martes, 12 de noviembre de 2013

Gherasim Luca. Novela de amor (1933). Traducción de Joaquín Garrigós /Revista Ágora digital




Recuperamos un relato del vanguardista rumano Gherasim Luca, por gentileza de su traductor: Joaquín Garrigós Bueno. El texto fue publicado por primera vez en español en la revista Empireuma, de Orihuela, en 2007.


Gherasim Luca*

novela de amor

(1933)

 

esta estación es la estación más sucia del mundo. no es de extrañar que todas las noches se suiciden tantas mujeres desesperadas en esta estación. ninguna farola, ningún mozo de cuerda, ningún vendedor de limonadas, ningún árbol, ningún buen viaje. mañana iré a ver a mi amigo el ministro de comunicaciones y le pediré que suprima esta estación sucia en la que tantas mujeres desesperadas encuentran su fin. creo que habréis sospechado desde el principio que la novela que me propongo escribir es una novela de amor, quizá la más terrible novela de amor. el único culpable es con toda seguridad  el ministro de comunicaciones. he ahí el tren. qué feo es el tren. qué asqueroso es el tren. qué despistado es el tren. qué imposible es el tren. ninguna persona baja de este tren. no hay ninguna persona en este tren. ¿quién conduce el tren? ¿quién ha inventado el tren? ¿quién ha maldecido al tren? silencio. silencio. parad vuestro corazón. parad la respiración. silencio. silencio. una mujer. una mujer está bajando del tren. silencio. ¿por qué ladras perro? ¿no ves que una mujer está bajando del tren? tu dueña hace mucho que está descuartizada. ¿por qué sigues ladrando perro? tu dueña ya no sabe ni lo que quiere ni por qué se ha suicidado. mira bien a la mujer que está bajando del tren. qué piernas tan bonitas tiene. y qué maleta tan bonita tiene y qué uñas tan bonitas. y qué pelo y qué dientes y qué sexo. qué sexo tan limpio tiene la mujer que ha bajado del tren. y qué sucia es la estación. y qué sucias son las personas que habría tenido que haber en esta estación. adiós, tren. me das asco, tren. te ríes. te alegras. te gusta la mujer que sientes todas las noches debajo de ti. qué asco me das, tren. y qué asco me da la mujer que se ha tirado debajo de ti esta noche, tren. y el perro no quiere dejar de ladrar. te mato, perro. me das asco tú también, perro. y te voy a matar a ti también maldito tren y a ti estación sucia y a ti ministro de comunicaciones. la mujer que ha bajado del tren tiene el sexo más sedoso. sus piernas están limpias. camina lentamente. meciendo un poco el cuerpo. como se mece un árbol. coge la maleta con la mano derecha. un ramo de flores en la izquierda. y el corazón lo tiene a la izquierda. la sonrisa la tiene en los labios. el sexo entre las piernas. y sus piernas están muy limpias. anda despacio con sus pies pequeños y muy limpios. sus dedos también son pequeños. sus ojos también son grandes. sus nalgas también son bonitas. su balanceo también es bonito. mañana le levantaré una estatua a mi amigo el ministro de comunicaciones. mujer del sexo sedoso, mírame un poco a mí que soy muy guapo. hoy me he afeitado y también me he lavado los dientes. soy bastante inteligente y tengo un sexo lo bastante robusto para el tuyo sedoso. mujer, presta atención, mujer, si yo fuera mujer me arrojaría ahora mismo al tren de desesperación. estoy llorando. soy un hombre hecho y derecho y estoy llorando. ¿pero qué hora será? ¿cuántas estaciones habrá en este mundo? ¿cuántos hombres se suicidarán al día en este mundo? ¿y por qué cada día que pasa el número de hombres que se suicidan es mayor? ¿por qué hay gente pobre y mujeres pálidas y niños y automóviles y chepados y pies pequeños? ¿por qué a fin de cuentas todas estas preguntas sin ningún sentido? más valdría irme tras sus pequeños pies sin pensar en nada. ¡chófer! eres guapo. me gustas. acabo de llegar de viaje. llévame a la ciudad y me acostaré contigo. estoy llorando. estoy llorando mucho. estoy pensando mucho. estoy maldiciendo mucho. los chóferes. quién ha inventado los chóferes. y la estación. y el perro. y los hombres. y las mujeres que se suicidan. y los ministros de comunicaciones.




