miércoles, 29 de octubre de 2014

No es un país para premios



 
Diario político y literario de F.M /T3/6
NO ES UN PAÍS PARA PREMIOS

Que no está el país para presentarlo a un premio, sobre eso quisiera reflexionar realmente. Pero, todavía alelado de admiración por el éxito (según la televisión oficial) de la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias, y por ser, quizá, la última ocasión que tenga para hacerlo, ya que en posteriores ediciones pasarán a llamarse Príncesa de Asturias, voy a glosar este galardón. En las palabras del rey se ha destacado el vocablo “ética” –se pide más ética a los gestores públicos, más ética en general en la vida de los caminantes y súbditos de este reino de España. Una persona junto a mí, en la barra de un bar, me preguntaba, viendo y oyendo las imágenes televisivas del acontecimiento: “¿qué eso de ética?, ¿usted lo sabe?”. No pude evitar sonrojarme, pues el individuo en cuestión no reconoció en mi persona, de primera vista,  que yo la tengo y que la enseño: lo de ser profesor de esta materia tampoco se me debe conocer a la vista. ¿En general dónde tenemos las personas la ética? ¿Y por qué solo se enseña una hora a la semana en un curso de 4º de Eso?
Sobre lo segundo, pregunten al ministro Wert y al consejero de Educación Pedro Antonio Sánchez.  En respuesta a lo primero, diría que la ética es invisible, inodora, incluso indolora, insapiente e insostenible en mano, rostro o cualquier otra parte del cuerpo. Todo lo que sé de ese cuerpo volátil lo aprendí en un manual de José Luis López Aranguren, llamado, precisamente, Ética. Allí aprendí que moral y ética pueden ser sinónimos y que hay un sentido del término moral muy utilizado, en expresiones como “tener la moral alta” o “estar con la moral alta”, es decir, sentir ganas de vencer las dificultades y ser asertivos –asertividad es una palabra que se ha puesto de moda luego-. La moral alta es sentirse vital, deportivo, que diría Ortega y Gasset. En este sentido, en nuestro país donde más se nos nota la ética es en el deporte, hemos tenido temporadas mejores, pero en general andamos por ahí con la moral alta. Pero ética remite siempre a un comportamiento juzgado por otro, por otros, o por uno mismo.  En otras actividades (económicas o de cualquier otro tipo, incluso en aquel sentido de la palabra moral al que me he referido) se evalúan los comportamientos no por sí mismos sino por los resultados.  Todas las acciones que realizamos pasan a verse rápidamente como actividades; dejan para la conciencia de ser acciones, para ser actividades: todas, excepto la ética. Incluso ésta en aquel sentido básico, fisiológico, de moral deportiva. Incluso la educación padece la tentación y el peligro de evaluarse por los resultados y, por tanto, se olvida la dimensión ética de la educación, se la saca de aquello que se juzga por sí mismo,  en sí mismo, y nivelada con otros contenidos y actividades evaluables por resultados, se le concede un lugar menor. En realidad, toda la educación y en particular la ética solo tienen un fin propio: ampliar nuestra conciencia y, antes, ayudar a formarla o, cuando menos, avisar de que es necesario usarla . Vean si toco el tema de la educación y la ética en la educación. Si queremos tener un país ético, o con un plus ético en estas malandadas circunstancias que vivimos, hemos de empezar por educar al personal y por darle, en consecuencia, tanta o más importancia a la ética que a los contenidos y herramientas que nos preparan para realizar actividades. Fijémonos en la acción misma, en que la “hacemos” nosotros.
Si  a mí me pidieran dar una lección magistral de Ética leería en público esa letra de la canción de Frank Sinatra, “My way”.”Tuve una vida satisfactoria / recorrí todos y cada uno de los caminos…/ Hice lo que debía, /pero me aseguré que fuera sin privilegios./ Amé, gocé, también sufrí /… ¿qué es un hombre y qué ha logrado?, / si no es fiel a si mismo no tiene nada, /decir las cosas que siente realmente y no las palabras de quien se arrodilla”. Me emociona el espíritu deportivo de la letra, su vitalismo a la vez que una expresión clave: sin privilegios. Se juntan ahí moral alta y ética, los dos sentidos. Tomé todo pero me aseguré de que fuera sin privilegios (without exemption). En este sentido, solo puede predicar ética quien dice y hace parejo, quien quiere lo que hace y hace lo que quiere sin ventajismos, sin prebendas ni privilegios, pues se recuerda que ha de ser juzgado; gana o pierde con fair play, su éxito nunca es unfair, injusto, pues no se hace trampas a sí ni las hace a los demás. Buena lección de ética sería la que diera un político o el mismo rey que renunciara a vivir con privilegios, honores, premios, y se dispusiera a vivir como cualquier ser humano. Eso, precisamente, le han recordado al rey Felipe VI los de las diversas plataformas (desahuciados por las hipotecas, jornaleros, jóvenes en paro, etc) que se han acercado a Oviedo, a la entrega de los premios Príncipe de Asturias: cuando Felipe viva con 4oo euros al mes, entonces que pronuncie la palabra ética. Solo le pediríamos que lo pruebe un solo mes, que no sea febrero y bisiesto.

