sábado, 29 de noviembre de 2014

Rajoy, el último indignado. Diario político y literario de FM/ T3/15





          RAJOY, EL ÚLTIMO INDIGNADO


En España lo mejor es el pueblo... En los momentos duros los señoritos invocan a la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera pero la compra con sangre”. Estas palabras de Antonio Machado han vuelto a la actualidad la pasada semana, al anunciar en el Congreso el presidente Rajoy sus medidas contra la corrupción.

Del discurso del Presidente ha trascendido, por fin, una leve preocupación en su alma política por el asunto de la corrupción. Nunca es tarde si la dicha... Tenemos que celebrar, y celebramos, que el Presidente del país haya dado un paso adelante, dada la fama de impasible que le precede. Ha visto, por fin. Él ha visto con sus ojos y ha creído conveniente proponer medidas contra la plaga. Está en peligro el sistema, ha proferido; ojito con los “salvapatrias”, que es peor el remedio... Mejor moderar a los ladrones conocidos en casa. Moderémonos, amiguetes.

Contra la plaga en sí, ha anunciado más bien medidas preventivas y ad hominem, sin querer embarrancar en bajíos más bravos y ocultos; ha navegado, pues, de perfil, o en términos taurinos, ha propuesto medidas de toreo de salón. El sistema poroso que ha servido de caldo de cultivo a la corrupción, un sistema legal, político, administrativo, resobado a su gusto por los dos partidos, PP y PSOE, que se han repartido todos los resquicios del poder durante años; ese sistema no se toca. Los diputados y diputadas (es un ejemplo) seguirán con su estatus de aforados (privilegio a todas luces incompatible con el principio de igualdad ante la ley que debe regir el estado de derecho). La financiación de los partidos debe ser transparente, bueno, solo un poco, bueno (como ya ha dicho Aznar) no nos pasemos en esto, de algo tienen que vivir los partidos políticos. No bastan, pues, los dineros que reciben por voto en cualquier tipo de elecciones en España (y tenemos aquí unas cuantas, demasiadas, en todos los niveles de la gobernación; pues se confundió interesadamente, por los políticos que diseñaron el régimen, la descentralización administrativa del Estado con la fragmentación política; ¡pero eso es otro tema, otros polvos y otros lodos que nos llegan hoy!). No les bastan las aportaciones de los afiliados a través de sus cuotas. Son insaciables, y será muy duro y casi imposible para los partidos volver a la moderación, sencillamente porque nunca ha sido moderados. Mucho me temo que tampoco estén de acuerdo, en el fondo, con la moderación salarial en las retribuciones personales a los políticos; allá la moderación salarial para el trabajador y el autónomo; para el alcalde, concejal o senador como su nombre indica, que no falte de. Viva el vino.

Y sobre las líneas rojas o el ya está bien de tener cara que se ha de exigir a un político o a un candidato, tampoco Rajoy se ha pillado las manos. Cuando el imputado pase a ser sujeto del proceso oral, o sea, ad calendas griegas, dada la lentitud de la justicia en España: mal cuya solución está en manos de los propios partidos. Un círculo vicioso, donde se pierde el tiempo y se topan cola y cabeza. Los imputados aplauden porque mientras mantienen sus sueldos y prebendas. Vean en la Comunidad de Murcia. Hasta en mi pueblo, Alcantarilla, su alcalde Lázaro Mellado, aplaude, porque está imputado y a mucha honra, por muchos años... Y hasta el mismísimo y pasmadísimo delegado del Gobierno en la Comunidad, imputado en delitos de corrupción urbanística, sigue en el candelabro. Patética es su cara cuando sale en la tele diciendo que la policía ha detenido a un imputado... (se mira, tose, se palpa don Joaquín Bascuñana, tal vez piensa: ¿me tendré que detener un día a mí mismo?) Es ridículo que la ciudadanía no pueda confiar ni siquiera en el delegado del Gobierno, quien teóricamente coordina a las fuerzas y autoridades que velan por el orden público. ¿Hemos de confiar en quien vigila o desconfiar? ¿Cuándo los partidos políticos se tomarán en serio lo que significa el cheque de confianza que se les da?

