Gustavo Jiménez Arenas
Metáfora e identidad: apreciación de la lírica en la música popular
mexicana
Por Gustavo Jiménez Arenas
Resumen
La lírica de la música popular mexicana tiene
presencia en la sociedad desde tiempos de la Nueva España. Sus compositores han
plasmado versos llenos de metáforas reflejando idealizaciones de nosotros
mismos, nuestro entorno, costumbres, idiosincrasia y paisajes. Definir a la
música popular mexicana es una tarea compleja cuando se es consciente de la
variedad de elementos que la componen. Se trata tanto de la obra de autores
anónimos como de autores poco conocidos, o de autores consagrados; en
ocasiones también puede ser producida desde la industria discográfica. Para
apreciarla se requiere vivirla, ya sea desde la experiencia in situ
(ejecución en vivo), o a través de otros medios de comunicación; lo relevante
es la conexión con el lenguaje expresado en una pléyade de estilos (boleros,
canción clave, huapangos, sones, bambucos, cantos rondas infantiles…), que
muestran una visión de la identidad mexicana vigente pese al embate de la
cultura globalizada.
Palabras clave: lírica, metáfora, música popular,
identidad, apreciación musical.
Introducción
La lírica de la música popular
mexicana y su profundo sentido metafórico ha fungido, desde tiempos de la Nueva
España, como una amalgama que tiende un puente de comunicación entre diversos
sectores de la sociedad, frecuentemente polarizados; dado que en ésta se
resaltan elementos identitarios que, en mayor o menor medida, nos son comunes.
Actualmente, la lírica de la música popular concentra
en sus entrañas la dicotomía de ser, por un lado, un producto emanado de voces
anónimas o poco reconocidas y, a la vez, de ser el resultado de la industria
disquera. De ahí que la definición y concepción de la misma sea difícil de
establecer; sin embargo, pese a que los gustos musicales del escucha se
diversifican, éste encuentra lugares seguros en donde logra identificar
elementos que le parecen cercanos a sí mismo (uno de esos lugares se encuentra
en la lírica).
La música popular mexicana coexiste con muchos otros
géneros que ocupan el privilegiado lugar del gusto colectivo, tienen presencia
masiva y están latentes en los oídos de los escuchas, tras su introducción a la
sociedad a través de los implacables medios de comunicación. Ese efecto ha
provocado una disociación entre la música actual y la de antes; dejándola,
en el imaginario, particularmente entre la población joven, como una expresión
destinada para la gente que vivió en épocas pasadas y en lugares lejanos a los
centros urbanos (Luengas, 2006).
La lírica de la música popular, continúa siendo una
forma de expresar la identidad mexicana y se mantiene presente en los festejos
populares: bodas, cumpleaños, serenatas (aún se practican), bailes, posadas,
jaripeos…Se le escucha en múltiples espacios: hogares, cantinas, salones de
fiestas, restaurantes…y en muchos rincones íntimos dentro de la memoria
colectiva.
La música popular ha sido un elemento literario en la
producción de varios escritores mexicanos y latinoamericanos (Rosario
Castellanos, Juan Rulfo, Octavio Paz, José María Arguedas,
Alejo Carpentier, Julio Cortazar, Jorge Luis Borges, Gabriel
García Márquez…). Toño Azpilcueta, protagonista de la novela Le
dedico mi silencio de Mario Vargas Llosa (2023), creía firmemente
que las canciones populares (música criolla) de su país [Perú] tenían el poder
de unificar a la sociedad tendiendo un puente entre los distintos
sectores que la conforman. Ello sería válido para un país y para el resto de
América Latina, así como, probablemente, para la humanidad en su conjunto. Si
bien este planteamiento es utópico, debe considerarse que persiste, pese a la
globalización de la cultura, un punto de encuentro entre generaciones de
distintos contextos en México a través de las canciones populares y música
tradicional.
La
lírica en la canción popular mexicana
Se
trata de una forma de expresión creada por el ingenio de copleros, trovadores,
repentistas y poetas; es un medio de registro del testimonio de la vida de
muchas generaciones en torno a uno o varios nichos culturales (Méndez, 2008).
La metáfora es el elemento fundamental de la lírica, a partir de este ingrediente
nace el carácter romántico de las canciones, aun cuando la temática no gire en
torno al amor erótico, permitiendo la construcción de múltiples imágenes tanto
en el intérprete como en la audiencia.
