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martes, 9 de junio de 2026

SI EN LO MAL TEMPS... Joan Roiç de Corella. Nuestros maestros. Por Andrés Acedo. Avance de Ágora N. 40. Nueva Col. Verano 2026

 

 

                                                                                  Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

 

SI EN LO MAL TEMPS

Joan Roiç de Corella. Nuestros maestros.

 

Si en lo mal temps la serena bé canta,

io dec cantar, puix dolor me turmenta

en tant extrem, que ma pensa és contenta

de presta mort; de tot l’altre s’espanta.

Mas, si voleu que davall vostra manta

muira prop vós, hauran fi mes dolors:

seré l’ocell que en llit ple de odors

mor, ja content de sa vida ser tanta.

 

 

Esta copla de Roís de Corella, fechada en la segunda mitad del siglo XV, es mágica. El poeta y cantante Raimon la ha convertido en un himno que me ha consolado y abismado en cada ocasión en que vuelvo a escuchar su treno. (1) Porque se trata de un lamento, en la más puro tradición de la tristeza medieval, a veces tocando fondo, como bien registra el tono de voz de Raimon quebrándose al llegar al pasaje: de tot l’altre s’espanta. (de todo lo demás se espanta). La tristeza medieval se pone la máscara de la muerte como remedio del vivir doloroso, pero también, metafóricamente, como fin del mal del amor, del amor no atendido, imposible. En esta segunda acepción, la muerte puede tener otras connotaciones, entra en un juego -también típicamente medieval- de pleito, litigio, de duelo por amor, como si el amante no atendido hubiera de ganar una controversia o debate. (Sobre el estado perfecto del hombre, el reposo o el sufrimiento por amor; es la disputa, en apariencia filosófica). Pero, en el fondo, se trata de un juego poético y verbal, de encantamiento, seducción y acercamiento a la dama, o al objeto del deseo si no fuera corporal y visible, sino una entelequia mayor o más de bulto que una gota de rocío al entrar los rayos del sol en la mañana.

          Joan Roís de Corella (o Roiç de Corella),  el poeta valenciano (nacido en Gandía en 1435 y muerto en Valencia en 1497) fue un religioso, aristócrata y escritor prehumanista, buen conocedor de la lírica italiana y provenzal y gallega, tanto como de la escrita en castellano, de la escuela dantesca y prerrenacentista: Juan de Mena (creador de las coplas de arte mayor o coplas de Juan de Mena, en que se inspira el poema), y un poco anterior, Íñigo de Mendoza, el Marqués de Santillana, ambos poetas pertenecientes a la generación que floreció en la primera mitad de su siglo XV.

A Juan de Mena, autor de Laberinto de Fortuna, se la adjudica en efecto la invención de las coplas de arte mayor o coplas de Juan de Mena, en que se inspira formalmente la copla de ocho versos de Roís Corella, si bien el autor castellano usaba versos dodecasílabos, y el valenciano endecasílabos. El idioma valenciano o catalán por su concisión silábica se adecúa más a este ritmo recién estrenado entonces en la poesía peninsular. Teniendo en cuenta la maestría demostrada en el endecasílabo de origen italiano por el poeta gandiense (o candiense: de Kandia o Gandía); y que el propio Marqués de Santillana, nuestro protomaestro, príncipe de la poetría, aún solía escribir en dodecasílabos sus sonetos (tratando, así, carta de naturaleza en la música más reposada del castellano al ritmo fluyente, más vivaz, del endecasílabo toscano), se podría considerar a Roís de Corella un adelantado de la poesía italiana en lengua catalana / valenciana.

 

La estructura de la copla de arte mayor, en endecasílabos, con rima consonante, sería:

11 A                -ánta

11 B                -énta

11 B                -énta

11 A                -ánta

11 A                -ánta

11 C                -órs

11 C                -órs

11 A                -ánta

 

Si en lo mal temps la serena bé canta, (Si en mal tiempo bien canta la sirena

io dec cantar, puix dolor me tormenta (yo he de cantar, pues dolor me atomenta

en tant extrem, que ma pensa és contenta (hasta tal extremo, que mi pensamiento se contenta

de presta mort; de tot l’altre s’espanta. (de ver pronto la muerte; de todo lo demás, se espanta).

Mas, si voleu que davall vostra manta (Mas, si quereis que bajo vuestra mano

muira prop vós, hauran fi mes dolors:  (muera cerca de vos, tendrán fin mis dolores:

seré l’ocell que en llit ple de odors   (seré el pájaro que en lecho de olores

mor, ja content de sa vida ser tanta.  (muera, contento de su vida ser tanta).

 

Ese pájaro o ave fénix que renace en lecho de olor no espera más recompensa que el mantener vivo el deseo, con eso se contenta, o mejor dicho, ese era el fin del poema y el supremo deleite y “fin” del amor. No el cumplimiento solo y mondo, al que no se renuncia por otra parte; sino el encendido vivo del impulso y la puesta en forma de la caza de amor, que no tiene parangón en ninguna otra actividad o deporte humanos, sean de espíritu o físicos. El culto y la religión del amor así lo proclama y los poetas, fieles, lo difunden.

