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miércoles, 24 de junio de 2026

LOS PROBLEMAS DEL SUBJUNTIVO (2005). Por VENANCIO IGLESIAS MARTÍN. Bibliotheca Venancio Iglesias Martín / El pasajero a Itaca. Artículos publicados en prensa / Ágora-Papeles de Arte Gramático N. 40. Nueva Col. Verano 2026

 


 

Bibliotheca Venancio Iglesias Martín / El pasajero a Itaca. Artículos publicados en prensa

 

           LOS PROBLEMAS DEL SUBJUNTIVO


                                                                                                                                                                                             Por VENANCIO IGLESIAS MARTÍN

 

 

 

 

                                                                                                                                          (2005)

 

¿Qué es lo que nos ha pasado, Evito, que no veo más que desastres alrededor? (Evito debería ser Evita, como la de Argentina, pero descubrimos tarde que era gato).

          El dermatólogo me dice que no me exponga al sol porque puedo ser víctima de un melanoma. El médico de cabecera, por no llamarme viejo, me dice que haga ejercicio porque a partir de determinada edad se expone uno a la artrosis. El cardiólogo de la tele ha dicho lo mucho que mi alimentación puede influir en un posible infarto de miocardio. El de digestivo me miró con unas gomas por semejante parte y torció la gaita, tienes unos pólipos en el colon que no me gustan nada, hay que quitártelos. El endocrino, uy, me parece que tienes un nódulo frío en el tiroides; va a haber que extirpártelo porque puede malignizarse. La próstata pa’ qué te cuento. Y el dentista… no sé lo que se puede hacer: tienes la encía muy débil y las piezas muy desgastadas… Cuando fui a renovar el carné de conducir, mira Venancio, vas a necesitar gafas. Tienes que ir al oculista, ya no puedes conducir sin ellas. Y me ha salido un juanete y tengo el alma, digo el pie con un par de callos del copón.

          En el instituto me dicen que no hay esperanza para los males de la educación, y los asuntos políticos, pues ya se ve como andan: Zaplana, Moratinos o de la Vega y el fantasma Shakespeariano de Aznar entre bambalinas… y encima los griegos me dicen que lo mejor es no haber nacido y lo que le sigue en bondad es morirse cuanto antes.

          La caducidad es una luz deslumbrante; el deterioro, un hecho; la limitación, una fuente de desesperanza; la fealdad, un dato inequívoco que nace de dentro, anda por las calles e invade los medios de comunicación; la basura que echamos en enormes vertederos, la mantenemos en casa, con adoración, cada tarde de tele; los políticos son los gestores de la basura. Dime, Evito: ¿de dónde saco yo un poco de esperanza?

          Mi gato deja en el césped un topillo que acaba de cazar, me mira y me dice: - Pareces tonto. ¿No hiciste lingüística?

          La mente se me ilumina con su mirada felina. La esperanza no se da en el presente. No se interesa en el pasado (¿cómo tener esperanza de que la guerra de Troya no ocurra o que el Holocausto y Nagasaki sean fantasías delirantes?). Pero la esperanza tampoco es un proyecto que se lanza al futuro, porque el futuro tiene, en su almendra, la amenaza. La esperanza, me dijo mi gato, es ese recinto sagrado, idiomático, donde se proyectan los deseos que configuran nuestras más alegres expectativas, haciéndonos olvidar que somos cosa perecedera, como las hojas de los árboles. La esperanza es una cuestión lingüística como casi todo. La esperanza está en el subjuntivo y el condicional o en expresiones que proyectan los deseos hacia un futuro posible pero no probable: «si volvieras, amor mío; si me tocara la primitiva; cuando venga el PP; si aprobaran el estatut; si a Rovira se le cayera el bigote de esa carona de pan ácimo, sin levadura y dura como el cemento armado; cuando saquemos las patatas y matemos el gocho; cuando mi hijo termine la carrera; cuando el abuelo palme; ojalá lo supiéramos; si el alcalde dimitiera; si encontráramos un político decente; mira que si quebrara la SS; cuando me jubile; ya se encargará Rubalcaba de echar la culpa a los otros; ojalá supriman la religión de la escuela; ya vendrán los otros a hacer una nueva ley de educación; habría que endurecer el código; a los que queman el monte habría que echarlos al fuego desde el avión contra incendios; las inmobiliarias nos están devorando el paisaje; mi amigo Pedro Blanco siempre dará buena literatura; qué raro que los «intelectuales» anden a la mamandurria del poder: serán de izquierdas; Norma Duval seguramente volverá a bailar para Aznar; Acebes y la anciana Vicepresidenta parece que van a ir al logopeda; a Zaplana tendrían que pintarle de rojo, esa cara que tiene de duraluminio; por lo menos; seguramente; tal vez; quizá el problema es mío; estoy hasta las narices… etc., etc.» Sí: la esperanza está en el subjuntivo, pero también el temor y la desesperanza y el subjuntivo y todas las expresiones desiderativas están implantadas en mitad del idioma.

