimera

del ciclo Línea de cumbres, inédito

 

 

 


 

POEMAS DE SENECTUD

 

 

          1

 

Tú nunca pensaste

en llegar un día a escribir

“poemas de senectud”,

expresión que ennoblece

y no engaña, sin embargo,

acerca de lo que encierra

 

de rigor, de incrédula aceptación,

de temor a la redundancia,

y de otros temores metafísicos

adheridos a los literarios

que sin duda al poeta,

cuando es viejo, le asaltan.

 

 

          2

 

Y a su fiel manera

vuelve siempre el reloj

por sus horas, lo mismo

que vuelve la mano que escribe

a su costa explorada ya

y jamás conocida del todo

 

 

          3

 

Sobre los difíciles dedos

van atándose hilos.

Yo recuerdo

un rastro de palabras

que fueron siempre mi apuesta

las he llevado y las llevaré conmigo

y apostaré a ellas

hasta que me quede en silencio

 

 

                        El sufrimiento de la obra

 

 


HUERTA, ATARDECER, LIBRO.

ESBOZO DE AUTORRETRATO CON PAISAJE

 

                                      

                                                   a Eloy Sánchez Rosillo

 

 

             1

 

Los recodos del río me tientan                                                                 sus cansadas aguas reflejan mi imagen                                                                  cuando me siento en un soto a leer

al roce de la brisa

   y dentro a mi cabeza vuelven los pájaros…

 

 

                                                        2

Solo y mundo, hacia el atardecer, 
al final de una senda -cualquier senda perdida-
puedes encontrarme leyendo un libro.
    Hilo de oro este que, ahora, habita en mis manos.

 

 

                              (2014)

                              Inédito. Verano, Murcia

                            Compañía de quimera

 

 

REINICIO

 

 

Como si cerrar los ojos

fuera el bálsamo

de una vida hecha,

y los brazos caídos,

la lengua muda y sorda,

supieran resistir el ventisquero

cuando el último paso nunca damos.

Todo permanece helado y resuena

su corteza en otra corteza dura.

 

                                                     El sufrimiento de la obra

 

 

 

HORAS DE LABOR

 

 

Los ojos abiertos en la noche oscura                                                                                         en que mentes más lúcidas desertaron

cuando todo es baraja y yesca pisada por duros cascos

y se compran las ventanas que dan mejor vista.

                             

Ahora, recién anunciado Junio,

vamos descontando hábitos,

nubes, ecos, páginas de rencores,

¡abrimos en nuestro castillo un muro!                                                                                     para cuando llegue a él un mensajero

de otro mundo

ofreciéndonos el presente de haber querido                                                                             y de haber respirado la tinta de un poema.

 

                         El sufrimiento de la obra

 

 


EL REINO DE ESTE MUNDO

 

 

Con rumores de verano

ruedan antorchas

en los parques neblinosos

Junio trajo el reino

                              de los sempiternos adioses

Aunque andamos por calles y asfalto

volamos en realidad

adonde los sueños nos llevan

 

                                                         6 de Junio 2025. Huesca.

 

                       El sufrimiento de la obra


 


                     

                                     PARQUE MIGUEL SERVET

 

                                       Por parecer ramas vivas

                                       alzamos los brazos,

                  

                 también los árboles

                                       gozan la resaca del viento

                                       y se dirigen las primeras

                                       crías de los pájaros

                                       a volar sobre ellos,

                                       y más arriba, y vuelven

                                       a encontrar su escondite.

 

                       El sufrimiento de la obra

 

 


 

FE POÉTICA

 

                                               A Valeriu Stancu

 

          Te protege un genio

          cuando escribes poesía.

         

          Equivocándote, rectificando,

cambiando, si es necesario,

          de pensamiento y de lealtades

          nunca te equivocas ni cambias,

          mantienes en tu alma un perseguidor del bien.

 

          Ese mismo espíritu vuelve siempre que escribes.

 

          Ahora cuando piensas que no cambia el mundo

          (su cambio casi siempre es excusa

          para dar vuelo al error y relevo a la adormidera),

         

          afirmas tu fe en la poesía, por encima de todo.

 

 

            Inéditos de El sufrimiento de la obra.

             Fulgencio Martínez / Andrés Acedo

 

 

 

 

 

DEBERES

 

 

A veces miro la calle Esther Festini solitaria.

Me refugio en el aliento amoroso

que me aguarda.

Y con infinita ternura me duermo confiado

que la noche no es eterna.

 

            Carlos Zúñiga Segura

 

          1

 

Madre,

ocupas el centro de mis recuerdos

cuando miro el acerico,

las puntas de los alfileres

hundidos en él, como en blanda escarcha;

el montón de telas y ropas,

y el dedal de oro que llevaste en un dedo,

tu aguja, y tu silla

          donde cada tarde te sentabas a coser.

 

          Y poco a poco, de la visión

          de aquellos alfileres

          que reunían años de trabajo,

          muchas tardes de labores y sueños

          despiertos, y de estas otras cosas

          que me evocan tu voz ya sin sonido,

          he ido, poco a poco, a tocar vivas tus manos.

          A besarlas y agradecerles que sigas conmigo.

.

