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lunes, 28 de diciembre de 2015

La extensión política de la cultura. Diario político y literario de FM



LA EXTENSIÓN POLÍTICA DE LA CULTURA


 Uno de los grandes olvidos de los partidos políticos en España ha sido, justamente, la no consideración de la extensión política de la cultura. Se ha dejado esta extensión a las minorías políticas nacionalistas que han usado, abusado y campado a sus anchas en dicho territorio abandonado por el Estado. Incluso la educación, que salvo en su componente de instrucción en conocimientos técnicos y teóricos, entra de lleno en la dimensión política cultural en que se proyecta un Estado en cuanto acopio de valores comunes, ha sido por unos y otros minimizada.
          
Respecto a qué es cultura, materia donde siempre hay opiniones según la posición que uno juegue, es difícil ponerse de acuerdo. Asentiría si alguien dice: es cultura todo aquello que nos hace detenernos -a pensar, admirar, compartir con los demás. Todo lo que contribuye a construir una identidad compartida por el mayor número posible de seres humanos: entendiendo dicha identidad no de una forma dogmática y monolítica -ni, por otra parte, nacionalista y discriminadora- sino crítica, autocuestionable, democrática y también tensa hacia la excelencia y la superación. Es por esto que contribuir a aquella identidad consista, casi siempre, de parte de la cultura, en custionar lo dado, en estimulación del cuerpo social para que no se amodorre en una parcela trillada. Las vanguardias artísticas y, de vez en cuando, el látigo de un genio han despertado las aguas dormidas de la cultura y, por tanto, enriquecido la huella que una determinada humanidad histórica deja, al pasar, sobre el tiempo.

Pues no otra cosa sino una huella es la identidad para la que trabaja la cultura. Tres momentos presenta la estructura de esa huella: su enlace con una tradición (momento del pasado); su barrunto y apertura a lo nuevo (momento futuro) y su morfología y carácter propio, de impronta de un presente histórico, del cual recoge sus necesidades de expresión y los medios que le ofrece el momento actual, y al cual se opone dialécticamente, si no quiere ser su simple huella mecánica, fotográfica...y trivial. 


Pues bien, la huella que imprime la cultura de nuestro momento actual es la de "consumidores" de "cultura". Una huella que no deja espacio para el distanciamiento crítico, sino que impone mecánicamente sus patrones. Aceptamos casi sin coerción ni reacción que la cultura sea el campo de poderes locales y globales. Con la cultura, los poderes globales nos domestican en esta nueva fase de proletarización generalizada y de miedo al futuro- los consumidores devenimos ejército de la industria cultural. En efecto, confinada a cálculos cuantitativos, de ganancias y pérdidas mayores o menores, la cultura es un campo dominado desde hace mucho tiempo por la "industria", por sus grandes ejecutivos, sus ranking de beneficios, sus planificaciones, sus masivas redes de publicidad... y sus obreros especializados (la "sociedad de autores"). La crisis no ha cambiado ninguna inercia y los debates de los partidos políticos, sobre reducir el IVA a la cultura, por ejemplo, no pasan de ser un canto al sol, paralizados como están ante las mismas premisas que deberían superar si hubieran hecho una reflexión sobre la extensión política de la cultura.

Por otro lado, los poderes locales, las nuevas castas, amueblan belicosamente el imaginario simbólico de sus huestes, un público disputado a los poderes multinacionales, al cual retienen por la mera condición territorial. La cultura, entre tanto, está secuestrada en esas autopistas globales y en estas vías muertas locales.

Aquella expresión que hemos utilizado, la extensión política de la cultura, es la antítesis de la manipulación política de la cultura, significa lo opuesto a la idea de que la cultura sea un mero reflejo pasivo de lo político. Al contrario, la cultura debería ser la palanca de la política cuando esta se entiende generosa y racionalmente, de forma tridimensional, con amplitud en el tiempo, no sólo en lo más inmediato y coyuntural. Ya que la huella cultural juega en aquellas tres dimensiones señaladas: la tradición de un pasado vivo, lo nuevo y abierto del futuro, y el presente histórico, del cual somos capaces de distanciarnos críticamente gracias a la cultura así como de implicarnos en él mediante la apuesta por los valores compartidos debajo de la superficie.
         
