lunes, 31 de marzo de 2014

CENTENARIO DE OCTAVIO PAZ. LOS HUESOS OLVIDADOS (ed. Renacimiento, Sevilla)


LOS HUESOS OLVIDADOS, NOVELA DE ANTONIO RIVERO TARAVILLO, QUE RELATA LA ESTANCIA DE OCTAVIO PAZ EN ESPAÑA


Se cumple el centenario de Octavio Paz, el gran poeta y escritor mexicano, al que la revista Ágora, desde su fundación en 1998, rinde un reconocimiento expreso con el título de una de sus secciones más queridas: EL MONO GRAMÁTICO.

La editorial Renacimiento de Sevilla ha editado una novela que narra la estancia del poeta en España durante la guerra civil. Los huesos olvidados, de Antonio Rivero Taravillo (Premio Comillas de Historia y Biografía 2007 por la biografía de Luis Cernuda) ha sido lanzada en la colección Escuela de Plata, de la editorial sevillana.
 En 1937 Octavio Paz escribió unos poemas sobre la Guerra Civil española, y en julio de ese año visitó España, donde permanecería más de tres meses. Lo que aquí descubrió modificó radicalmente no solo el sentido de uno de aquellos poemas, sino también sus posiciones políticas.
   
Los huesos olvidados narra aquella experiencia que el poeta compartió con su primera esposa, Elena Garro, y reconstruye la vida de un amigo de juventud que dentro del bando republicano sufrió persecución por ser del POUM (el Partido Obrero de Unificación Marxista). Pero no se trata de una novela más sobre la Guerra Civil: cubriendo un arco temporal que va de la década de los años veinte hasta finales de los noventa, y en escenarios mexicanos y españoles, su verdadero tema es la fidelidad, la búsqueda de la identidad propia y la fragilidad de la memoria.

El libro de Rivero Taravillo es muy recomendable para los que gusten de la buena novela, de la obra de uno de los grandes creadores del castellano, y de la memoria histórica.


REVISTA ÁGORA MARZO 2014/ NOTAS

domingo, 30 de marzo de 2014

Dos presidentes enterrados en Ávila. Diario político y literario de FM... Revista Ágora

Publicado en La Opinión. 29-3-2014
http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2014/03/29/presidentes-enterrados-avila/547442.html












DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO DE F. M.../33/ T2

DOS PRESIDENTES ENTERRADOS EN ÁVILA

                                                                             
                                      
A nuestro presidente, Don Claudio, y al nuevo 

                                La democracia española en el exilio.



                

Como al umbral de la capilla oscura
una reja detiene la mirada 
y la dispersa luego, confinada
en los fraudes que finge la negrura

confundiendo volumen y figura
de la estatua yacente allí olvidada,
cuando mi mano se detenga helada                                 
un anaquel será mi sepultura.

  Será delgada losa la cubierta 
y el tejuelo epitafio más piadoso  
y menor la esperanza de otra vida,


y en el silencio la palabra muerta

gozará del olvido y el reposo
en figura y volumen confundida.

                 Guillermo Carnero. “Catedral de Ávila” (Divisibilidad indefinida)
                          




                                  
Entre muchas cosas que han causado emoción a tantos españoles a raíz de la muerte de Adolfo Suárez, destaco la coincidencia del lugar elegido para el descanso de quien fue el primer presidente y principal impulsor de la democracia con la tumba donde reposa el viejo presidente. Según informó LA OPINIÓN el pasado miércoles 26 de marzo, la Catedral de El Salvador, en Ávila, cobija los restos de Adolfo Suárez (y de su esposa) cerca de los del historiador Claudio Sánchez-Albornoz, presidente de la República en el exilio, en ese exilio que duró cuarenta años de agonía de una dictadura militar a la que solo pusieron fin la valentía y la resolución democrática de un político con visión intelectual y sentido de Estado como fue Suárez. 

Los biógrafos de ambos personajes históricos, de don Claudio y de don Adolfo, llaman al primero un gran intelectual y hombre de muchas lecturas, mientras al segundo le reconocen talento oportunista, capacidad de consenso y firmeza en las convicciones pero escasa cultura, más allá de haber ojeado ocasionalmente algún libro y de mostrar afición al teatro y al fútbol o al cine en su juventud. Puede ser que aquí llamemos intelectuales a los que han aprendido de memoria muchos libros, pero no creo que sea posible mantener esa definición de intelectual en todos los casos en que se aplica con tanta generosidad como presunción: véanse  manifiestos de intelectuales apoyando esto o aquello, elogios de amigos, tomas de posesión de académicos o rectores de Universidad, encomios de toreros, arciprestes, hijos predilectos, etc.


La tradicional envidia del español hacia el hombre insigne tampoco creo que sea la causa de esa pulla a Adolfo Suárez que amagan sus biógrafos y airean las lenguas sagaces de los cronistas televisivos. No leyó casi nada ese hombre de Ávila, que apenas tuvo tiempo más que para pacificar a un país.