FULGENCIO MARTÍNEZ
Profesor de Filosofía y escritor

Artículo publicado en el periódico digital EL PAJARITO.ES
http://elpajarito.es/opinion/368-agora/9878-no-es-un-pais-para-premios.html

y en el periódico LA OPINIÓN DE MURCIA
http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2014/10/27/pais-premios/599465.html

martes, 28 de octubre de 2014


 

Recordamos a Pablo Neruda a través de este poema publicado en La Nave de los Locos. El poema "Leyendo a Pablo Neruda, en un tiempo extraño", en su día inédito, fue publicado en su versión final en el libro de Fulgencio Martínez Prueba de sabor (ed. Renacimiento, Sevilla). Aquí se muestra el poema en una variante totalmente inédita.

http://nalocos.blogspot.com.es/2011/01/fulgencio-martinez.html


"Leyendo a Pablo Neruda,
en un tiempo extraño"


......
Hay en mi corazón furias y penas
                  Francisco de Quevedo
     (cita que abre "España en el corazón", tercera parte de Residencia en la tierra).......


COMO para aprender un ejercicio de alegría                                 
leo en tu libro, Residencia en la tierra. 
Pablo, tú que has vivido,
confiesas, tantas muertes,
¿encuentras vacía la última
en la que, ahora, yo te leo?
 

Sospecho que vivimos 
vidas prestadas
a los poetas que amamos
y murieron a través de nosotros
o por nosotros viven de algún modo...

Y, cuando un día vengan a exigirnos
la vida que nos confiaron, habremos
de mirarla chica o menos cumplida.
 


Sospecho que vivimos
solo puedo decir.

Pablo, el tiempo
no está para la alegría;

mas prometo seguir colaborando
en el diseño de tu resurrección,
en el proyecto de tu poesía incompleta.
......Me prometo gozar con tus imágenes
como gozan los niños y te imitan
los jóvenes, a los que gustas cuando callas
del mundo que ellos sufren,
y se enamoran con tu pena edulcorada
lo que dura un anuncio de televisión.
......Leerte no deber ser un ejercicio triste.
Pasaré de largo tu angustia ante el verso
que se queda solo, ensimismado,
como un panegírico a la sensibilidad propia.
.......Prometo - al fin, lector vitalista-
ponerme en los labios crema protectora
de un factor más alto
para que no me los queme la furia
de Quevedo, de España y de mil espadas
que cabían en tu corazón.
.......De las penas de Werther ¿quién se acuerda?
¿Cuáles eran?... Pero queda el hombre
en su decisión, en aquello
que le movió y puede mover a otros.
....... 

Las penas de un poeta calla la muerte;
pero las furias siguen en él pegando gritos
contra la injusticia, la pobreza y la sordera
de este mundo nuestro que cosifica sus versos
para vendernos un cepillo mental;
.......este mundo nuestro del que son cómplices
también los poetas rosa Barby
hinchados de sí mismos,
a los que se les reconoce
porque llevan sombrero
para parecerse a un artista.
.......
......* Fulgencio Martínez (Murcia, 1960) es licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid. Codirige la revista literaria Ágora. Ha publicado los siguientes libros de poesía: Cosas que quedaron en la sombra (Nausícaa, Murcia, 2006) en la editorial Renacimiento León busca gacela (2009) y El cuerpo del día (2010). Este poema es inédito.........

lunes, 27 de octubre de 2014

Margalit Matitiahu, desde Israel: Poemas inéditos en judeo-español. Por cortesía de Juan Zapato, director de la bitácora La torre de Babel



Para la bitácora La Torre de Babel, que dirige Juan Zapato, Margalit Matitiahu ha adelantado estos poemas inéditos escritos en judeo-español o sefardí.
Por cortesía del poeta Juan Zapato, colaborador desde Israel de Ágora, los presentamos a nuestros lectores.

http://latorredebabel.wordpress.com/2014/10/01/poemas-inditos-en-judeo-espaol-margalit-matitiahu/

Margalit Matitiahu es, actualmente, la fuente de la poesía escrita en judeo-español, lengua entrañable, en cuyas raíces seguimos bebiendo todos los que hablamos alguna forma de español. Sobre su poesía hemos publicado con anterioridad en esta página, así también se encuentra en la Antología actual de poesía española.

