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martes, 25 de enero de 2022

Bajo el sello del régimen nocturno de lo imaginario. Por Gheorghe Glodeanu. (Sobre "La casa de las ventanas de color naranja", antología de terror de Ion Minulescu, traducida al español por Joaquín Garrigós, de reciente aparición en Báltica editorial). Avance del n. 11 de la revista ÁGORA-PAPELES DE ARTE GRAMÁTICO. Nueva colección.

 


 BAJO EL SELLO DEL RÉGIMEN NOCTURNO DE LO IMAGINARIO

 

Leedlos por la noche. De esta forma suena el llamamiento que hizo Ion Minulescu (1881-1944) en su libro de relatos breves publicado en 1930. El título resulta provocador y se encuentra en total consonancia con un género que apuesta por la proliferación de misterios sin fin. La aproximación del poeta a lo fantástico se realiza por influencia del simbolismo, pues Minulescu era admirador declarado de maestros como Villiers de l’Isle Adam, Oscar Wilde, Henri de Régnier y Edgar Allan Poe. Al igual que los demás poetas que pusieron a prueba su talento también en el campo de la prosa, Ion Minulescu es un autor de relatos de factura lírica donde no siempre se pone el acento en la ficción narrativa, sino en el ambiente, en la visión y en el culto de lo misterioso. Entre las novelas y libros de prosa breve de nuestro autor podemos recordar La casa de las ventanas de color naranja (1908), Rojo, amarillo y azul (1924), El maniquí sentimental (1926), Suspenso en lengua rumana (1928), Leedlos por la noche (1930), El barbero del rey Midas (1931), etc.

El libro Leedlos por la noche reúne los relatos fantásticos más logrados del escritor: La casa de las ventanas de color naranja, La confesión de un desarraigado, La corbata blanca, El hombre del corazón de oro, De charla con el Maligno y El barbero del rey Midas. Es significativo que en la primera página del libro haya una nota dirigida al lector en la cual el autor compara los relatos con las mujeres, en el sentido de que nunca sabe uno por qué le gustan. Ese aserto, sugerido por Villiers de l’Isle Adam, no resulta casual si tenemos en cuenta el misterio que se desprende tanto de las mujeres como de los relatos fantásticos. La oscuridad potencia el misterio. Esta es la razón por la cual el escritor nos impulsa a leer sus textos exclusivamente por la noche o a no leerlos nunca.

En la línea de Alexandru Macedonski (el autor de La casa nº 10), Ion Minulescu nos propone en La casa de las ventanas de color naranja una narración en la que el espacio se eleva al rango de personaje central. Aparentemente, el inmueble nada tiene de especial. Sin embargo, la propiedad experimenta una asombrosa metamorfosis cuando cae en manos de un misterioso inglés. Este trae un arquitecto y un jardinero que cambian el aspecto del lugar, de suerte que, al cabo de tres meses, nadie reconocía ya la ruina que antes había al fondo del patio. Vista desde la calle, la casa daba la impresión de un cuadro impresionista en el que se mezclaban muchos colores de tonos delicados como el verde, el azul y el naranja. Más allá del fasto exterior, lo que más intrigaba a la gente eran los insólitos ventanales de color naraja. El narrador describe los comentarios que surgían alrededor del inmueble: los vecinos del barrio consideran al propietario un loco peligroso, mientras los estudiantes de arquitectura se muestran entusiasmados por el gusto del extranjero. Como el inglés llevaba meses sin aparecer, la gente comenzaba a creer que algo extraño estaba ocurriendo al otro lado de las ventanas de color naranja. Utilizada por el propio autor, la palabra «extraño» resulta esencial para definir una narración que coquetea con lo fantástico y apuesta por el culto al misterio. Como todo objeto insólito, la casa de las ventanas de color naranja azuza la curiosidad de los vecinos, quienes comienzan a inventar una serie de acontecimientos extraordinarios relacionados con la casa. De entre todos ellos, el que más se acerca a lo fantástico es el que propala un guardia que, estando próximo a la casa, vio una noche abrirse una ventana y, en medio de una habitación, divisó cuatro cirios de cera anaranjada encendidos alrededor de un catafalco alto tapado con un lienzo que unas veces parecía verde y otras violeta, según lo mirara con los dos ojos o con uno solo. Lo interesante es que la historia de la casa se construye a base de rumores. Ante la falta de las certezas propias de un narrador omnisciente, los numerosos bulos que circulan facilitan la inmersión en lo fantástico. Paulatinamente, el lector se va enterando de que el misterioso inglés es un sobrino de la reina de Inglaterra al que han alejado de la corte porque, contraviniendo las costumbres y la voluntad de su familia, se había casado con una actriz, o sea, con una persona que desmerecía su rango social.

