jueves, 4 de junio de 2015

CARPE DIEM, POEMA DE HORACIO



 Carpe diem
Carmina de HORATIO

No pretendas saber, pues no está permitido,
el fin que a mí y a ti, Leucónoe,
nos tienen asignados los dioses,
ni consultes los números Babilónicos.
Mejor será aceptar lo que venga,
ya sean muchos los inviernos que Júpiter
te conceda, o sea éste el último,
el que ahora hace que el mar Tirreno
rompa contra los opuestos cantiles.
No seas loca, filtra tus vinos
y adapta al breve espacio de tu vida
una esperanza larga.
Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.
Vive el día de hoy. Captúralo.
No fíes del incierto mañana.



Un fondo de amargo fatalismo, para el que no hay completa cura en la medicina estoica, se encuentra bajo la llamada al hedonismo que pronuncia el poeta latino. Horacio acuña la expresión "carpe diem", tópico reinventado por los poetas clásicos europeos, desde Ronsard a Garcilaso y Góngora, y aun activo en la poesía de nuestros contemporáneos.

Una lectura pesimista del "panta rei" heraclíteo puede ser conciliable con la consecuencia esperanzada que se puede extraer de otra sentencia del filósofo jonio: "El sol es nuevo cada día", abre, pues, tu corazón a lo inesperado, estrena cada hora, vívela como única y distinta a las anteriores y a las que vendrán: zambúllete en el presente, en la hora que pasa. "El pasado no existe  -dice un adagio árabe-, el futuro aun no ha llegado; solo el presente es tuyo".

Contra el nihil novum sub sole, del Eclesiastés, la filosofía griega y la poesía latina nos invitan a seguir con los ojos abiertos. Esperando en lo incierto.... algo nuevo.



Andrés Acedo 

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