martes, 3 de marzo de 2015

Antonio Machado y la enseñanza: Un poeta, un alumno y un maestro. Por Enrique Gambín. Revista Ágora/ Homenaje a Antonio Machado/ artículos literarios




5º C - Antonio Machado. Día del Libro. CEIP Pinocho          Homenaje a Antonio Machado (Machado y la Institución Libre de Enseñanza)


ANTONIO MACHADO 
Y LA ENSEÑANZA: 
UN POETA, UN ALUMNO
Y UN MAESTRO

          
            
            Por Enrique Gambín
                                                            


La literatura no se reduce a los libros, que son leídos, con más o menos placer, por los lectores interesados en ella, es un arte y, sin despreciar su vertiente vocacional y ligada a la invención, va íntimamente unida a la enseñanza y al aprendizaje. Ningún escritor, ni poeta verdadero nace de la nada, todos tienen maestros que, a través de la lectura, les han enseñado y transmitido la poesía y la literatura; después estos tendrán que explorar dentro de sí mismos para vaciarse de sí mismos y llenarse de la poesía que reside en el mundo.

Las enseñanzas de Platón y Aristóteles con su Poética nos ponen en antecedentes de cuán importante ha sido el transmisión de la tradición, repleta de valores que tantas veces se han ido siguiendo, quebrantando y cambiando a lo largo de la historia de la literatura, pero esto requeriría un estudio a parte. Lo que es fundamental es que, aunque los maestros de la técnica de la (ars) sean de gran importancia, las líneas de la literatura las han ido trazando los poetas y los escritores que con sus obras han ido enriqueciendo el arte y creando mundos nuevos.
 

Las grandes efemérides como es el caso del centenario del nacimiento de Antonio Machado nos llevan a revisar su vida y su obra, buscando nuevos recovecos, nuevos puntos de vista que nos lleven a conocer mejor al creador que está detrás de los libros que tantas veces hemos leído. A Machado se le ha definido en multitud ocasiones por su carácter progresista, su genialidad poética, pero menos veces se ha explorado en su ser pedagógico, en el educador y el alumno que fue y la importancia trascendental que esto tiene en su poesía. Perdura la tendencia de algunos autores a definirse como artistas y creadores en sí mismos y ex nihilo y a negar toda influencia posible de doctrinas, pensamientos y poetas ajenos, por temor a perder prestigio y fama. Todo lo contrario ocurrió con Machado que siempre mostró sin reservas el agradecimiento y el tributo a sus maestros, pues él también lo fue de muchos otros que le precedieron y aún hoy lo sigue siendo de aquellos que nos aventuramos en la lecturde su poesía.

En Antonio Machado se conjugan tres cualidades esenciales, fue un excelente alumno, un gran maestro y sobre todo un poeta de verdad. No fue un poeta lleno de sí mismo y vacío de contenido sino que aplicó las enseñanzas que recibió en sus años de estudiante, llegó a subir a la tarima de varios institutos para suerte de los estudiantes que pudieron escucharlo y su poesía se enseña como una de las más preciadas de las letras hispánicas. Forma parte como Gerardo Diego del grupo de ilustres catedráticos de instituto, por los pasillos de los centros educativos de la época pasearon grandes autores que dejarían una huella imborrable en la cultura española. No conviene olvidar que buena parte de la cultura no solo se transmite en el aula, sino que la educación puede ser un motor de nuevos creadores, un semillero donde brota el arte y ese semillero fue para Machado la Institución Libre de Enseñanza.

Si exploramos en la biografía del poeta andaluz veremos que en septiembre de 1883, la familia Machado se traslada de Sevilla a Madrid. Pero antes de esto, Fernando Ortiz (1984  93-112) nos dice que el ambiente en el que nacieron los hermanos machado era el de una Sevilla liberal, progresista y anticlerical. Sigue detallando Ortiz en su artículo que pocos días después de llegar a Madrid los hermanos Manuel y Antonio Machado ingresaron en la Institución libre de Enseñanza. 

«En ella, las actividades complementarias de los estudios son las numerosas excursiones que, dirigidas por los profesores, hacían los alumnos a ciudades y pueblos próximos a Madrid y a la cercana sierra del Guadarrama, así como las visitas a museos, industrias artesanas, fábricas, tahonas y centros científicos. Eran característicos de la Institución «el trato íntimo con los alumnos» y «las conversaciones libres y generales, en las que el niño hacía preguntas con entera espontaneidad, contestando al maestro como si fuera a un amigo o a un hermano mayor». (Fernando Ortiz 1984- 93-112) 

Todo esto influirá en gran medida en sus poemas. La Institución libre de Enseñanza estuvo íntimamente ligada con la familia de Machado, hasta el punto de que tanto su abuelo como su padre mantuvieron una estrecha vinculación con la institución fundada por Giner de los Ríos. El revolucionario modelo de esta institución promovía la defensa de la libertad de cátedra y la negación a ajustar las enseñanzas a dogmas oficiales o a corsés preestablecidos. El alumno de secundaria y de primaria podía salir del aula y aprender a conocer y a valorar el entorno y la naturaleza.

Es preciso plasmar las propias palabras de Machado sobre la importancia de haber estudiado en esta Institución: «Vi entonces que en mí no hay otro bagaje de cultura que el adquirido en mis años infantiles de los 9 a los 19, en que viví con esos santos varones de la Institución Libre de Enseñanza.»