La llegada del personaje provoca una fascinante metamorfosis en el barrio. Al enterarse de que es de sangre azul, la opinión de los habitantes sobre él cambia radicalmente. Aunque al principio lo tomaban por loco, acabaron considerándolo un superhombre, un auténtico héroe de leyenda.

El gran acontecimiento capaz de aclarar el misterio que planea sobre el personaje es la organización de una gran fiesta con música, baile y bebida en el jardín de la casa. Resulta significativo que no se precise cuál es el nombre del extravagante inglés, lo que incrementa el ambiente de misterio. El narrador describe la fiesta celebrada el último domingo de octubre, en la cual el príncipe se despide de los habitantes del barrio en vísperas de ausentarse durante el invierno. El encanto de la fiesta se rompe cuando, desde el balcón, su esposa se dedica a tirar monedas sobre la multitud. Mas el inesperado regalo se transforma en maldición y el escritor insiste en un cuadro de rápida deshumanización bajo el influjo de las monedas de plata. Según sugiere el propio autor, los acontecimientos parecen adquirir las características de la trágica noche de San Bartolomé en Francia. El enfrentamiento desemboca en tragedia: tres muertos y, en cada casa del barrio, un herido. Esa apocalíptica escena de degradación humana parece sacada de un cuadro de Hieronymus Bosch. El príncipe se marcha, pero no sin antes dar órdenes de que se prenda fuego al misterioso inmueble y que sea pasto de las llamas. El personaje desaparece de forma tan enigmática como apareció, sin que llegue a conocerse su verdadera identidad.

Resulta significativo el epílogo donde el escritor aparece como personaje y en el cual nos revela cómo se enteró de la historia de la casa de las ventanas de color naranja. Decidido a terminar una novela en la que está trabajando, el autor se instala en una habitación situada en una casa de una calle periférica de la capital, buscando la tranquilidad necesaria para su labor creativa. Intrigado por un trozo de cristal anaranjado que cuelga encima de su cama como un icono, le pide a la propietaria que lo quite de allí, pero ella se niega y motiva su rechazo contándole la historia del peculiar edificio. Historia que fascina al narrador, ya que no se trataba de ningún cuento inventado y, además, en el barrio había muchos testigos de aquellos inusitados sucesos de antaño.

La confesión de un desarraigado es la historia de un encuentro fuera de lo común. El título inicial del relato fue La confesión de un ser podrido, en alusión a la condición del protagonista de los acontecimientos. El cambio posterior anticipa la angustia de los existencialistas y el drama del desarraigo, de los cuales escribieron Sartre y Camus. La narración n0s lleva a regiones exóticas, a París, al canal de la Mancha y a Egipto. El personaje testigo de los sucesos es Andrei Băleanu quien, después de un cuarto de siglo, se reencuentra con Şerban Muşat, un compañero de pupitre en la escuela primaria. La fórmula narrativa utilizada se asemeja a la del relato Remember de Mateiu Caragiale. El personaje desciende de una estirpe selecta y es el último vástago de una familia que antaño reinó en Rumania. La obsesión nobiliaria, el refinamiento espiritual, la creación de un paraíso artificial y las esmeraldas de las sortijas de Şerban Muşat denotan que el protagonista de las confesiones forma parte de la misma familia espiritual que Aubrey de Vere. La narración no es fantástica, sino que apuesta por lo sensacional. El propio escritor es el que revela sus fuentes. Şerban Muşat parece una nueva hipóstasis de Dorian Gray, el célebre personaje de Oscar Wilde. Pero no cabe ignorar tampoco la influencia de Edgar Allan Poe.

Sorprendido en un momento de aguda crisis existencial, Şerban Muşat relata su vida desde que abandonó su país. Aunque ambos compartían ensoñaciones en la infancia, la vida los separó. Lo sensacional reside en que, descontento con el mundo que lo rodea, el personaje trama su final envenenándose de forma sistemática. Bajo el poder del veneno, Muşat se ha convertido en una sombra del hombre guapo de otros tiempos, en un muerto en vida. La acción se desarrolla a orillas del mar, encarnación del destino tornadizo. Cansado y decepcionado de la vida, el último retoño de un linaje noble se envenena con licor de crisantemos, un veneno que mata con la precisión de un cronómetro. La diabólica puesta en escena del final da lugar a un relato extraordinario parecido a los de Edgar Allan Poe. En un momento dado, en total consonancia con la narración, se evocan unos versos de Baudelaire y se hace un elegio de la cercana muerte. El escritor plantea la cuestión del mundo como un teatro y a Şerban Muşat como un actor que está representando la tragedia que es su propia vida. El título del relato se explica por las confidencias del amigo que se prepara para morir y que cada quince días se administra una dosis de la poción mágica. Aún le faltan por beber cuarenta y dos vasos del licor maléfico, lo que equivale a dos años de vida.

