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lunes, 5 de octubre de 2026

GRANDEZA Y NATURALIDAD (Sobre "Un tablado, una pasión. Lo que pienso del teatro", de César Oliva). Por Francisco Javier Díez de Revenga / Ágora N. 42. Nueva Col. Otoño 2026 / Bibliotheca Grammatica / Ensayo / Bibliotheca Francisco Javier Díez de Revenga

 

                                               César Oliva. Fuente: Academia de las Artes Escénicas de España

 

 

GRANDEZA Y NATURALIDAD

 

       por Francisco Javier Díez de Revenga                                                 

 


César Oliva, catedrático emérito de Teoría y Práctica del Teatro de la UMU (Universidad de Murcia), acaba de publicar en Madrid, en Ñaque (Pedagogía Teatral. Serie Teoría) un interesante libro, Un tablado, una pasión. Lo que pienso del teatro, que reúne una serie de reflexiones sobre el arte escénico al que ha dedicado toda su vida como director de numerosas puestas en escena, como estudioso e incluso como actor y como autor. Naturalmente son muchas sus publicaciones anteriores en medios editoriales nacionales e internacionales sobre el teatro español y sobre autores que a lo largo de su carrera han merecido su atención y estudio. Pero este libro es diferente. La sensación que le da al lector es que el volumen recoge más que un estudio teórico del teatro, unas memorias personales de lo que el teatro ha significado para él. Y aunque el volumen está organizado de forma muy didáctica y pedagógica en una serie de apartados, todas sus páginas están nutridas de recuerdos personales, de recuperaciones de relaciones y encuentros con directores, actores, autores y demás gente del teatro, de representaciones escénicas dirigidas por él mismo y sobre todo de espectáculos a los que ha asistido durante años, especialmente en los teatros madrileños. Teniendo en cuenta la riqueza de tantas inolvidables experiencias, en realidad, lo que César Oliva logra en este libro es demostrar que hay algo innato en el teatro, en ese arte tan ancestral, algo que está en su propia naturaleza: «una extraña grandeza junto a una enorme naturalidad».

Es estimulante advertir, al comienzo del libro, lo fundamentadas que están en la propia historia del teatro español sus reflexiones, y no es extraño que sean Lope de Vega y Calderón de la Barca los primeros citados en el libro. Si del Fénix recuerda su frase de que para que hubiera teatro bastaba «un tablado y una pasión» (que inspira en título del volumen), de don Pedro recuerda que todos nosotros, profesores, alumnos, médicos, abogados, tenderos, amantes, jubilados, formamos parte del gran teatro del mundo del que habló hace cuatro siglos Calderón con aquella espléndida metáfora.

De tres partes se compone este enjundioso estudio general: el teatro y sus cualidades, el teatro y sus gentes y el teatro y su futuro. Si bien en el primer sector desarrolla un examen de la evolución histórica del teatro como arte y artificio, en las secciones siguientes se interesa por el mundo del teatro y su funcionamiento atendiendo finalmente las apuestas de futuro por las nuevas modalidades escénicas. En relación con las cualidades del teatro, atiende particularmente al arte y artificio, a la inspiración, al éxito, a la versatilidad y a la utilidad. Las referencias históricas van apoyando cada uno de estos escalones penetrando en la significación de la dramaturgia como arte. Por supuesto las referencias a los procesos acaecidos a la largo de la historia son examinados con un profundo conocimiento de los avatares que ha sufrido el teatro desde su concepción inicial a su utilidad.

 

                                                              Rafael Álvarez, El Brujo.
 

