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martes, 8 de septiembre de 2026

"En sentido figurado", bimestral julio-agosto 2026. (Desde México). Avance de Ágora n. 42. Nueva Col. Otoño 2026 / Revistas recibidas / Recomendaciones Novedades literarias

 

                                                                         "En sentido figurado", bimestral julio-agosto 2026


LLega desde Ciudad de México la revista literaria En sentido figurado, correspondiente a su número bimestral de julio-agosto 2026. La revista da cuenta de los textos de poetas, narradores y ensayistas que han obtenido el X Premio Internacional LETRAS DE IBEROAMÉRICA, convocado en cuatro categorías: poesía, cuento, microrrelato y ensayo.

 La pueden descargar en este enlace:

 https://www.dropbox.com/scl/fi/vizmhjr08o87w3g4uxe9g/ESF131-JUL-AGO26.pdf?rlkey=lnqaii5rna38h4adf6wsgy0ii&e=1&dl=0

 

     Entre los textos publicados en este número destacan: el ensayo "La condición humana", del rumano Octavian Mircea Nestor; su texto, galardonado en la categoría de Ensayo., es una excelente aproximación a los universales de la literatura, desde Hamlet, a don Juan, don Quijote, etc... Y en poesía, el poema "Y sin embargo abren los jazmines", del autor uruguayo Roberto Bianchi. Cito los versos finales del texto ganador en categoría de Poesía:

y sin embargo abren los jazmines

con sus ojos blancos

sus lágrimas rojas

porque vamos a seguir tan abrazados

intercambiándonos terrores

y la luz todavía

nos pronuncia

 

     (Roberto Bianchi. cit. de la revista En sentido figurado).

 

    También, en poesía, destacable el texto que obtuvo una Mención de Honor, "El regreso de Don Quijote", del autor ya citado Octavian Mircea Nestor, galardonado en Ensayo por el texto mencionado arriba.

    El fundador y editor general de la revista, José Gutiérrez-Llama, en su presentación del número, nos recomienda, además, otras lecturas que encontraremos en este número de verano. A sus palabras os encomiendo: "...El conventillo en el Colón de Fernando Sorrentino; dos textos del blog de Manuel Juliá...; los finales alternativos de la Divina Comedia... propuestos por Matías Escalera Cordero, y El sentido de ser, de Pedro Luis Ibáñez Lérida. A ellos se suman reseñas de Desecho e izquierdo, de Rolando Revaglatti, y Cómo escribir un cóctel molotov literario (y no dejarse matar en el intento), de Maikel Sofil Ramírez Cruz, y los textos de creación...de Rafael Bordao y Josep Piera, en traducción de Carlos Vitale "...etc.

     

     Les deseamos un largo camino a la hermosa revista "En sentido figurado".

 

 

 FM

editor de Ágora 

     

 

"La piel recuerda", un poema de José Gutiérrez-Llama (Desde México). Ágora N. 42. Otoño 2026 / Textos magistrales.


                                                                         José Gutiérrez-Llama

 

 

LA PIEL RECUERDA

   

                                            El cuerpo tiene sus razones.

                                                         Paul Valéry

 

 

La piel recuerda.
Mis ojos no.
Ni los muros,
ni los cristales
rotos.

No hay escenas.

Olores.
Calor.
El fluir denso
de las palabras.

Un roce mínimo
¾ya ido¾
vuelve
sin que nadie lo llame.

La piel no explica.

Responde.

Tiembla
sin manillas del reloj
ni calendarios.

Sin manos,
sabe.
Sin nombre,
asiente.

Lo que tocó
permanece
como una luz
bajo el sedimento
de la memoria
y la sombra.

 

José Gutiérrez-Llama

 

 * El poema es una cortesía de su autor. Pertenece al poemario Negro.

 

 

 


José Gutiérrez-LLama (Ciudad de México, 1958) es más conocido como narrador y ensayista. Su faceta de poeta no es menos significativa, a pesar no estar tan difundida en España. Hombre de múltiples saberes, humanista, José Gutiérrez-LLama es Licenciado en Estomotología y Doctor en Humanidades. Ha publicado diversos trabajos científicos, artículos en revistas médicas de su país, México, e internacionales. Destacan sus libros de temática antropológica y filosóficaAntropología y lenguaje (2008) Inquietudes filosóficas (2008) Lo que queremos contar (2009) La unidad psíquica y el SER simbólico (2010) La dictadura perfecta (2011) El poder, breve recorrido antropo-social-filosófico (2011). Entre su obra literaria, en diversos géneros, sobresalen los libro de aforismos El calendario del arrabal y Las hojas del basurero; los relatos del libro Mínimos desvíos (su obra quizá más conocida, publicada por Ediciones ENdORA, en 2012). Fundador y editor de la revista En Sentido Figurado.

En 2021, recibió el Premio Nacional de Poesía a la Trayectoria Académica, Artística, Literaria, Editorial y de Promoción a la Cultura en México.