     la tarde siguiente me la encontré por la acera. dos chóferes le lanzaban imprecaciones y le decían palabras soeces. la vi en la acera con el pañuelo roto y muchas lágrimas. su sexo estrujado estaba pegado a la acera. sus muslos tan duros estaban arañados y sus nalgas rotas y su vientre descuartizado y sus chóferes descorteses y su maleta estaba vacía y la gente que sonreía alrededor y los guardias que la levantaron del suelo para escarnecerla y las gentes que se tronchaban de risa y sus muslos rotos y golpeados y estrujados y su sexo sedoso, dónde está su sexo sedoso.

     mujer, soy muy guapo, mujer. desde que te vi me cepillo la ropa todas las mañanas. nunca salgo a la calle sin afeitar y me lavo los dientes todos los días. he empezado a estudiar francés, solo leo buenos libros y me sé de memoria nombres de autores célebres. podría escribirte mil cartas diarias. podría hablarte de la luna, de la felicidad y de nuestro futuro. podría decirte versos de poetas que han enloquecido de amor. podría darme volteretas y decirte el padrenuestro tres veces de carrerilla. lo que quieras puedo hacer. te hago también un hogar tranquilo o una casa de tolerancia y un vestido de seda y una niña mona y un automóvil. lo que quieras puedo hacer. solo te pido que me mires un poquito a mí. ¿por qué no me miras un poquito a mí? a lo mejor te gustaba. tengo treinta y dos dientes todos ellos limpios y sanos. tengo las uñas limpias cinco en una mano y cinco en la otra. tengo quinientos leus en el bolsillo trasero. también tengo una guitarra con la que podría cantarte las canciones más románticas. también puedo hacerte llorar. también puedo hacerte reír. sé morder, tirar del pelo, lamerte las partes más sensibles. conozco al dedillo las encías, el paladar y la oreja. sé producirte diferentes sensaciones en el pezón derecho. otras totalmente diferentes en el izquierdo. cada tarde tengo un plan inédito. durante el acto sexual sé explotar tus gemidos. sé frotarme contra las paredes para estar frío cuando tú estás caliente. sé maldecir cuando te dan los ataques de histeria. sé hacer lo que quieras. lo que quieras sé hacer, mujer. solo tienes que mirarme un poquito, mujer. ten compasión de mí, mujer. ten compasión de mí, mujer.

    sin embargo al otro día la mujer encontró un mozo de cuerda apuesto y un poco palurdo. tenía unos brazos nudosos, puños pesados y era un borracho de tomo y lomo. quién no conoce al mozo de cuerda que arma escándalo todas las noches en el puerto. la mujer deseaba que le estrujasen el sexo de forma brutal, con cuchillos en los dientes y los bigotes apestando. estoy muy triste. y la mujer del sexo más sedoso friega el suelo en casa del mozo de cuerda apuesto. carga leña, encala en pascua, hace buenas sopas, sabe insultar, callar, encajar golpes todas las noches. sabe cargar con el orinal todas las noches, acostarse en el suelo, tirarse pedos sin avergonzarse, escupir, limpiarse los mocos con la falda, pelearse con las vecinas. el mozo de cuerda le retuerce los huesos en el suelo y eso le hace bien. el mozo de cuerda posee el sexo sedoso de forma primaria, solo sabe boca arriba, con movimientos regulares adelante y atrás, tal como saben todos los mozos de cuerda desde que el mundo es mundo. la mujer sabe ser poseída sin que manos oliendo a barco y a bebida la desnuden. sabe también oler los pies sucios y el tabaco barato y otros olores que se desencadenan durante el sueño. el mozo de cuerda parece amar a su mujer. algunas veces solo le pega tres palizas en un día, o incluso dos. el mozo de cuerda también tiene con ella algunas pequeñas atenciones: una navaja, un pañuelo, un pedazo de tiza, un espejo. pero anoche el mozo de cuerda llevó a casa a una mujer tuerta. decía que quería acostarse esa noche con las dos. la mujer del sexo sedoso se acostó con ella tal y como quería el mozo de cuerda. pero por la mañana lloró mucho la mujer del sexo más sedoso.