Margalit junto al poeta español Antonio Colinas (a su izquierda)








      



CABALLOS  SALVAJES


                                               1

En la escuridad de la noche nació un murmuro
Llevando amor y pasión entre mis piernas,
Muestros nombres se aunaron en el esfuenio
Que arelumbro la madrugada.
La alegria dientro mi guadro el secreto
Del manante de la luz que cubrio mi alma.


                                   2

El sotano pinto de muevo muestros puerpos,
De muevo se encontraron las aguas del rió
deshando atras el miedo,

Muestras manos tocaron sudor de caballos salvajes, 
Las solombras de los años se iluminaron
Los nombres enflorecieron entre almohadas.

No preguntimos al tiempo 
Si continuara a emprestar tiempo…





NOCHE  VAGABONDA                                                
Noche vagabonda se asento entre frente y ojos
Los momentos corren sin encontrar dirección,

Preguntas enloquecidas suben y abashan
Entre me pecho y mis piernas,

En la camareta respira enverano ajeno,
La valija abre su boca en el espacio temporario…

En supito la llamada del telefono arazgo la noche,
Penetro en mí tu existencia invisible… 




OLVIDO 
                             
El viaje cruza mi puerpo 
Se registra en mis ojos,  
Mensajeros interiores corren en mis venas 
Entregan un amor…

Los muvimientos se espanden como un hechizo,
La escuridad se asenta en las ventanas,  
Se enrama bushcando salida…
Un aire frio me rodea, marea al selencio,

El ruido del día nace 
Djunto mis penserios piedridos,
Se van escondiendo en el olvido…




YA ES HORA
                                
Ya es hora de arecojerme,
Mirar a la madrugada
Como a un milagro.

Espander las manos
A los primeros rayos de la luz,
Y como un pasharo
Agradecer a los empesijos…  

Descubrir penserios 
Que esconden secretos de luz y luvia
guadrados en los caminos invesibles.

Entre las montanias de mi corazón,  
En la cueba asolada, en mi disierto enterior,
Allí, con tu sonriza y tus ojos mavis
Vas  arelumbrando mis pasos escuros…

Ya es hora de arecojerme y dar a la luz
Converserme…



Margalit Matitiahu©




Juan Zapato, firmando su libro "Juglarías".
Nuestros agradecimientos a Juan Zapato, escritor y poeta; autor, entre otros libros, de "JUGLARÍAS", y director de La torre de Babel, desde Israel para toda la comunidad de hispanohablantes.

 
















Revista Ágora digital Octubre 2014/ Textos magistrales/Nuestros maestros/ La Torre de Babel colaboraciones de Juan Zapato

domingo, 26 de octubre de 2014

Recordando una entrevista a Fulgencio Martínez para El brazal de las Letras, de Enrique Gambín

Fulgencio Martínez- Poeta 

ENTREVISTA DE ENRIQUE GAMBÍN A FULGENCIO MARTÍNEZ PARA EL BLOG EL BRAZAL DE LAS LETRAS




ENTREVISTA 

-Enrique Gambín López: ¿Cómo se define? 

 Fulgencio Martínez: Un lado sereno, el otro tempestuoso; soy como esas personas normales que sufren la carga del mal gobierno.


- E.G.L.: Un libro…


F.M.: El rayo que no cesa, de Miguel Hernández, porque después de él viene Viento del pueblo: es decir, porque ya ha dicho el poeta en aquel libro lo más grande que se puede decir sobre el amor y la muerte, y, a partir de ahí, la poesía va a comprometerse con la vida.

-E.G.L.: Una película…

F.M.: "Paseo por el amor y la muerte", de John Houston.

-E.G.L.: Un actor…

Un actor: Al Pacino. Una actriz: Esperanza Aguirre (aunque la llaman solo para funciones políticas, tiene otros recursos más allá del esperpento en que está encasillada).

-E.G.L.: Un valor…

F.M.: La generosidad, en cualquier ser humano; la generosidad unida a la inteligencia, en algunas pocas personas.

- E.G.L.:¿Qué referentes tiene en el mundo de la literatura y el saber?