La corbata blanca expone un tema muy apreciado por los autores de literatura fantástica, el del objeto maldito. Desde un punto de vista formal, estamos ante una narración dentro de otra. El relato inicial nos presenta la recepción ofrecida por el nuevo ministro de las Artes en honor de sus antiguos camaradas de sueños y de café. Si bien a la invitación del nuevo potentado responden casi todos los representantes de las musas, sorprende que falte precisamente Toma Radian, el mejor amigo del ministro. El retrato del personaje (de nombre simbólico) se convierte en un buen pretexto para hablar de la polémica dimensión de la literatura fantástica. Representa esta una lograda alternativa a la novela de tipo social, transparente y previsible, así como al exceso de prosa de inspiración rural promovido por los escritores sămănătoristas[1] de la época. Es significativo que Ion Minulescu aborde el debate sobre un género que, aun cuando había dado algunos frutos notables, apenas si conseguía imponerse en la literatura rumana. Esencialmente, el famoso autor de literatura fantástica Toma Radian es un alter ego de Ion Minulescu. A través de sus insólitas creaciones, aquel había conseguido poner de los nervios a los estudiantes de bachillerato y apabullar a todos los pontífices de la novela social de aquella época. El propio anfitrión explica la ausencia del amigo: Radian había jurado no volver a llevar más una corbata blanca. La decisión parece muy rara y se lanza la hipótesis de que, influenciado por sus propios escritos fantásticos, el autor empezaba a dar muestras de desequilibrio.

El relato dentro de otro relato está representado por la carta que Toma Radian le envía al ministro y en la que motiva su ausencia y también la fobia a las corbatas blancas. Ion Minulescu tiene el mérito indiscutible de ser uno de los primeros en la literatura rumana en hablar de un escritor especializado en prosa fantástica. Como simbolista auténtico, conoce el espejismo de la lejanía y le fascinan los viajes. Radian va a Brăila a la boda de un amigo, pero constata con estupor que dejó olvidada en Bucarest la corbata blanca para el frac. El personaje deambula solitario por las calles de la ciudad del Danubio hasta que, en una quincallería, logra dar con el accesorio indumentario adecuado al acontecimiento. Al igual que en los otros escritos de Minulescu, la narración contiene numerosos elementos eruditos. Hay una sugestiva referencia a la caja de Pandora, pues la caja en la cual se encontró el objeto maléfico viene a constituir una reiteración del objeto mítico.

La narración con énfasis misterioso comienza a tomar un sesgo cada vez más fantástico. Radian realiza una entrada triunfal en la boda de su amigo, pero pasada la media noche su corbata parece cobrar vida y empieza a estrangularlo. Más aún, Minulescu introduce en el texto el tema del espectro, aunque sin insistir mucho en él. Bajo una aparición macabra, un terrible espectro, similar al de las leyendas populares, acude a reclamar su corbata. Siguiendo el modelo de Poe, Radian vive una extraordinaria aventura con rasgos de novela policiaca y de misterio.

El misterio lo resuelve el portero del hotel donde se hospeda el escritor. Le cuenta que Agop Zarzarian, el propietario de la quincallería de Brăila adonde había ido a parar Toma Radian, mató hacía veinticinco años al verdadero propietario de la corbata, hijo de un general. Las informaciones que le proporcionó el personaje se completaron con lo publicado por la prensa de la época. Sigue la descripción de una historia de amor entre la señorita Zarzarian y el joven fiscal D., hijo del jefe de la guarnición local. Como los padres de los jóvenes no veían con buenos ojos su amor, la historia tuvo un trágico final. Agop Zarzarian mató al hijo del general y la muchacha murió en un manicomio. La única prueba de aquel crimen era la malhadada corbata blanca que, aunque se vendió cientos de veces, volvía todas las mañanas a su caja en la tienda de la familia Zarzarian. Sin que el autor cargue las tintas en la verosimilitud de los acontecimientos, Ion Minulescu nos cuenta una serie de sucesos extraños donde pone el acento, sobre todo, en lo misterioso.

