domingo, 24 de abril de 2016

HOMENAJE AL LIBRO. Cita cervantina


EL QUE LEE MUCHO Y ANDA MUCHO VE MUCHO Y SABE MUCHO

                          MIGUEL DE CERVANTES



Ahora digo —dijo a esta sazón don Quijote— que el que lee mucho y anda mucho vee mucho y sabe mucho (Quijote, 2ª Parte, Cap. XXV)






Siempre que leamos a Cervantes hemos de hacerlo advertidos de la ironía. Este escritor genial nos propone en cada paso de su obra el avivar el ingenio, desterrar tópicos y despertar sentidos nuevos o viejos. El decir cervantino "el que lee mucho y anda mucho..." ¿en qué medida es un elogio literal de la lectura, un encomio acaso de la sabiduría basada en el hombre de letras? O, por el contrario, ¿en este pasaje Cervantes se ríe de los libros, del hombre de sillón y de lectura, hace burla de la apariencia vana, quizá presuntuosa, de sabiduría extraída de la imitación, incluso de aquella imitación sabia ("imitatio sapientiae") que los nostálgicos dirigen a los modelos clásicos?


Qué poco se compadecería esa sentencia tomada en sentido literal con la ironía socrática del "oida me oida", del "he sabido que no he sabido", que el vulgo sabio traduce en el dicho: "cuanto más leo más tonto me queo". ¿Sería Cervantes políticamente correcto desde el punto de vista de nuestros comisarios culturales, a costa de ser entendido con menos sal que Sócrates, y menos que el vulgo escéptico? 


Retornemos al Quijote, y al contexto de la cita cervantina (que hay que leer más de dos líneas: dicho sea para aquellos que se toman la cita a lo barbero, recortada): "—Ahora digo —dijo a esta sazón don Quijote— que el que lee mucho y anda mucho vee mucho y sabe mucho. Digo esto porque ¿qué persuasión fuera bastante para persuadirme que hay monos en el mundo que adivinen, como lo he visto ahora por mis propios ojos? Porque yo soy el mesmo don Quijote de la Mancha que este buen animal ha dicho, puesto que se ha estendido algún tanto en mis alabanzas; pero como quiera que yo me sea, doy gracias al cielo, que me dotó de un ánimo blando y compasivo, inclinado siempre a hacer bien a todos y mal a ninguno."


¿Que hay monos en el mundo que adivinan? ¡Vaya fenómeno! Pero es la constatación de que ello puede ser cierto, por ser "visto ahora por mis propios ojos" lo que suscita el comentario del héroe don Quijote, ante el mono adivino de maese Pedro.

La comparación de la imitación con el simio o mono, aparece en los debates del Renacimiento en torno al arte y a la disputa entre naturaleza/imitación de los clásicos. Los Modernos reivindican, finalmente, la creación genial, la libertad de normas y modelos, y la figura del mono imitador queda rebajada a símbolo del artesano, o en el peor caso, del falso imitador.
Pero, más atrás, Platón en República se planteaba la problemática de la imitación, y en Fedro, la ambivalencia de la escritura, como un mal que es un bien o un bien que es un mal; especie de caja de Pandora.
Platón, sin recurrir a la imagen simiesca, tachaba al artista de sofista, o viceversa.
Volviendo al mono, Tertuliano, un Padre de la Iglesia, fue el primero que le otorgó al diablo condición simiesca, el demonio era el simio de Dios; su perfecto imitador; de ahí, su peligro para el ingenuo.
Esta alegoría simiesca se traspasa a la Edad Media, y en general en la tradición occidental (a diferencia de la china, por ejemplo) el mono es una figura sospechosa, un bulto nada simpático, si no maligno, falso, y a lo último grotesco.

Cervantes ya tenía, pues, en su cogote esa imagen sin tener que esperar a los contemporáneos de Darwin en el siglo XIX, quien se alarmaron ante la ascendencia simiesca del hombre que el libro del sabio inglés les revelaba; así que, sin querer deslizar aquí la interpretación naturalista de la cita, podemos sospechar que Cervantes se adelantara a quien por ahí se deslizara... Una definición grotesca del hombre como mono gramático, un mono bípedo y leído... Quién sabe...


Este artículo lo que no quiere es deslizarse a parecer un libelo contra las "frases célebres", a propósito de la frase felizmente no entendida de Cervantes que comentamos.


He aquí lo que yo pienso, a modo de hipótesis de interpretación de la cita, tan dada por ya sabida y pensada y acuñada en tópico:

Pienso que Cervantes, en algún lugar del mundo, después del Humanismo, que comportó también su Erasmo y su Montaigne (dos pensadores escépticos) y en el tránsito del Manierismo al Barroco, que dieron cuenta de lo complejo, artificioso y laberíntico del espectral mundo moderno, frente al sereno y claro universo renacentista, se vio abocado a reconocer (como dice en la segunda parte del Quijote) que nada es lo que parece; que el mundo moderno se ha vuelto un lugar de tan complicada lectura que nadie sobra: ni monos ni hombres, ni máquinas inteligentes ni simios adivinos. La tarea de descifrar lo real, si no se ha vuelto imposible, al menos se complica y mucho. Y en eso estamos, hoy...
Lo que es seguro es que el hombre ve en peligro su "diferencia esencial", su "primogenitura" como lector, actor e intérprete. ¿Habla la cita cervantina de un mundo dominado por ingenios no humanos? ¿Es un vaticinio? ¿Es Cervantes el padre de la ciencia-ficción?

Más que responder a esos interrogantes, me interesa terminar subrayando la confianza positiva de Cervantes en el hombre bueno, ese poso humanista que siempre tuvo al fondo el escritor y que nos transmite su héroe: como quiera que yo me sea, doy gracias al cielo, que me dotó de un ánimo blando y compasivo, inclinado siempre a hacer bien a todos y mal a ninguno.



Fulgencio Martínez


Publicado en La crónica del Pajarito, domingo 1 de mayo 2016

http://www.lacronicadelpajarito.es/domingo/que-lee-mucho-y-anda-mucho-ve-mucho-y-sabe-mucho

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