    desde entonces todas las noches salgo fuera de la ciudad. allí el cielo es grande y puedo no pensar en nada. allí también hay árboles de los que me puedo colgar sin ahorcarme, allí también hay campo por el que puedo correr como un loco, allí tengo también estrellas, tengo mucho cielo y yerba en la que me puedo ahogar y gritar sin que me oiga nadie. allí puedo quitarme la ropa y quedarme desnudo siempre que quiera y puedo hablar yo solo, allí veo todas las noches a la mujer del sexo más sedoso. a veces la veo en un árbol. le grito: mujer del sexo sedoso, bájate del árbol para que nos entreguemos a un bonito juego. a veces la veo en un pedazo de cielo. le grito: mujer del sexo sedoso, tengo un sexo de hierro. y cuando la veo corriendo entre las estrellas, le grito fuerte: mujer, no juegues más con mis pensamientos. allí puedo llorar. puedo escribir cartas de amor, puedo retorcerme como una serpiente, ladrar como un perro, orinar de arriba abajo, a derecha o a izquierda,  puedo oír mis dientes, y las orejas y las narices y los gritos. allí puedo desmayarme. sin embargo la mujer del sexo sedoso no quiere mirarme. la carta que voy a escribirle ahora será la más larga de todas y le voy a meter un poemita. algo así: grande, grande es el campo, pero más grande es el amor. eso creo que le llegará al corazón. es posible incluso que llegue a ser un gran poeta. ¿pero por qué estoy tan emocionado? ¿por qué tiemblo? ¿por qué lloro? ¿por qué soy tonto?

    la mujer del sexo sedoso se ha enamorado del cuidador de un retrete. una tarde calurosa acudió a hacer sus necesidades y le cayó bien el cuidador del retrete. era un hombre de más de cincuenta años el cuidador del retrete. tenía un olor que la mareaba y siempre que la poseía ella se desmayaba. el hombre tenía esposa y una caterva de hijos, pero una mujer como esa no se encuentra así como así. el hombre tenía las uñas negras y eso inquietaba a la mujer del sexo sedoso. el hombre nunca se limpiaba después de hacer sus necesidades y eso excitaba a la mujer del sexo sedoso. el hombre solo quería poseerla en los retretes y eso hacía desmayarse a la mujer del sexo sedoso. y siempre después de hacer el amor tiraban con placer de la cadena. por el día, la mujer del sexo sedoso permanecía allí y contemplaba a la gente que miraba todo el tiempo al suelo, con una mano ligeramente levantada. la mujer del sexo sedoso no podía entender por qué escupían los hombres cuando se abotonaban los pantalones. cuando las personas acudían para cosas más importantes y tomaban una cabina separada, la mujer del sexo sedoso miraba siempre por el ojo de la cerradura y cuando la porquería gruesa y cálida salía del cuerpo de la gente se excitaba enormemente la mujer del sexo sedoso. el hombre lo sabía y todas las noches tenía que untarle todo el cuerpo para oírla frotarse y gritar y reír y volverse loca hasta más no poder. tenía celos de las mujeres que entraban allí y lloraba cuando salían las mujeres de allí. el cuidador del retrete era un hombre como dios manda. una mañana se murió él solo y se lo llevaron los del ayuntamiento. mi fuga por las calles es insoportable. las casas están agrupadas en dos, tres, nueve ejemplares, bebo. he empezado a beber. he empezado a darme cabezazos contra la pared. he empezado a meterme con la gente que pasa por la calle. le he dicho a un señor muy serio que es un burro. me he mofado de un jorobado. he orinado en la falda de una mujer. las mujeres mayores de cuarenta años me irritan y las insulto. las mujeres menores de cuarenta años me ahogan y les disparo. he estrangulado a un niño. he tirado a un viejo a un pozo. las lunas de los escaparates de las tiendas del centro me incitan y las rompo. he puesto una bomba en plena ciudad. he roto el quepis de un oficial en plena calle. he aplastado un gato. he incendiado una casa. he espantado a un caballo. pero todo ha sido inútil. pero todo ha sido inútil.

