Fuente: https://ecovoiu.blogspot.com/
UN NUEVO QUIJOTE
POR
ALICIA RODRÍGUEZ SÁNCHEZ
La
novela que nos ocupa, El balneario, del autor rumano Alexandru
Ecovoiu aparece publicada en la editorial Verbum en la sección narrativa de
Madrid del año 2019. La traducción se la
debemos al filólogo oriolano, Joaquín Garrigós Bueno, fallecido hace un
par de años, al cual le debo en parte la dedicación actual al mundo literario y
a sus reseñas de obras clásicas de literatura rumana. (1)

Se
trata de una novela sin separaciones entre capítulos, como si se basase en el
fluir de la conciencia del propio protagonista-narrador-autor el cual nos
conduce hasta su mundo imaginario de la mano de varios personajes. Dichos personajes no cuentan con nombre de pila,
sino que están representados por el oficio que ejercen: el Magistrado, el Monarca, el Actor, el
Novelista o el Filósofo, a los que se considera como personajes principales
mientras que otros como el Buscador de oro, el Eremita o el Héroe los podemos
considerar como secundarios debido a su escasa presencia en escena. El libro,
sin capítulos marcados, solo cambia su tipografía con la voz de los personajes
o con las glosas del propio Autor a las “maquinaciones” del resto de los
personajes.
Los personajes no
interactúan entre sí. El Autor lleva a cabo una presentación de los mismos
donde cada uno realiza su propio monólogo, como si se tratase del soliloquio
que realiza el personaje de Segismundo en La vida es sueño, de Calderón
de la Barca. Gracias a la polifonía narrativa conocemos lo que sucede en el
Balneario, historias a las que el propio Autor dota de emociones y
aclaraciones.
En
relación con los protagonistas de la historia, vamos a destacar los que mayor
peso presentan en la novela como son el Magistrado, el Novelista, el Actor y el
Filósofo.
El
Magistrado critica al actor y al novelista. Su objetivo en la vida es Imprimir un
espíritu nuevo a estos lugares (página 12). Considera que el Doctor le odia, pero lo necesita para sus planes de
gobierno, planes en los que tanto él como el otro personaje serán Fausto y
Mefistófeles, este último entendido como subordinado de Satanás y el encargado
de capturar almas, sujeto que aparece en varias versiones de la obra de Fausto
de Goethe. El Magistrado quiere
conseguir un nuevo sistema de gobierno que parta del orden, donde falta, no
puede haber ni limpieza ni tranquilidad (pág. 53).
Quise edificar una ciudad de
hombres libres, pero, constato cada vez más sorprendido que he engendrado una
de siervos […] el masoquismo del vulgo, quieren que lo sojuzguen por la fuerza.
En cada súbdito dormita un Danton. Un
Robespierre. Un Cromwell (pág. 54).
Asimismo,
el Magistrado critica al Novelista porque inventan mundos, son charlatanes
[…] han metido al planeta en una telaraña de palabras. Conspira día y noche. Le
ha tomado el pulso a la plebe, lo acelera o lo contiene según quiere (pág.
103). Considera que puede ser incluso
mejor escritor que el Novelista, Domino el arte de la comunicación lacónica.
Puedo escribir un libro limpio, sin recargarlo de sentimentalismos (pág.
116).
El Magistrado queda
envuelto en el pecado de la soberbia, sustituto no soy porque soy
insustituible, sino un continuado en líneas generales (pág. 66). En la mente de todos, el modelo soy
yo. Como no pueden alcanzarlo, a veces,
querrían destruirlo (pág. 103).
Tampoco
es del agrado del Magistrado el personaje del Filósofo, más valdría que el
Filósofo se preocupara por domesticar a los hombres […] su aparición es un acto
de necesidad: unos y otros tienen que
defender la ciudadela y no atacarla desde dentro (página 85), en alusión a
la comparación de un filósofo con un soldado puesto que ambos defienden al ser
humano, uno con la dialéctica y otro con las armas, cual guerrero renacentista
docto en armas y en letras.
Presenta
los mismos halagos para con el Actor al cual tilda de corruptor de menores (pág.
116).
Otro
de los personajes, el Novelista es conminado por el Magistrado para
elaborar un manuscrito sobre el Balneario, pero no le parece adecuado y decide
quemar los tres tomos. Al igual que el
Magistrado, también critica a otros personajes de la obra como al Actor, del
cual considera que se ha vuelto loco de remate; va por ahí vestido de mujer
y dice que así se comportaba Sócrates (pág. 50). Se concibe a sí mismo
también como el verdadero líder de su pueblo, hace mucho que ostento el
poder: la pluma y la hoja en blanco (pág.
