ÁGORA. ULTIMOS NUMEROS DISPONIBLES EN DIGITAL

lunes, 19 de octubre de 2026

EN HOMENAJE A LA POETA DIONISIA GARCÍA Y AL CATEDRÁTICO DE LITERATURA DE LA UNIVERSIDAD DE MURCIA FRANCISCO JAVIER DÍEZ DE REVENGA. (FRAGMENTO DEL "DISCURSO DE ACEPTACIÓN DEL PREMIO DIONISIA GARCÍA POR "ANATOMÍA DE UNA SOMBRA"). TEXTO DE ALBERTO CHESSA. Ágora N. 42. Otoño 2026. Dossier Alberto Chessa, 3 publicaciones

 


EN HOMENAJE A LA POETA DIONISIA GARCÍA Y AL CATEDRÁTICO DE LITERATURA DE LA UNIVERSIDAD DE MURCIA FRANCISCO JAVIER DÍEZ DE REVENGA

         

         

Por ALBERTO CHESSA

 

 

El autor del siguiente texto, el poeta Alberto Chessa, ha tenido la gentileza de permitirnos la publicación en Ágora de estas palabras en agradecimiento y homenaje a Dionisia García y al Catedrático Francisco Javier Díez de Revenga. Fueron pronunciadas en el acto de recepción del Premio de poesía “Dionisia García” instituido por la Universidad de Murcia. Ofrecemos, pues, los fragmentos que el mismo autor ha seleccionado de su “discurso de aceptación”.

 

 

          DISCURSO DE ACEPTACIÓN DEL PREMIO DIONISIA GARCÍA

               POR ANATOMÍA DE UNA SOMBRA

 

                                    

Rectorado de la Universidad de Murcia,                                                     

Edificio de la Convalecencia, 23 de abril de 2021

 

 

(…)

 

La Universidad tuvo hace ya unos cuantos años la feliz idea de hospedar un premio de poesía de ámbito internacional. A una feliz idea, como digo, solo le faltaba una denominación acertada, y cuál mejor que la de Dionisia García. Maestra, es un honor para mí llevar su nombre en un libro mío. Desde que leí Mnemosine por primera vez con 18 años, no he dejado de admirar el vigor léxico de sus versos, el pulso firme en el trazo de cada poema: «y abandoné la estancia, evitando los pasos». Después, en obras como El engaño de los días (¡menudo título!) o La apuesta, aprendí que somos en igual medida nuestros olvidos como aquello que recordamos. Todo acaso depende de ese «Oficio de mirar», como también reza el epígrafe de una de sus composiciones. «Todo es sueño y verdad, milagro que acontece», nos ha ilustrado usted, Dionisia. Y permítame asimismo una pequeña confesión (la segunda de hoy): le he robado una palabra. Ya conoce que los poetas podemos ser muy vampiros. En nuestro caso, el mismo día que le leí un vocablo que presumo muy de su gusto (lo emplea con sospechosa frecuencia) decidí que no tenía más remedio que succionarlo para uso y disfrute en mis propios versos. Me estoy refiriendo a lentecer, que, como usted bien sabe pero yo ignoraba, nada tiene que ver con lo lento y sí todo con lo blando, lo muelle, lo esponjoso.

 

(…)

 


Y quiero, por último, dar las gracias a Javier Díez de Revenga. No solo en calidad de presidente del jurado, que ya es (de hecho, fue él quien me llamó por teléfono para darme la alegría de un año necesitado de ellas). Tampoco solamente en su condición de reseñista de todos los libros que ha ido publicando un servidor (¡ni una sola vez ha faltado a la cita!). Ni siquiera en tanto que presentador del libro que hoy nos reúne y para el que ha tenido palabras tan agudas y generosas (escribo esto antes de que se celebre el acto, claro está, y por tanto no puedo saber cuáles son las palabras exactas que habrá pronunciado ya Javier, pero él siempre es agudo y generoso). No, no solo por todo eso, que no es poco, quiero darle las gracias. Mi mayor gratitud hacia ti, Javier, es como profesor mío que fuiste. He omitido hasta ahora, con toda la intención, que este Premio Dionisia García de la Universidad de Murcia es para su receptor un doble o triple premio, pues esa Universidad de Murcia que lo convoca fue y es también la mía. Y si nemo propheta acceptus est in patria sua, ya te ocupas tú, Javier, de desmentir el latinajo y hasta la propia palabra de Dios.