 

 

          2

 

Solo hay un propósito,

un único proyecto: vivir,

como nos aconsejabas,

madre, dedicándole

a cada día su afán:

 

hay más días que longanizas,

era tu refrán preferido

para enseñarnos paciencia

(a no tirar por el medio

para llegar pronto y hacer mucho),

 

sino a poner el alma en cada

tarea que nos exigía

(para la que nos exigía madre)

tomarnos tiempo

y saber soltarlo.

 

 

          3

 

Con más frecuencia

últimamente,

me paralizo

ante el trabajo por hacer,

 

pero tu voz silenciosa

me calma enseguida

          recoger y soltar                                                                                                                          para que vayan volviendo

cuando les hagas su sitio: 

las cosas esperan tus órdenes

 

 

                                                                                         Verano 2025. Murcia

 

 

  El sufrimiento de la obra

 

 

 

 

CUATRO RIMAS DE BIENVENIDA AL TIEMPO DEL OTOÑO

 

Cuando llegan los primeros fríos

el alma ansía renovarse.

El peso gastado de sus alas

nota de improviso la ligereza

 

y en el hueco de las horas,

donde tanto estío tuvo asiento

hasta ayer -octavo día de septiembre-,

hay una mañana fresca esperándonos.

 

Un goce de intimidad besada

que deja abiertos los deseos

de vivir y de compartir la vida.

A veces simple y hermosa verbena.

 

Ese regalo debo a un lugar

y a un tiempo de otoño,

a los que había ya proscrito

el sofocante calendario.

 

inédito

9 de sept. 2026

 

 Compañía de quimera

 

 

 

 

 

 

 

 

PRÓLOGO

 

 

 

La cuestión de la nada. El poner en claro la nada, o sea, la vida. Hallar sentido a la vida, pero aun a la muerte.  Caminantenohaycamino. A cierta altura de la vida uno entiende y no resuelve la aporía de Zenón, o tiene que admitir que la vida la resuelva por uno: Aquiles  convertido en Tortuga, al final anulado por su propio devenir.

Flechado cada uno de nosotros en nuestro talón de Aquiles.


Solo nos queda un optimismo que estaba en nuestros genes: evitar la depresión cognitiva a toda costa, huir del deprimido cognitivo. Eso, nunca. 

En fin, la novela, como la vida misma, desde la grieta que nos invita a explorar, nos da una pequeña razón de vida, nos dice del amor a la palabra, del valor de la paideia. Para quien le pueda servir.

 

Cf. artículo de Fulgencio Martínez: PARA QUIEN LE PUEDA SERVIR. NOTAS DE LECTURA DE LA NOVELA DE VENANCIO IGLESIAS MARTÍN LA CIUDAD DE LOS MIL OJOS

29 de octubre de 2019. blog de Ágora:

https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2019/10/notas-de-lectura-de-la-novela-de.html

 

¿QUIERE USTED UN VERSO, AMIGO?

DE LA TRANSFORMACIÓN DE AQUILES EN AQUILEA,

PASANDO POR LA TORTUGA DE LA APORÍA DE ZENÓN DE ELEA

 

Poner en verso la vida de uno tal como uno la ha servido, no tanto como la ha soñado, tiene un desarrollo y un desenlace amargos. De normal, es así. (“De normal”, qué bella expresión que oí cierta vez en Huesca: “De normal llevo dos o tres… en el bolso”. Yo también suelo llevar dos o tres pájaros en la cabeza y cuando ando por estos parques creóme que por los jardines de Adonis. ¿Quiere usted un verso, amigo?).

He dejado -me impongo- constancia de mi breve sueño de poeta, por encima de cualquier otra cosa que me haya ocupado. Unos cuantos libros, luego otras tantas penitencias, pues cada libro llama a otro que tal vez no sea mejor que el anterior, solo más terne. Más ingenuo, quiero decir. Por suceder a una larga cola de desaparecidos, y creer en la vuelta de nuestro ADÁN.

 

En esta antología recojo una colección de poemas publicados en libros míos, otros poemas se publican aquí por primera vez, y pertenecen a poemarios inéditos y/o inacabados. No he desdeñado incluir nuevas versiones o transformaciones de algunos poemas ya publicados en libro (aunque estos cambios son en menor número que en mi anterior antología, Tras el desorden. Musa epigramática).

 

La antología se ordena en tres tiempos interiores, trayendo a la superficie los poemas como por un impulso evocativo. En el fondo, transformarse en letra no es la vocación del poema; cómo lo diría: eso es su muerte. El poema surge de una viveza del espíritu, de un relámpago: lo que atrapa de esa emoción (perdonad la simpleza de mi palabra), lo que logra o no transmitir vivo en la escritura es, sí, la poesía: algo que el lector y el escritor a veces notan en complicidad cuando se halla en un poema.

            De ahí, de estas dudas y certezas, nacen mis vacilaciones, y mis desencantos y, a veces, mis gozos cuando descubro, como lector mío, un nuevo giro, un verso que me satisface.

         De un tiempo a esta parte desconfío de la claridad jesuita, de las distinciones y capítulos en los libros de versos. l

            Lo que ves, es lo que hay. Es una deuda estética que pago a la tierra aragonesa que me ha acogido.

 

Fulgencio Martínez

Lunes, 14 de septiembre de 2026

 

 La transformación de Aquiles, 2. Antología. Fulgencio Martínez. La obra está registrada y se publicará en libro por una editorial española en el curso 2026-2027.