miércoles, 1 de julio de 2015

POEMA VISUAL DE AGUSTÍN CALVO GALÁN, ACOMPAÑADO DE TRES TEXTOS DE FULGENCIO MARTÍNEZ

 
poema visual de Agustín Calvo Galán
 poemas de fulgencio martínez (cancionero y rimas burlescas, ed. renacimiento, Sevilla).




SEIS MILLONES DE ÁNGELES VARIOPINTOS
    
       




                (según las últimas estadísticas)


Orejean el más mínimo rumor
esperando que la vieja soberbia
del hombre cese.
                           Mientras tanto,
deciden bajarse en la próxima
estación, siempre en la próxima
parada del Metro,
                              adonde vagan
encarnados, omnipresentes
como ángeles con un único brazo
y objetivo: el de pedir,
a la audiencia que les escucha, una
monedita para comer.

Vomitan sus cuitas en rela
jada narración a cada viajero,
como compañeros de viaje
obligados a estar un largo tiempo
juntos, y a matar el tiempo así.

Y en otro vagón siguen
negando el sueño, la paz
de los mudos y adormilados
trabajadores del suburbio.

Suelen contar que vienen
del paro y van al paro:
aun muestran su cartilla
como una cédula de buena fe.

Ningún alma se suelta
la mano para darles
constancia de que es cierto.
Al menos, esa caridad.


LA BUSCA ES UNA SALIDA


Se nutren en las ciénagas
de la ley, pisan sobre naipes
afilados, igual que matan
sueñan con tener hijos
educados en buenos
pero no públicos colegios
y con un fin de semana en el campo.

Son carne de mafia, profesan
de esbirros o sirven de mula
para pasar dinero o droga.
Odian a sus jefes y le seguirían
hasta la muerte.

Son saldos humanos, metáforas.

Triste, muy adentro nos llega su voz:
qué hacer cuando uno no tiene trabajo.


LOS CONDENADOS POR ELEGANCIA
  
       Par delicatesse,
       j’ai perdu ma vie.
          ARTHUR RIMBAUD

(…7 de cada 10 encuestados perciben que ha empeorado
su vida. El resto no tiene vida, o no contesta)


En el último tenedor
almorzó tres veces… sin hambre,
en el mismo día, a la misma hora.
Comió como diez hombres.
Devoró el trabajo de mil obreros.
Devoró, digirió, y volvió a comer
hasta alcanzar nunca la saciedad.

Era evidente su nivel de vida
elevado. Elegante, distinguido;
refinado aunque modesto
en dar propinas – ese costoso
gesto superfluo lo tildaba
de despilfarro -, siempre iba
a la mejor barra de Madrid
para encontrarse con él mismo.

Que eran otros igual que él,
recalzados en la crisis, asquerosos
millonarios cursizampos, perras
sin dientes, ansiosos de fornicar
mas convocados a siempre comer
defecando los placeres y trabajos
de otros.
                Pobrecitos, pobres….

CANCIONERO Y RIMAS BURLESCAS (Renacimiento,Sevilla) 

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