F.M.: Mis referencias literarias son el maestro Antonio Machado, Miguel de Unamuno, Schopenhauer, Nietzsche, y, más cercanos a nuestra época, Gadamer, Derrida, y otros pensadores que siguen los senderos ocultos en el bosque de Heidegger.

- E.G.L.: Usted ha estudiado filosofía y ejerce como profesor de esa disciplina y además es poeta… ¿Desde una buena obra literaria se puede transmitir los mismos valores e ideas que desde un tratado filosófico?

F.M.: Tú lo has dicho, Enrique: "Desde una buena obra literaria". Piensa en el poeta alemán Hölderlin: "Ante las mismas puertas del Orco canté a la alegría/ y a las Sombras enseñé la embriaguez". Hölderlin dice que los poetas "somos" gente del pueblo, que hablan para todos y para cada uno de los hombres. Hay más filosofía (y valores) en un verso de Hölderlin o de Guillermo Carnero que en la mayoría de los tratados filosóficos académicos, que se limitan a parasitar el lenguaje de la filosofía viva.

-E.G.L.: Hay quienes piensan que la poesía se encuentra en el ámbito de lo puramente estético, pero también tiene importantes dimensiones antropológicas e incluso éticas… ¿Cuál es su opinión al respecto?

F.M.: La poesía tiene hoy una ventaja: no está en el mercado. Por tanto, cualquiera que escriba un verso de verdad está, por ello mismo, cuestionando el sistema. La poesía hoy, insisto, no es, afortunadamente, ni siquiera "cultura". No le afecta, por ejemplo, lo de la subida del IVA de la "cultura", ni ninguna de esas cantinelas, porque no se vende... Quiere esto decir que la poesía transgrede cualquier ámbito, y más aún: la separación de ámbitos. que no se sabe ya en nombre de qué cultura se establecen.

- E.G.L.: ¿Según su opinión qué debe primar en una poesía las ideas y valores inmutables o la experiencia?

F.M.: Ni una cosa ni otra: la poesía debería ser un cuerpo, con boca, manos, cabeza, pies, y todo lo que se le supone a un cuerpo: inteligencia, ritmo, sexo y nariz: nariz sobre todo, para aspirar el aire de su tiempo y oler el futuro, lo que no esté en ningún pro-grama. La poesía es la libertad de la escritura, y lo que, por definición, disuelve cualquier trazo, gramma, prefabricado. Nunca podría encontrarse en un best-seller, por ejemplo (volviendo al inicio de mi respuesta).

-E.G.L.: ¿Se podría decir que los poetas tienen una función para con la sociedad algo parecida a la de los filósofos?

F.M.: Aunque exista aún el prestigio de los grandes poetas, y de vez en cuando a uno de ellos, a punto de morir, lo lleven a Alcalá para darle el Cervantes, o lo maltraten llevándolo a la fría Suecia para otorgarle el Nobel; esta sociedad tecnocrática, economicista, no necesita a los poetas. Ni mucho menos los necesitan los profesionales del ramo político, quienes -como los antiguos sofistas, de los que te acordarás por tus estudios de Filosofía- manipulan a su antojo el lenguaje de la tribu. Ellos y los "creativos" de la publicidad: que viven de lo mismo si no son del mismo oficio. ¿Cómo va a interesarles que exista el poeta, el que cuida el lenguaje, la "casa del ser", como dijo Heidegger?

- E.G.L.: ¿Qué le debería motivar más a un poeta la realidad de lo vivido o lo que querría vivir?

F.M.: La apertura al otro, a lo otro, es lo que más estimo en un poeta. "Los vanos mundos interiores" en los que muchos todavía se alborotan, me dan cierta náusea; más aún, cuando el escritor escribe con una solemnidad pacata sobre "su experiencia", y en un estilo reconcentrado y superficialmente oscuro.

- E.G.L.: ¿Lo que más influye en los poetas son sus adversidades y a lo que son contrarios o sus alegrías y éxitos?

F.M.: Toda vivencia puede llegar al poema transmutada. La poesía tiene un poco de alquimia irracional: no se sabe cómo de una adversidad surge un poema de esperanza. No hay poesía triste o alegre, sino poesía buena o mala. Buena, donde hay algo de oro -de verdad, de autenticidad y de tensión por encontrar un sentido a lo que no lo tiene.

-E.G.L.: ¿Cuáles son sus motivaciones para escribir?

