sábado, 10 de enero de 2015

Mahoma no es la ley. Diario político y literario de FM/ T3/26



            MAHOMA NO ES LA LEY


Publicado en el periódico LA OPINIÓN 11-1-2015
 http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2015/01/11/mahoma-ley/616880.html

Mahoma, ni Cristo, es la ley; la ley es la Constitución de un Estado y, por acuerdo también, los tratados internacionales, especialmente los referentes al respeto a los Derechos Humanos. Hay verdades tan obvias que corremos el peligro de olvidarlas. Para cualquier persona que viva hoy en las sociedades occidentales, más aún si es un ciudadano de ellas, y sea cual sea su credo religioso, filosófico o político, debería ser obvio que nos regimos por la ley humana, o sea, fruto de una convención o acuerdo entre los hombres; una ley siempre mejorable y cambiante, también por acuerdo democrático. 

La diferencia entre la ley, humana, y una supuesta Ley de Dios, de Mahoma o de Cristo, es el meollo filosófico, el hueso duro de roer que no aceptan algunas de las religiones que han sido poderosas en otros tiempos o que han vuelto a serlo en una parte del mundo y desean imponerse en el resto del planeta, ya fuera de tiempo o en un intento de parar el tiempo en una edad teocéntrica: el Islam radical está en este caso; pero también el catolicismo integral cuando éste intenta imponer sus criterios en cuestiones morales como el aborto o el divorcio. Es la misma mentalidad, una misma cerrazón a lo que supone desde el siglo XVIII la ley social. Esta no puede ser parcial ni representar a un grupo de la sociedad que profese una determinada religión. La ley es siempre acuerdo entre hombres y, puesto que ha de regir para una totalidad de ciudadanos, no puede representar solo a una parte, sea esta una minoría o incluso una mayoría. De ahí que el mejor método hasta ahora inventado para hacer efectivo esto es la democracia: el consenso democrático para establecer la ley; y de ahí también que la ley sea dinámica, cambiante en esencia, a tenor del cambio de las mayorías que deciden la ley. El relativo defecto de que la ley en un momento dado sea fruto de la representación de una mayoría (no del todo unánime) se corrige así: las mayorías cambian y la ley también. Estas son las creencias básicas en una sociedad política moderna. 

Por el contrario, allí donde se dice que la Ley es de Dios, de Mahoma o de Cristo, evidentemente no hay margen de error, la Ley representa la única Verdad (aunque esa Verdad sea la interpretación dada de ella por una Iglesia o un imán); la Ley no necesita de mayorías cambiantes, ni de democracia y votaciones periódicas para ajustarla, y por supuesto ante la Ley divina no cabe otra: cualquier ley humana o se pliega o es rechazada. Algo tan obvio como que la ley la hacen los hombres, por acuerdo democrático, algo valioso pero nunca perfecto, de ahí su obligatoriedad y su reformabilidad, no está en los planes educativos islámicos, ni nunca creo que lo esté. 
No se infiere de ello que la Ley de Mahoma sea la culpable de asesinatos horribles y bárbaros; como tampoco lo era la Ley de Cristo de las barbaridades de los cruzados. Pero quien está imbuido de la idea o ídolo de una Ley religiosa (por encima de cualquier ley relativa y humana) es enemigo filosófico de nuestras sociedades. La educación, de nuevo, tendría que cumplir su papel; desenmascarar el inmovilismo de cualquier ideología supuestamente religiosa que se atribuye la representación monolítica de una ley divina por principio.  No puede haber tregua en esta tarea bajo ningún pretexto de tolerancia, convivencia cultural o relativismo. Aquellos que en el siglo pasado se decían “relativistas” son los que menos se ponían en la posición del otro; si nos ponemos, por hipótesis, en la posición del otro y nos vemos como nos ve el otro, quizá comencemos a sentir miedo de sus posiciones. Mientras no nos pongamos en la posición de un chico o chica educados bajo la ley islámica, seguiremos diciendo que el Islam no es problema, que es convivencia, etc. Si a ese mismo chico un día se le pide dar una prueba de su religión, ¿tendría claro que la ley humana y los Derechos del Hombre están por encima en el orden de sus referencias?

Fulgencio Martínez

Profesor de Filosofía y escritor

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