sábado, 9 de noviembre de 2013

VIEJO Y NUEVO FEUDALISMO. Diario político y literario de F.M...T2/ 17



                                              VIEJO Y NUEVO FEUDALISMO


En  la Edad Media, época de feudalismo, cuando el señor del castillo lo necesitaba hacía una razzia en los campos ajenos o propios. De este modo, el señor se recuperaba de una crisis de monetario. Ha pasado el tiempo y han cambiado las telas de los tejidos, las modas de vestir y las formas políticas, pero, en el fondo, el método económico de los señores del poder sigue siendo el mismo  que el de aquel tiempo feudal. Debe ser porque, en efecto, el procedimiento les resulta “económico” a ellos, claro. “Económico” aquí significa el más simple y eficaz, el más rápido y aséptico método de recuperar un nivel de riqueza, cuando se ha disminuido esta a un extremo casi intangible.


Estas reflexiones vienen a dar voz a cierta sospecha que nace de inmediato cuando oímos en los medios hablar de recuperación económica en un país en que, a diario, las familias sufren en sus carnes un nuevo “cesado” o “parado” que alimentar. Cuando la posibilidad de emancipación de un joven se ve reducida casi a cero (en nuestra Región de Murcia, menos de dos jóvenes por cada diez pueden hoy emanciparse y vivir autónomamente). La escasez económica y de empleo no ha producido mecanismos equilibrados de reparto de la riqueza y del trabajo. La riqueza sigue estando concentrada en pocas manos privilegiadas y el trabajo escaso no se reparte con criterios racionales y justos, como sería lo deseable en un Estado eficiente, y a la vez ético, es decir, en una sociedad con rostro humano. Vivimos en un capitalismo desalmado, y aun peor, ineficiente, respecto a la atención de las necesidades y demandas del conjunto social. Sin embargo, desde hace unas décadas el capitalismo antiestado, neoliberal e ineficiente, ha reforzado el discurso de sus dirigentes políticos, convertidos en correa de transmisión de órdenes financieras internacionales, filtradas a través de otros políticos intermediarios que ocupan las cátedras de las instituciones europeas. En fin, el capitalismo de Occidente, en horas de crisis, ha endurecido y tensado su cinturón de protección; no es ajeno a su apretura psicológica la emergencia cada vez más global de su competidor, el capitalismo chino-asiático, que intenta pescar en las mismas aguas donde pescaba tradicionalmente el capitalismo euroamericano. Dos grandes señores feudales, pues, uno que pasa horas bajas y otro que amplía sus fronteras a uña de caballo.


El nuestro, nuestro señor más cercano, el capitalismo occidental ordena “ajustes” y “recortes”, destruye el estado de seguridad y los avances sociales por los que habían peleado sus súbditos,  introduciendo reformas ad hoc para adelgazar sus deudas y recuperar una sensación psicológica de dominio, como la que tenía cuando era único amo y señor de todo. 

En el otro campo del capitalismo amarillo emergente, no hubo tales derechos y tampoco hay prisa por que existan: en eso están de acuerdo ambos tronos capitalistas; les beneficia a ambos el que en una parte del orbe capitalista no haya derechos sociales ni laborales, pues de ese modo, para el capitalismo euroamericano, se tiene margen para seguir recortando derechos y se asegura fidelidades por temor al coco de un antimodelo social reprobable desde la ideología democrática supuestamente imperante en Occidente. Por el otro lado, al capitalismo chino la desregularización de la economía a nivel internacional le viene como anillo al dedo. Curiosamente, se da  de hecho la alianza de intereses  (que no de civilizaciones, como soñaba el ilustre Zapatero) entre el máximo de aparato de Estado y la mínima expresión del Estado:  entre el Partido comunista dirigente en la China actual y los gobiernos neoliberales de las democracias occidentales. Sin embargo, es cada vez más necesario un Estado moderno, eficiente, justo, ético, que ponga freno a los intereses de los señores feudales del capitalismo. No caer en la trampa de identificar mercado con capitalismo; desde hace mucho tiempo, el capitalismo no vive del mercado, que manipula a sus conveniencias, sino de la rapiña, el robo, el desahucio, la razzia e incursión vandálica en los bolsillos y en los bienes de trabajadores,  los antes llamados siervos y pueblo, y hoy solo consumidores. En las futuras ediciones del diccionario de la Real Academia, se deberían incluir como sinónimos de verbos como robar y saquear las voces de “recortar”, “ajustar”,  “reformar” y  “recuperarse”. De modo que cuando un político diga que la recuperación se ha iniciado o que ha cambiado el ciclo recesivo, debamos entender que siguen saqueando estupendamente  y robándonos dinero a los ciudadanos para los intereses suyos.


Hace poco ha dicho el consejero de Economía de la Comunidad de Murcia, señor Juan Bernal, que hay signos de recuperación en la economía local. Pues bien: ya me temo que mi nómina de funcionario de diciembre lo pague, verán ustedes como no me equivoco;  tiempo al tiempo.

Fulgencio Martínez
Profesor de Filosofía y escritor

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