Creo que es, quizá, la idolatría supersticiosa y también tradicional en los españoles a la letra escrita lo que hace que se llame intelectual al hombre de muchos libros; no a quien tiene visión amplia y profundidad en la obra. ¡Qué le vamos a hacer! Como en tiempos de Cervantes, dominan los eruditos, a los que el autor de El Quijote fustiga en el prólogo de la novela por la que nuestro idioma es reconocido universalmente. Sería largo de desentrañar el complejo que aun tienen muchos hacia las ideas. Ortega y Gasset vendría a decir que el español odia el pensamiento y por ello lo pone en una urna intocable. Por eso llamamos intelectuales a esa minoría cuya obra atamos a la cola de un cometa para que circule por la estratosfera, lejos de la vida práctica, del aquí y ahora. Ese aquí y ahora, suponemos, debe ser tratado por los hombres pragmáticos –banqueros, ministros, empresarios, políticos de partido, notarios y otros miembros del cabildo-. Es raro que un intelectual –como sí fue Adolfo Suárez- baje a lo real, cambie las cosas, esto es, los modelos de entender el mundo y de entendernos todos, incluido el presente, el pasado y el futuro de una nación. En fin, esos hombres como Suárez dan siempre miedo a los amos de lo real y a los reporteros sagaces.
                    
Fulgencio Martínez

REVISTA ÁGORA DIGITAL MARZO 2014



viernes, 28 de marzo de 2014

Letralia| Poemas de Fulgencio Martínez, de los libros "El año de la lentitud" (Huerga y Fierro, Madrid, 2013) y "Cancionero y rimas burlescas", próxima aparición (Renacimiento, Sevilla, 2014)/El hurón y la galería/ revista Ágora

Letralia 287 | Letras | Poemas | Fulgencio Martínez



Poemas


también a nosotros, poetas del pueblo,
nos gusta mezclarnos con lo vivo, con el gentío amistoso;
felices, amigos de todos, abiertos a cada uno.

F. Hölderlin
en solidaridad con la clase obrera de Portugal, en este momento de sufrimiento por el despropósito y la rapiña financiera alemana
Turista en la metrópolis

1
Primero de Mayo en Lisboa.
Al salir de mi hotel barato
sigo una carrera popular.
Saludo con el puño en alto
el fresco abrazo del día, pleno
de azul del mar. Y tanto
colorido, en la calle,
no es solo para mis ojos.
                                          Señalo,
volviéndole su abrazo fresco,
a mi hija de siete años,
el corredor que luce en el dorsal
su número de primaveras. Vamos
contentos adonde quiera el destino.
En un mercadillo compramos
una barra de pan y nos invitan
a marisco. Tocan unos gitanos
en su guitarra canciones de España
para nosotros. En un bar del Chiado
(era antes del último incendio)
dos viejos nos recomiendan un plato;
comemos por unos escudos. Poco
cuesta ser feliz y les invitamos
a vino y sardinas. Nos creen turistas
y somos sus camaradas y hermanos.

2
(Veinte años después)
1 de mayo, 2012
Este hombre sin historia
que viaja frente a mí en el tranvía,
de pie, con los brazos dolidos
de sujetar una barra cada vez más alta,
para asegurarse el equilibrio,
por un momento se mete las manos
en los bolsillos de la gabardina,
descansa de su incómoda postura.
La calle del presente se ha parado
en un punto sin sombra: duele ver
entre las hojas de los calendarios
la fecha de hoy; una fecha inmóvil,
tan ausente de compañía
de millones de islas de tiempo
pasado o futuro. Y una fecha así
es la letra del año.
Esta fecha es una calzada lenta
que graba con su no transcurso
(pese a que nos desplacemos deprisa
por ella, encima de ella, a su costado)
una dura verdad en nuestro rostro.
La Historia no sólo la escriben,
la secuencian, detienen, aceleran,
la disuelven los poderosos.
Debajo, siempre ha estado el otro,
el pobre, el explotado, la víctima.
Este hombre sin historia,
que viaja frente a mí en el tranvía,
¿sabe de dónde viene, adónde va?
Despacio va el tranvía por las calles
en cuesta.
                 De pie, mira
al suelo un hombre gris,
aplastado por la ola de viajeros.
El tranvía
                 en las calles estrechas
baja, sube como el brazo de ese hombre
sin espacio donde extenderse libre
de la presión de rieles,
cables, hombros, espaldas y cabezas.
Sube, baja el tranvía,
         y toma ya, al trote,
el barrio bajo céntrico y se pierde
en las grandes avenidas urbanas.
De pie, mira hacia el suelo el hombre
en las avenidas metropolitanas.
¿No aprecia usted las vistas
de hermosos edificios
de Hoteles y Corporaciones
y Bancos nacionales?
Ahora se apea y sigue
caminando la acera el hombre
que se parece a Fernando Pessoa.
(del libro El año de la lentitud; Huerga y Fierro, Madrid, 2013)

Seis millones de ángeles variopintos
(según las últimas estadísticas)

Orejean el más mínimo rumor
esperando que la vieja soberbia
del hombre cese.
                            Mientras tanto,
deciden bajarse en la próxima
estación, siempre en la próxima
parada del Metro,
                            adonde vagan
encarnados, omnipresentes
como ángeles con un único brazo
y objetivo: el de pedir,
a la audiencia que les escucha, una
monedita para comer.