71), como si de un verdadero guía se tratase, pero sin la parte bélica de un
soldado, ya que únicamente quiere gobernar a través de la palabra escrita. En
cierto modo, soy el Salvador de El Balneario, ya es hora de que me concedan un
premio (pág. 92).
Al
igual que realizan otros personajes, el Novelista critica al Alcaide puesto que
este último quiere comprar todo el balneario Desde el Lazareto… antes de que
él caiga (página 76), y al cual tilda de fantasma por este asunto. También manda exabruptos contra el Filósofo
al que considera como un atontado o un carcamal. Para él todos los personajes son una horda
de majaras (página 110). Tampoco se
libra el Filósofo porque en sus palabras está chocho del todo… otro
cagatintas (página 115-116).
Tampoco
le es de su agrado la aparición de un periódico titulado La voz, ¡un diario
que no lee nadie y solo sirve para despilfarrar el dinero público (pág.
87).
Otro
de los personajes considerados principales es el Filósofo, quien critica
al Novelista porque husmea, me da un poco de envidia (página 59), mete
las narices en todo (pág. 73), sabe lo que hace, es el mayor
fabulador…noto cómo maquina (pág. 76); y también al Alcaide al que define
como un grano en el culo del tirano (pág. 76) porque, aunque sea de
linaje real ha resultado ser un enemigo del pueblo (pág. 78). El Filósofo
considera a todos los más cercanos como unos fracasados porque no tienen esposa
o descendientes.
El
Autor comenta los monólogos de los personajes y añade o anticipa
aspectos de diversa temática sociológica, literaria o psicológica. Es quien escribe una novela al mismo tiempo
que la obra que nos ocupa como si de una metanovela se tratase, ya que el Autor
mantiene la narración misma como centro de
atención del relato y reflexiona sobre la creación novelística: Hace falta
un lenguaje nuevo, con sonidos nuevos, con un alfabeto especial (pág. 57). La
obra que escribe se titula Crónica infame donde critica las acciones de
los personajes, lugar en el que se considera como una especie de semidiós capaz
de gobernarlos a todos.
Cuenta
con escasa participación de personajes femeninos como son Darling tildada como
una vieja bobalicona o Caravella, amante de algunos de los
personajes de la historia que está cansada de que la traten como si fuese solo
un cuerpo dispuesto al pecado: se
acabó, a partir de hoy bajo la persiana:
he ahorrado lo bastante para vivir de manera honorable el resto de mis
días (pág. 107).
El
propio Autor concibe su obra como establecida en una pila de papeles, del
grosor de un dedo aproximadamente, has metido una parte de la historia
imaginaria de El Balneario (pág. 120). Este personaje termina confundiendo realidad
con la ficción en la que escribe, acontecimiento que le hará internarse en un
manicomio donde el médico considerará que El Balneario presenta interés solo
desde el punto de vista médico, es un material de estudio para los alumnos de
las facultades de psiquiatría que quieran reconstituir un ordenador el retrato
robot del autor (pág. 121). Corrobora todo lo anterior con una frase
lapidaria: cuando el autor (llamado A.E) se mete demasiado en la piel de sus
personajes es signo seguro de locura (pág. 132).
El malestar psíquico del Autor queda patente
ya que Cada vez resulta más difícil dominar a los personajes; los ves, los
oyes, te persiguen permanentemente.
Quieres escapar (pág. 128). Se inmiscuye tanto en la propia historia
que llega a formar parte de la misma como si de un personaje se tratase. Se arrepiente y le escribe a su padre
rogándole ¡Sácame de aquí que la he jodido! Quise hacer un experimento; me
están tomando por loco […] Como quisiste internar a una parte… para tener más
autenticidad, convendría pasar por una experiencia personal (pág.
138).
El final de la
novela lo podemos entender como una especie de sueño donde el Autor, que ha
dotado de vida a sus personajes, concluye la obra pero sin un punto y final de
la historia pensando posiblemente en que los personajes le persigan hasta el
otro mundo (pág.147).
La
realidad y la imaginación novelesca se confunden, lo que provoca que el Autor
(personaje de la obra que cuenta lo que les sucede a sus protagonistas) sea
internado en un manicomio. Podríamos
extrapolar este acontecimiento con uno de los grandes clásicos de la literatura
española de todos los tiempos, Don Quijote de la Mancha de Miguel de
Cervantes, donde el escritor del siglo XVII nos muestra la lucha entre la
idealización y la realidad, entre la imaginación y la razón, entre el pasado y
el presente, al igual que contribuye el Autor de El Balneario con su
historia.
