jueves, 19 de noviembre de 2015

Los nombres de la Bestia. Por FM diario político y literario

 
LOS NOMBRES DE LA BESTIA

 Oigo a Pepa Bueno, en las mañanas de radio, hablar de terroristas “inmolados”, y pienso en qué altar los terroristas han cometido su acción criminal, ¿o tendrías que decir: su sacrificio? Me quedo perplejo ante el uso informativo del lenguaje. 

Ya a propósito de otros atentados, igual de salvajes y criminales que los recientes de París; tras los atentados de Madrid, los informadores españoles cometían semejantes disparates semánticos en sus crónicas. Sin embargo, se llegó entonces, a una fórmula neutra: los suicidados, para llamar a los asesinos de masas que, al verse acorralados, optaron por quitarse la vida para no afrontar las consecuencias de su actos; lo que es de cobardes, mire usted. 

Oigo también a una joven reportera de la Televisión española, en directo, mejorando a la citada presentadora de radio, vagamente premiada por los compañeros de su profesión (¿quiere esto decir algo sobre el nivel de la profesión periodística? Pues, sí.) La joven y no necesariamente he de pensar que indocumentada periodista de la 1 de televisión riza el rizo, al referirse a los terroristas “autoinmolados”. O sea, que se sacrificaron por cuenta y voluntad propia, en pro de la causa. Tal cúmulo de dislates ocurren por la inercia de una información que parte de un lenguaje intoxicado. Las guerras no se hacen con armas, sino con palabras, valores y propaganda. 

El disparate mayor, general en la prensa es llamar “yihadistas” a los asesinos terroristas. “Yihadismo” islámico es lucha armada en nombre del Islam, “yihadista” es tanto como “soldado de Alá”, una autodenominación altamente positiva en boca del que arma ideológicamente a la bestia, y por tanto términos que la bestia asume como un encomio implícito. Es, mutantis mutandis, como si a los terroristas de ETA, le llamáramos soldados de la nación euskalduna: “gudaris”. 

Pues bien, seguimos con el complejo de no llamar a las cosas por su nombre, o peor, describirlas con las palabras que mejor cuadran a la bestia. ¿Es que seremos un poco bestias?, piensa el filósofo contemplativo. El otro, el filósofo práctico, ha de avisar y advertir de que así no se ganará nunca una guerra. 


Fulgencio Martínez

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