F.M.: Mis motivaciones conscientes poco importan (Decir mi insatisfacción con este estado de cosas injusto). Me siento a escribir cuando estoy atrapado por el deseo; respondo a una cierta forma de deseo visceral. Desear es algo así como reconocerse incompleto y tender a buscar fuera lo que nos complete. Todo organismo vivo es, básicamente, deseo por ser no autosuficiente. El deseo de escribir no es más espiritual que el deseo de obtener comida.

-E.G.L.: ¿Es posible innovar en el mundo poético o “está todo inventado”?

F.M.: Quien se plantea en serio esa pregunta, está muerto ya como poeta.

Hay que escribir a lo que salga, pero, eso sí, con extrema autocrítica y extrema modestia.

REVISTA ÁGORA DIGITAL OCTUBRE 2014 /extracto entrevistas de Enrique Gambín

sábado, 25 de octubre de 2014

Recordando el número 5 de la revista Ágora, nueva colección.

 

Recordamos el número 5 de la Revista Ágora digital (versión electrónica de Ágora-Papeles de Arte Gramático). II Parte del Homenaje al poeta Antonio Machado. Nueva colección.
Portada de Berta Mesa Cujean, textos de Luis Alberto de Cuenca, Hilario Barrero, David Pujante, Nicolás Corraliza, Agustín Calvo Galán, Toni Quero, Hernández Bravo, Fulgencio Martínez, Anna Rossell, etc...


PARA DESCARGA NUM 5 AGORA


http://es.calameo.com/books/00282729643ad4069307b

 PARA LEER NUM 5 AGORA 


 http://es.calameo.com/read/00282729643ad4069307b


PARA LEER O DESCARGAR EL ANTERIOR, EL NÚMERO 4, QUE COMPLETA EL HOMENAJE A ANTONIO MACHADO

ENLACE PARA LEER
http://es.calameo.com/read/0028272963326dc6e0637

 ENLACE PARA DESCARGA
http://es.calameo.com/books/0028272963326dc6e0637

viernes, 24 de octubre de 2014

Homenaje a "Hilo de oro" (Antología poética de Eloy Sánchez Rosillo)


HOMENAJE A "HILO DE ORO" DE ELOY SÁNCHEZ ROSILLO

Solo y mundo, en el atardecer, 
al final de una senda -cualquier senda perdida-
puedes encontrarme leyendo un libro.
    Hilo de oro este que, ahora, habita en mis manos.
Un ángulo...un libro y un amigo.



 
Homenaje al campo desierto (a Eloy Sánchez Rosillo)
Poema de Andrés Acedo, de “Solo y mundo”, dedicado a “Hilo de oro
(Cátedra, 2014)

REVISTA ÁGORA DIGITAL OCTUBRE 2014/ Nuestros maestros

jueves, 23 de octubre de 2014

martes, 21 de octubre de 2014

La sabiduría del cuerpo como herencia. Artículo de Maximiliano Hernández Marcos sobre el libro de Raquel Lanseros "Las pequeñas espinas son pequeñas"/ Revista Ágora digital/ Bibliotheca Grammatica/ T3


 

El autor de la reseña, Maximiliano Hernández Marcos












LA SABIDURÍA DEL CUERPO COMO
HERENCIA

Sobre el libro de Raquel Lanseros, Las pequeñas espinas son pequeñas (Hiperión, 2014)


    Con este nuevo libro, que mereció el Premio Jaén de Poesía de 2013, Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973- ) consolida con voz propia una trayectoria poética que ya ha despertado la atención incluso fuera de nuestras fronteras. La diversidad temática y la variedad de tonos que, como en la mayoría de los libros de poesía, convierte también este poemario en un depurado collage del fluir de la existencia, no debe hacernos perder, sin embargo, el argumento poético que le otorga unidad, la perspectiva con la que el alma de la poeta se ha hecho cargo de la contingencia y nos ha entregado con su palabra el sentido de la pluralidad. En dar con él o al menos entreverlo reside el interés humano, la utilidad cultural de la lectura. Por eso, sin menoscabo de otras interpretaciones, aquí sólo pretendo reconstruir la visión personal del mundo que he detectado como lector del libro, la que me lo ha hecho atractivo y ha ganado mi complicidad emotiva. Quizás no sea la más válida; para mí es, no obstante, la más verdadera.