        Así las cosas habría que pedir socorro a la Real Academia Española, para que supriman algunos modos verbales, pero corremos el peligro de que Pérez Reverte nos sacuda un discurso sobre germanía o nos escriba otra novela.

          Y sin el consuelo de la religión…

          Mira Evito, por más que busco no encuentro un hueco especial para la esperanza en el subjuntivo, ni en el condicional ni en el presente por futuro, sino motivos de nuevos temores. Así que sigue con tu topillo y déjame que me consuele de la mejor manera. Fátima, tráeme el sacacorchos, por favor.

 

 

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El artículo de Venancio Iglesias fue publicado originalmente en el Diario de León el 5 de octubre de 2005. 

Agradecemos a su autor la gentileza de su reproducción en Ágora, donde iniciamos un capítulo de la Bibliotheca Venancio Iglesias Martín dedicado al repaso de sus artículos publicados en prensa. Recogemos en esta sección el espíritu de otras secciones, Textos magistrales, Nuestros maestros, La cultura de la crítica, habituales ya en la revista. 

Los personajes que aparecen citados en este artículo (desde el gato Evito, hasta el escritor Arturo Pérez Reverte, pasando por los políticos y ministros de los gobiernos de Aznar o de Zapatero o por una ebúrnea vedette) son aún suficientemente conocidos, y en cualquier caso puede consultarlos el lector o lectora interesado en internet o en otras fuentes accesibles. (Nota del Ed.

 

 

 

 

Venancio Iglesias Martín (Olleros, León) es autor del libro de relatos Pentemíthía (ed. El Forastero, León).

 

 

Para más información sobre Pentemíthía. Cinco mitos (2023):

https://www.casadellibro.com/libro-pentemithia-cinco-mitos/9788412454680/15895704?srsltid=AfmBOoreORZZWmgBny2tT9STe8PxRGCuJMTofbe0wPBWU-iWWUtCTCtj

martes, 23 de junio de 2026

POÉTICA EXISTENCIAL. Por Francisco Javier Díez de Revenga. (Sobre "Hacer y deshacer. Antología 1971-2025" de Pureza Canelo, publicado por Cátedra). Ágora N. 40. Nueva Col. Verano 2026 / Bibliotheca Grammatica / Poesía / Bibliotheca Francisco Javier Díez de Revenga

 

                                                                            Pureza Canelo Gutiérrez. Fuente: Dip. Cáceres

 

 

POÉTICA EXISTENCIAL

 

                               por Francisco Javier Díez de Revenga                    

 

Una excelente oportunidad para conocer a una de la autoras más interesantes y exigentes de la poesía española de las últimas décadas la representa la publicación por Cátedra, en su veterana colección de Letras Hispánicas, de Hacer y deshacer. Antología 1971-2025 de Pureza Canelo (Moraleja, Cáceres, 1946). El poeta, profesor e investigador José Teruel se ha encargado de editar el volumen con un espléndido estudio preliminar que sitúa el valor y la originalidad de una obra poética, ofrecida en su conjunto como autocrítica de la poesía, revisión moral del acto de estar en el mundo todo logrado desde la triple visión ética, existencial y metalingüística. Si bien la recopilación de casi seiscientas páginas recoge la poesía de todas las épocas de la escritora, con presencia de poemas suyos desde los libros iniciales, Lugar común, con el que obtuvo el premio Adonais en 1971, y Celda verde, que coleccionó su primera poesía en aquel mismo año, lo más apasionante, para el lector actual, es que da a conocer dos obras inéditas y abiertas a textos futuros: Volver y Olvido, junto a una serie de textos últimos que ha publicado recientemente en diversos medios.

