LA ARENA ENTRE LOS DEDOS. DIARIOS REUNIDOS, DE CHANTAL MAILLARD (Ed. PRE-TEXTOS)
por José María Piñeiro
Esa es la imagen que para Chantal Maillard define el paso del tiempo, la fugitiva, pero minuciosa impresión que la experiencia de todos los días deja en el espíritu y en la memoria, la arena entre los dedos: algo tan real y fluyente como casi impalpable y atomizado. Pero Chantal también se está refiriendo al modo de consignar dicha experiencia para la memoria inmediata al menos, es decir, la escritura y en este caso, la escritura de diarios. Efectivamente, Pre-Textos nos presenta en este volumen la obra diarística completa de Chantal Maillard, que comprende una entrega de varias décadas, desde Filosofía de los días críticos hasta Bélgica, que, siendo una obra memorística, su factura se presenta bajo la forma de diario.
Hace ya mucho tiempo que el diario se ha convertido en un género literario más, pero con la ventaja de poseer cierto marchamo de autenticidad en su propia composición: ser la materia de una experiencia real, la expresión de una vivencia cuya confesión permite los explayamientos más excitantes y comprometidos. Como afirmaba Maurice Blanchot, aunque lo que se manifieste en un diario sea falso, la implicación del tiempo dentro de la escritura, un fenómeno dentro de otro, le da a la escritura diarística una dimensión esperanzadora en su recepción lectora: ligarse al futuro. Quien escribe diarios, dice Blanchot, no renuncia a la felicidad, a un protagonismo, aunque sea póstumo. Quien escribe diarios posee la ventaja de mezclar tiempos, de alterar sus desarrollos, de inscribirlos como episodios cumplimentados de un sentir ineludible: quien escribe diarios constata el devenir y lo conjura. Todo ello viene a decir que la mente escritora de un diario veraz trasciende hasta cierto punto, las realidades que el tiempo conlleva y va generando. Un diario no es sólo una sucesión de notas: propicia un espacio atemporal donde el escritor elige, soberanamente, qué confesar o explicitar.
Como poeta y filosofa, para Chantal el espacio del diario es el lugar óptimo para la exposición libérrima de las incidencias íntimas y los estados anímicos, la ocasión infinita para la minucia analítica y el fulgor conceptual de la síntesis intelectiva y poética. Chantal utiliza el diario no para la mera estadística o recolección anecdótica, sino para el examen del sentimiento y del sentido, de qué modo surgen y cómo transitan por el alma y la comprensión del entorno. Con un lenguaje accesible Chantal se interna en la inaccesibilidad del instante, de su acontecer en nuestra alma pasional, para dar cuenta de la percepción de cada matiz, de las evoluciones que convergiendo o dispersándose dejan su rastro en nosotros, en nuestro luminoso y doloroso encuentro con la realidad y con los otros. Como ocasión para la exposición veraz, el diario intelectual de Chantal es también una investigación flexuosa de cómo se articula el lenguaje, depósito de nuestros imaginarios y de los símbolos que nos atañen, de sus secretas servidumbres, de sus inercias cognoscitivas. En Chantal es un objetivo liberar al lenguaje de sus corsés tradicionales y buscar el modo de ensayar uno nuevo, dispuesto a encarar los últimos escenarios en que se presenta la realidad.

La obra de Chantal Maillard es toda ella una búsqueda de cómo el lenguaje nos permite o nos obstaculiza penetrar y manifestar la complejidad de lo que realmente sentimos, y por esta causa, también, toda la obra poética y filosófica de Chantal es un explorar de qué manera podemos utilizar, potenciar las facultades del lenguaje para la comprensión de lo que nos sucede. Este paso de la reflexión es crucial. Es el medio de comunicación por excelencia, lo que tiene que ser manipulado, trastocado, simplificado o multiplicado para entender las evoluciones de ese algo que en este caso es lo que nos ocurre anímicamente, en nuestras relaciones con el prójimo, con el tiempo, la muerte, la memoria.
