lunes, 25 de julio de 2016

¿Entrenamiento mental o entretenimiento para filósofos? La nada y el ser en español, una incursión en el pensamiento poético de Machado. Por Fulgencio Martínez






¿Entrenamiento mental o entretenimiento para filósofos? La nada y el ser en español, una incursión en el pensamiento poético de Machado

                                                                                        Por Fulgencio Martínez



I   Límite de una "Filosofía española" y el lenguaje filosófico alemán
 
    Aunque suene un tanto a herejía, creo en lo siguiente: la dificultad de la traducción de Heidegger al español, deriva, en ocasiones, de una "falta" en el propio idioma de Heidegger de conceptos filosóficos que puedan traducirse, sin pérdida, al español. ¿Se trata esta afirmación de una "gedeonada" (como diría Mairena)?
     
La nada en el alemán de Heidegger y en el español de Antonio Machado 
 

         1. 1. Por ejemplo, el "caso" que comentamos: la heterogeneidad de la semántica (y de la gramática) del término "nada" en Machado y en Heidegger. La idea de existencia en general se dice, en español, con la forma "hay": impersonal, existencial, formada por la tercera persona del presente del verbo "haber", "ha", seguida por el antiguo adverbio "y" (aquí); originada a partir del latín vulgar "hat" (en latín clásico: "habet") y el adverbio arcaico "i" (allí ¬-en latín clásico: "ibi").
    
  A partir del siglo XIII (véase Paul M. Lloyd: Del latín al español, 1993, Madrid, ed. Gredos) es corriente ya esa forma, en la que el adverbio de lugar (el equivalente al "da" alemán) está aglutinado en la forma verbal.  

     Desde un análisis semántico-gramatical: La negación "no" y la absoluta negación "nada" (referente a cualquier cosa que especifique lo que habría de ocupar el espacio señalado por el verbo existencial), no eliminan del todo sino más bien presumen un campo de visión y una doble perspectiva: la del que ve y el campo abierto. En la forma española resultante, "hay", campo (o espacio, el "y") se funde con el ver-haber, es decir, gramaticalmente, con el verbo impersonal "ha", forma que, a pesar de ser impersonal, como todo verbo conserva una noción "humana": los verbos indican acciones, y solo puede haber acciones por analogía con lo humano. Hay ser, hay algo, hay nada, no hay nada: en gradación de más a menos se dice respecto a la relación de "mí" o mi cuerpo y un campo; en la última forma, se sobreentiende que el campo se ha estrechado contra mi pecho.
  
    En cambio, la forma en alemán "es gibt" ("hay"), o  negativa:"es gibt nitcht", "no hay", o  nichts - "no hay nada"), construida a partir de "geben" ("dar", "donar") afecta a la semántica de unos vocablos abstractos como "das Nichtseinde" ("la nada"), formados a partir del verbo  "sein",  cuyo  participio de presente es "seind" , "lo que es".  (No pretendemos darnos de expertos en filología germánica. "Hay" traduce bien, al español, la expresión existencial alemana  "es gibt", impersonal también, aunque con sujeto gramatical neutro "es").
  
  Resulta interesante, para la filosofía, que el español posee una forma tan radical de negación impersonal existencial, que recae toda su fuerza negativa en el verbo y a la vez afecta a verbo con partícula adverbial aglutinada y objeto directo, además de impersonalizar totalmente la oración, sin sujeto alguno gramatical. En alemán, se mantiene ese sujeto gramatical, aun siendo impersonal la estructura, y la negación casi siempre necesita apoyarse en un "kein" que recae sobre el objeto. (En italiano y otros idiomas la estructura existencial, sin embargo, es de concordancia entre sujeto y predicado; no de objeto directo y verbo: ci sono due, c'e uno; non c'e nessuno, non c'e niente).

    Mientras "la nada", en castellano, deriva morfológicamente a partir de la abstracción de la negación de la existencia en general, que incluye el espacio en general y de cualquier objeto que lo ocupe: o sea, gramaticalmente a partir de "no hay nada"; "das Nichtseinde" se origina no a partir de la forma verbal existencial ("es gibt), sino de la negación de los entes, gramaticalmente del verbo sein (ser) en proceso ya de una recategorización sustantivadora: la nada: lo que no es ente, lo que no es o no está siendo. La sintaxis de su composición con la forma existencial verbal "es gibt" expresa la noción de ocultamiento de lo que es. "No hay nada" diría, en alemán, "se oculta lo existente", "no se da más eso que es".  Cese. Subyace una noción temporal transitiva, el paso de un estado anterior al presente. En cambio, la nada en castellano es espacial, sin noción marcada temporal transitiva; indica ausencia de campo cuando se está mirando el campo. 



         Estar en español
            1. 2. También, Abel Martín, en sus poemas (como nos dice Mairena) emplea formas arcaicas de verbos como "seer", "veer", por "ser", "ver". "Veer" subsiste en formas actuales como "proveer, proveedor, "veedor". "Seer" es forma intermedia en la evolución que hizo del latín vulgar el romance aglutinando los verbos "esse" y "sedere" ("estar sentado"). "Sedere" se había debilitado en "estar", más tarde, "ser", por lo que pudo fusionarse con "esse". 