   Lo primero que salta a la vista en este poemario -me atrevería a decir que en la poesía de Raquel Lanseros en general- es el vitalismo humano y el tono celebratorio de su mirada literaria sobre el mundo. El libro es ciertamente un canto a la vida como la única verdad , "la más profunda", la que no admite canje alguno: "A cambio de mi vida nada acepto" -escribe la autora. Y como todo canto supone aceptación y goce, Raquel asume la belleza de vivir como un don único y misterioso que merece la pena disfrutar a pesar de las "pequeñas espinas" que acompañan o entretejen el esplendor florido de la rosa. Para abrazar semejante "destello arcilloso de la tierra" basta con saborear "el néctar" de los "días que nos tocan". No hay, sin embargo, motivos trascendentes o creencias ultraterrenas detrás de esta gozosa aceptación; se celebra más bien la vida en su finitud, en su fugacidad, en la definitiva insignificancia de todo individuo como ser mortal. "Nadie tiene más valor que las flores en su tumba": es la dichosa hermosura de lo que se vive en un instante, sin suplantaciones ideológicas. El canto poético y el vivir humano son aquí inseparables, e incluso forman parte de un único proceso existencial. Raquel no contempla la vida y la hace verso sin haber sido protagonista de ella, sin haberla vivido en carne propia: "Yo he venido" -anuncia abiertamente- "a ser ola a la vez que miro el mar".

   Pero ¿cómo es posible afirmar y celebrar la vida en su dura finitud, sin sucumbir a la conciencia de la vanidad de todo lo caduco? ¿De qué manera cabe hallar ese "néctar" regocijante en el presente fugitivo que nos ha tocado en suerte? Es claro que esta actitud sólo es plausible allí donde, sin renunciar a la espontaneidad y certeza del pulso biológico, no se quiere, sin embargo, dejar el alma humana, por así decir, en cueros, abandonada al rudo azar o al mecanismo ciego de la sola naturaleza; allí donde, por el contrario, se ha decidido de algún modo la salvación consciente de lo puramente fáctico. Así es en el libro de Raquel Lanseros y de manera muy enfática. En él no se canta la vida como mero acontecimiento natural; se celebra el sentido que tiene ser su propio creador y la oportunidad única y pasajera de sentirse "orfebre del instante". El vitalismo afirmativo se halla, pues, traspasado por una conciencia -muy nietzscheana- de la propia vida como obra de arte, capaz de superar o dar muerte a la muerte misma. El poema "Hacia la luz" habla por sí solo:
 
"Quiero guardar el hoy como se guarda
un templo piedra a piedra.
No me importa esperar: soy la creación.
No me importa luchar: soy la creadora".



Para lograr esta "momentánea eternidad" que nos redime en lo efímero del vacío de  la disolución total, pide una vida de intensidad, en la que la anhelada luz de la verdad no sea distinta del camino de exploración constante de las cosas y de desciframiento con los propios sentidos del misterio inagotable del mundo, de su frescura infinita. En este trabajo de indagación creadora la palabra poética juega un papel esencial: ella explora el latido secreto del mundo, lo ilumina y engendra la verdad. Este vitalismo entusiasta, que conmemora la frescura de una existencia en la que crear, indagar y vivir intensamente son uno y lo mismo, hilvana sobre todo la primera parte del libro, titulada no en balde "Cuanto sé del rocío". 


    Pero también en ella hace ya acto de presencia el segundo motivo que vertebra del mundo poético de este libro: la reivindicación, el testimonio, la proclama de la sabiduría del cuerpo. De ella se nutre el vitalismo festivo de Raquel Lanseros, a ella aspira su ánimo de intensidad, ella sostiene el impulso creativo y el tanteo explorador de su manera de ver y de vivir la vida y de hacerla palabra. El sentido de la existencia que merece la pena es así el de la "luz hermana que alienta en los sentidos"; el saber meditativo que se aloja en los poemas es, de este modo, el que procede de la sensación y el saboreo directo del mundo, sin mediaciones intelectuales ad hoc, sin el filtro espurio de las convenciones establecidas. En el poema titulado, no en vano, "Ensayo general de otro horizonte" Raquel reivindica a este respecto el "derecho a vivir cuerpo adentro", sin "falso testimonio", sin las anteojeras ideológicas y morales de la "ortodoxia" social, que estrechan y paralizan nuestra capacidad de sentir y percibir las cosas, y condenan al olvido la posibilidad de lo nuevo, el encanto de "lo que aún no existe". No se trata, obviamente, de proclamar el abandono al caos -hoy organizado- de la sobrestimulación externa, que vacía el alma y mecaniza el cuerpo, ni a la volatilidad dispersa y mimética de los impulsos primarios, tal como requiere el imperio mercadotécnico del consumo; el horizonte vital reclamado es, por el contrario, el de la apropiación creativa de lo que nos sale al encuentro, esa manera de adentrarse  sensiblemente en el mundo que transforma su extrañeza externa en un hogar íntimo, su misterioso fluir en el aprendizaje luminoso de un destino propio, de una forma de asentamiento en él que nos otorga a la vez estabilidad y apertura emotivas: un saber estar que arraiga en un saber sentir. Por eso los versos de Las pequeñas espinas son pequeñas se entrelazan y cautivan no cual sentencias generales de un pensamiento lúcido pero abstracto, sino como aldabonazos intuitivos de "un cuerpo más sabio". Esta sabiduría a flor de piel, que incluso en su formulación reflexiva mediante la palabra poética mantiene la emoción táctil de lo vivido, emana de la experiencia personal y concreta, y tiene como presupuesto último la convicción de que sólo la sensación -no el juicio racional- nos entrega la verdad de las cosas, nos pone en contacto con la riqueza y el misterio del mundo. "Nunca miente la carne cuando ama" - declara en este sentido Raquel con contundencia en un hermoso verso. 