 

gina de José Gutiérrez-Llama en Ágora:

 https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/search?q=Jos%C3%A9+Guti%C3%A9rrez-Llama


 Página de la revista En sentido figurado, en la plataforma Calameo:

https://www.calameo.com/accounts/1212752

 

Número bimestral de julio-agosto 2026 de En sentido figurado:

https://www.facebook.com/photo?fbid=1418742736947785&set=a.466362748852460&locale=es_ES

 

 

Más información sobre el autor, José Gutiérrez-Llama, en el blog La Nave de los Locos:

https://nalocos.blogspot.com/2012/04/sobre-los-relatos-de-jose-gutierrez.html

 

 


 

 

lunes, 7 de septiembre de 2026

"SENDAS DE INVIERNO", DE FULGENCIO MARTÍNEZ: EL LUGAR DE LO ADIVINADO. Por Javier Puig. Avance de Ágora 42. Nueva Col. Otoño 2026. Bibliotheca Grammatica / Poesía


 


SENDAS DE INVIERNO, DE FULGENCIO MARTÍNEZ: EL LUGAR DE LO ADIVINADO

 

                                                                                                                         Por Javier Puig

 

 

Vaya por delante que Sendas de invierno (Ars poética, 2025), de Fulgencio Martínez, me parece un excelente poemario, pleno de verdad, de versos contenidos y a la vez intensos, que denotan un impulso que nace a través de una autenticidad insobornable. Pero, de momento, permítanme −sobre todo tú, autor− que me detenga a reflexionar sobre una particularidad de este libro, y es la de que en sus páginas se incluye la información de algunas de las correcciones que sugirió la poeta albaceteña Dionisia García; aquellas que el autor aceptó, porque, de entre las numerosas indicaciones señaladas en la devolución del manuscrito que le enviara, solo consta una escasa docena de asunciones.

          En primer lugar, me rindo ante la nobleza de este gesto, ante la honestidad aplicada a una decisión que podría haber sido secretamente descartada. En un prefacio titulado “Justificación y agradecimientos”, el autor expresa su agradecimiento a Dionisia, pero, a la vez, dice sentirse agobiado: “Pero acepté el revolcón, la autodisciplina crítica, en verdad a veces “insufrible”, pues Dionisia García no dejaba títere en escena casi en ninguno de mis poemas. No había verso, a veces, que quedara sano; incluso aquellos escudados en el ritmo del poema y que creía yo intocables”.

          De un revolcón así se puede derivar una rebelión de ese “ego quimérico” que, como dice el autor “hay que dejar de lado”. Quizá fuera esa su primera reacción, que yo comprendería perfectamente porque la he sentido crecer en mí algunas veces, pero la segunda fue la de analizar cada anotación, y dilucidar la conveniencia de su aceptación o rechazo, averiguando “dónde y por qué discrepaba yo de ella, aun reconociéndole la sentencia o el paso mejorado por su estilo”.

          Cada una de las pocas correcciones que se han consolidado −entre otras, una muy importante, la del título del libro− está explicada con una nota a pie de página. Es curioso como ahí Fulgencio Martínez se refiere a sí mismo en tercera persona, y se nombra como “el autor” o “el primer autor”. Pero, en una de ellas nos dice, ya de forma más directa: “Es decir, se metió en mi mente y sacó exactamente los versos que quería decir”. O sea, que Dionisia actuó como un ángel mejorador del trabajo de Fulgencio, o como una maestra que no discute el sentimiento o la reflexión de su alumno, pero amplía la exactitud y el alcance de su expresión, la eleva en ese proceso de arduo perfeccionamiento que es la buena poesía, la que sabe expresar cada sutileza con las palabras más precisas y bellamente alcanzadas. De todos modos, en uno de los poemas el autor confiesa: “Mantuve, empecinadamente, algunos errores míos”. Y es que, a veces, también se puede dudar. Se puede creer que la perfección −siempre, en mayor o menor medida, supuesta− pudiera desvirtuar lo auténtico, aquello que se manifiesta en una espontaneidad necesitada de una cuidadosa actuación, como si se fuera a restaurar una idea previa que se adivina en la iluminación de las palabras que con más fuerza han brotado de la médula.

          Cuando he leído una edición de la poesía completa de un autor, en la que se recogían las variantes ya definitivas −o tal vez aún no− sobre la publicación original, siempre me han sorprendido algunas decisiones, a veces por la irrelevancia de la que me parecía caprichosa o neurótica corrección y otras porque la nueva palabra asignada al verso podía incluso variar radicalmente el sentido. Y entonces, me he preguntado: ¿quién domina a quién? ¿El poeta al lenguaje o viceversa?

