martes, 31 de mayo de 2016

El pensamiento español. Diario Político y literario de FM

  
EL PENSAMIENTO ESPAÑOL


Publicado en La crónica del pajarito. 22-5-2016 Domingo
http://www.lacronicadelpajarito.es/domingo/pensamiento-espanol




Si hay algo que sabemos hacer bien los españoles es manifestarnos (como demuestra nuestra historia, de motines, alzamientos y huelgas generales). Manifestarse es salir a protestar contra (contra lo que no nos gusta y contra el que detestemos, rey, partido o figura opresora). Luego, después de esa gimnasia, descansamos y nos quedamos a gusto (siguiendo el pensamiento mágico, tan típico del hispano, que pone en práctica la fórmula: "expresé mi deseo, luego mi deseo se cumple automáticamente"). Acaso, si a río revuelto pasa una "improvisada bandera" la jaleamos y entronizamos, (porque su motete va contra todo aquello que queremos cambiar o derribar) sin preguntarnos si es fachada o empresa leal. Es, así, casi un corolario de nuestra historia, desde al menos aquella inocente esperanza en el joven Fernando VII.

A los españoles nos cuesta pensar a medio y largo plazo, nos sabe mal desconfiar de lo urgente y nos inclinamos por la asociación clara e ilógica: si A es enemigo de B, y yo soy enemigo de B, entonces A es amigo mío.

En las últimas fechas hemos asistido a dos jugadas políticas estratégicas de A: Una, promocionarse mediáticamente A como "respuesta" del 15-M, el movimiento de jóvenes e indignados que hace un lustro removió la conciencia española. Dos, presentarse A como banderín de todo lo que está a la izquierda del sistema.

Para consumo interno entre aquellos que no convencidos sin embargo siguen otorgándole el beneficio de la duda, se ha abierto una tercera estrategia: la dislocación de A, en una identidad buena (simpática y moderada) y en otra, populista y desabrida.



Algunos intelectuales, como el filósofo José Luis Villacañas, se pronuncian en este sentido a favor de A, otorgándole total confianza a Errejón frente a Iglesias, y de paso otorgando de derecho que A es nuestro amigo porque es enemigo de nuestro enemigo. O sea, el pensamiento español.


Pese a todo, puesto que no creo en el determinismo de los caracteres nacionales, me esforzaré por examinar desde mi humilde opinión. Aporto, pues, elementos de duda y de reflexión y que cada uno de los lectores reme en la dirección que quiera, o pueda.


1) Muy lejos de sacralizar nada, tampoco sacralicemos el 15-M. Tuvo olvidos importantes en sus justas reivindicaciones: por ejemplo, se olvidó de exigir la igualdad de todo joven, adulto o niño, a la hora de emplearse o educarse en este país llamado España. Vale que es de justicia quejarse por tener que salir a ganarse el futuro fuera, pero más lo es ser discriminado en tu propia tierra por las políticas "autónomas".
Si se protesta contra los abusos de los que han manejado la Constitución española para su ventaja, no abramos la puerta a los que quieren que otra Constitución santifique su ventajismo.

2) Todas las evidencias (disponibles en la webgrafía) nos dicen que ambos, Errejón e Iglesias, asesoraban a un régimen "revolucionario" sobre cómo reprimir al pueblo (Ver discurso de Errejón en Caracas y su fidelidad al líder). Eso fue ayer mismo.
Aquí, puedo conceder el derecho a la rectificación, pero no ha habido ninguna declaración pública de arrepentimiento. Por otra parte, se puede plantear la cuestión teórica: ¿es posible que un sedicente "régimen revolucionario" pueda reprimir al pueblo"? Sí, se puede plantear. El que no cupiera plantearla en una situación anterior denotaba la ceguera ideológica del fanático, quien suponía que pueblo significa seguidor del líder revolucionario. Otra patraña.

Por tanto, ni A1 ni A2.  No son la respuesta a la justa indignación, sino la falaz cobertura de una demanda del pueblo, que se volverá contra el mismo. También Hitler vino así, y el pueblo alemán se equivocó. También el militar Chávez vino de esa guisa. Pero ahora no podemos ser más inocentes, visto y sabido lo visto y sabido en este siglo y en el pasado. En España, a pesar de que no tenemos el mejor sistema de Educación, los alumnos en la ESO saben ya algo de Historia del siglo XX y qué fueron los regímenes totalitarios.
La moda es efímera y las generaciones próximas de jóvenes no perdonarán a los jóvenes y adultos  de ahora que hicieran novillos cuando dieron esos temas. Nos verán como cavernarios e irresponsables.
 
Por lo demás, pensar que las confluencias, o los partidos nacionalistas (¿de cuándo se puede ser nacionalista y de izquierdas o progresista?) son un avance democrático, no lo entiendo. De momento, como trabajador me discriminan dentro del estado español, y como futuro pensionista, rompen con la unidad y solidaridad de la caja de pensiones. En un mundo ético, ya no digamos global, la identidad la queremos compartir con el mayor número posible. Podemos pensar que es un obstáculo el Estado, para el progreso ético universal (aunque la Historia demuestre lo contrario, o sea, que el Estado ha sido necesario para avanzar). Lo que es absurdo es apostar por nuevos y pequeños estados nacionales para dinamitar el Estado que me otorga un mínimo de protección, igualdad y universalidad. Los "pequeños" Estados viven de atraer la evasión de capitales, son refugios de las castas.

Yo soy, si permiten decirlo, de izquierdas y republicano (nunca votaría a quienes traicionan la idea de la república española, disolviéndola, por la reducción al absurdo, en mil fragmentos, como se hizo ya en la II República, traicionada por los nacionales y los nacionalistas de toda laya). Tampoco votaré a ningún partido que, bajo capa anticapitalista, revolucionaria y nacionalista, desestabilice el estado de derecho, destruyendo para seguir destruyendo. La Constitución española del 78, aun siendo monárquica, es más de izquierda y republicana que todo eso.

 Como la izquierda aquí no tuvo la tradición que se merece (los Azaña, Machado, Giner de los Ríos, etc), representó la izquierda el PCE, luego Izquierda Unida, y por otro lado el PSOE. He votado a Izquierda Unida (nunca al PCE) hasta que ahora se la ha llevado el diablo por un puñado de euros, para pagar su deuda partidista (tendrá quizá grupo propio en Senado, sí, y dineros).

Quiero decir que yo sigo siendo de izquierda, es decir de una izquierda democrática (que ya no piensa que la revolución se hace para mantener la clase revolucionaria en el poder sine die, como ocurrió y ocurre donde la hubo o la sigue habiendo; que eso sí que es casta, vaya sarcasmo llamar casta a las élites democráticas y no a la nomenclatura o la familia Castro o Chávez). No creo que Unidos ni Podemos hagan ni media izquierda democrática. Lo siento, y siento que en mi país no hayamos tenido tiempo para, después o antes de manifestarnos oportunamente, sentarnos a pensar y construir esa izquierda que nos merecemos.

Fulgencio Martínez

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