    "Estar" se usó, primero, con el significado de "estar de pie" antes de usarse para cualquier modo o posición; en cambio, "seeer", "seyer" > "ser" significó "estar sentado". (En otras posiciones, "yazer", indicaba "posición echada, tumbada",  "estar tumbado"; y el antiguo "ficar", que subsiste en portugués, la indeterminación del modo o posición en que se está en el espacio: el estar ahí. "Fica" es "Queda ahí" en el sentido del actual "parar por ahí".  "Eso para por ahí", "la carpeta debe parar en algún sitio". "Parar" sin sentido de "estar de pie·, sino de "mero estar). En el castellano actual ese uso indeterminado del antiguo "ficar" y del estar ahí indefinido en su modo, lo asume el  "hay". (Para un italiano, es casi imposible entender la diferencia entre  "está" y "hay", pues su estructura tiende a pensar "estar" subrayando la presencia. En cambio, el español subraya el verbo, despersonaliza la cosa presente al no marcar tanto la presencia de la cosa como el "hay":una acción que ocupa espacio).

    Comprobamos cómo, en castellano, en la forma "hay", el adverbio de lugar -enclítico o no- desempeña un importante papel semántico. Tendría el pensamiento en español que conjugar aquellos cuatro o más sentidos del "ser" (de pie, sentado, echado, ahí en general), y comprobar si son análogos a los verbos alemanes: "ist", "stand", "steht"", liegt". Jugando, se podría decir en español: la nada no es, pero "para" por ahí.    
    
      Estar y pensar en español
    1. 3. Estas incursiones en la filología histórica (que nos han hecho bucear en María Moliner, Diccionario de uso del español, y en el  Diccionario crítico-etimológico castellano e hispánico) quizá no sean ociosas cuando se trata de pensar, en una lengua como el español, sin exclusivismos, recogiendo el mayor conocimiento de otras lenguas, pero desterrando la idea de que la filosofía habla únicamente en alemán.


    Es pensando a Machado desde la estructura lingüística del español cómo podemos seguirlo. Precisamente, tratándose de un pensador y gran poeta, la lengua da el tono de su estilo de pensar.


    Profundizando algo más en esta perspectiva, necesitamos volver a analizar algunos cabos sueltos para entender la metafísica de Machado.
         


      II   Ser, estar y nada en la metafísica de Antonio Machado
   
            La nada como "hilo conductor"


       2.1.  Volviendo a la "turbulencias" ya señaladas en este trabajo, intuimos que la noción de tiempo, en su pensamiento, tan escurridiza y ambigua, debe su dificultad de aprehensión, en parte, a los conceptos marcadamente espacializados de "ser" y "nada" en español. Por contra, frente a Heidegger, estas nociones se encuentran ya depuradas, en el fondo de la intuición metafísica de la lengua española, de nociones que remiten a un darse y un ocultarse, que, como la lectura heideggeriana de la "fisis"presocrática, nos llevan a pensar en un fondo animista (no humano, mítico-teológico).

    La nada ni se da ni no se da, ni se oculta ni aparece.  Una nada que apareciera sería algo. Ni existe ni lo contrario. Es la por todas partes presente y no presente. Si se la imagina, de primeras se presenta en la forma de una fuente seca, un cero, un cierre de campo del que ya se parte, para el pensamiento. En principio, ajeno a todo tránsito temporal, se diría que a toda componenda con las dos lógicas: tanto con la lógica intemporal del pensamiento de lo idéntico como con la lógica temporal. Para solo estar en compañía del "espacio", esa noción tan oscura. Que, finalmente, diga Abel Martín que la nada es la única creación de Dios, la sombra que Dios creó con su mano ("Fiat umbra... brotó el pensar humano") tiene sentido para reponer al pensamiento de su parálisis junto a la inmediatez de la nada (vía ensayada por Oriente, al parecer). El pensamiento crea distancia, necesita la distancia y va alejando, cada vez más, la nada, a la vez que mezcla las dos lógicas, las dos vías.

    Y si tampoco la nada-ser, en el último Heidegger tampoco -pensada desde el español- puede ser donación de sentido de ser, y no puede darse de ningún modo hasta no fundar un espacio (cosa que solo desde, al parecer, el alemán de Heidegger es posible entender: que la nada-ser, o abismo de ser, crea espacio al iluminarse-ocultarse), queda sugerido, por un lado, con lo expuesto, la diferencia de Machado con Heidegger en la cuestión de la nada. Por un lado, se acerca la nada de Machado a la de Heidegger en cuanto que, últimamente, Machado tiende a pensarla como creación de "Dios" o del Ojo universal; posteriormente donada al pensar humano. Por otro lado, se diferencian, radicalmente, ambas ideas de la nada, en cuanto, en Machado, la nada es más bien un espejismo, una ilusión arrojada al pensar subjetivo y solo, aparencialmente, anula el espacio de lo que es. Las conciencias se hinchan, como con un gas, que es esa nada, que es ilusión, "sombra" creada por la mano divina. Al final, las conciencias individuales-supuestas mónadas, explotan cada una como pompas de jabón, piensa el pensador Machado. (Abel Martín, fundamentalmente).
   
        2. 2. Un poco de esceptismo nunca viene mal  
    El pesimismo de Machado, que hemos llamado trágico, se supera por el juego irónico del mismo Mairena, y por el poeta esperanzado y confiante, paradógicamente, en su radical escepticismo: el que escribió, en el primero de los Proverbios de Campos de Castilla:

                "yo amo los mundos sutiles,
                ingrávidos y gentiles
                como pompas de jabón.
                Me gusta verlos pintarse
                de sol y grana, volar
                bajo el cielo azul, temblar
                súbitamente y quebrarse."


("Proverbios y cantares", Campos de Castilla op cit. ed. Cátedra. Mil Letras.  p. 215).

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