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viernes, 13 de enero de 2023

Tiempo lento. Reflexión para empezar el año. Por José Luis Martínez Valero. Avance de Ágora n. 16 /Artículos literarios/ Enero 2023



 

TIEMPO LENTO

REFLEXIÓN PARA EMPEZAR EL AÑO

 

 

                                           El silencio es la unidad

                                            Juan Ramón Jiménez

 

 

                                                           José Luis Martínez Valero

Aquella mañana decidí hacer el camino bajo los árboles. Como eran las diez de la mañana, la luz del sol penetraba entre las hojas que, inquieta, se extendía sobre el suelo, así que iba pisando manchas amarillas, que hacían las losas como nuevas.

De repente me olvidé del tiempo, quiero decir de medir el tiempo, así que contemplé lo que me rodeaba sin ese peso, ¿había desaparecido? No, por un momento se había hecho tan lento que me encontré más tranquilo, como si la causa de la desazón, que siempre nos acompaña, residiese en la existencia de esa convención a la que llamamos horas, minutos y segundos.

Esta ordenación se me apareció como un convencionalismo que de repente había descubierto que no existía y que, habiendo desaparecido, me haría vivir con una tranquilidad hasta ahora desconocida. Al desaparecer las horas, se había esfumado la prisa, no tenía que competir para llegar a punto, antes o con retraso.

El silencio, no decir nada, no pronunciar palabra alguna, para escuchar otra cosa, el ruido lejano de la rama que se quiebra, el canto de algún pájaro que no nos es posible identificar. Han de pasar muchos días, para que comencemos a percibir que, bajo el ruido del tiempo, aún son posibles otros sonidos. Ya no los percibimos por el oído, ahora es nuestra piel la que capta esos instantes.

Hay quien deja de oír, incapaz de traducir lo que el otro ha dicho, lo que todos dicen a su alrededor, nos mira desde muy lejos, ha renunciado, las palabras carecen ya de sentido, entonces sonríe, como si nos recordase, como si le recordásemos algo que en algún momento fue suyo, lo hace como si esa aparición ocurriese en un sueño. Entonces se dice que los años, la enfermedad, le han llevado a esa playa donde han cesado todos los temporales y el agua serena, sube y baja, sin apenas ruido alguno, no hay piedras, sólo arena.

Es como si el agua lo hubiese inundado todo, vemos el cielo a través del agua, la tierra cubierta de algas que las corrientes mecen, como si se tratase de una ligera brisa, plácida, cambiante que hace ondear las cintas verdes de las posidonias sin un propósito determinado. Peces plateados, peces de varios colores, van de aquí para allá. Estamos bajo el agua, como antes bajo el aire, el silencio es profundo, alguna vez en nuestro cuerpo desnudo sentimos algo que podría ser comparable a un ruido.

El silencio no ocurre cuando cesa el ruido, ese silencio sólo es una parte del ruido.

El silencio convive con el recuerdo. Quedamos en silencio para evocar otro tiempo, que llega precedido por esa concentración en la que nos hemos apartados del ruido.  Algunos creen que ese silencio les va a conducir a la soledad, la temen porque van a encontrarse consigo mismos, a quien tienen por un desconocido perfecto. Quizá no sea miedo, sino prudencia, añoran el ruido, que confunden con compañía.

En la conversación telefónica hay un momento en que se interrumpe la sucesión de palabras a uno y otro lado. Este silencio no siempre tiene el mismo origen, puede que, ambos interlocutores, piensen que la conversación ha derivado hacia un tema escabroso en el que ninguno de los dos quisiera entrar. Otras parece que el mismo artilugio produjese estas interrupciones. Hay silencios elocuentes, como esos puntos suspensivos que el lector interpreta siguiendo el contexto y vienen a resultar más explícitos que las palabras.

Cuando era un muchacho, en los pésames, juzgué que, para no repetir unas palabras ante una situación donde eran inútiles, cuando llegaba ese momento en el que se enunciaban fórmulas sin originalidad alguna, salidas de un manual, que me parecían alejadas de todo sentimiento, decidí callar, me convertí en un mudo.

Me decía: hay momentos en los que cualquier palabra carece de sentido, este es uno de ellos, luego calla. Tardaría muchos años en entender que la situación y la fórmula eran necesarias, equivalían a las oraciones que valen porque se repiten, no era el momento de la originalidad. Lo que importaba era mantener una atmósfera hipnótica, no romper con la repetición. La muerte es igualitaria.

En los actos religiosos procuraba huir de la palabrería, ese ruido que te impide estar concentrado y aleja la soledad de lo sagrado. Me gustaba el silencio que emanaba de aquellos muros antiguos, de sus columnas que a veces se abren como palmeras, donde reposa la cubierta. La semioscuridad de las capillas donde descansan los santos identificables por esos distintivos populares, la palma del martirio, la rueda de Santa Catalina, la parrilla de San Lorenzo.  

Hoy hay sectas que cantan, repiten fórmulas, impiden el recogimiento, son partidarias de evitar que te distancies del acto en sí, hay una mezcla de voz sacerdotal y voces seglares, algo así como si la voz sagrada, distante, en latín, de nuestra infancia, supusiese un alejamiento del populismo con el que hoy se quieren hacer las celebraciones. ¿Qué pretenden? Sin duda algo distinto, ¿la ruptura con aquel orden jerárquico, que mantenía una sacralidad de cartón piedra, dirigida al sentimiento, al miedo?

Por si no fuese así, seguiré callado. La contemplación del tiempo, en sí misma, es ya una oración.         

 

 

 JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO nació en Águilas, en 1941. Ha ejercido como Catedrático de Enseñanza Media de Lengua y Literatura Españolas. Ha publicado, entre otros libros: Poesía (1982), La puerta falsa (2002), La espalda del fotógrafo (2003), Tres actores y un escenario (2006), Tres monólogos (2007), Plaza de Belluga (2009), El escritor y su paisaje (2009), Libro abierto (2010), Merced 22 (2013), Daniel en Auderghem (2015), Puerto de Sombra (2017), Sintaxis (2019) y Otoño en Babel (2022, ed. La fea burguesía, Murcia).  Durante los años 2007, 2008 y 2009 coordinó el ciclo de Poesía en el Archivo. Ha sido guionista en los documentales: Miguel Espinosa y Jorge Guillén en Murcia. También es un notable aguafuertista e ilustrador

Ágora le ha dedicado recientemente, en 2022, en su n. 14, un homenaje a propósito de su último libro, por ahora, Otoño en Babel. Ver:

https://issuu.com/agoragramatico/docs/_gora-papeles_de_arte_gram_tico._n._14._nueva_cole

 

   REVISTA ÁGORA DIGITAL/ ARTÍCULOS LITERARIOS/ ENERO 2023

 

 

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