La parte dedicada al teatro y sus gentes revela de nuevo el conocimiento directo del género por parte de quien ha sido durante muchos años no solo estudioso sino también director de escena. Es cuando se descubre su proximidad al mundo interior del espectáculo desde sus inicios hasta el presente. Son muy interesantes algunos aspectos que revelan la proximidad del ensayista con este mundo. Sucede así cuando se refiere al actor cómico, a su tradición e innovación, a sus recursos. Las referencias a numerosos actores cómicos, sobre todo representados por la personalidad de El Brujo, aunque hay ejemplos en los que traspasa sus análisis y recupera del mundo del cine clásico español con algunos ejemplos de cómicos memorables, como José Isbert, José Luis Ozores. Incluso hay una referencia muy directa a aquellos actores que han sido capaces de representar desde la comedia a la tragedia, como intérpretes versátiles por excelencia, y los ejemplos de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza son suficientemente esclarecedores. En su análisis del teatro y sus gentes destacan, por su conocimiento más directo, tanto los capítulos en los que se refiere a la dirección escénica como aquellos que tratan de los clásicos y hasta del mismismo Shakespeare, tan presente en los escenarios españoles a lo largo de los años.

Ni que decir tiene que el capítulo final, antes de llegar al «telón» que da fin al ensayo, el capítulo del futuro del teatro tiene aspectos sobresalientes, sobre todo en lo que se relaciona con el teatro posdramático y otras experiencias innovadoras que se están experimentando en las salas contemporáneas. En definitiva, un gran ensayo para contener una experiencia de muchos años y entregarla a los lectores.

 

 

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El artículo fue publicado en el diario La Opinión, el viernes 2 de octubre de 2026. Lo reproduce Ágora por cortesía de su autor. 

 

 El catedrático emérito Francisco Javier Díez de Revenga ...

 Francisco Javier Díez de Revenga es Catedrático emérito de Literatura en la Universidad de Murcia. Escritor, ensayista, autor de libros de referencia sobre Miguel Hernández, Carmen Conde, Azorín, y sobre la Generación del 27. Publica semanalmente un comentario sobre libros de actualidad en el periódico La Opinión, de Murcia.

domingo, 4 de octubre de 2026

"CREPUSCULARIO", DE PABLO NERUDA. "AQUÍ ESTOY CON MI POBRE CUERPO". (Breves pinceladas sobre grandes poemas). Por Fulgencio Martínez. Ágora-Papeles de Arte Gramático N. 42. Nueva Col. Otoño 2026

 

 

                                                                Pablo Neruda

 

 

CREPUSCULARIO, DE PABLO  NERUDA. AQUÍ ESTOY CON MI POBRE CUERPO

(Breves pinceladas sobre grandes poemas)

 

 

En un puesto de libros callejero, en Madrid, encontré siendo estudiante el libro de poemas de Pablo Neruda La rosa separada. Una breve colección de poemas que describen el asombroso viaje del poeta a la isla de Pascua. He tenido esa lectura siempre entre mis favoritas, y cuando pensaba en la obra del chileno me traía la memoria a menudo sus versos, las imágenes y el asombro hecho poesía y música extremada, un oleaje apenas ruidoso se me presentaba en ellos: metonimia de un viaje que no era tanto por mar y al encuentro de los vestigios de una remota cultura, sino por el texto, al corazón de un poeta.

    Quizá en cada uno de sus libros (y a fortiori debiera ser en los más logrados, o celebrados) el poeta emerge en la vena del asombro, convoca la niñez de su alma y logra mostrarnos un corazón al vivo. Es otro el mundo de la recepción. Un libro tiene tantas vidas como lectores -o ninguna.

    La experiencia con La rosa separada no se ha vuelto a repetir, pero este lector ha tenido el pasado verano dos felices sucesos, con sendos libros de Neruda, para él nuevos: Plenos poderes y Crepusculario. Ninguno de ellos es (tampoco) el título más acreditado del poeta de Isla Negra, y sin embargo, el placer que me produjeron, la lección de belleza y verdad que extraje de ellos valen por mil castillos.