    Va a hacer exactamente veintiún años que me licencié en la Facultad de Letras de esta casa, especialidad en Filología Hispánica. No fui lo que se dice un estudiante ejemplar. Sí, conseguí completar un expediente notable (esto último, con literalidad), más que nada gracias a promediar las notas buenas y alguna excelente en las materias que me entusiasmaban con las ramplonas calificaciones en las asignaturas que aborrecía (aunque aún sigo sin creerme aquella matrícula de honor en Lingüística Aplicada, nada menos; ¡chúpate esa, Chomsky!). No obstante, ni siquiera aquellas disciplinas dignas de mi arrebato tenían garantizada mi asistencia a clase, no al menos con la regularidad que les hubiese correspondido. Ya entonces bromeaba en serio acerca de cuáles eran los dos campus donde me hallaba yo cursando la carrera: uno, claro, el de la Merced; el otro, el café-librería Ítaca, verdadero epicentro de escritores en ciernes (alguno nos acompaña también hoy aquí) y al que solo un alma luciferina se le pudo ocurrir ubicarlo a tiro de piedra del aulario humanístico. Cuando ahora pienso en todas las lecciones magistrales que me perdí, a mi conciencia le entran ganas de salir descalza en procesión y sin olvidarse de cargar con tres cruces en cada flanco (suponiendo que las conciencias tengan flancos, que es mucho suponer, pero metáforas más tontas han salido de poetas más listos que uno). En cualquier caso, de poco sirve ningún tipo de atrición, contrición o resto de palabras gruesas que terminen en -ción, incluidas litiscontestación y electrocoagulación. Cuando pensaba entonces en lo mismo, la conciencia tampoco se libraba de una buena lapidación (ya estamos), pero servía todavía de menos. No hablo de oídas; en todo caso, de vistas, pues he vuelto a leer, tras una eternidad, una suerte de carta abierta que, en el año del Señor de 1997, escribí a mi profesor de «Poesía del Barroco: textos» (así se llamaba la asignatura en cuestión), don Francisco Javier Díez de Revenga Torres. Si no recuerdo mal, él nos había pedido una memoria del curso. Como, por los motivos ya aducidos, mi memoria al respecto era, más que frágil, guadianesca, resolví optar por un escrito de naturaleza algo diferente. Rescato para todos (tercera confesión del día) los fragmentos menos sonrojantes:

    «Por fin, llegamos al asunto de las clases. Y aquí tengo dos cosas que decirle: por un lado, que me perdone «lo que llaman en el mundo ausencia» [otra vez Lope, añado yo hoy] y, en el español de las perífrasis, «falta de asistencia» (a clase, claro está); por otro, que, aun no habiendo asistido mucho, tengo una idea cabal, y creo que justa, de su configuración. El desarrollo del primer punto sería largo, trabajoso y hasta supongo que ―perdone la cacofonía― infructuoso. Únicamente le diré que, si de mí hubiera dependido en mayor medida de la que dependió, usted tendría una perfecta asimilación entre mi nombre y mi rostro, y no habría tenido que buscar mi ficha al empezar a leer esta memoria, como supongo que habrá hecho.