El hombre del corazón de oro probablemente sea la narración fantástica más conocida de Ion Minulescu. En el centro de los acontecimientos se encuentra un amigo del narrador, Dumitru Dumitrescu, Dum-Dum, nombre de resonancias urmuzianas[2]. Intelectual de la distinguida estirpe de Poe, el personaje es un gran afici0nado a la bebida y en sus horas libres escribe cuentos y novelas sensacionalistas mal pagados por los directores de periódicos y revistas. Para el autor de relatos fantásticos, el alcohol puede considerarse una droga que hace más fácil evadirse de la gris rutina cotidiana y sumergirse en una suprarrealidad fabulosa. El narrador y su amigo viven como huéspedes en una misma casa de la calle Toamnei cuya patrona es la señora Filina. Valiéndose de los dos articulistas y de sus habitaciones idénticas, el escritor introduce en el texto el motivo del doble. El relato merece recordarse por la defensa que hace de la narración fantástica. Minulescu habla de la inclinación de los lectores rumanos hacia los temas sensacionales, en detrimento de otros géneros devaluados como la novela social o las empalagosas novelas de amor. Subraya el autor que el auge de los relatos insólitos en Rumania surgió, sobre todo, después de la Primera Guerra Mundial. Muchos de los temas extraordinarios que trataron los dos publicistas en sus escritos se los sugería precisamente la dueña de la casa, la señora Filina, fuente inagotable de historias horripilantes.

El increíble relato de Abraham Zaqueo lo cuenta Dum-Dum, con lo que el narrador asume el papel de oyente desconfiado que duda de lo que está oyendo. Resulta significativo que El hombre del corazón de oro esté considerado un título excelente de relato fantástico. Por otra parte, Ion Minulescu tiene el mérito de introducir en el texto una serie de comentarios acerca de un género que, en el periodo de entreguerras, trataba de imponerse en la literatura rumana como alternativa a la realista tradicional. A diferencia de las otras historias más o menos verosímiles de Dumitru Dumitrescu, lo acontecido la noche anterior, superaba la fantasía de la inteligencia de un hombre lúcido para confundirse con la irrealidad de los sueños de los fumadores de opio o de hachís. Siguiendo el modelo de los grandes creadores del siglo XIX, el escritor habla de los narcóticos como de una fuente inagotable de creación en el género fantástico, de evasión de la realidad. Resulta significativo que Dum-Dum esté trabajando en un estudio titulado El beso a lo largo de los siglos. Durante su relato, Dum-Dum hace un breve historial de la cuestión y, entre los autores citados, figura Baudelaire.

Conviene mencionar que los sucesos extraordinarios que describe Minulescu tienen lugar después de la media noche, hora en la que aparecen los fantasmas y las tinieblas ponen al descubierto su dimensión maléfica. A esa hora, Dumitru Dumitrescu ve delante de su ventana a un viejo que le recuerda al Moisés de Miguel Ángel. El personaje dice tener una edad fabulosa, que lleva viviendo más de trescientos once años. Más exactamente, ¡113.713 días! En esencia, Ion Minulescu nos presenta el mito de Fausto al revés. Abraham Zaqueo no vende su alma para alcanzar la inmortalidad, sino todo lo contrario, ansía el reposo. Su historia se parece a la de Ahasverus, el anatematizado judío errante que no encuentra el descanso. Comparado con una estatua sin vida, el personaje afirma que no morirá hasta que esté entero, como todos los mortales. En otras palabras, hasta que no recupere su corazón. Al igual que Mircea Eliade, Minulescu aborda, mediante la historia de Abraham Zaqueo, el problema del tiempo, pero sin conferir al tema una dimensión metafísica. La historia del misterioso personaje con un corazón de oro comienza durante el reinado de Luis XIII. Durante su aventurera juventud, Abraham gozó de fama como seductor notorio. Para ser más exactos, se decía del misterioso donjuán que era el que mejor besaba de todos los cortesanos del rey de Francia. A causa de sus numerosos devaneos amorosos, al principio lo apodaron «boca de oro» y después «el hombre del corazón de oro». De esta suerte, Minulescu elabora, de un modo personalísimo, el mito de Don Juan. La fama del personaje llega hasta el palacio del Louvre, donde la reina Ana todavía lloraba su desconsuelo por la muerte del duque de Buckingham. La primera dama del país le pide al cardenal Richelieu que lo incorpore a su corte, de forma que la trama del relato se asemeja cada vez más a una novela de Dumas. Pero el seductor muere asesinado y los asesinos venden su corazón «de oro». Es interesante el modo en que el autor juega con el sentido de las palabras, pasando del metafórico al propio. Durante más de trescientos años, el muerto viviente va errante por el mundo para recuperar el oro del que estaba hecho su propio corazón. En este sentido, el personaje rescata el metal precioso de distintas joyerías y el último fragmento lo recupera precisamente de la sortija de Dumitru Dumitrescu. Partiendo de tan extraordinarias coordenadas, no es casual que el relato se subtitule una «tragedia sensacional». El anciano de edad matusalénica reconoce que no puede pagar, pero le permite al publicista utilizar su historia en el trabajo que está realizando sobre el beso. El personaje se traga el trozo de oro que tanto le ha costado recuperar y después muere. Cuando le hacen la autopsia —otro elemento extraordinario— en lugar del corazón encuentran una bola de oro.