Las canciones abordan una gran variedad de temas, por
ejemplo: el fenotipo: Soy el negro de la costa, de Guerrero y de Oaxaca…;
la fauna (idealizada como alegoría del comportamiento humano): Dos
palomas al volar dejaron su palomar en el olvido…; personajes
históricos: Gabino Barrera no entendía razones…; lugares: A
Guerrero canto yo, hermoso rincón suriano.
En ocasiones, la lírica ha reflejado algunas modas
literarias, lo cual la acerca al habla culta (Díaz, 1987), a la vez que
gran cantidad de canciones están escritas con un lenguaje sencillo, cotidiano y
accesible. Aunado a lo anterior, D. García (1992) apunta que los vacíos
en el registro de los autores de muchas obras, ha generado la existencia de
múltiples versiones de una canción, pues cada intérprete tiene la libertad de
realizar las adaptaciones y variantes según su gusto musical y la época en la
que la ejecuta.
Música popular (algunas
definiciones)
El
maestro Daniel García Blanco (1992), quien fuera miembro fundador y director de
la extinta Casa de la Música Mexicana, describió a la música popular
como aquella que:
“/…/ se configura con las canciones y piezas
instrumentales que, con el paso del tiempo y mediante un proceso natural de
selección, un pueblo, una región o un país, hacen suyas para expresar sus
sentimientos y estados de ánimo reflejando su propia idiosincrasia” (p.12).
A
su vez, el investigador René Villanueva (1998) se refirió a ésta como un
medio de expresión de la vida, sentimientos e historia de la cultura mexicana.
Por otra parte, Díaz (1987) propuso dividirla en dos grupos generales, ubicando
en primer lugar a la música popular tradicional como producción, aparentemente,
exclusiva de una región o población. Esta categoría musical vive entre los
miembros de la comunidad y es frecuentemente transmitida de manera oral. En
esta actividad se transmiten valores, lenguaje, ideas, costumbres, percepción
del entorno, personajes, sabores, olores, sentimientos, anécdotas…
En segundo lugar, tendríamos el grupo de la música
propiamente popular comercial, ésta nació como producto de alguna moda;
la población la identifica y percibe rasgos compatibles con su propia
identidad. La duración de este tipo suele ser corta o no mayor a dos o tres
generaciones, pues su transmisión se realiza a través de los medios de
comunicación o algunos soportes tecnológicos (discos, cintas, radiodifusoras,
internet). Una canción de origen comercial se populariza una vez que sobrevive
al paso del tiempo y, tras décadas, logra integrarse en el repertorio del
colectivo tras ser identificada como parte de la música popular.
El género musical vernáculo puede ser
entendido como tradicional, a partir de criterios culturales, sociales y
geográficos; no obstante, existe una mezcla entre lo popular comercial y lo
tradicional donde la lírica está adaptada al ritmo y métrica de huapangos,
polkas, canción clave, bambuco, bolero, entre otros. Algunos autores e
intérpretes de este tipo de esta clasificación han alcanzado fama internacional
y se han posicionado en el gusto popular por muchas generaciones.
Los
cancioneros de música popular
Desde
finales del siglo XIX, se tiene registro de la existencia de la publicación de
transcripciones musicales plasmadas tanto en partituras como en cancioneros
populares sin notación musical. Se trata de recopilaciones que fueron escritas
por personajes anónimos o por autores altamente reconocidos (Kuri-Aldana &
Mendoza, 2001). Solo por citar algunos: Coplas y versos de la Costa Chica,
Guerrero, música y cantos, La canción cardenche, tradición musical de la laguna;
La canción mexicana, ensayo de clasificación y antología; ¡Ah, qué la canción!
Música mexicana en la escuela.
Apreciación
de la lírica en la música popular
La
lírica es una manera de contestar la pregunta ¿Quiénes somos? Es una manera de
pensarse a sí mismo desde la colectividad. Las posibles respuestas son tan
variadas como múltiples las regiones donde la lírica se produce, múltiples los
autores, múltiples las visiones en torno a la vida, el amor, el entorno, la
familia y los valores (Altez, 2000).
Frente a este amplio panorama cabe preguntarse ¿Cómo
apreciar la lírica de la música popular? Nos enfrentamos a un problema un tanto
difícil de resolver pues la apreciación musical, dentro del contexto de las
escuelas formales, está dirigida principalmente al estudio de obras canónicas
del repertorio europeo. El análisis de las obras considera el contexto de
creación, estructura estricta (rondó, sonata, obertura, canon, sinfonía,
fuga…) y, por último, el estudio de elementos técnicos de las obras
partiendo del supuesto de que el oyente conoce terminología musical del
lenguaje y su ejecución (Latham, 2008).