    »El segundo punto merece una pequeña pausa para la meditación. Es difícil, y sé que lo sabe, abordar el tema sin que esto parezca una dedicatoria de libro del Siglo de Oro; así que me andaré con cuidado. (…) Mis más sinceras felicitaciones, Dr. Francisco Javier Díez de Revenga, por haber roto (es de los pocos, de los únicos) con el esquema tradicional de impartir las clases; por haber hecho realidad un, a priori, misterioso título de asignatura («¿Poesía del Barroco: textos?», era el comentario general al oír lo recién escrito), dando cuerpo a una verdad sobre la que se ha mentido mucho, y es que antes del crítico, antes del manual, antes del estudioso y del estudio, está la obra, el texto, el poeta y el poema. Mis más sinceras felicitaciones por habernos descubierto los tópicos barrocos del tiempo, de los contrarios, de las apariencias, partiendo de un ejemplo concreto; porque uno, viciado por tantos años de estudio académico, se hace un lío y llega a pensar que Quevedo escribió lo de «solamente lo fugitivo permanece y dura» porque está en el punto 3 de los apuntes, y no al contrario, me explico».

    Aquel muchacho que llevaba «tantos años de estudio académico» acababa de rebasar por uno la veintena. ¡Qué largo se nos hace el pasado cuando solo tenemos ojos para el futuro! Lo más admirable de esas líneas, en cualquier caso, es que, a pesar de las dos décadas que distan con respecto a estas de hoy (y a pesar, claro está, de todo ese narcisismo apenas disimulado, que ahora me avergüenza), dicen, vienen a decir exactamente lo mismo que en la actualidad determina mi relación con la lectura, con la Literatura. Sigo, para mi inmensa satisfacción, disfrutando de los textos, sí, los textos; «de la musique avant toute chose», que diría le poete (maudit); sin que eso represente óbice alguno, todo lo contrario, para aplicar a continuación una mirada rigurosa, filológica, escrutadora, que, al cabo, multiplica el placer de la lectura. Y esto que estoy diciendo se lo debo en buena parte a algunas de las personas que están en esta sala, cuyo magisterio de letras y de vida (¡qué gozo cuando se confunden!) atesoro como oro en paño.

    Y hasta aquí los agradecimientos. 

 

 

Alberto Chessa (Murcia, 1976) ha publicado recientemente los poemarios Parábola del barro, y Sonetontos con ton y son; y el libro de aforismos Elefantes de nube. (Bordones). Otros libros de poemas suyos son La osamenta, La piel, La impedimenta, Anatomía de una sombra, Un árbol en otros, y Non finito.


 

 

 

Anatomía de una sombra (2021), de Alberto Chessa, mereció el "XVIII Premio de Poesía Dionisia García-Universidad de Murcia", cuyo jurado estuvo compuesto por el Catedrático Francisco Javier Díez de Revenga Torres, los poetas Eloy Sánchez Rosillo, José María Álvarez, Aurora Luque y Juana Castro, y la coordinadora del Aula de la Universidad de Murcia, Isabelle García Molina.

viernes, 16 de octubre de 2026

"LA ARENA ENTRE LOS DEDOS. DIARIOS REUNIDOS", DE CHANTAL MAILLARD (Ed. PRE-TEXTOS). Artículo de José María Piñeiro. Ágora-Papeles de Arte Gramático N. 42. Nueva Colección. Otoño 2026. / Bibliotheca Grammatica / Diarios

 


 

LA ARENA ENTRE LOS DEDOS. DIARIOS REUNIDOS, DE CHANTAL MAILLARD (Ed. PRE-TEXTOS)

 

por José María Piñeiro

 

 

Esa es la imagen que para Chantal Maillard define el paso del tiempo, la fugitiva, pero minuciosa impresión que la experiencia de todos los días deja en el espíritu y en la memoria, la arena entre los dedos: algo tan real y fluyente como casi impalpable y atomizado. Pero Chantal también se está refiriendo al modo de consignar dicha experiencia para la memoria inmediata al menos, es decir, la escritura y en este caso, la escritura de diarios. Efectivamente, Pre-Textos nos presenta en este volumen la obra diarística completa de Chantal Maillard, que comprende una entrega de varias décadas, desde Filosofía de los días críticos hasta Bélgica, que, siendo una obra memorística, su factura se presenta bajo la forma de diario.

