miércoles, 5 de diciembre de 2012

LA SUBIDA DEL IVA DE LA CULTURA

-->

DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO
DE FULGENCIO MARTÍNEZ,
DONDE SE HABLA DE LO DIVINO
Y DE LO HUMANO / 17
Septiembre 2012





LA SUBIDA DEL IVA A LA CULTURA



Me preguntan estos días mi opinión sobre en qué medida va a afectar la subida del IVA a la cultura, y en general, si va ésta a sobrevivir a los efectos de la crisis económica. Opino que, en lo esencial, no se verá afectado el consumo y la industria cultural. Parece extraña esta afirmación, cuando se habla tanto del efecto negativo de la subida del IVA y cuando ayer se habló de los perjuicios económicos de la llamada piratería en Internet.

Sólo se trata de cálculos cuantitativos, de ganancias y pérdidas mayores o menores, en un campo, la cultura, dominado desde hace mucho tiempo por la "industria", por sus grandes ejecutivos, sus ranking de beneficios, sus planificaciones, sus masivas redes de publicidad... y sus obreros especializados (la "sociedad de autores") cuyos honorarios pueden verse rebajados. La crisis no cambiará ninguna inercia en la cultura, mientras la "industria cultural" siga detentando su dominio y planificando las necesidades de ocio, formación, conocimiento, en alianza con un Estado acomplejado en su cometido formador. Parece, más bien, que se predispone a la opinión pública a rebelarse, no ante la hegemonía de esa industria, sino ante cualquier precio que deba asumir el negocio de la cultura. Se crea entonces la alarma de que pagarán el pato los consumidores para que demandemos moderación en la exigencia de su contribución a la Hacienda de todos.

Ocurre algo parecido en espectáculos como el fútbol. Igual que en el deporte de masas se da por sentado que es un lujo y quien quiera asistir a su espectáculo ha de pagar lo que se le exija aunque sea un abuso, también en la cultura se parte de la premisa de que los bienes culturales son lujo que al final ha de pagar el consumidor al precio que sea. Con lo cual se predispone a la opinión para que acepte que no es bueno subir, por el ejemplo, el IVA a la cultura; concluyendo aquello de donde se parte: que la industria cultural siempre ha de conservar sus márgenes de beneficio; aun en tiempos de crisis.
Este sofisma, este círculo vicioso olvida que en Europa cualquier entrada a un estadio de los grandes tiene un precio popular, mucho menor que en España, y que son los clubes los que moderan los precios de las entradas. La misma moderación ocurre en la cultura de países como Francia, Alemania, donde la asistencia a una buena obra de teatro o al cine no supone un gasto extraordinario.

Que no nos cuenten el cuento de que la cultura es un lujo para que, con esa excusa, los negocios vayan bien, sin más interferencia del Estado que las necesarias y, en todo caso, jugando de antemano con el descrédito que tiene el mismo Estado sobre las necesidades culturales de sus ciudadanos. El Estado se queda impasible ante el secuestro de la verdadera cultura por la industria cultural, y, por añadidura, deja inermes a los ciudadanos ante cualquier subida de los productos de ese mercado. Respecto a esto último, la airada reacción política que hemos visto estos días contra las propuestas del señor Monago, en Extramadura, son un índice de un servilismo de Estado mal entendido. Y, en relación con lo primero, frente al secuestro de la cultura por la industria cultural, nadie desde lo público se ocupa hoy de hacer pedagogía o, al menos, de cuestionar los derechos de explotación sin límites que detentaría esa industria sobre las necesidades del pueblo, como si el campo de la cultura fuera una nulla res, un esclavo suelto, un bien sin dueño sobre el cual echó el lazo para siempre la mano de la empresa.

Nadie cuestiona la "cultura" sometida de la superestructura dominante, la que sofoca el espacio de cualquier posible cultura que trabaje para dejar huella en el tiempo. El deseo de consumir rápido que nos prefabrica la "cultura", se satisface doblegándonos a los reclamos del consumismo "cultural". Consumimos lo que paga para promocionarse. Basta oír en un "telediario" la información cultural que ha producido ese día correspondiente a la crónica. Estrenos multinacionales de cine, no mucho mejores que los del peor cine español de todos los tiempos; de vez en cuando, la promoción de un best-seller (se sabe, de antemano, que será "otro éxito de ventas"), y por supuesto, el eterno Almodóvar que rueda nuevo bodrio.

Qué buena oportunidad sería esta crisis para despaciarnos de la alienación del reflejo que nos ha creado la "cultura" autofagotizante, y revisar las inercias que encapuzan en la crisis económica la quiebra de la cultura, que ya se viene produciendo desde décadas atrás -como ha advertido Mario Vargas LLosa en uno de sus más recientes ensayos. A espera, por tanto, de la necesaria crítica exhaustiva, este servidor solo puede testimoniar un panorama continuista de la cultura en tiempos de crisis, con el añadido autoconservador de haberse creado un rumor de cambio.


Fulgencio Martínez