Ejemplo máximo del amor cortés, con sus alambicadas y justas razones, con su filosofía de vida, este poema síntesis, concreta todos los buenos vinos de Provenza, toscana y la vieja Castilla, y aun de la Galicia de los trovadores, en torno al triunfo del amor sobre la muerte pura y monda.

Andrés Acedo

Martes, 9 de junio 2026

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Cf. Para escuchar:

https://youtu.be/uUplDUtpjgg?si=bM1XWfOtfTUQx8Eb

 

DE LA VIDA A LA HISTORIA (Sobre el libro de Pascual Vera Nicolás "Mi profesorado favorito", Universidad de Murcia, Academia Alfonso X el Sabio). Artículo del profesor Francisco Javier Díez de Revenga

 

 


 

DE LA VIDA A LA HISTORIA

 

Francisco Javier Díez de Revenga

 

         

Pascual Vera Nicolás ha dedicado muchas horas de su tarea de escritor a la Universidad de Murcia, a la que ha servido como comunicador incansable a lo largo de toda su carrera profesional como funcionario y también como estudioso de su historia. Un nuevo libro suyo, Mi profesorado favorito, editado por la UMU y la Real Academia Alfonso X el Sabio, recoge la semblanza de 81 personas vinculadas a la historia de nuestra alma mater, la mayor parte de ellos docentes, aunque también aparecen algunos otros, mujeres y hombres que dejaron huella profunda en la historia de la enseñanza superior en la Región de Murcia.

          Lo que queda claro es que la Universidad de Murcia merecía un libro así, porque muestra el lado más humano de lo que la gran institución ha significado y significa en la historia de la ciudad y de la región. Destacar aquellos que, desde los ángulos más diversos, han mostrado en la docencia o en el servicio a la Universidad un decisivo papel a través de casi más de medio siglo, revela que la Universidad es un bien común, una institución que a todos sirve, pero al mismo tiempo es la obra de muchos de sus docentes.

          El rector José Luján, que prologa el libro, advierte que lo que consigue en este volumen Pascual Vera es un gran acto de memoria y de justicia, y es muy cierto que, desde ambos puntos de vista, el libro aporta muchos datos que son fundamentales para completar el significado histórico de nuestro primer centro docente, que si bien se funda en 1915, contó con antecedentes que muchas veces se han recordado, como son el Estudio General de Alfonso X el Sabio (1272) o las dos universidades del siglo XIX, la Universidad Literaria (1840) y la Universidad Libre de Murcia (1869), que funcionaron, aunque brevemente, como intentos de crear un centro docente superior que Murcia no consiguió hasta 1915.

          Pascual Vera lo sabe bien porque él fue el comisario de la conmemoración del 75 aniversario de la fundación en la lejana fecha de 1990 con una excelente exposición y con publicaciones que se convirtieron en referencia ineludible para la forja de la historia de la UMU. Pero no es menos cierto que, desde aquella lejana fecha de 1990, surgía en Pascual Vera la figura de un notario, de un testigo, de un cronista, que no ha dejado de dedicarse, siempre con la colaboración de Ana María Martín Luque, más que documentalista permanente, cómplice imprescindible en tantos trabajos de Pascual Vera. Ser el cronista de una institución, y también el archivero permanente de los acontecimientos más relevantes del centro docente, hacen que nuestro autor sea poseedor de un tesoro de valor inimaginable: el archivo gráfico de lo que la Universidad ha sido en las cuatro últimas décadas. Y buena prueba de ello es que las 81 semblanzas aquí recogidas van presididas por una fotografía del docente evocado, procedente de los más diversos fotógrafos locales que han alimentado a lo largo de los años el archivo gráfico de Pascual Vera y la Universidad de Murcia, al que nos estamos refiriendo.

          Hay que hacer una referencia a la calidad del tono y del estilo que Vera ha desplegado a la hora de evocar a sus profesores y profesoras favoritos, basado en el trato directo, en la evocación inmediata, muchas veces conseguida a través de la colaboración de muchos años con el evocado, o a la entrevista personal con motivo de un determinado acontecimiento. Ese es uno de los más claros valores del libro: su tono personal, cercano, directo, de manera que el personaje aparece en su plenitud redivivo, como le gustaba decir a Azorín, destacando eso sí su carácter personal, su modo de ser, pero lo que es más importante todo lo que ese personaje ha aportado desde su puesto, y en su momento, a la historia general de la UMU.

Conviene recordar que muchos de estos artículos fueron dados a conocer de manera sistemática y semanal en la prensa, a través de artículos del diario murciano La Opinión, de manera que adquieren una cualidad añadida: la de la inmediatez, la de la sugerencia de una lectura rápida de una semblanza, por su propia manera de publicarse, que necesariamente ha de ser sucinta y directa. Y esa cualidad, ese valor indudable no ha decaído en ningún momento: y el personaje ha vuelto a renacer como lo hizo un día cualquiera de un verano no muy lejano, en las páginas de un periódico amigo. Al reunirse todos en un espléndido volumen, el acto de memoria y de justicia ha logrado su propósito y su fin.

 

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El artículo de Francisco Javier Díez de Revenga se publicó el viernes 5 de junio de 2026 en el periódico La Opinión, de Murcia. Lo reproducimos en Ágora por gentileza de su autor, catedrático emérito de la Universidad de Murcia.