Por último, no ha tocado el señor Rajoy en su diatriba contra la corrupción el tema que más interesa al pueblo: que los corruptos devuelvan el dinero robado y hasta el último euro. No se entiende que el Estado sea tan indulgente con los infractores y en cambio tan duro con los que en teoría ha de proteger: los menos favorecidos económicamente, los parados, los jóvenes, los que están formándose en los estudios, etc. Ni un euro robado, ningún céntimo enviado a Suiza o más allá sobra ante tanta necesidad del país. No le veo a Rajoy indignarse hasta el punto de rebuscar con afán ese dinero perdido.  Quizá su humor flemático constitutivo no lo aparenta, pero creo que sí el Presidente en su fuero interno es un indignado más, uno de los muchísimos de este país, un indignado del 15 M. Aunque tarde, se ha sumado Rajoy a la indignación contra los robaperas. Bienvenido, Mr. Rajoy. Pronto lo veremos acampar en la Puerta del Sol y abanderar la Indignación. Démosle tiempo, ¿unas semanas?: no, unos meses; mejor, démosle un año, para cuando empiece la campaña de las próximas generales.

FULGENCIO MARTÍNEZ
Profesor de Filosofía y escritor

viernes, 28 de noviembre de 2014

Robapatrias. Diario político y literario de FM T3/14// Ágora digital



ROBAPATRIAS 


Hemos oído a Rajoy alertar contra el peligro de contaminación a todo el sistema político que conlleva no la corrupción sino tanto hablar de la corrupción. Nos ha arrojado el Presidente la demagogia del miedo (pues el temor a un mal mayor hipotético hace pequeño el mal real)  y ha mencionado a los “salvapatrias” que vendrían con nocturnidad y alevosía a limpiar la letrina. Pero, dado que no sería suficiente una sola escoba para tanta tarea, ve él salvapatrias a mogollón, salvapatrias con color de multitud, como en un mal sueño. Peor que un escrache, ve una feria a la puerta de Moncloa. O un motín. Vamos, que no pega ojo.Con Alfredo no tenía estas pesadillas. Batallones de limpieza, millones de ciudadanos dispuestos, con herramientas, manos y leyes, a actuar contra los corruptos y los corruptores. Después de que el llorón de Rafael Merino, adjunto portavoz popular en el Congreso de los Diputados, vino a lamentarse ante él: jefe, nos llaman el partido de los corruptos; el Presidente ha dicho a los suyos: Esto lo salvo yo solo, con agua y jabón. 

La corrupción ha generado un debate patriótico en el que se pierden las razones y los tiempos. Muchos piensan (como un servidor) que don Mariano y el fantasma de Alfredo Pérez Rubalcaba, que como el de padre de Hamlet deambula por los pasillos de Moncloa, forman parte del problema. No les llamemos destrozapatrias, porque somos educados, pero esos políticos harían ahora el papel de médicos habiendo sido matasanos.

Muchos pensamos que se debe dar paso a las generaciones más jóvenes, en cualquier partido, liga o sindicato (¡por cierto, echaremos de menos a Cándido Méndez después de veinte años en la dirección de la UGT! ).  Este país solo se podrá limpiar cuando caigan los frutos podridos, y para ello habrán de venir una o varias generaciones más jóvenes que vareen. 

Los todavía robaperas habrán de tener la generosidad de dejarles equivocarse y seguir vareando. Me gustaría que ninguno de esos jóvenes patriotas tuviera pasado político (está comprobado que cualquier puesto en un ayuntamiento es una posible escuela de corrupción, y cuanto más pequeño sea el pueblo mayor peligro de corromperse). Me gustaría que hubiera listas abiertas en las elecciones, y que junto al candidato figurase la información necesaria para que el votante pueda saber a quién vota: por ley tendría que saberse a) si el candidato está imputado o no, si tiene abierta causa penal o civil; b) cuáles son sus ingresos en el momento de presentarse como candidato; c) una declaración de sus bienes, todo ello para que al final del cargo a que opta sepamos si se ha enriquecido o no de forma fraudulenta; y d) cuál es su formación, estudios, habilidades, de modo que sepamos si, por ejemplo, tiene carnet de conducir (por si en el futuro fuera nombrado Director de la Guardia civil de tráfico alguien que desconoce las normas de circulación) y si tiene hechos los estudios básicos, por si mañana se pasase a concejal de Cultura.
 