 Fulgencio Martínez

domingo, 27 de diciembre de 2015

DISCURSO SOBRE KHÔRA (una lectura de Derrida). Fragmento: ¿Qué es nombrar?. Por Fulgencio Martínez. Ágora-Papeles de Arte Gramático/ Desde que somos una conversación

 







DISCURSO SOBRE KHÔRA (UNA LECTURA DE DERRIDA)


                                             por Fulgencio Martínez López


                                ÍNDICE
I. ¿Qué es nombrar?
II. LA CAJA DE HERRAMIENTAS
III. COMENTARIO DE KHÔRA
PREÁMBULO
I DE LA KHÔRA A KHÔRA
II ¿Quién eres, Khôra?
III SITUAR EL DISCURSO DE KHÔRA
IV LA ESCRITURA DE PLATÓN Y LA FILOSOFÍA
IV. CONCLUSIÓN DEL COMENTARIO A KHÔRA.
EL MOMENTO DE LAS TESIS
V. BIBLIOGRAFÍA


                                          DISCURSO SOBRE KHÔRA

I.¿Qué es nombrar?
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o. Discurso sobre Khôra. ¿Por qué hemos optado por llamar de ese modo a este escrito, que trata sobre el libro Khôra, de Derrida? Y, ¿por qué eligió su autor tal título para una obra que ensaya interpretar el discurso de Platón sobre la Khora, en el Timeo?

1. Nombrar, anunciar, poner título a un escrito -como también a cualquier otra cosa, acto, hecho, ser, persona- es una decisión que ha de justificarse. ¿El nombre, anuncio, título, debe dar cuenta de aquello que pone bajo su jurisdicción, aquello de lo que, de alguna manera, se hace valedor, apadrina? Podría ser que un "rótulo" fuese falaz. Si se tratara de un veneno, una medicina, un farmakon, o de cualquier otra sustancia delicada o peligrosa, ello sería un equívoco y un potencial atentado. ¿Contra qué? En general, contra el lenguaje y contra el pacto implícito entre sus usuarios racionales. El nombre, anuncio, título, debe someterse a un compromiso de verdad, al menos lingüística: la que existe en general entre el signo y la cosa significada, o el significante y el significado.

Pero, además, el nombre, anuncio, título, debe plantearse (y aquí se separa de la "arbitrariedad" genérica de la relación entre la palabra y la cosa) si ha de guardar cierta similitud, correspondencia con lo que designa, con su promesa, con su asunto. Correspondencia de índole retórica -o pragmático-intencional (comunicativa)-, y hasta, quizá, ontológica. ¿El nombre, el título, ha de ser del mismo orden (o género) de ser que su designado? ¿Y ha de guardar además (o quizá independiente de la exigencia anterior) una relación gnoseólogica, una participación en un género común de conocimiento (o información) que aquello que presenta? 

Si así fuera, conociendo el nombre o el título podría alguien conocer (o tener un saber de) lo representado; y, por otra parte, a quien pone un nombre, un título que cumpliera esa segunda exigencia (un nombre o título correcto, "orthos", homólogo) le cabría la esperanza de haber presentado así su "sujeto".

Estas últimas condiciones (ontológica, gnoseológica) son de especial incumbencia al filósofo. Platón y Derrida las plantean en los libros que vamos a visitar: Timeo y Khôra.

(fragmento)

enlace con la entrega segunda y final del capítulo:

http://diariopoliticoyliterario.blogspot.com.es/2015/12/discurso-sobre-khora-una-lectura-de_30.html#links


sábado, 19 de diciembre de 2015

Nicolás Corraliza, "Viático". Mejor libro de poesía 2015, para la revista Ágora-Papeles de Arte Gramático




Muy recomendable el libro de poemas "Viático", de Nicolás Corraliza (publicado por La Isla de Siltolá, Sevilla). El libro reconcilia a este lector con la poesía. Poemas escuetos, ceñidos a un ritmo interior eficaz y firme.

