miércoles, 18 de diciembre de 2013

LA UMU ANTE SU CENTENARIO (RECORDANDO A JORGE GUILLÉN). POR FRANCISCO JAVIER DÍEZ DE REVENGA

JORGE GUILLÉN EN SUS AÑOS DE MURCIA


    LA UMU ANTE SU CENTENARIO


por Francisco Javier Díez de Revenga

Catedrático de Literatura. Universidad de Murcia
 






La Universidad de Murcia va a cumplir su centenario bien pronto. El 6 de diciembre de 1913, hace ahora cien años, se emprendió en la prensa murciana, por iniciativa del periodista y poeta Pedro Jara Carrillo, una intensa campaña mediática que culminaría con la creación, por fin, de la Universidad de Murcia, que inauguraría su primer curso en octubre de 1915. La nueva Universidad y el sistema de provisión de cátedras de aquellos años permitieron que vinieran a Murcia a enseñar en sus aulas personalidades que posteriormente se habrían de convertir en protagonistas de la historia de España, tanto en el campo de las letras como en el derecho o en el de las ciencias. La crónica de la Universidad de Murcia se nutre entonces con el ejemplo y el recuerdo de esos personajes beneméritos que construyeron su historia y la Universidad nunca los ha olvidado.

Un ejemplo muy claro es el del poeta Jorge Guillén (Valladolid, 1893-Málaga, 1984), de quien, además de su poesía, interesan otros aspectos del su trabajo intelectual, en especial todo lo relacionado con su profesión de catedrático universitario, de filólogo y de estudioso de la literatura española, por la que se decidió a su regreso de París en 1925, cuando lee su tesis doctoral, el 26 de marzo, y realiza la oposición a la cátedra de la Universidad de Murcia, a partir del 15 de octubre, lo que garantizaría su estabilidad laboral. Parece muy prosaico todo esto, pero es indudable que “primum vivere et deinde philosophari”, y el buen Guillén hubo de procurarse, en pocos meses, la seguridad del sustento, ayudado y dirigido, sin duda, por su amigo el poeta Pedro Salinas, ya catedrático universitario, que siguió el curso de su oposición con todo detalle. Cántico, la obra maestra de Guillén, “la catedral de la poesía” como lo denominó Claudio Rodríguez, se escribió en una importante parte en Murcia (desde 1926 a 1929), y la luz de Murcia quedó para siempre en sus páginas.

         Desde el año 2008 contamos con una edición de la poesía completa de Jorge Guillén, la de Óscar Barrero, en la que el editor ha transcrito todas las anotaciones de fechas y lugares en que fueron escritos o corregidos todos los poemas de Jorge Guillén y las de sus sucesivas versiones, cuyos manuscritos se conservan, ya que Guillén, cuidadosamente, los coleccionó y donó a los archivos de Wellesley College y de la Houghton Library de la Universidad de Harvard, en Massachusetts. Esta edición nos permite saber, por ejemplo, que la celebrada traducción de El cementerio marino de Paul Valéry la comenzó Jorge Guillén en Murcia los días 2, 3, 11 y 15 de febrero de 1929. Y de los setenta y cinco poemas que componen Cántico, en su primera edición, publicada en Madrid en 1928, en la colección de la Revista de Occidente, cuando el poeta aún vivía en Murcia ―salió a finales del año, ya que las críticas de la prensa madrileña son de principios del 1929―, treinta y dos de sus composiciones fueron iniciadas, corregidas o realizada su redacción definitiva sobre una anterior, en la ciudad de Murcia. Y, por lo menos doce, se escribieron en su totalidad viviendo el poeta entre nuestros paisanos de los años veinte. Algunos de estos poemas vieron su primera luz impresa en las revistas poéticas de la Murcia del momento, el Suplemento Literario de La Verdad (1926) o la revista Verso y Prosa (1927-1928).

          Tras el éxito total de Cántico 1928, y las amenazas de cierre de la Universidad de Murcia, en 1929 Jorge Guillén marchará como profesor a la Universidad de Oxford durante el curso 1929-1930. Mientras, gestiona la permuta de sus plazas de catedrático con Pedro Salinas, y el 7 de octubre de 1930 Guillén toma posesión de la cátedra de Sevilla, universidad y ciudad en la que permanecerá hasta 1938, cuando pida la excedencia voluntaria para trabajar en Montreal, Canadá, e iniciar su larga vida de emigrante, como le gustaba decir al poeta, mejor que exiliado o desterrado.

         Son muchos los documentos que el lector puede consultar para saber más cosas de la estancia de Guillén en Murcia, sobre todo las expresivas cartas que el poeta escribió en aquellos años a su mujer, Germaine Cahen (mientras no se instalaba con él en Murcia), o a su amigo, el poeta Pedro Salinas, así como la documentación administrativa conservada en el archivo histórico de la Universidad de Murcia. Pero sobre todo queda su poesía, que captó con tanta originalidad el ambiente y la temperatura de una ciudad que permaneció siempre en su memoria.

Articulo de F. J. Díez de Revenga, publicado en el periódico La Opinión de Murcia, el viernes 6 de diciembre 2013



         REVISTA ÁGORA DIGITAL DICIEMBRE 2013 

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