 

 Hacer y deshacer

 

          Lo cierto es que el volumen revela la calidad extendida en el tiempo de una poesía muy compleja, que ha experimentado numerosos procesos de redacción, que recuerdan inevitablemente que la poesía de Canelo es una «obra en marcha», una poesía que se va renovando cada día, tal como sugería Juan Ramón Jiménez, maestro indiscutible de nuestra poeta. Además de que se evita, desde el punto de vista editorial y desde luego básico para la historia de la escritora, la dispersión de textos anteriores ya muy valiosos, lo cierto es que los finales y conclusivos revelan hasta qué punto la singularidad del trabajo poético de Canelo se basa en ese proclamado Hacer y deshacer, que, finalmente, ha titulado esta completísima antología.

          José Teruel lo explica todo muy bien en el estudio preliminar: todas estas series finales confirman las inquietudes que han alumbrado la poesía de Pureza a lo largo de décadas, pero aportan desde luego nuevas inquietudes que amplían el universo poético, como por ejemplo la presencia de la muerte; pero al mismo tiempo corroboran lo que la obra completa ha querido venir diciendo a lo largo de los años al lector. No puede sorprender que así sea. Una obra en proceso constante de creación es una obra que revela vitalidad y existencia, y sobre todo en el caso de Pureza confirma lo que ha sido siempre su poesía anterior, al haber construido su obra sobre la propia esencia de la poesía misma. Hay que recordar que, en títulos anteriores, sus libros se anunciaban como una poética, no solo como reflexión del acto de creación lírico, sino también como enfrentamiento con la palabra como vehículo de expresión interior.  Lo señala Teruel en su estudio introductorio: al revelar la oposición perpetua a su propio mundo en un intento infatigable de comprensión y de explicación: «La poesía de Pureza Canelo está presidida por una voluntad de reelaboración constante y por un tono introspectivo contra la incuria del tiempo»; y es muy cierto que la mantenida paradoja y el enfrentamiento de contrarios, revelarán «la utopía de habitar y desaparecer a su vez en el poema». Ese sería el gran argumento de la obra de Pureza, que se acentúa extraordinariamente en esos textos finales tan acertadamente recogidos, no como colofón final, sino como revelación que de que su poesía está viva «hasta ese verso último que solo la muerte quiebra».

          Vista en su conjunto, la poesía de Canelo mantiene encendidas todas las llamas y todas las luces que la poblaron a lo largo de los años, todas las interrogaciones y las dudas, todas las búsquedas y todos los intentos insistentemente reiterados de explicar su poesía desde una poética que revela la singularidad: indagar sobre la propia forma de hacer un poema, de crear un verso, interrogarse sobre su sentido y sobre su significación, como Pureza Canelo viene haciendo desde hace años, es perseguir y conseguir el cauce más adecuado y conveniente para expresar su complejísimo mundo poético. Ha sido una exigencia de su obra creadora y de su poética a lo largo de los años, pero no es menos cierto que otro camino no hay, que sólo una exigente reflexión autopoética permite conseguir los logros, los hallazgos a los que ha llegado en esta poesía tan intensa como esencial. Parece como si cada poema quisiera deshacerse, desaparecer en su propia construcción poética, liberarse de los elementos que lo pueden hacer superficial y mostrar solo lo profundo de la intención, la expresión de lo más íntimo.

 

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El artículo de Francisco Javier Díez de Revenga se publicó en La Opinión, de Murcia, el viernes 19 de junio de 2023. Lo reproducimos por gentileza de su autor.

 

 

                                                                                                                 

    Francisco Javier Díez de Revenga es Catedrático emérito de Literatura Española en Universidad de Murcia.