  El saber del cuerpo, su aquilatada sensibilidad para apreciar y saborear lo otro de sí, por más que cuenten con un sello propio u original, no son, sin embargo, innatos, sino adquiridos; resultan de un aprendizaje histórico, y, por cierto, enteramente silencioso y personal: constituyen la memoria de otros, la herencia estética e incluso ética -más allá de la genética- de nuestros antepasados o del entorno familiar en el que hemos crecido. He aquí el tercer motivo nuclear del libro, el que entreteje sobre todo el decir poético de las partes segunda y cuarta ("Conclave de mariposas" y "El pasado es prólogo"). Su tratamiento se inserta, no obstante, dentro de un tema más general que atraviesa todo el poemario: el del eterno retorno del sentir humano, con sus debidas variaciones particulares de circunstancia, individuo y época. A pesar del guiño -tal vez irónico- a Nietzsche (véase el poema "El burlón mirar de las estrellas"), estamos más bien ante un reciclaje de la clásica visión cíclica del mundo y del tiempo, convertida aquí en clave de una especie de intrahistoria sentimental; en modo alguno ante la nietzscheana voluntad de repetición de la naturaleza y de los acontecimientos conforme a nuestro querer afirmativo y prometeico de la vida. "El mundo es un recuerdo longevo que renace" -escribe Raquel- y "en cada renacer se expía la muerte" (léase asimismo el significativo poema "Diálogo hindú"). La cosmovisión del retorno se traduce así, de entrada, en una suerte de memoria natural de lo mismo, que puede otorgar a la existencia la irrealidad de una reproducción onírica constante ("Cada mente es un sueño de sí misma" -se titula un poema), pero que también puede llevarnos a percibir la identidad de experiencia por la que pasan, cual ciclos vitales, las diversas edades humanas, aun siendo distintos la ocasión y los protagonistas, y a vislumbrar en esa identidad del sentir la verdad eterna de lo vivido  y la certeza de su saber corpóreo, transmisible de generación en generación (véase el poema "La eternidad se llama Buenos Aires"), base incluso de premoniciones inversas, como la que permitiría adivinar la fuerza ardiente de dos amantes en 1790 a partir del latido actual de los que se aman en 2012, por ejemplo, pues hay "un solo amor en medio de un soplo interminable". 