          Hace bien Fulgencio Martínez al rechazar la mayor parte de las sugerencias de la insigne poeta, y no por desautorizarla en sus sabios consejos, sino por comprender que la obra poética ha de ser personal y su mejor resultado es el genuino, el alcanzado con un esfuerzo perfeccionador nacido del mismo impulso original, con las limitaciones que son inherentes a cualquier personalidad creativa y que son parte de su individual y valiosa salsa. Las variantes aceptables serían, en definitiva, aquellas que se anticipan a las que hubiéramos alcanzado en una prolongación de nuestro trabajo, en un estado de mayor apertura y lucidez. Las otras pueden ser hermosas y plausibles traducciones, pero no la crecida permanencia del arranque primigenio. Pero lo que nos importa es la expresión personal, esa prueba de la unicidad del ser humano inmersa en un universo en el que poder reconocernos a través de la pulsación de lo común.    

          El resultado de esa selectiva simbiosis es un poemario que logra plasmar una armonía intensa, una incierta serenidad que se apoya en una mirada apasionada, en el convencimiento de un fulgor que redime y a la vez alerta sobre el poder de lo inmenso.

 

          Fulgencio Martínez emprende el camino de sus versos sobre las sendas del Moncayo. Se mueve por ellas a través de unos parajes que lo encierran en una luminosidad que denota cada trazo de una naturaleza varia a la que se unen las construcciones antiguas, aquellas que nos hablan de tiempos acabados, en los que poder indagar una humana conexión esencial, o una imagen aún candente. Como en “Numancia en invierno”: “Pero, a veces, los poros del tiempo / dejan que veamos un campo pleno de tragedia / donde los relámpagos muerden la muralla, sepultada, / y una rosa crepuscular crece sobre el frío / paisaje, que emociona, / hasta el delirio, a un hijo de Hispania”.

          “Vencedor sobre los días” es un extraordinario poema que se escribe a partir de un “poema profano escrito en árabe clásico, en el siglo XV, decorando la mezquita de Tórtoles”. Nos transmite la exaltación de una época −ya pasada− de personal felicidad: “Cuando la noche era serena, el amor puro para mí y el corazón feliz”. Fulgencio Martínez establece una esencial fraternidad emocionada con aquel hombre desconocido que se empeñó en dejar constancia de “cuando era vencedor sobre los días”. “Intento encontrar en el vacío / un rostro, para ponerlo / a un nombre que ignoro”, es el inicio del poema, cuya segunda parte refiere una excursión a Tórtoles. ¿Para qué?: “… Solo / por beber los vientos que tú bebiste, / solo por ver el cielo que te vio”. Pero el más hondo afán es este: “Camino en realidad / para alejarme y encontrarme, busco / lo mismo que tú, / lo mismo que todos”.

          En “El azar me llevó al Moncayo”, nos encontramos con una mención al lector que somos. Ahí nos sentimos mirados, aunque solo se nos pueda adivinar. Somos ese receptor de los versos, ese ser tan desconocido, tan imprevisto, como deseado: “Lector, / no te pongo cara, ni sexo, / ni edad; creo que existes / porque de todo ha de haber / en los infinitos cursos / del agua”. “De todo ha de haber” es el reconocimiento de lo diverso, de la inagotable singularidad de cada miembro de la especie humana, a la vez que un deseo y una esperanza de correspondencia, de complicidad, de apoyo, de alegría compartida o de consuelo: “Donde quiera que estés, / como quiera que te llames, / sabe que, por un momento, / compartimos tú y yo / el mismo universo / simultáneo y cíclico, / la misma baraja de bendiciones / y de malas cartas”.

 

          En Sendas de invierno, Fulgencio Martínez se somete a la naturaleza y a las huellas del pasado humano, situándose en la sobrecogedora transparencia de un enclave frágil, en la intemperie de esos vientos que parecen traer y llevar cada hilo que contribuye a la grandeza de la existencia, de ese tiempo y ese espacio que nos precede y nos supera: “Nada sé: nadie sabe. Vivimos solo / en cierta página de un libro / quizá infinito”. 

 

 La cercanía de lo extraño', de Javier Puig – Entreletras

    Javier Puig. Fuente: Entreletras

 

 

 Javier Puig (Barcelona, 1958). Poeta, narrador y crítico literario y cultural. Ejerce su magisterio literario desde Alicante, y Orihuela en concreto. Detrás tiene una obra poética ya considerable, y un amplio trabajo de curiosidad y comentario de la actualidad cultural que se ha concretado en más de quinientos artículos sobre literatura pero también sobre cine. Es colaborador del periódico digital Mundiario. Ha publicado, en poesía, recientemente el poemario En la espesura de lo invisible (ed. Ars poetica, Oviedo, 2026), y con anterioridad, Estancias en la finitud (2020, Elche, Frutos del Tiempo) y En la mirada (2023, Ars poetica). Además, publicó en 2025 un libro de relatos (La cercanía de los extraños, 2025, Frutos del Tiempo).



 

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Más información sobre Sendas de invierno, en editorial Ars poetica:

 https://www.arspoetica.es/libro/sendas-de-invierno_166300/