De charla con el Maligno es una narración que remite a la fantasía ya por el título. Se trata de una fantasía de origen popular sumamente extendida en la literatura rumana. El deslizamiento hasta lo sobrenatural se realiza mediante la evocación al Maligno. La presencia del diablo en la vida cotidiana es perceptible en la cultura popular, pero también está muy extendida en la literatura culta. En este sentido, resultan significativos los escritos de inspiración popular de algunos escritores como Ion Creangă e I. L. Caragiale, en los cuales no aparece necesariamente un demonio terrorífico, sino uno muy humanizado. En la literatura universal hemos de remitirnos a Maquiavelo, al Fausto de Goethe y a Le diable boiteux de Le Sage. Resulta significativo que la evocación al demonio no siempre implica sumergirse en la fantasía, sino que puede constituir una modalidad de sátira social.

El relato En el jardín de mi amigo se acerca a lo fantástico por tratarse de la historia de una persona extraña, un alter ego del narrador. A los acontecimientos propiamente dichos precede una serie de meditaciones sobre hechos extravagantes. Ello puede ser consecuencia de la locura, pero también un atributo de personas superiores. La extravagancia se considera una enfermedad como la neurastenia y cuyas consecuencias determinan la alteridad del personaje. A diferencia de las personas normales, que no pueden decir cosas nuevas, el personaje insólito logra atraerse el interés del narrador. Al día siguiente, el narrador va a buscarlo a su casa y lo encuentra en el jardín regando las flores. De ahí el título del relato. Cuando le pregunta qué está haciendo, contesta que está leyendo, por más que las apariencias muestren otra cosa. Por las palabras del personaje nos enteramos de que cada flor del jardín tiene una referencia literaria. Las célebres equivalencias de Baudelaire presentan en el relato de Ion Minulescu un aspecto singular. De tal suerte que el lirio remite a la filosofía de El jardín de Epicuro, de Anatole France, las rosas sugieren la poesía enferma de El jardín de Berenice, de Maurice Barrès, y las amapolas evocan los horrores de El jardín de los suplicios, de Octave Mirbeau. En consecuencia, cuando riega las flores, el extraño jardín parece estar leyendo capítulos de los libros de esos grandes escritores. No es casualidad que el personaje niegue que se llame Gabriel o Victor. Sorprendentemente, se identifica con Baudelaire, suprema encarnación de los poetas simbolistas.

Es llamativo el final del relato, el cual proyecta los acontecimientos en el plano fantástico y explica que el escritor ha recurrido al tema del doble. Minulescu precisa que la misteriosa tarjeta postal que ha llegado desde Egipto iba firmada con el nombre del narrador. Al ver su nombre escrito por una mano desconocida, el personaje tiene la sensación de que todo cuanto se escribió y se oyó en el jardín había sido escrito y dicho por él y para él, mediante el recurso a un alter ego ficticio.

Máscaras de bronce y farolillos de porcelana es una narración que se impone por la fórmula literaria desacostumbrada que usa el escritor. Se trata de las anotaciones diarias de un desconocido y que presentan una extraña historia acontecida dieciocho años antes. Desde esa perspectiva, lo único que hace el narrador es reproducir el relato de alguien que quiso permanecer en el anonimato. 

Aunque Minulescu es conocido sobre todo como poeta, es también autor de unas narraciones extraordinarias donde se pone el énfasis en la ficción narrativa, en el ambiente, en la visión y en el culto de lo misterioso. Para conferir más credibilidad a los acontecimientos extraordinarios que narra, el escritor atribuye sus relatos a otros, mientras él se conforma con el papel de ser quien los cuente.

Gheorghe Glodeanu[3]



[1] Corriente ideológica y literaria rumana de principios del siglo XX que idealizaba la vida en el campo. El nombre procede de la revista Sămănătorul (El Sembrador). N. del T.

[2] Alusión al escritor rumano Urmuz, cuyo verdadero nombre era Demetru Demetrescu (1883-1923). Autor surrealista y de vanguardia. N. del T.

[3] Profesor de la Universidad de Baia Mare (Rumania). N. del T.

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