    Hubo un poeta castellanoleonés (al que estimo, por otra parte, mucho, me refiero a Leopoldo Panero), que opuso su Canto personal al Canto general del chileno. Recomiendo leer el texto de Francisco Javier Maldonado Araque: "Panero y Neruda: Canto personal vs. Canto general (Una lucha poética y política en tiempos de posguerra)".* Como las circunstancias cambian, hoy uno puede, con todo derecho, reconocer mejor a Neruda en el canto personal, en libros de menor renombre (quizá también de menos vuelo retórico), como son los tres poemarios que me han enamorado en dos tiempos muy distintos: La rosa separada, Plenos poderes y Crepusculario. 

    No quiero olvidarme de otros libros: Residencia en la tierra, Tercera residencia, Odas elementales, Cien sonetos de amor, etc. Y, sobre todo, de Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Precisamente, Crepusculario, que he leído por primera vez este verano, como os decía, me ha revivido la lectura de aquel genial libro de poemas, que escribió un zagal tan precozmente sabio en el alfabeto del amor como en el del idioma de la poesía.

             

                                MI ALMA

Mi alma es un carrousel vacío en el crepúsculo...

 

                         

        AQUÍ ESTOY CON MI POBRE CUERPO

 

Aquí estoy con mi pobre cuerpo frente al crepúsculo

que  entinta de oros rojos el cielo de la tarde:

mientras entre la niebla los árboles oscuros

se libertan y salen a danzar por las calles.

 

Yo no sé por qué estoy aquí, ni cuándo vine,

ni por qué la luz roja del sol lo llena todo;

me basta con sentir frente a mi cuerpo triste

la inmensidad de un cielo de luz teñido de oro,

 

la inmensa rojedad de un sol que ya no existe,

el inmenso cadáver de una tierra ya muerta,

y frente a las astrales luminarias que tiñen el cielo,

la inmensidad de mi alma bajo la tarde inmensa.

 

 

Crepusculario es un libro adolescente, anterior, incluso, a Veinte poemas de amor...  En este poema, el crepúsculo propicia en el poeta la percepción de sí mismo; el color rojo, la oscuridad que avanza son notas de piano impresionista, su conjunción instantánea y fugaz producen una insólita claridad, al irse la luz externa se inicia el espectáculo de la autoconciencia, el yo que mira se observa, incluso asistimos a una imagen en cierto modo surrealista: los árboles oscuros / se libertan y salen a danzar por las calles. 

     La dicotomía platónica entre el alma y el cuerpo se evidencia en un grado agudo, que expone al desconcierto ("Yo no sé por qué estoy aquí..."), sensación de evanescencia, de liquidez y fuga, de pequeñez y miseria (tristeza), en la que se ahonda, se toca fondo ("me basta con sentir frente a mi cuerpo triste") hasta que, de ahí abajo, o de ahí dentro, surge el sentimiento oceánico. El poema describe, con orden progresivo, los efectos de ese sentimiento, del que han escrito tanto los psicólogos de la conciencia como los místicos, comparándolo en cierto modo a una "liberación", a una "muerte", pero dándole sin embargo el efecto de una carga real, con la doble consecuencia de un súbito despertar y de una consciente responsabilidad sobre sí -que adelanta ya el título, en el deíctico "aquí-: primero, "la inmensidad de un cielo..." y, en cadena, en la tercera y última estrofa, "la inmensa rojedad de un sol que ya no existe", "el inmenso cadáver de una tierra ya muerta,", y finalmente, al salir las estrellas ("frente a las astrales luminarias...") "la inmensidad de mi alma bajo la tarde inmensa".

     La reiteración (cinco veces, entre adjetivo y nombre) de la noción de inmensidad, a través de esa escala (cielo-sol-tierra-estrellas-alma) convierte al poema en un fármacos, en una mímesis que trata de suscitar (en cada uno de nosotros) la anamnesis.

 

 Fulgencio Martínez

4 de Octubre, 2026 

  

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* Disponible en internet. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. cf. 

https://www.cervantesvirtual.com/obra/panero-y-neruda-canto-personal-vs-canto-general-una-lucha-potica-y-poltica-en-tiempos-de-posguerra-0/