FULGENCIO MARTÍNEZ
PROFESOR DE FILOSOFÍA Y ESCRITOR


jueves, 27 de noviembre de 2014

ANTONIO MACHADO: LA HETEROGENEIDAD DEL SER. CRÍTICA DE LA RELIGIÓN Y DICOTOMÍA SOBRE DIOS. ENSAYO DE FRANCISCO ZARAGOZA SUCH/Homenaje a Antonio Machado/ Revista Ágora



 

 ANTONIO MACHADO: LA HETEROGENEIDAD DEL SER. CRÍTICA DE LA RELIGIÓN Y DICOTOMÍA SOBRE DIOS


                               Por Francisco Zaragoza Such  
 Profesor de Filosofía. Autor del libro Lectura ética de Antonio Machado




     Lo que pretendo hacer aquí es no sólo tratar de entender e interpretar algunos textos de Machado, sino, de un modo muy directo, tratar de plantear cuestiones no ya sólo de su tiempo, sino del nuestro.
Cuestiones que tienen que ver con estos dos aspectos: 
1.    La vida de los hombres en tanto que “heterogénea”. 
2.   Un problema que parece permanente, el problema de la Religión y la idea de Dios.

1.   La vida de cualquier persona  es una, pero se va haciendo siempre a partir de un cúmulo constante de otras posibilidades. En este sentido, la vida humana es heterogénea. Ante la pregunta sobre la elección o no de la vida que realmente se hace, se puede responder que todo depende de la voluntad propia –en una especie de idealismo optimista- o bien se puede decir que, pese a la libertad de elegir, la elección real tiene diversas fuentes o diversos motivos, algunos de los cuales son independientes de la propia voluntad. Sin negar motivos personales, puede haber causas diversas que determinen esa misma voluntad, si no en todas las ocasiones, al menos en algunas; si no en todas las personas, al menos en muchas. 

En todo caso, siendo el curso de la vida personal pensado como fruto de las propias decisiones –pensamiento muy optimista- o bien como consecuencia de diversas causas, más o menos asumidas por el propio sujeto, lo cierto es que, en ambos casos, se produce un constante planteamiento de las consecuencias posibles de cualquier otra elección –o como se quiera llamar- también posible.       

Pensar, hablar, no sólo de la vida real de cada uno, sino de las vidas  posibles, realmente posibles, es un ejercicio perfectamente fundado. Nuestra vida no es necesaria en el sentido de que tengamos que hacer necesariamente lo que hacemos. Pero necesariamente tenemos que hacer algo. Entonces, pensamos en lo que hacemos y en lo que no hacemos, pensamos en nuestro amor real y en nuestros amores posibles, nos imaginamos cómo hubiera podido seguir siendo nuestra vida si hubiéramos hecho otras cosas.

2. Partamos de que, pese a las múltiples posibilidades, la vida humana tiene un final para todos, la muerte, y un origen también universal. A partir de ahí se  plantean para todos nosotros –la historia nos lo ha ido planteando; lo único que cambia son elementos circunstanciales- dos temas perfectamente complementarios: Dios y la inmortalidad. Y un tercero que se conforma como un camino o un proceso de vida: la religión.

Dios, inmortalidad, religión se pueden negar –o afirmar, o ni una cosa ni la otra-, pero lo que es innegable es que nuestra historia está llena de esas ideas, el arte, la poesía, la filosofía, las costumbres, las fiestas, los nombres, la vida entera. La idea de Dios y de la inmortalidad  son ideas del hombre. Nadie conoce a Dios, nadie conoce la inmortalidad. Son deseos, ideas, utopías, pero no son, para el hombre, realidades de hecho. La religión forma otro ámbito. Dios e inmortalidad existen o no. La religión es otra cosa: es una manera de vivir. Y  esa manera de vivir se cobija, a través de la educación, en diferentes Iglesias. Las Iglesias no se definen por el sentimiento religioso, pero sí son el espacio organizativo en el que socialmente –y normalmente- se reúnen las personas que practican ese sentimiento. Hay en las Iglesias, en general, más o menos mezcladas dos tipos de personas: las que sienten la religión y las que están simplemente  por hábitos sociales o familiares. En términos generales las Iglesias son organizaciones que tratan  de conducir el deseo de Dios y de inmortalidad a través de una estructura ideológica y de poder basada en este principio: todo lo que predica y hace la Iglesia lo predica y lo hace en nombre de Dios. Y todo el que se enfrenta a sus decisiones está en pecado. Así se define el bien y el mal. El bien es lo que hace la Iglesia. El mal se forja en la distancia, en la separación, en la enemistad.

