lunes, 19 de septiembre de 2016

Sosiego y melancolía. Recensión de "El libro de las ciruelas tibias" de Jorge Novak Stojsic. Por Anna Rossell. Revista Ágora-Papeles de Arte Gramático





SOSIEGO Y MELANCOLÍA




Jorge Novak Stojsik
El libro de las ciruelas tibias
Parnass Ediciones, Barcelona, 2016, 102 pp.


                                                                                      
                                                                                                             por Anna Rossell

Sumergirse en la poesía de Jorge Novak Stojsic -Montevideo, Uruguay, residente en España desde 1972- es entrar en un mundo donde el tiempo transcurre con la plácida lentitud que aguza los sentidos, es deleitarse en el sosiego que regala la melancolía. De la lectura de sus poemas se sale calmoso, abierto a la ternura, a lo emotivo, el ánimo reposado y ávido del esencial detalle, del gesto delicado. Las partes del poemario anuncian fielmente los ambientes que recrea, las imágenes que inspiran su escritura: de otoño, amores y paraguas, del tiempo, silencio y soledades, de carencias, recuerdos y nostalgias, del ahora y el mañana. Esta es la materia con que Novak Stojsic teje el pulso vital que lo conduce: el apacible crepúsculo de lluvias y colores tenues, el limbo reflexivo en que nos sume la soledad, la añoranza a que nos aboca, en la lejanía, el recuerdo de la dicha pasada en el lugar dilecto.

El lenguaje poético de Novak es en extremo metafórico. Pletórico de figuras retóricas –sinestesia, prosopopeya, hipérbaton, juegos lingüístico-poéticos-, las palabras fluyen con pasmosa naturalidad. La voz poética personaliza la ciudad de sus orígenes, Montevideo deviene amada y amante: ay señora/si supieras cómo me gustas/[…] y la añoranza impele a la escritura poética, es permanente anhelo que se desea eterno para perpetuarse en el placentero lugar de la nostalgia: me seduce brutalmente/tu lejanía//también sé/que si todo fuera a estar en ti/no habría poemas/[…] (para andar amándonos de cansancio); y sólo los versos te permiten/vivir lo que ya no es (te has hecho viejo poeta). Lo inalcanzable es la ubicación ideal del sujeto poético: dónde andará tu sombra/tu línea esbelta/tu risa azul y naranja/[…]//mejor no encontrarte//así me dejarás vivir siempre contigo/[…] (niña de las madreselvas); el recuerdo, su tabla de salvación: y sentir/cómo se escapa/la tristeza sin retorno/tratando de encontrar cobijo/en los recuerdos//[…] (mapa de imposibles). 

La poesía de Novak es estrictamente sensual, la sinestesia, herramienta predilecta: escuchar tu desnudez/en la penumbra (mujer de mis orillas); susurran sonidos/con olor/a ciruelas calientes/de la tarde/[…] (eres bruma, lágrima y verso). Esenciales las percepciones sensoriales -olfato, oído, gusto y tacto-. Los olores, los colores, los roces, la piel, los sonidos (o la ausencia de ellos, el silencio) son savia, nutriente vital: tengo sed de tocarte/amante de agua limpia (tengo sed de tocarte); mujer mía//escóndeme/silencios diferentes/y guárdalos distantes//[…]//y cada tanto/respírame al oído/para irte descubriendo (despiértame misterios). 

Sus temas: la ausencia, la soledad, la reposada y plácida tristeza en la evocación del ocaso –del paisaje y de la vida-, la remembranza del Sur: moriría de tristeza/si no pudiera recordar//y se me eriza la piel/si me tocas/desde los atardeceres/de mi pelo blanco//[…] (te has hecho viejo viejo poeta); sus versos rinden homenaje al poso emocional de los vivido:  y era azul tu verso//roce/de risa dulce/[…]// y tu piel ajada // voz para mis manos/habladoras //[…]// y serás arruga / y amorosa sombra /recostada en mi pelo blanco (voz para mis manos habladoras). 

Sus recurrencias son sintomáticas: la luz, la luna, la lluvia y sus afines (agua, orilla): mi amiga//la de la luna azul/y los ojos de agua/amaneció lluviosa[…]//dice que se le voló/el recuerdo/[…]//qué tristeza//pájaro de oscura luz[…] (qué tristeza), los colores (sobre todo azul y sepia), las estaciones del año: por verano//entre aralias/y una aucuba//azul/de azules y lilas//[…]//si no te desnudas hoy/amiga mía//ya no dispondré de otoños//[…] (por verano), las manos: andan volando tus manos/hebras finas (eres bruma, lágrima y verso), las frutas: que le pongas a la luna/un mantel/de azules y naranjas//[…]//ciruelas frescas//sandías gritonas/abiertas//y melones sin pecas//[…] (quiero sentarme contigo), el aire (viento, brisa), la voz: y si al silencio tuyo/lo cubre mi voz cansada/[…]//es que la soledad/me cala hasta los huesos (la soledad me cala hasta los huesos).

El poemario, precedido del prólogo de Ignacio Gamen, viene enriquecido con sugerentes dibujos del autor, que cultiva además la pintura.


© Anna Rossell




Revista Ágora digital Septiembre 2016/ Bibliotheca Grammatica/La crítica de Anna Rossell

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