Jean-Louis Guereña recoge en las actas del coloquio internacional sobre Antonio Machado celebrado en 1994 unas citas de Machado muy elocuentes y que merecen un comentario:

«Esta influencia se puede apreciar en su artículo «Sobre pedagogía»  donde, comentando Machado una conferencia de Cossío, según el cual era preciso enviar los mejores maestros en las últimas escuelas, afirmaba que «no basta enviar maestros: es preciso enviar también investigadores del alma campesina, hombres que no vayan solo a enseñar, sino a aprender». Machado se mostraba reacio a todo método sistemático, ya que «lo que importa es aprender a pensar, a utilizar nuestros propios sesos para el uso a que están por naturaleza destinados (…)»»

Machado resalta la importancia de que los maestros no sean meros funcionarios sino que sean "investigadores del alma campesina", hombres que van a aprender, más allá de cualquier lógica o sistema preestablecidos, hombres que piensan y que enseñan a sus alumnos a pensar. Estas palabras que sería muy beneficioso que fueran la base de cualquier ley de educación, o manual pedagógico, se encuentran en total coherencia con su obra poética.

El poeta andaluz nunca es inmune al paisaje, al entorno que lo circunda, nunca trata de emanar sus sentimientos, ni se regodea en su 'yo' como hacen los falsos poetas, siempre se llena de las realidades y los contextos nuevos a los que le llevó su azarosa vida. Extrae como si del más valioso mineral se tratase hasta la última gota de poesía que reside en las ciudades, los campos, los lugares en los que transcurrió su caminar. En la primera estrofa de su poema Retrato relaciona las etapas de su vida con los lugares en los que estuvo: «Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla».



«… olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera. »


Es curioso, como en la enfermedad de su amada Leonor, no recurre a tópicos trillados y manidos de amante desdichado, ni tampoco se enfurece por el deterioro físico de su compañera disparando versos desolados e hirientes. Como si de Dafne se tratase, identifica a Leonor como un olmo seco por las inclemencias del otoño, recurre a un proceso de la naturaleza. Un olmo que podrá caer al río, y las aguas de este en su eterno fluir la conducirán al mar de la eterna tranquilidad. Pero su resignación filosófica y meditativa se contrarresta con una esperanza sana que aguarda a que el milagro de la primavera reverdezca a su amada y su enfermedad termine. Pocos poemas de amor son más bellos que este.

Años después de que la muerte sesgará la vida de Leonor, Machado la recuerda en un poema melancólico destinado A José María Palacio. Es una poesía que resalta con viveza la presencia de una ausencia, la presencia de la ausencia de Leonor en la vida y el pensamiento de Machado. No obstante, no hay ni una sola mención a su amada en todo el poema, "su" es el único pronombre que hace referencia a ella.

En la última estrofa del poema, Machado da una visión premonitoria de su muerte y la relaciona con el mar, de ese color azul al igual que los "días azules" iluminados por el "sol de la infancia" en su último verso escrito en Colliure.

Sus últimas palabras son para el paisaje, para la naturaleza con la que se identifica. Su vida se nutre de la poesía encontrada en los elementos y en el pensamiento filosófico que deriva de los mismos. Incluso en su exilio, cuando su vida está próxima a acabarse, sus últimas palabras no son nacidas de su ego, ni siquiera de sus sentimientos, son para admirar su entorno. Pero no es una admiración de algo ajeno, sino que él siente como propio, como parte de su ser. No cabe duda que un poeta verdadero es un admirador y un amante de la poesía y como Machado dijo un profesor también tiene que indagar en el alma, el pensamiento de un profesor debe ser libre y comprometido con su medio, para poder transmitir la sabiduría necesaria para formar ciudadanos que sean "en el buen sentido de la palabra" buenos como lo fue Antonio Machado.

Cabe recordar el poema que le dedicó a su maestro Francisco Giner de los Ríos personaje histórico que marcó un hito en la pedagogía española, y fundador de la Institución Libre de Enseñanza,

«Como se fue el maestro,
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja. »

La luz, protagonista de los últimos versos escritos por Machado, es la que le revela que su "hermano Francisco".  Nos sitúa a Giner de los Ríos en plena naturaleza, en el entorno que inspiró toda su teoría, habla de su corazón y desea que repose "en tierra de tomillos, donde juegan/ mariposas doradas…" Así concluye el sentido homenaje de un digno discípulo de su maestro, citando los sueños del mismo de "un nuevo florecer de España". Todo profesor más que un frío adoctrinador o trasmisor de teorías, teoremas y demás postulados es un admirador del conocimiento, un hombre con corazón y entrañas que sueña siempre con un nuevo florecer, esto lejos de un idealismo teórico es la verdadera vocación docente que movió a los hermanos Machado y cuyo influjo se encuentra plasmado en sus obras poéticas.




BIBLIOGRAFÍA

MACHADO Antonio, (2001 (33)): Poesías completas. Espasa Calpe. 

GUEREÑA, Jean-Louis. "Machado y la Universidad Popular segoviana". En Valencia. Evento: Antonio Machado Hoy, 1939-1989, Madrid, Casa de Velázquez, 1994, 240-252. 

ORTIZ, Fernando.  (1998). "Una ciudad y dos poetas" [en línea] Abel Martín. Revista de estudios sobre Antonio Machado. [fecha de consulta: 1 Febrero 2015]. Disponible en: < http://www.abelmartin.com/critica/ortiz.html>. 


         ENRIQUE GAMBÍN LÓPEZ es filólogo y poeta. Dirige el blog literario http://brazaldelasletras.blogspot.com.es/


 


 REVISTA ÁGORA DIGITAL MARZO 2015

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