jueves, 29 de enero de 2015

Mínima etiqueta: calzoncillos limpios. Diario político y literario de FM T3/32



 

MÍNIMA ETIQUETA: CALZONCILLOS LIMPIOS


Sorprende la coincidencia en inglés de una misma palabra, party, para fiesta y partido político. En latín, nuestra lengua madre, se llamaban candidatos a los que se presentaban a los comicios porque debían vestir una toga cándida: de un blanco purísimo en señal de limpieza moral. Los españoles (me dice una persona que está en paro desde hace cuatro años) hemos desarrollado ya una tolerancia cero hacia cualquier asomo de corrupción. En la política y en cualquier asunto donde se gestione con nuestro dinero, hiere hoy nuestra sensibilidad toda sospecha de caradura, incluso la complicidad con el presunto defraudador y corrupto suscita ira y vergüenza ajena. Sin embargo, a pesar de sus retóricas de regeneración, los partidos que han sostenido hasta aquí el sistema no han cambiado la ley electoral, y al día de hoy, con decisivas elecciones por delante, no se prevé que haya listas abiertas, ni la exclusión por razones éticas de presuntos corruptos en las candidaturas, ni, mucho menos (lo que sería una medida más avanzada) presentación de informe de transparencia de cada candidato para que tengamos los votantes una información adecuada. 

Está visto que no ha calado el simbolismo del color blanco en la política española. Perdonen que lo diga con cierta crudeza: Para presentarse a político, igual que para ir a una fiesta, es requisito llevar calzoncillos limpios. O bragas. Vayas donde vayas ponte bragas limpias, por lo que pase. Donde más debe calar esta norma estética, también higiénica, habría de ser en las cúpulas dirigentes, que, por protocolo, no pueden admitir a ningún sospechoso de faltar a la etiqueta. No pasa res, como dicen en Cataluña, si un presunto de desprender olorcillo es apartado hasta que resuelva su lavandería en la vida privada; no alegue nadie falta de tiempo ni ninguna otra excusa para no presentarse limpio en la fiesta de las elecciones. Lo que es una recomendación para el ciudadano normal: cumplir la ley y ser y parecer honesto; en un candidato es una obligación sine qua non. Si esconde algo sucio, o se le imputa que lo tiene, aclárese antes de ser candidato. Lo dicho vale tanto para una mujer –sea alcaldesa del PP, como Pilar Barreiro, o exconcejala de IU, como Tania Sánchez, o para un hombre, como Miguel Ángel Cámara, aún alcalde de Murcia por el PP, o Juan Carlos Monedero, de Podemos. No hay que esperar a que el tufillo apeste o se vaya diluyendo en la atmósfera general podrida. Igual que ante el problema de la contaminación en las grandes ciudades, es necesario adoptar con urgencia medidas preventivas anticontaminantes para atajar o hacer descender los niveles de corrupción.

Fulgencio Martínez


Profesor de Filosofía y escritor

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