    estoy aburrido. ya no siento nada. tomo aguardiente, cocaína, hachís, tabaco. me he convertido en un tablón, un papel, una hebra de hilo, una chinche. ya no me reconoce nadie. ni yo, ni el espejo en que me miro, ni el campo donde aullaba. nadie. convertirme yo en un tablón. qué idiotez. yo. yo que conocía perfectamente al ministro de comunicaciones.

    he caminado varias noches por una calle que tenía en una acera una valla larga y en la opuesta otra valla larga. la primera noche conté las tablas de la primera valla larga, la segunda noche conté las tablas de la segunda valla larga. un hombre que pasó casualmente por mi lado dijo: este hombre que cuenta las tablas ha de estar enamorado. otras noches conté los ladrillos de una casa de varios pisos. primero los conté de abajo arriba y la segunda vez los conté de arriba abajo. cuando advertí que me había equivocado en varios ladrillos, empecé a contar de nuevo sin saber dónde empezar y dónde terminar. luego me fui a mi cuarto en el barrio y me llevé allí un espejo grande que puse en la pared. pegué después lentamente la cabeza al espejo y a la pared y empecé a contar todos los pelos que se veían en el espejo y en la pared. finalmente me fui fuera de la ciudad, allá donde el campo es muy grande y donde uno puede hacer lo que quiera. me acosté boca arriba en el suelo, con las uñas clavadas en el suelo, con los dientes atenazados: una estrella, dos estrellas, tres estrellas, nueve estrellas.


    cuando llegué a la estación sucia donde se suicidan todas las noches tantas mujeres desesperadas, era una sombra, o un espejo, o un trapo, o un papel de fumar. la ropa simplemente me caía encima y la llevaba mucho tiempo, caliente. en esta estación sucia no hay ninguna farola, ningún mozo de cuerda, ningún vendedor de limonadas, ningún árbol, ningún buen viaje. estoy triste. quizá enfermo, quizá cansado, quizá muerto. el tren que sale es negro. la estación está sucia. su sexo es sedoso. cuando el tren se alejaba, la mujer del sexo sedoso sacó con gracia un pañuelo del tamaño de una uña y lo hizo ondear como a una uña. la mujer se volvía más y más pequeña. el pañuelo se volvía más y más pequeño. el campo era enorme. la estación estaba sucia. el tren estaba muy lejos. las estrellas estaban muy lejos. el cerebro estaba muy lejos. todo estaba muy lejos. la cabeza se me dobló sobre el suelo. mis labios vieron el suelo. mis labios besaron el suelo. estaba triste, quizá enfermo. quizá cansado. quizá muerto.

Traducción de Joaquín Garrigós



*Gherasim Luca (1913-94), rumano de origen judío, participante desde muy joven en los grupos de vanguardia, fue uno de los teóricos del surrealismo. Prosista y poeta. En 1952 abandonó Rumania y se estableció en Francia, donde publicó en francés.

REVISTA ÁGORA DIGITAL NOVIEMBRE 2013 

1 comentario:

  1. Gracias a Joaquín Garrigós por su magnífica traducción de este relato de un escritor rumano-francés aún poco conocido en España.

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