          Hace ya mucho tiempo que el diario se ha convertido en un género literario más, pero con la ventaja de poseer cierto marchamo de autenticidad en su propia composición: ser la materia de una experiencia real, la expresión de una vivencia cuya confesión permite los explayamientos más excitantes y comprometidos. Como afirmaba Maurice Blanchot, aunque lo que se manifieste en un diario sea falso, la implicación del tiempo dentro de la escritura, un fenómeno dentro de otro, le da a la escritura diarística una dimensión esperanzadora en su recepción lectora: ligarse al futuro. Quien escribe diarios, dice Blanchot, no renuncia a la felicidad, a un protagonismo, aunque sea póstumo. Quien escribe diarios posee la ventaja de mezclar tiempos, de alterar sus desarrollos, de inscribirlos como episodios cumplimentados de un sentir ineludible: quien escribe diarios constata el devenir y lo conjura. Todo ello viene a decir que la mente escritora de un diario veraz trasciende hasta cierto punto, las realidades que el tiempo conlleva y va generando. Un diario no es sólo una sucesión de notas: propicia un espacio atemporal donde el escritor elige, soberanamente, qué confesar o explicitar.

          Como poeta y filosofa, para Chantal el espacio del diario es el lugar óptimo para la exposición libérrima de las incidencias íntimas y los estados anímicos, la ocasión infinita para la minucia analítica y el fulgor conceptual de la síntesis intelectiva y poética. Chantal utiliza el diario no para la mera estadística o recolección anecdótica, sino para el examen del sentimiento y del sentido, de qué modo surgen y cómo transitan por el alma y la comprensión del entorno. Con un lenguaje accesible Chantal se interna en la inaccesibilidad del instante, de su acontecer en nuestra alma pasional, para dar cuenta de la percepción de cada matiz, de las evoluciones que convergiendo o dispersándose dejan su rastro en nosotros, en nuestro luminoso y doloroso encuentro con la realidad y con los otros. Como ocasión para la exposición veraz, el diario intelectual de Chantal es también una investigación flexuosa de cómo se articula el lenguaje, depósito de nuestros imaginarios y de los símbolos que nos atañen, de sus secretas servidumbres, de sus inercias cognoscitivas. En Chantal es un objetivo liberar al lenguaje de sus corsés tradicionales y buscar el modo de ensayar uno nuevo, dispuesto a encarar los últimos escenarios en que se presenta la realidad. 

 

 Chantal Maillard - Ugly Duckling Presse

 

La obra de Chantal Maillard es toda ella una búsqueda de cómo el lenguaje nos permite o nos obstaculiza penetrar y manifestar la complejidad de lo que realmente sentimos, y por esta causa, también, toda la obra poética y filosófica de Chantal es un explorar de qué manera podemos utilizar, potenciar las facultades del lenguaje para la comprensión de lo que nos sucede. Este paso de la reflexión es crucial. Es el medio de comunicación por excelencia, lo que tiene que ser manipulado, trastocado, simplificado o multiplicado para entender las evoluciones de ese algo que en este caso es lo que nos ocurre anímicamente, en nuestras relaciones con el prójimo, con el tiempo, la muerte, la memoria.

          La tendencia de Chantal a través de todos los géneros que toca es la incursión en un material complejo, la búsqueda de la adecuación lingüística a las dimensionalidades de la experiencia vital, y es por ello que su obra prosística adquiera el aspecto de nutricias exposiciones, es decir, descripciones del fenómeno de la vida. Una descripción acaba convirtiéndose en una narrativa de hechos psíquicos, de reacciones profundas, de desolaciones y entusiasmos. Esta es la secreta épica que Chantal va desvelando y articulando a través de cada uno de sus inquisitivos buceos. En este ámbito, los dragones o enemigos que acosan al caballero andante son las llagas emocionales y su persistencia, las abruptas asimilaciones de la muerte en el sujeto, las extrañezas que el tiempo va imprimiendo en la historia íntima de la persona, el abanico solapado de posibilidades que la imaginación crítica contempla en la comprensión de los distintos problemas… 

      La percepción de la poesía, el ensayo o la página memorística como vasos comunicantes de una misma experiencia, le prestan a la producción de Chantal de un notable aspecto unitario y harmonizante. Chantal expide, pues, un mensaje complejo a través de conformaciones distintas. Lo poético es el ámbito general en que libera sus acotaciones a los pliegues propios de la poesía y el pensamiento.