LA TIERRA Y SUS SIMAS

Ocurre en los hoteles
precedido de un rodar de maletas.
Acreditarse y ser
bienvenido.
Hay un congreso de geólogos
y una convención de usureros.
La tierra y sus simas.
La mirada áspera de la codicia
reflejada en los espejos del hall.
Después de tres días,
los del tiempo del planeta celebran las conclusiones.
Los otros ya se fueron,
a implantar nuevas técnicas para incautos.


SEMEJANZA

Cuando era niño,
recuerdo a mi padre haciendo números
con una caligrafía prodigiosa.
Apenas pisó la escuela,
y sus pies se acostumbraron rápido
al aullido de los caminos donde brota el jornal.
Ya no busca nada.
Se ha sentado a esperar indiferente
el vaivén seguro de las estaciones.
 

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                                      Nicolás Corraliza

martes, 8 de diciembre de 2015

La voz y los ecos de Espronceda en "La canción del pirata". Por Fulgencio Martínez. Estudios de poesía española





LA VOZ Y LOS ECOS DE ESPRONCEDA EN “LA CANCIÓN DEL PIRATA”

Canción del pirata
 
 Con cien cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín:
bajel pirata que llaman
por su bravura el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.


La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa
y allá a su frente Stambul.


«Navega, velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío,
ni tormenta, ni bonanza,
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.


«Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés,
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.


«¿Qué es mi barco? Mi tesoro.
¿Qué es mi Dios? La libertad.
¿Mi ley? ¡La fuerza y el viento!
¿Mi única patria? ¡La mar!


«Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra:
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.


«Y no hay playa
sea cual quiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.


«¿Qué es mi barco? Mi tesoro.
¿Qué es mi Dios? La libertad.
¿Mi ley? ¡La fuerza y el viento!
¿Mi única patria? ¡La mar!


«A la voz de «¡barco viene!»
Es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar:
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.


«En las presas
yo divido
lo cogido
por igual:
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

«¿Qué es mi barco? Mi tesoro.
¿Qué es mi Dios? La libertad.
¿Mi ley? ¡La fuerza y el viento!
¿Mi única patria? ¡La mar!


«¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río:
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena,
quizá en su propio navío.


«Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

«¿Qué es mi barco? Mi tesoro.
¿Qué es mi Dios? La libertad.
¿Mi ley? ¡La fuerza y el viento!
¿Mi única patria? ¡La mar!


«Son mi música mejor
aquilones;
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.


«Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado.
Arrullado
por el mar.


«¿Qué es mi barco? Mi tesoro.
¿Qué es mi Dios? La libertad.
¿Mi ley? ¡La fuerza y el viento!
¿Mi única patria? ¡La mar! 




Hemos elegido un poema de José de Espronceda para estudiar cómo en un poema se conjugan las voces y los ecos (unas, las voces, presentadas por el autor y sus “alter ego” poéticos; y otros, los ecos, convocados por el lector y el oyente). En este caso,  gran parte del poema, en lo que más tiene de ambiguo y duradero, es construcción de los ecos.

“La canción del pirata” pertenece a la sección titulada “Canciones” del libro de Espronceda Obras poéticas editado por Boix en 1840.  Focalizaremos el pasaje que creemos más significativo (destacado en negrita, por nosotros).
Este pasaje que comentamos empieza (“Navega, velero mío”) a presentarnos la voz del protagonista, de manera directa (en una especie de diálogo o monólogo dramático-lírico). Se sucede detrás de las dos primeras estrofas, en cuyas octavas dobles la voz enunciativa, en tercera persona, ha presentado al “velero bergantín” y al corsario y “pirata”, de forma épica el poeta nos ha sugerido la “lógica” en que esas dos figuras componen un mismo símbolo, de libertad y energía vital sin represión.
El monólogo (o diálogo con el “velero”, que personifica, en este texto, al confidente objetual –como es usual en los monólogos teatrales: véase “Hamlet”), transmite también la actitud interior del poeta, quien se identifica con su héroe y reclama la identificación del lector con el mismo.
Casi encontramos, pronto, el tono de himno y proclama que invitan al ejercicio de los valores del individuo. El estribillo (“Que es mi barco mi tesoro…”), como parte coral, añade, por otro lado, un sentido social y moral al entusiasmo, lo convierte en un canto humanitario y universal.