De hecho, en la obra de Machado –ya llegamos a ella, aunque de verdad no hemos salido de ella- se produce una discusión interna en torno a estos elementos: por una parte, religión-cristianismo e Iglesia; y, por otra parte, la idea de Dios, el Dios de la teología, el Dios del creer y el Dios del querer.

* * * * * * *

     En las palabras de Juan de Mairena y de Abel Martín hay un humor no reñido con la profundidad del pensamiento. La “esencial heterogeneidad del ser” manifestada tanto por el maestro Abel Martín como por Juan de Mairena, uno de los personajes más lúcidos de la literatura y de la filosofía española, es, por una parte, una expresión que da lugar a la sonrisa –ante el lenguaje de Juan de Mairena cabe casi siempre la sonrisa- y, por otra parte, es la manifestación de una profunda conciencia sobre la realidad, en concreto sobre la realidad humana. No es el resultado de una investigación sistemática, metodológicamente comprobable, ni es la premisa de un razonamiento. Sin dejar la sonrisa, y más allá de ella, creo que se puede proponer el alcance amplio y abierto del principio de la heterogeneidad del ser. Ese principio concentra, ni escéptica ni dogmáticamente,  el pensamiento filosófico-cordial de Antonio Machado. La heterogeneidad es la síntesis que caracteriza a la conciencia del hombre.

El ser heterogéneo es el ser humano. La heterogeneidad de cada uno, que va adquiriendo una suficiente autoconciencia, se desarrolla en estos ámbitos:
1.    El de su vida en el tiempo que, en algún sentido, es una, aunque en otro sentido es múltiple y heterogénea.  No sólo en el ámbito de las posibilidades, sino en el de su propia realidad vivida. 
2.   El del pensamiento dual y heterogéneo en torno a Dios y a la muerte.

En Machado, como en tantos otros poetas, el pensamiento no está regido por el carácter de la lógica, que es imprescindible, por ejemplo, en el ámbito de la ciencia. La reflexión sobre los estados de ánimo o sobre las circunstancias de cada momento –el tiempo como diversificador de la autoconciencia- discurre poéticamente a través de expresiones y “decires” a veces contradictorios o, al menos, “heterogéneos” y “complementarios”.  Un ejemplo que, aunque muy usado, es de gran utilidad mostrativa:
 
                                   
                                      Dice la monotonía
                                      del agua clara al caer:
                                      un día es como otro día;
                                      hoy es lo mismo que ayer.
                                                                 
                                                                  (Soledades, LV)
                                      Hoy dista mucho de ayer.
                                      ¡Ayer es nunca jamás!

                                                                  (Soledades, LVII)

                                       Hoy es siempre todavía

                                                               (Nuevas Canciones, CLXI)

                                       El adjetivo y el nombre,
                                       remansos del agua limpia,
                                       son accidentes del verbo
                                       en la gramática lírica,
                                       del Hoy que será Mañana,
                                       del Ayer que es Todavía.

                                                                (Nuevas Canciones, De mi cartera, VII)

     A la distancia en la que se sitúa el análisis  lógico, en el conjunto de estas expresiones hay contradicción y, por lo tanto, el conjunto no sería verdadero. Sin embargo, lo es. ¿Por qué? En el orden del leguaje hay dos campos de aplicación o, dicho de otra manera, el uso de la lengua se refiere a dos ámbitos que podemos denominar, uno, lógico-matemático y, otro, poético-sentimental. O bien, dicho más brevemente, Ciencia y Poesía. En la expresión poética, “que va de la cabeza al corazón y del corazón a la cabeza”, que expresa ideas sentimentales o sentimientos ideales, por lo que la lógica se aviene a lo que se siente pensando y a lo que se piensa sintiendo, la verdad no es unívoca, sino equívoca. Es unívoca, o pretende serlo, en la ciencia. Es equívoca, aunque por ello mismo también verdadera, en la poesía. Y, en algún sentido, en la filosofía.

La reflexión filosófica, por ejemplo la reflexión de Machado a través del pensamiento y de la palabra de Juan de Mairena, no es científica. Sin embargo, no por ello deja de ser verdadera.

La expresión del sentimiento que provoca la conciencia del tiempo, siendo diferente en momentos distintos, es siempre verdadera. La diversa clase de atención sobre el mismo fenómeno a lo largo del tiempo no significa la verdad o falsedad de una clase en relación con la verdad o falsedad de otra. Si han ocurrido, todas son verdaderas. 