Aplicar tales aspectos de la apreciación escolástica a
lo popular, implicaría aunar el reconocimiento básico de la geografía musical
de México (Huasteca, Costa Chica, Costa Grande, Sotavento, Bajío, Istmo de
Tehuantepec, Tierra Caliente, Península de Yucatán…), instrumentación
característica (conjunto de arpa grande, trío romántico, conjuntos
jaraneros, trío huasteco, mariachi, tambora zacatecana…), géneros y sus
variantes (sones huastecos, sones planecos, sones istmeños, trova yucateca,
polka, chotis, canción clave, pasodoble, arrullo, pirekua, bolero, habanera,
gusto, valona, jarabe, chilena…). Además, se torna imprescindible el
conocimiento básico de la biografía de los compositores, en caso de haber datos
sobre ellos; y, por último, vivir la experiencia in situ de escuchar la
interpretación de canciones en cualquier espacio donde se lleve a cabo una
manifestación de música popular tradicional.
Diversidad musical en la
lírica
La
temática abordada en la canción popular es diversa, destaca el ingenio de los
compositores para articular versos con la variedad de géneros musicales
mexicanos. Aquí algunos fragmentos:
● Mis
blancas mariposas (1948) de Julio César
Enriquez de la Fuente (1884-1972) con la música de Cecilio Cupido
Rosaldo (1883-1959), es una canción clave que se refiere a la
orquídea mariposa blanca Phalaenopsis, donde sus hojas sirven
como pergamino para escribir cartas de amor (Archivo General de la Nación,
s.f.): No guardes esas flores de blancas mariposas, ni mires esas frases que
en ellas escribí…
● La
sátira es un elemento fundamental en la producción de Salvador Flores Rivera,
Chava Flores, conocido como el Cronista musical de la Ciudad de
México, quien caricaturizó el carácter despreocupado de muchos mexicanos
con la canción ¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano?, el ritmo de polka
mexicana enfatiza el sentido humorístico de la pieza (Flores, 1969, 1998): ¿A
qué le tiras cuando sueñas mexicano? ¿A hacerte rico en loterías con un millón?
● La
trova yucateca, en la cual frecuentemente se representa el idealismo del
paisaje regional, tiene una fuerte influencia de la producción literaria
europea del siglo XIX traída a territorio yucateco desde la ruta comercial del
Caribe. En ella se combinan ritmos de países caribeños y antillanos (danzas,
guaracha, rumba, joropo, clave, pasillo, bambuco), además de músicas
europeas (valses, mazurca, polka, chotis, lanceros) (Esquivel, 1999). El
vals Mi Mérida de Jesús Herrera Ramírez, Chucho Herrera, es
un ejemplo de la idealización de un espacio geográfico: Vergeles floridos
que me hacen soñar…es Mérida alegre y serena con amaneceres de raro esplendor.
● Durante
el período de la Nueva España, el Santo Oficio prohibió varias
expresiones musicales por considerarlas escandalosas y, en ocasiones, obscenas,
“influyen y prueban la falta de respeto a la casa del Señor” (Toribio, 2010).
Se tiene conocimiento de la prohibición del Jarabe Gatuno, La Tirana, El
Bayle [sic] de las Ánimas”. En 1766 se prohibió el son El chuchumbé tras
acumular once denuncias debido a sus escandalosos versos (Ponce, 2009): En
la esquina está parado un fraile de la merced con los hábitos alzados enseñando
el chuchumbé.
● El
huapango huasteco, además de ser el nombre de una fiesta regional en la
Sierra Huasteca, es un tipo de música propia de esa zona. Tiene raíces
literarias en la quintilla y la sextina española, mismas que
fueron adaptadas por sus ejecutantes a versos octosílabos, siendo estos últimos
los más cantados (Alvarado,1999): Cecilia, lindo amorcito, te adoro con
devoción, te adoro con devoción, Cecilia lindo amorcito.
● Se
reconoce como el primer bolero mexicano a la canción compuesta por Armando
Villareal Lozano (1902-1976) Morenita mía (ca. 1912). Está
marcadamente influida por el ritmo de danza habanera y el cinquillo cubano;
se trata de un bolero centrado en la temática del amor feliz (Bazán,
2001): Conocí una linda morenita y la quise mucho, por las tardes iba
enamorado y cariñoso a verla.
