viernes, 27 de septiembre de 2013

Mi visita al maestro Andrés Salom. Diario político y literario de F.M... / T2/ 8

       Andrés Salom en su casa, con dedo vendado y gata.                          Fuente: el blogdejuanmegias.blogspot.com                                                                                                                                                                                                                                                      

                  Mi visita al maestro Andrés Salom

Yo trabajo en el Instituto Miguel de Cervantes, muy cerca de este periódico, en la avenida del escritor alcalaíno. Al barrio se ha venido a vivir, desde hace un año, Andrés Salom, el poeta y columnista de La Opinión.  Ha hecho creer que está suficientemente mayor para que sea cuidado en una Residencia de Ancianos, y se las pasa en grande, el tío Andrés, leyendo al sol, por las mañanas, o a la sombra, si es verano; en la terraza de la residencia.  Le recordé, la primera vez que fue a visitarlo, que le hubiera envidiado el mismísimo Pablo Neruda, quien hubiera cambiado el título de su obra Residencia en la tierra por el de residencia en la edad de oro; y en vez de imágenes cortantes y duras, hubiera escrito de enfermeras con cuerpos dorados, de jóvenes y expertas doctoras de bucles divinos, y de alguna jovencita filipina, que pasea a su señora  impedida , por el patio, para que no falte el punto exótico a lo picante y vital del medio ambiente de la residencia. “Ésa deja una estela en popa que raya la mañana”, dice el poeta.
De Andrés nunca he sabido su edad geológica, se instaló, desde que lo conozco, en una edad aproximada, fotográfica, de varón maduro.  En una ocasión, hace ya 15 años, en que asistíamos los dos a una cena donde debíamos pagar cada cual el cubierto, le oí tirar de su habitual ironía y, con su acento mallorquín, que no ha perdido  a pesar de estar viviendo en Murcia desde que llegó con el infante Pedro allá en el siglo XIII,  dijo  a la camarera: “¿Que no hacéis una rebaja a los de la tercera edad?”. A lo que la joven respondió: “cuando se te note, Andrés”.
Verdad es que otros días en que he ido a visitarlo le he notado algún signo que otro de haber entrado en tercera, pero lo mismo puede haber cambiado a una cuarta o quinta edad, porque este hombre es de raza longuínqua. Mantiene una lucidez de castor saltando por encima de la corriente de tiempo. Mucho  tiene que ver con esa juventud perenne su afición constante a leer, porque no para de leer en la residencia, incluso lee en su memoria todo el rato, y te recuerda frases enteras de Rulfo o de García Márquez, o de la Yourcenar, que lee en francés. Hace años, le recuerdo otra anécdota, que entonces me trajo a la memoria a Dante:  de Dante se cuenta que, estando en Siena,  entró a una librería junto a la plaza donde se iba a celebrar  la famosa carrera de caballos, Il palio, en la que participa toda la ciudad; el florentino tomó  un libro y estuvo abstraído más de tres horas en su lectura. Alguien le preguntó si no había notado algún ruido o algo que le distrajera su atención, y Dante dijo que no. Había tenido lugar, mientras  tanto, al lado suyo, la fiesta de Il palio, con todo el bullicio.
Una tarde de Bando de la Huerta, fui a visitar a Andrés a su domicilio, en una de las casas bajas por el barrio del Infante;  por allí empezaba el ronco tropel huertano. Y me encontré  a Andrés paseando con un libro, por la acera de su calle: estaba leyendo una novelita francesa que le había traído de París Francisco Jarauta.
Mi más reciente visita al poeta y lector ha sido esta semana. Para mi sorpresa, me pidió un cigarrillo y se lo fumó enterito, con el mejor estilo de Bogart, delante de los médicos y enfermeros enfrente de nosotros en la terraza. Yo, que me estaba reprimiendo de fumar en el recinto de la residencia, además de darle uno le puse en el bolsillo, con cierta clandestinidad, medio paquete de Pallmall: “Dosifícalos”, le dije con cierta culpabilidad, cuando ya Andrés exultaba humo. “¿Qué estás leyendo, ahora, Andrés?”, le pregunté y me dijo que “una novela francesa que he encontrado en la biblioteca de la residencia”;  y,  como esperaba, también otras de García Márquez y de Juan Rulfo, el mexicano que apenas escribió Pedro Páramo. “Cada vez tengo más claro que Gabriel es el escritor de nuestra época. Solo puede haber otro mejor: Juan Rulfo, pero escribió muy poco”. Ya. Las novelas francesas las regaló Andrés a la biblioteca de la residencia de ancianos, junto con una buena parte de sus libros.
De pronto saltamos a comentar la actualidad. A los dos la noticia que más nos ha hecho gracia ha sido el robo de la bicicleta del concejal Pedro López, la semana  de la movilidad se cobró una víctima: la bicicleta del bueno de Pedro, prestada por su mujer. Esto es un síntoma de que vivimos épocas duras de neorrealismo, como en el tiempo del Ladrón de bicicletas, aquella novela y mejor película, filmada en la posguerra italiana. Habría que mirar en el garaje de Cámara.

Fulgencio Martínez
Profesor de filosofía y escritor

Publicado en LA OPINIÓN, 28-9-2013
http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2013/09/28/visita-maestro-andres-salom/501167.html#EnlaceComentarios
 
REVISTA ÁGORA DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO... SEPTIEMBRE 2013

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