Es preciso hacer esta distinción: la verdad subjetiva y la verdad objetiva. La primera se refiere a lo que uno siente, piensa, quiere. La segunda, al objeto que existe, que es independiente del sentir, del pensar, del querer. La verdad poética se sitúa en el ámbito de la verdad subjetiva. La verdad científica es objetiva.

Aunque quizás son posibles otros planteamientos, en Machado es radicalmente subjetivo el tema de Dios. No es objetivo. Hay un sentimiento, un querer, pero no hay una verdad objetiva.

Sin embargo, la Iglesia, las Iglesias, plantean otra cosa. No hay ciencia sobre Dios, pero hay otro camino: la fe. Y convierten a la fe como el camino necesario y universal. Sin fe no hay salvación. Ligan la aceptación de Dios, mediante la fe, a la salvación. Lo cual es un negocio impúdico.
    
Antonio Machado no sólo no forma parte de la Iglesia, sino que está radicalmente en contra de esa concepción. La existencia de Dios no es un tema científico y la fe no causa otra cosa que anulación del pensamiento. La heterogeneidad del ser, que en este caso es heterogeneidad del pensamiento, ofrece otra fórmula: no la fórmula de la fe, sino la de la duplicidad de ideas y sentimientos. La existencia de Dios no puede ser afirmada ni negada. No hay conocimiento para afirmar ni conocimiento para negar. Dejemos a un lado la fe.
   
Para el pensamiento poético y dual, o heterogéneo, Dios existe o no. Pero Dios no es cualquier cosa. Es la condición de la inmortalidad. La fuerza máxima de su existencia  no es que sea Causa Primera, sino garantía de inmortalidad. (Unamuno está  próximo, pero es más trágico) Se aspira a Dios, pero no se sabe si existe. No se conoce ni se puede conocer. El poeta desea que haya Dios, sueña y, a veces, sueña que sueña.
    
En un estudio de Ruiz Ramón, “Algunas aproximaciones al problematismo del tema de la muerte en la poesía de Antonio Machado”(1), en relación con el tema de Dios se alude a las diferencias de posición que hay entre diversas reflexiones sobre la obra de Machado: por un lado, Laín Entralgo y Aranguren; por otro, Serrano Poncela; y, por otro, Sánchez-Barbudo. Ruiz Ramón dice: “Machado es un poeta radicalmente problemático... Nunca arribó a un horizonte de seguridades”. “Por ello los críticos de Machado, cuando se enfrentan con las cuestiones últimas, explícitas o implícitas en esa poesía, dan respuestas distintas.”

Laín Entralgo, en su libro “La generación del noventa y ocho”(2), desde un cristianismo semiabierto, califica a Machado de “menesteroso buscador de Dios, aunque fuese por sendero extraviado”. Y Aranguren, en su artículo “Esperanza y desesperanza de Dios en la experiencia de la vida de Antonio Machado”, dice: “Antes [Machado] había escrito ‘Quien habla solo espera hablar a Dios un día’. Ahora que ya no espera hablar con Dios va a trabar diálogo con los filósofos”. Se refiere al paso hacia la invención de Juan de Mairena. Tanto el libro de Laín, como el artículo de Aranguren, son de los años 40.


     ¿Cuál es, a mi parecer, el núcleo de la cuestión? Que en Machado no hay un planteamiento de la fe. No está en su ámbito de pensamiento. La mayor parte de las veces la fe es simplemente un elemento importante del aprendizaje social, en el mejor de los casos. Es frecuente, por otra parte, que cuente en el ámbito de las fiestas y del folklore, y poco más. Para Machado la cuestión no se resuelve mediante la aceptación de la fe, que no es más que un acto de la voluntad, más allá del aprendizaje. El problema insoluble consiste en querer saber lo que no se puede saber.

Con todo, el profesor Aranguren propone una línea machadiana, independientemente de esa señalización soriana y amorosa que alcanza alguna aproximación a la fe religiosa, que él mismo apunta, de pensar y no pensar, de sentir y no sentir, de dudar, de querer, que indica una dialéctica abierta, alguna señal de esperanza al lado de la desesperanza.
    