         Maillard no trabaja sistemas filosóficos ni derivaciones de los mismos, no se entrega sin más a la elaboración de conceptos abstractos: se detiene a dilucidar las imágenes que aparecen siempre vinculadas a un pensar, cuyo devenir constata como elemento de un proceso. Chantal rastrea lo que el lenguaje vela, lo que la memoria produce en nuestra exploración del tiempo. Esa línea o sucesión de líneas divergentes, captadas por la imaginación y la percepción, constituyen el material que el misterio revela sobre nuestras realidades. A Chantal le interesa la red de alusiones que descubre en los márgenes, no tanto lo que una palabra evidenciada pueda suponer para una comunidad lectora. Ambas informaciones nos ayudan a ascender, a ubicar la razón y el alma.

        Lo que a Chantal incumbe, pues, es la delicadeza con que la experiencia vital y poética se configura y produce, los datos sensoriales en combinación con los procesos intelectivos. Esto significa que con su obra tenemos que hacer una grata excepción a los formalismos filosóficos. Su escritura es ajena a todo otro compromiso que no sea el de dar nota específica del sentir y del carácter fugitivo y arisco de ese sentir en su límpida captación sin más. Necesitamos tiempo, dedicación y amor ante el surtido de matices que se sumen en un fulgor de crepúsculo. Como decía Nietzsche, la vida es bella como la luz de la tarde, pero huidiza y fugaz como esta. Por ello, lo que Chantal nos descubre, lo que interesa no son confirmaciones ideológicas o sumas cuantitativas de lo percibido, sino el orden prioritario que el propio surtido de detalles va constituyendo y cuya naturaleza se diluye en su embate cualitativo.

        Lo que Chantal nos indicará en sus investigaciones diarísticas, no serán constataciones históricas o la premura de calificaciones que, presuntamente, determinen la naturaleza de algo, sino lo que ocurre en los márgenes del tiempo y que finalmente nos influye en la aceptación o no de algo, la masa de lo ingrávido, de lo secreto, de lo que finalmente nos influye y se incorpora a nosotros.

       La obra de Chantal no se dirige a un análisis de la historia de las ideas, no se constituye como estudio de las evoluciones formales de la producción última filosófica en Europa o América. Lo escurridizamente gravitacional, lo que no alcanza en los intereses intelectuales comunes el estatus de acontecimiento, pero precisa con urgencia de una definición, lo que vulnera al sujeto, lo asedia, o lo cerca de luz insólita, lo que todavía porta la poesía como mensaje específico, lo no historiable pero que necesita de un balance tan quedo como implicativo. Todo este material denso e ingrávido que conforma la persona en su viaje por los umbrales de la vida y del tiempo, es lo que destaca con nitidez la obra de Chantal de la de otras escritoras filosóficas. 

 

 

 

José María Piñeiro (Orihuela, Alicante, 1963). Ensayista, crítico literario y poeta. Autor de Suma de auras (Frutos del tiempo, Elche, 2023). En 1985 fue uno de los fundadores de la prestigiosa revista Empireuma, junto con Ada Soriano y José Luis Zerón Huguet. Ha publicado también el libro de aforismos y fragmentos de reflexiones estéticas: Ars fragminis (2015, Ed. Celesta). En poesía, ha publicado, entre otros poemarios, Las raíces del velo (2019, Ed. Celesta), Profano demiurgo (2013) y Margen harmónico (2010). Fue Premio Andrés Salom de Ensayo breve en 2011. Colaborador habitual de Ágora con su serie Breviarios.