  Esta idea del eterno retorno adquiere, no obstante, un sentido menos metafísico, más histórico y real cuando se pone en juego para presentar la sabiduría del cuerpo como una herencia sentimental de nuestros predecesores más cercanos. La importancia del otro, del alter ego vivo y constituyente de nuestra identidad es indiscutible en el libro desde el poema inicial "Contigo" (véase también "Subrogación perceptiva"), como lo es igualmente el reconocimiento de la sombra ineludible del pasado que siempre vuelve, sea en la forma de un mundo fantasmal oculto en el fondo oscuro de nuestra alma ("Canción de ultratumba" y "Lobos de Valparaíso", por ejemplo), sea con el aliento mítico y reconfortante de las vivencias doradas de la infancia, siempre anheladas (así en "Villancico remoto", uno de los mejores poemas). Mas lo que me parece más relevante de esta presencia de los otros y del pasado es su papel en la conformación de esa determinada manera de sentir y asimilar con intensidad el mundo, ese saber del cuerpo que, carente de docencia teórica, se aprende únicamente por ejemplaridad, en el contacto cotidiana con las personas que marcan nuestras vidas. No hablamos de experiencias concretas o recuerdos decisivos de nuestra memoria psíquica; hablamos de actitudes sentimentales ante la realidad, de formas de asentamiento sensible del cuerpo en el mundo, de talante afectivo ante personas, sucesos y cosas. Este modo emotivo de estar y de tratar con lo que nos rodea también se hereda, y si tiene la finura sapiencial de una asimilación intensa y luminosa de lo que comparece en su nuda contingencia ante nosotros, se erige en la genuina "memoria hecha raíces que sostiene la vida". Raquel Lanseros reconoce que su sensibilidad vitalista y exploratoria es el legado imborrable, incrustado inadvertidamente en su alma, de personas muy cercanas, hoy ausentes, que la convirtieron "en un cuerpo más sabio". Poemas como "Compatriota de robles" y "Dondequiera que estés" sacan a relucir hasta qué punto vivimos y sentimos en cierto modo por delegación de otros, actualizando a nuestra manera, bajo circunstancias distintas, la memoria indeleble de su actitud corpórea, más sabia o más trivial. La afortunada imagen de la "subrogación perceptiva", que Raquel, en el poema homónimo, emplea, sin embargo, para referirse a la dependencia de nuestro ser de la mirada del otro, recoge atinadamente esta idea. "Nuestros antepasados habitan el origen" -sentencia un verso-, retornan en nosotros. "La casa que hoy construyes es el nido / donde te has guarecido desde siempre" -se lee en "Diálogo hindú". No elegimos ciertamente el mundo en que vivimos, pero tampoco lo que en el fondo somos, el alma que nos constituye. Contra el voluntarismo prometeico de la libertad absoluta, cuya expresión extrema acaso sea la reciente cultura estético-tecnológica del body art,  la atención a las raíces emotivas del cuerpo nos sitúa ante el realismo histórico de la herencia estética o sentimental que nos limita. Contundente al respecto es el poema "No Choice":



"En el mundo real -intersección de mentes-
no escogiste tu rostro, tu sexo ni tu época. 
Nadie te consultó sobre el principio. 
Nada habrás de decir sobre el final".   


            No se invita aquí, empero, a la resignación ni -creo intuir- al conservadurismo ciego e inmovilista. Pues tampoco se está hablando de estructuras sociales ni de formas de organización jurídico-política; se trata más bien de la fibra sentimental de que estamos hechos, del temperamento afectivo que alienta nuestros pasos día a día. Para Raquel Lanseros esa herencia emotiva no constituye un destino funesto sino lo que nos da forma e identidad concreta en el mundo, lo que nos instala en él de un modo determinado. Ante ella sólo cabe agradecimiento: la gratitud de los "bien nacidos". Pero ¿podrían decir lo mismo aquellos a los que el destino no deparó la misma suerte al nacer o al crecer? Siguiendo la lógica del libro, parece que tanto el vitalismo como el pesimismo serían, en última instancia, una cuestión de herencia. Raquel da cuenta de la suya, convencida en carne propia de su apreciable ventaja: desmiente las grandes utopías, los relatos redentores (políticos o religiosos) de quienes rigen la historia. Pues quien ha recibido o conocido por fortuna en su entorno el don testimonial de una piel más sabia como su patria firme, no necesita buscar la felicidad en semejantes placebos ideológicos; sabe que éstos son falsificaciones y que las grandes conquistas y promesas anunciadas producen únicamente más sangre y más dolor humano. En la tercera parte del libro, titulada "Croquis de la utopía", Raquel Lanseros pone de relieve este contraste entre esa Historia gloriosa y autorreferencial de los vencedores y la genuina historia eficiente y sin ruido de nuestros antepasados próximos, cuyo hacer y saber sensible sobre el mundo constituye la genuina utopía, el modelo de ser y de sentir que nos sostiene por dentro en vida. Lo utópico no es, pues, lo que los profetas sociales nos prometen o quieren imponernos, sino nuestra herencia sentimental: no un indeterminado porvenir, sino lo que ya ha sido y sigue siendo en nosotros. La crítica social que no sea desmontaje de las suplantaciones doctrinales de este suelo afectivo sólido y real, puede quedar "para otros foros", fuera de esta poesía que escruta el cuerpo sentiente de los hombres para hacernos más sabios a ras de tierra. 


Maximiliano Hernández Marcos


Maximiliano Hernández Marcos es poeta y Profesor de Filosofía en la Universidad de Salamanca

REVISTA ÁGORA DIGITAL / OCTUBRE 2014. BIBLIOTHECA GRAMMATICA