Vomitan sus cuitas en rela
jada narración a cada viajero,
como compañeros de viaje
obligados a estar un largo tiempo
juntos, y a matar el tiempo así.

Y en otro vagón siguen
negando el sueño, la paz
de los mudos y adormilados
trabajadores del suburbio.

Suelen contar que vienen
del paro y van al paro:
aún muestran su cartilla
como una cédula de buena fe.

Ningún alma se suelta
la mano para darles
constancia de que es cierto.
Al menos, esa caridad.


La busca es una salida

Se nutren en las ciénagas
de la ley, pisan sobre naipes
afilados, igual que matan
sueñan con tener hijos
educados en buenos
pero no públicos colegios
y con un fin de semana en el campo.

Son carne de mafia, profesan
de esbirros o sirven de mula
para pasar dinero o droga.
Odian a sus jefes y les seguirían
hasta la muerte.

Son saldos humanos, metáforas.

Triste, muy adentro nos llega su voz:
qué hacer cuando uno no tiene trabajo.


Los condenados por elegancia
Par délicatesse,
j'ai perdu ma vie.
Arthur Rimbaud
(...7 de cada 10 encuestados perciben que ha empeorado
su vida. El resto no tiene vida, o no contesta)
En el último tenedor
almorzó tres veces... sin hambre,
en el mismo día, a la misma hora.
Comió como diez hombres.
Devoró el trabajo de mil obreros.
Devoró, digirió, y volvió a comer
hasta alcanzar nunca la saciedad.
Era evidente su nivel de vida
elevado. Elegante, distinguido;
refinado aunque modesto
en dar propinas —ese costoso
gesto superfluo lo tildaba
de despilfarro—, siempre iba
a la mejor barra de Madrid
para encontrarse con él mismo.
Que eran otros igual que él,
recalzados en la crisis, asquerosos
millonarios cursizampos, perras
sin dientes, ansiosos de fornicar
mas convocados a siempre comer
defecando los placeres y trabajos
de otros.
                 Pobrecitos, pobres...


Por una pensión
A la guerra me lleva
mi necesidad:
si tuviera dineros,
no fuera en verdad.

Miguel de Cervantes
¡Quién fuera
tan previsor!
Los años en que serví
las banderas del trabajo
codo a codo
con el ángel del Sudor
en la frente,
la Fatiga y el Dolor
de engendrarme cada día
saliendo a ganar el pan,
no se perdieron;
                          ¿o sí?
Miro mi hoja de servicios:
cuelga de un clavo en el baño.
Hace ahí bien su papel
de rollo higiénico, sí.
(poemas del libro Cancionero y rimas burlescas [Cancionero de Acedo] próxima aparición en editorial Renacimiento, Sevilla)

                                             Fulgencio Martínez

revista Ágora digital Marzo 2013

miércoles, 26 de marzo de 2014

El dramaturgo Francisco Nieva dona 26 dibujos a Villa del Río/ NOTA/ Ágora digital


Completamos con esta noticia, que nos ha facilitado Ángela Mallén, la nota sobre la publicación del libro-católogo PURO TEATRO, homenaje de Villa del Río, del Ateneo de Córdoba y de la asociación Andrómina a FRANCISCO NIEVA.
http://diariopoliticoyliterario.blogspot.com/2014/03/puro-teatro-exposicion-de-pintura-y.html


Antonio Varo, Juana Castro, J. Leiros, Elena Cobos (centro), Balbina Prior, Antonio Lara, Jesús Morales, concejal




Noticia publicada en Altoguadalquiviralminuto.com.
sábado, 8 de febrero de 2014

El dramaturgo Francisco Nieva dona 26 dibujos a Villa del Río



La noche del viernes tuvo lugar un importante acto cultural en el Teatro Municipal Olimpia de Villa del Río con motivo de la donación de 26 dibujos de Francisco Nieva al Ayuntamiento de Villa del Río, producida gracias al trabajo de Antonio Lara que, una vez más, ha conseguido que otro artista de importancia haya entregado parte de su obra a este municipio, que se ha convertido en los últimos años en referente en el mundo cultural. El dramaturgo Francisco Nieva es por dos veces Premio Nacional de Teatro y Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

Con motivo de esta donación, se ha editado un catálogo en colaboración con el Ateneo de Córdoba y Andromina. Los presidentes de ambas instituciones, Antonio Varo y Elena Cobos, respectivamente, han conseguido que en este catálogo colaboren los siguientes poetas como Pablo García Baena, Juana Castro, Antonio Varo, Dionisia García, Fulgencio Martínez, Balbina Prior, Soledad Zurera, Raúl Alonso y Ángela Mallen. También han contado con el joven poeta villarrense Jesús Leirós.

Durante el acto se dieron lectura a los distintos poemas publicados en el catálogo. En la fotografía aparecen, de izquierda a derecha, Antonio Varo, Juana Castro, Jesús Leiros, Elena Cobos, Balbina Prior, Antonio Lara y el concejal de Cultura Jesús Morales.


REVISTA ÁGORA DIGITAL MARZO 2014