El
Autor de la novela concibe el Balneario como un germen maligno, El
Balneario, por su voluntad, es el símbolo vivo del mal (pág. 10), puesto
que considera que el peligro mismo se encuentra en los personajes de la obra ya
que no existe en el lugar el mínimo orden que pueda llevar a una sociedad a
regirse por unas normas establecidas para formar una civilización, ya que cada
uno aporta su propio punto de vista que no contribuye nada al sentimiento de
creación de una nación sino que se guían por su propio individualismo.
El
balneario también recibe el nombre de Lazareto donde viven personas enanas El
Magistrado ha apelado también a los enanos (pág. 62), como si se tratase de
la novela de Jonathan Swift titulada Los viajes de Gulliver donde
el galeno llega a un lugar arrastrado por la marea y se encuentra con personas
de reducido tamaño, no más grandes que la palma de su mano.
En
la obra aparecen símbolos empleados por civilizaciones antiguas como la Antigua
Roma, ¡El Balneario morirá con el águila, si es que eso sucede algún día! (pág.
9). Dicho animal simboliza la libertad,
la nobleza, la sabiduría y el poder, conceptos abstractos todos ellos que no se
llevan a cabo en la obra debido a la individualidad de los personajes, los
cuales no aportan nada al bien común para formar una nación. Otro de los
aspectos que nos retrotraen hasta esta antigua civilización es la alusión a
César y a Bruto, pronunciada por el Magistrado, me han matado miles de veces
con el pensamiento, con la mirada y con el miedo de la Plebe al poder (pág.
67). Los tres conspiran por separado.
Son mis Brutos con la frase-puñal (página 108), cuando hace referencia
tanto al Novelista, al Filósofo y al Actor.
La
alusión a la civilización griega también se encuentra patente en relación a la Odisea
de Homero con la figura de Ulises y su episodio con las sirenas, se
tapa los oídos con cera para que ningún ruido lo moleste y, cuando quiere
adentrarse en sí mismo, se tapa los ojos (pág. 64). Según la leyenda, Ulises y sus hombres se acercaban
a esta isla temida, donde las sirenas habitaban y atraían a los marineros con
su hermoso canto. Gracias a la astucia de Ulises, pudieron pasar por la isla
sin ser atacados por estos seres mitológicos.
Asimismo,
encontramos elementos como la intertextualidad de citas a otras obras de
Ecovoiu como la novela titulada El orden, donde en palabras del
Magistrado se indica que Hay que instaurar el orden, en parte lo he
conseguido. Por eso me opuse siempre a las leyes que venían de arriba (pág.
11). Todo parte del orden. Donde
falta, no puede haber ni limpieza ni tranquilidad (pág. 53). Para conseguir
el orden establecido debía aparecer un líder que condujese al pueblo, que no es
otro más que el propio Magistrado, según sus propias palabras. La gente
obedecerá siempre mis Ordenanzas, porque estas tienen bastante manga ancha (pág.
58), palabras donde observamos que no se trata de un tirano sino de alguien
bastante benevolente con el pueblo al que debe guiar.
El
vocabulario empleado por Ecovoiu nos transporta a diferentes mundos literarios con
alusiones a las civilizaciones clásicas como Roma o Grecia, con personajes que
dialogan con ellos mismos para replicar a los otros y donde conmina al lector a
crear su propia historia basada en los soliloquios de los protagonistas. El
Autor nos transporta hasta un mundo hipotético donde todo puede suceder, donde
la realidad y la ficción se pueden confundir, como si del gran clásico
atemporal de El Quijote se tratase. Invito a los lectores a que lean esta
obra y saquen sus propias conclusiones al respecto.
Alicia Rodríguez Sánchez es
licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Alicante.
Profesora de Lengua castellana y literatura en el Centro Integrado de Formación
Profesional Canastell de la localidad alicantina de San Vicente del Raspeig. Ha
publicado en Ágora artículos sobre literatura rumana del siglo XX y actual.
Página de la colaboradora Alicia Rodríguez Sánchez, en blog de Ágora:
https://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/search?q=Alicia+Rodr%C3%ADguez+S%C3%A1nchez
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(1) La novela se publicó originalmente en Bucarest, en 1997. Nota del ed.