La tendencia de Chantal a través de todos los géneros que toca es la incursión en un material complejo, la búsqueda de la adecuación lingüística a las dimensionalidades de la experiencia vital, y es por ello que su obra prosística adquiera el aspecto de nutricias exposiciones, es decir, descripciones del fenómeno de la vida. Una descripción acaba convirtiéndose en una narrativa de hechos psíquicos, de reacciones profundas, de desolaciones y entusiasmos. Esta es la secreta épica que Chantal va desvelando y articulando a través de cada uno de sus inquisitivos buceos. En este ámbito, los dragones o enemigos que acosan al caballero andante son las llagas emocionales y su persistencia, las abruptas asimilaciones de la muerte en el sujeto, las extrañezas que el tiempo va imprimiendo en la historia íntima de la persona, el abanico solapado de posibilidades que la imaginación crítica contempla en la comprensión de los distintos problemas…
La percepción de la poesía, el ensayo o la página memorística como vasos comunicantes de una misma experiencia, le prestan a la producción de Chantal de un notable aspecto unitario y harmonizante. Chantal expide, pues, un mensaje complejo a través de conformaciones distintas. Lo poético es el ámbito general en que libera sus acotaciones a los pliegues propios de la poesía y el pensamiento.
Maillard no trabaja sistemas filosóficos ni derivaciones de los mismos, no se entrega sin más a la elaboración de conceptos abstractos: se detiene a dilucidar las imágenes que aparecen siempre vinculadas a un pensar, cuyo devenir constata como elemento de un proceso. Chantal rastrea lo que el lenguaje vela, lo que la memoria produce en nuestra exploración del tiempo. Esa línea o sucesión de líneas divergentes, captadas por la imaginación y la percepción, constituyen el material que el misterio revela sobre nuestras realidades. A Chantal le interesa la red de alusiones que descubre en los márgenes, no tanto lo que una palabra evidenciada pueda suponer para una comunidad lectora. Ambas informaciones nos ayudan a ascender, a ubicar la razón y el alma.
Lo que a Chantal incumbe, pues, es la delicadeza con que la experiencia vital y poética se configura y produce, los datos sensoriales en combinación con los procesos intelectivos. Esto significa que con su obra tenemos que hacer una grata excepción a los formalismos filosóficos. Su escritura es ajena a todo otro compromiso que no sea el de dar nota específica del sentir y del carácter fugitivo y arisco de ese sentir en su límpida captación sin más. Necesitamos tiempo, dedicación y amor ante el surtido de matices que se sumen en un fulgor de crepúsculo. Como decía Nietzsche, la vida es bella como la luz de la tarde, pero huidiza y fugaz como esta. Por ello, lo que Chantal nos descubre, lo que interesa no son confirmaciones ideológicas o sumas cuantitativas de lo percibido, sino el orden prioritario que el propio surtido de detalles va constituyendo y cuya naturaleza se diluye en su embate cualitativo.
Lo que Chantal nos indicará en sus investigaciones diarísticas, no serán constataciones históricas o la premura de calificaciones que, presuntamente, determinen la naturaleza de algo, sino lo que ocurre en los márgenes del tiempo y que finalmente nos influye en la aceptación o no de algo, la masa de lo ingrávido, de lo secreto, de lo que finalmente nos influye y se incorpora a nosotros.
La obra de Chantal no se dirige a un análisis de la historia de las ideas, no se constituye como estudio de las evoluciones formales de la producción última filosófica en Europa o América. Lo escurridizamente gravitacional, lo que no alcanza en los intereses intelectuales comunes el estatus de acontecimiento, pero precisa con urgencia de una definición, lo que vulnera al sujeto, lo asedia, o lo cerca de luz insólita, lo que todavía porta la poesía como mensaje específico, lo no historiable pero que necesita de un balance tan quedo como implicativo. Todo este material denso e ingrávido que conforma la persona en su viaje por los umbrales de la vida y del tiempo, es lo que destaca con nitidez la obra de Chantal de la de otras escritoras filosóficas.
José María Piñeiro (Orihuela, Alicante, 1963). Ensayista, crítico literario y poeta. Autor de Suma de auras (Frutos del tiempo, Elche, 2023). En 1985 fue uno de los fundadores de la prestigiosa revista Empireuma, junto con Ada Soriano y José Luis Zerón Huguet. Ha publicado también el libro de aforismos y fragmentos de reflexiones estéticas: Ars fragminis (2015, Ed. Celesta). En poesía, ha publicado, entre otros poemarios, Las raíces del velo (2019, Ed. Celesta), Profano demiurgo (2013) y Margen harmónico (2010). Fue Premio Andrés Salom de Ensayo breve en 2011. Colaborador habitual de Ágora con su serie Breviarios.