2

Es simple decir que el tema del poema es la libertad. La pervivencia del poema en el subconsciente de los lectores enlaza con ese sentido de lo humano universal (o de lo universal humanitario), así como convoca lo universal del elemento de la naturaleza, en concreto, del mar. Podríamos resumir el tema, a la manera romántica, en “el ansia de infinito”.
Por otra parte, como forma poética, el fragmento está compuesto, básicamente, de dos series rítmicas consecutivas, de tres estrofas de diferentes metros.  La primera de cada serie es una sextilla consonante octosílaba; a excepción del segundo verso, de pie quebrado, tetrasílabo, con rima abaccb (que se repite en la otra serie: “Allá muevan feroz guerra…”).
La segunda estrofa de la serie es (en ambas series) una octava italiana tetrasílaba (con esquema  -aab-ccb).
Por último, el estribillo es un romance octosílabo asonantado, con rima aguda - al igual que la acentuación rítmica predominante en las anteriores estrofas.
La proyección anímica del entusiasmo, la intensidad vital y el brío de la voluntad libre se manifiestan al unísono con la forma rítimica punzante del poema.

3

La estructura en que se desarrolla, tanto formal como temáticamente, la podemos dividir en dos tiempos (que se corresponden con las dos series versales identificadas anteriormente desde su esquema rítmico):
1.     Un tiempo de exaltación ebria del “Yo”.
2.   Otro, en paralelo temáticamente, de afirmación antisocial de los poderes del “superhombre” romántico.
El primer tiempo, más íntimo, donde el yo se victimiza y siente su libertad como conquista, desde la victoria sobre sus obstáculos pasados; o como herida aún viva. Un segundo tiempo, irónico (“allá muevan feroz guerra”), en que la libertad del yo ha sacrificado a su ídolo todo (lo feroz y lo natural).
La dialéctica interna entre esos dos momentos del Yo (que se alza sobre la naturaleza para domeñarla posteriormente) se refleja en la dialéctica de las dos series. Interiormente, el estribillo –en su función conciliadora, coral-  vuelve a unir y a separar los dos tiempos. En ese vaivén enlaza el poema con lo humano, con el fondo de todos nosotros. Una utopía del deseo, ambigua.

4

Estilísticamente, comprobamos en el poema la presencia de figuras dialógicas y dialécticas, que infunden movimiento interior –no sólo exterior o rítmico.  La personificación del “barco”, al que se dirige la voz épico-dramática en una deprecación en el primer verso; hasta la definición del símbolo en las sucesivas anáforas del estribillo (“Que es… / que es…// Mi ley…// mi única…”), junto con el uso de estructuras paralelísticas (desde la sintaxis pero también desde la semántica de las palabras-símbolo: “Dios”, “patria”, “mar”).

5

En conclusión, nos asomamos a ver en este poema la ambigüedad, tan atractiva, del romanticismo en general, y de la poesía romántica de Espronceda, en particular, tal como también expone en “El diablo Mundo”, y en otras canciones como “El mendigo”, “El canto del cosaco”. 

Un entusiasmo tan ingenuo hacia el vuelo libre, sin trabas sociales, de los poderes del hombre, y la duda sobre la conciliación de esa fuerza con la naturaleza y lo humano universales. El credo neoclásico e ilustrado en estos dos últimos conceptos aún gravita en el poema de Espronceda que comentamos; lo cual evita verlo como un canto antisocial y reaccionario, y es la resonancia aún en nosotros de aquel credo (quizá sentido como imposible ya), la nostalgia de la armonía absoluta de naturaleza y hombre en el absoluto del cosmos, lo que subyuga en “La canción del pirata” y lo que ha seducido a muchas generaciones, imantadas por su ambigüedad y su belleza poética.

                                    Fulgencio Martínez 


ÁGORA DIGITAL 4 DICIEMBRE 2015/ estudios de poesía española/ ensayo literario