viernes, 26 de diciembre de 2014

FELICITANDO LAS PASCUAS: PRO REYES MAGOS



    PRO REYES MAGOS


La poesía no tiene apenas presencia en la Navidad. Es un síntoma de nuestro tiempo la mercantilización y el desarraigo antipoético de las fiestas cristianas en general. Habrá que esperar a la hoja de Enero para que asome una fecha con sabor a alquimia lírica: la noche de los Reyes Magos, que tiene aún el prestigio de la poesía a su favor. Aunque ya nadie dude de que los Reyes Magos existen (era más poético antes, cuando dudábamos y a la mañana se cumplía el milagro), sigue teniendo lirismo el hecho de que esos personajes reales lleguen en la noche oscura, con invisible presencia, a colmar los sueños de niños y mayores. La leyenda dice que proceden de Oriente, por tanto, extranjeros en Occidente, y a pique de ser detenidos en las fronteras y devueltos a su lugar de origen en caliente (lo que suena a eufemismo y quiere decir: con una manta de palos).

Los Reyes Magos seguían una estrella y siempre encontraban el hogar más pobre donde alojarse por unas horas. Allí dejaban una prueba de su gratitud en forma de pequeña ofrenda cuyo valor se estimaba en lo simbólico por ser parte de la ofrenda destinada a un Rey. De modo que, fácilmente, en nuestro imaginario inconsciente, todos los niños nos sentíamos reyes de facto, reyes por un día, cuando madrugábamos para descubrir los regalos.

Otras modas del Norte, sin duda más democráticas, han venido a ocupar su sitio. Pero ningún Santa Claus de la fría Laponia, ni ningún Papa Noël con gorro de ídem, aunque se encarame sobre las curvas de una top model  y desfile en paños menores, pueden (¡ni de lejos!) traernos oro, incienso y mirra. Tampoco esos advenedizos de Magos logran hacernos sentir reyes por un día; reyes no de cualquier reino mundano, sino de la Creación universal. Y es en esto donde la poesía y sus Majestades se funden. Reflexionad sobre ello. Meditemos vosotros y yo, que me parece que tampoco creemos ya en el prestigio de la poesía.

Fulgencio Martínez

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