En un artículo de José Mª Valverde, precisamente dedicado a José Luis L. Aranguren, con el título “Evolución del sentido espiritual de la obra de Antonio Machado”(4), extraordinariamente bien pensado y bien escrito, se plantea la obra de Machado en tres etapas cronológicas, sin que las diferencias de pensamiento sean notables. Marcan, en todo caso, una cierta evolución, un acrisolamiento sucesivo, cada vez más patente, aunque no inevitable. La teoría de la “heterogeneidad del ser” es el testigo cierto del hecho de que la evolución personal es una, pero hubiera podido ser otra, u otras. Este es un hecho importantísimo en la biografía de cada hombre. Cada hombre es uno, pero podía haber sido otro. La enorme variación se debe a pequeños acontecimientos, alguna decisión, alguna falta de decisión, algo que parece momentáneo se convierte en duradero...
    
Valverde  distingue estas tres etapas en la obra de Machado: una primera marcada por “Soledades, Galerías y otros poemas”; una segunda cuyo valor gira en torno a “Campos de Castilla”; y una tercera significada por la aparición de Juan de Mairena, el profesor apócrifo y lúcido. En Valverde el tema de Dios es fundamental. Empieza por distinguir y precisar que la buena poesía –y la de Machado lo es- es aquella en la que el poeta trata de configurar el mundo, su mundo. Machado trata de expresar clara y profundamente cuáles son los materiales de su mundo y trata de pensar el sentido de la vida. Tanto Aranguren, como Valverde, lo dicen: Machado no afirma la fe. Los dos aman su poesía. Valverde con más rotundidad. Pasados los años, en 1975, publica un libro sobre Antonio Machado (5). El artículo anterior, que estábamos comentando, es de 1949. Valverde está muy cerca del poeta, pero siente profundamente que no tenga fe.
   
La cuestión, en Machado, es otra. No es una cuestión de fe o no fe, no lo es de teísmo o ateísmo. El problema para Machado y más trágicamente para Unamuno, y más o menos para muchos más, es una posibilidad no resuelta: la existencia o no de Dios y, por lo tanto, de la inmortalidad. La moral no depende, en absoluto, de la religión, ni de los mandamientos de una Iglesia, ni siquiera de la afirmación de la existencia de Dios. La moral solo depende de la conciencia de la relación de uno con los demás y con uno mismo. El problema es otro, es la imposibilidad de conocer esta cuestión fundamental y de dar respuesta a ella: ¿existe Dios como garantía de la inmortalidad? No hay respuesta.
   
A partir de ese silencio se pueden plantear otras cuestiones –el silencio, aunque muchas veces sobrevenido y no coincidente con ninguna pregunta ni respuesta, es necesario-: la filosofía, la ciencia, la poesía, la música, la pintura, etc. Y, dentro de ese orden de cuestiones, Machado plantea la “heterogeneidad del ser”, tema en el que rebaja el posible carácter trágico, que se da en el pensamiento de Unamuno, y desarrolla una posibilidad de conocimiento que, a la vez, es profunda y con humor y bonhomía.


NOTAS
                                                                                                   

(1)    Ruiz Ramón, F: “Algunas aproximaciones al problematismo del tema de la muerte en la poesía de Antonio Machado” en “Estudios sobre Antonio Machado”, José Ángeles, ed. Ed. Ariel, Barcelona, 1977. (pág.234)
(2)   Laín Entralgo, P: “La generación del noventa y ocho”, Ed. Espasa Calpe, Madrid, 1947. (pág.67)
(3)   L. Aranguren, J.L.: “Esperanza y desesperanza de Dios en la experiencia de la vida de Antonio Machado” en “Antonio Machado”, Edición de Ricardo Gullón y Allen W. Phillips, Madrid, 1973. El trabajo de Aranguren se publicó por primera vez en “Cuadernos hispanoamericanos” en el año 1949.
(4)   Valverde, José Mª: “Evolución del sentido espiritual de la obra de Antonio Machado”, publicado en Cuadernos Hispanoamericanos, Madrid, 1949. Forma parte de la recopilación que hacen Ricardo Gullón y Allen W. Phillips, Ed. Taurus, Madrid, 1973.
(5)   Valverde, José Mª: “Antonio Machado”, Ed. Siglo XXI, Madrid, 1975.


 FRANCISCO ZARAGOZA SUCH


ÁGORA DIGITAL NOVIEMBRE 2014/ HOMENAJE A ANTONIO MACHADO