jueves, 23 de mayo de 2013

Cierre de una librería tras 125 años. Diario político y literario de F.M.../46

                                                   Uno de los libros patrocinados por la librería Escarabajal
                                                                                         


DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO DE F. M.../46



CIERRA EN CARTAGENA UNA LIBRERÍA DE 125 AÑOS

La melancolía no tiene hoy buena prensa entre la clase política. El ministro Montoro lo ha recordado en un ejercicio de control parlamentario y personal, conjurándola en primera persona al defender la actual política impositiva del Gobierno; y, de paso, al rechazar los cantos de sirena de su antiguo jefe Aznar que llaman, demagógicamente, al precipicio de bajar los impuestos. El político prudente ha de vencer sus emociones negativas y congelar el primum mobile de lo que le pide el cuerpo.

Pues resulta que a Montoro le pide el cuerpo bajar los impuestos, mas la tozuda realidad lo impide. Mandarrián,* manda huevos, que diría el otro. ¡A quién no le gustaría pagar menos a Hacienda, y que hubiera una atención sanitaria universal mejor, que no cargara su coste sobre la espalda del obrero, el jubilado, la clase media!; ¡a quién no, que hubiera trabajo en España para todos los jóvenes y adultos!, aunque solo sea para que no tuvieran muchos que irse al extranjero, a esa Alemania pintada como El Dorado del empleo juvenil emigrante, y que pudieran cotizar aquí, a la caja de todos, para que los que ahora disponemos de trabajo podamos, en el futuro, jubilarnos con algo de “paga”. Se le olvida a la Báñez aconsejar a los jóvenes que, además de buscarse las habichuelas en otro país, cotizen en este, porque, si no, quién va a mantener el fondo de pensiones para el futuro.

Y a quién no le gustaría que hubiera mejor Educación, no tanto fracaso escolar, como al parecer, según el ministro Wert, trajo la anterior ley socialista, aún vigente hasta que él vino con un plan. Ese plan de mejora, contra el fracaso escolar alegado por la derecha a modo de pretexto y clarín para cambiar lo actual; esa panacea ignaciana ¿a quién no le gustaría que, de verdad, no de pico afuera, ameliorarse las cosas? Pero, ¿de verdad, se propone mejorar la enseñanza volviendo a poner el debate en la religión y en la lengua española maltratada en una de las Comunidades de España? Aunque esto último sea cierto, ello no es el fondo general del problema, y lo primero ni debería plantearse. Mire, señor, para arreglar el fracaso escolar, solo hace falta implementar unas pocas cosas, al menos para empezar: más dinero público para profesores de apoyo, disminuir la ratio de los alumnos por aula, sobre todo en las clases prácticas (idiomas, FP, etc), eliminar del aula el adoctrinamiento religioso, y estimular la cultura y sus valores, no solo dentro sino fuera del aula. Cómo no haber fracaso escolar si somos un país, desde hace décadas, fracasado culturalmente. Y no me refiero, no señor, a número de premios Nobeles, ni a éxitos deportivos. No se fomenta la lectura, no se crea el valor y la estima cultural, en el seno de la sociedad, por el conocimiento, la ciencia, el arte. Los ayuntamientos, con presupuestos públicos, fomentan fiestas de palo al gato, en honor a las domingas de alguna vedette o al pinchauvas del retoño de la Pantoja. Eso quiere el pueblo, démosle lo que gusta. Así piensan los cortos de vista de nuestros políticos.

A lo sumo, la cultura son actos, fiestas, días de la cultura, festivales parranderos, a los que hoy se les pone nombre cursi de evento musical o semana del trovo, el tambor, la hojalata, el s.o.s cultural a una juventud imbecilizada salvadas las excepciones; digo imbecilizada en el uso de su ocio, que ha sido desterrado de la cultura y condicionado a ser una expresión vacía. Cómo puede luego hablarse de que, con tales mimbres culturales, puede haber un nivel de educación medio alto.

Mientras esto ocurre, se ha cerrado la Librería Escarabajal, de Cartagena después de 125 años de servir a la lectura. Ningún político de esta Región ha salido a lamentar esa triste noticia. El gobierno del PP, que ha subido los impuestos de casi todo, grava los libros y la cultura con cariño de bibliófilo. Ansía que los libros se conviertan en piezas únicas y muy caras; que desaparezcan los lectores y compradores vulgares, de los que viven los libreros. Fue el cierre de la librería Escarabajal la noche del pasado 18, la noche (abierta) de los museos. ¿Será ya en adelante todo lo que hemos llamado "cultura" hasta aquí, un cuento que los niños aprenderán en los museos de mañana? La melancolía, prima de la nostalgia, y madre de la sospecha.


* Mandarrián: neologismo a partir de mangarrián. Dícese del que manda o manga de manera desvergonzada.

Fulgencio Martínez 
Profesor de Filosofía y amante de los libros

                 ÁGORA DIGITAL MAYO 2013

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