● La
canción ranchera es una expresión musical presente en
el ambiente campirano de todo el país, describe algunas características del
entorno al cual pertenece: paisaje, flora, fauna, pobladores, oficios,
costumbres, amores, etcétera (García, 1992). Dos arbolitos es una
canción ranchera a ritmo de huapango de Chucho Martínez Gil, que
emplea la figura literaria de la pareja de arbolitos como representación
del amor erótico: Han nacido en mi rancho dos arbolitos…con sus mismas ramas
se hacen caricias.
● Mi
madre me dio un consejo, es una canción cardenche
de autor anónimo -como casi todos los cantos cardenches- que habla sobre
la añoranza de la mujer amada. Este estilo nació a finales del siglo XIX en la
Comarca Lagunera (entre Coahuila y Durango). Se ejecuta a tres voces masculinas
sin ningún acompañamiento instrumental, la rítmica y métrica de
cada voz no está establecida, lo cual provoca un efecto de desfase entre ellas
a manera de contrapunto (Flores, 2007): Mi madre me dio un
consejo que no anduviera tomando…Te quero porque te quero, en mi querer naiden
manda, te quero prietita linda [sic].
● Los
sones jarochos son característicos de los fandangos de la región del Sotavento
en Veracruz, contienen cantos llamados coplas, décimas o trovos; pueden
tener de cuatro, cinco, seis o diez versos. Los versadores suelen ser
sumamente hábiles para combinar versos establecidos (obligados) con la
improvisación de décimas, dando pie al repentismo. Este fenómeno está
presente en los versos llamados de reto o controversia donde los versadores
se pican compitiendo por ser el intérprete más ingenioso (Delgado,
2004). Durante la versada el acompañamiento instrumental baja el volumen
y no hay zapateado en tarima solo un suave deslizamiento de los pies sobre
ésta: Un sabio contó un millón siete veces en un día, y en siete meses no
pudo contar las décimas mías…contó con justa razón los vellos de una señora, y
en el minuto de una hora un sabio contó un millón.
● La
lírica infantil fue desarrollada desde el período virreinal, expresa el
ambiente del juego, arrullo, ronda, adivinanza, cuento, fórmulas de sorteo; asimismo,
los festejos navideños y sus piñatas, muñeiras, romances y romancillos,
entre otros; son cantadas con o sin acompañamiento instrumental, algunas
incluyen coreografías (Mendoza, 1980). El piojo y la pulga es una canción-juego
cantada con el ritmo chotis, cuenta las dificultades para consumar la
boda entre aquellos insectos: El piojo y la pulga se van a casar, no se
harán las bodas por falta de pan. Responde la hormiga desde su hormigal: ¡Que
se hagan las bodas, que yo daré el pan!
Conclusiones
La
lírica de la música popular mexicana representa mucho más que versos románticos
cargados de metáforas, es un medio a través del cual se describe la identidad
cultural de los habitantes de este país y su paso por distintas épocas. Se
conjugan tradiciones, concepciones sobre la vida, la muerte, el amor y el
desamor, el entorno natural y el paisaje urbano, la manera en que se vive en
él, el habla y las particulares formas de expresarse. La lírica se transforma
en sonido a través de las canciones, es el medio que nos permite transitar de
la realidad a la fantasía de la metáfora. El mensaje transmitido en los versos
de sus intérpretes, entreverado con la sonoridad de los instrumentos musicales,
es, sin duda, un elemento de identidad cultural que ha acompañado a la sociedad
mexicana durante siglos.
Finalmente, queda preguntarse si la música popular
mexicana tradicional será capaz de sobrevivir por muchas generaciones tras el
embate de la globalización de la cultura. Si perdura, quizá Toño Azpilcueta
(Le dedico mi silencio) tendría razón al haber creído que la sociedad es
capaz de unificarse a través de la música que la identifica.
Gustavo Jiménez Arenas
Junio 2026
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Gustavo Jiménez Arenas es maestro en
Educación Musical por la TECH-México Universidad Tecnológica, Licenciado
en Desarrollo Comunitario por la UNADM, Associate Amus TCL por el
Trinity College London. Se desempeña como docente en la academia de música
del Instituto de Educación Media Superior de la CDMX. Sus líneas de
investigación se centran en el desarrollo de la música popular tradicional
mexicana y las técnicas de enseñanza musical. Es marimbista y fundador del
Ensamble Típico de la Ciudad de México y miembro de la Orquesta Típica García
Blanco.