sábado, 20 de septiembre de 2014

RAZONES PARA ADMIRAR A LOS INGLESES. Primera entrada de la tercera temporada del Diario político y literario de FM /Un día es un día- Ágora digital





DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO DE FM, DONDE SE HABLA DE LO DIVINO Y DE LO HUMANO.  NUEVA TEMPORADA. T3/1



 

RAZONES PARA ADMIRAR A LOS INGLESES


 (A COSTA DE LOS NACIONALISTAS CATALANES)



Algunos de ustedes saben que soy profesor de filosofía en un instituto. A primeros de curso suelo proponerles a los alumnos varios ejercicios de relatividad, siempre a costa de los ingleses. Uno de ellos consiste en dibujar un mapamundi alternativo en el cual no figura Bilbao en el centro. La perspectiva, entonces, no se rige por el meridiano de Greenwich que favorece que la capital de mi Athletic Club caiga literalmente en la posición casi central. Les hago que imaginen un mundo en el cual esa posición la ocupara China, Australia o Alaska. Cada cultura se ha sentido el eje del mundo, hasta que llegó el Imperio Británico y con él su “ciencia”, y nos acostumbraron a un mundo regido por la perspectiva británica – y por el primer meridiano que situaron en el “garden” de su casa. A continuación, y ya durante todo el curso, les gasto bromas cuasifilológicas a propósito de lo mal que pronuncian el latín los ingleses, cuando usan su propia lengua: el inglés, idioma que utiliza el alfabeto latino. La A latina vacilan en pronunciarla entre a, e, ei…y así con las otras vocales. Donde en latín e, ellos pronuncian i o iu. Error. Boy!, it’s a mistake. Incluso a veces pronuncian por casualidad e como e. Les hago que imaginen al monje que intentaba enseñarles a pronunciar bien la escritura latina a toda esa panda de analfabetos anglos, primero, y luego normandos vikingos. It’s impossible. No hay modo de que pronuncien correctamente las vocales latinas que escriben. Gracias a ese empecinado error, hoy los ingleses pueden ganarse la vida a lo largo de todo el orbe enseñando su idioma, tan difícil de practicar, y hasta han olvidado que escriben en latín y lo pronuncian como les da la gana o a su way (a su manera). (¿Ven?: ¿dónde dice ahí “wei”, si está escrito “way”?). Demasiado analfabetos eran para inventarse otra escritura, así que se apropiaron mal de la romana. 

Les digo a mis alumnos que he de reconocer, sin embargo, que los ingleses son un pueblo admirable, principalmente por dos aportaciones: su ginebra (no cito marca, usted sabe que me refiero a la preferida por la Reina de Inglaterra) y, sobre todo, su sentido del humor. El mejor humor de cualquier otro pueblo es tosco si se compara con el humor inglés. La ironía (les cuento) del padre de un amigo inglés que quería irse a Japón a enseñar la lengua del imperio: “No entiendo que te vayas tan lejos para eso –ve a Gales”.

Pero, últimamente mi admiración hacia Inglaterra ha subido un punto. Hace unos días, los ingleses nos han recordado cómo hay que hacer las cosas democráticamente.
 

Una vez celebrado el referéndum “sobre” la independencia de Escocia, donde, como usted sabe, ganó el no por un margen amplio, el gobierno de Westminster se ha comprometido a dar mayor autonomía no solo a Escocia, sino de paso al citado Gales semibárbaro, Irlanda del Norte e Inglaterra, los cuatro formantes de la expresión UK (Reino Unido).  Dos veces admirable el pueblo inglés hasta aquí: no solo por soportar con humor que el Premier británico Cameron pactara un referéndum “sobre” la independencia de un parte del Reino, sino por haberse hecho ese pacto sobre no por la independencia. A diferencia del que pretende convocar Mas en Cataluña. Cameron asumió, democráticamente, mucho riesgo. Usualmente los referéndum se convocan por desde las instancias de quien convoca. No hay juego limpio de salida. Pero en el caso escocés sí hubo fair play democrático; luego en la campaña cada parte ha apoyado su posición, pero desde una primera regla democrática.

Lo tercero que me ha enseñado aquel pueblo antaño huérfano de cultura es aún más admirable. Se las prometen muy felices los escoceses teniendo más poderes propios en Escocia a pesar de seguir unida, pero Inglaterra ya ha advertido que pedirá que en el Parlamento de Londres, donde se votan los asuntos de todo el Estado británico, no voten los escoceses en ASUNTOS QUE ATAÑEN SOLO A LOS INGLESES. Eso es inteligencia y democracia, mírenlo bien en España. No sé si a los escoceses les parecerá mejor esta nueva situación, donde sean más autónomos en su casa pero menos entrometidos en la ajena. No se puede tenerlo todo. Aquí resulta que Mas considera democrático que voten solo los catalanes en lo que les atañe; sin embargo, cuando en el parlamento español se votan leyes que afectan a otras Autonomías, van los políticos catalanes y son los primeros en meter la cuchara. No es justo, ni es democrático, es la ley del embudo. Hay que decir que la democracia es un procedimiento, un orden formal que se basa en cierta igualdad ante la ley, de todos (ciudadanos y poderes); en eso que los griegos llamaron isonomía, que es la concreción jurídica y política de ciertas ideas matemáticas, lógicas, sobre coherencia y proporción racionales. No es democrático que un poder juegue con dos barajas. A Cataluña le ha parecido bien, durante años de democracia, que su representación en el Parlamento español vote en asuntos de todos o que afectan a otras partes del Estado, distintas a Cataluña - como Murcia, por ejemplo (recordemos el caso del trasvase de agua desde el Ebro; por cierto, ni siquiera votado sino vetado por Pujol y Maragall desde Cataluña, veto de obligado cumplimiento para los partidos estatales).
congreso-diputados[1]En fin, para ser democrático hay que ser, antes y después, coherente con las reglas democráticas. En coherencia con las ventajas otorgadas, en Cataluña no sería democrático un referéndum si solo votan los catalanes, sencillamente porque, en el Parlamento español, sobre las cuestiones del conjunto o de otra parte de España votan, han votado y mandado mucho (con generosidad por parte del Estado) los representantes catalanes. El señor Mas tenía que haber retirado, tiempo ha, embajadores, haber protestado de que no les dejan votar a los representantes catalanes en el Parlamento español, para que su grito de guerra de “no nos dejan hacer un referéndum democratico” fuera creíble. Sin entrar en otras cuestiones de fondo, las lecciones que nos han servido los ingleses enseñan que no es democrática una consulta planteada de cualquier manera. Y otra cosa. Conociéndoles, no me creo que los políticos catalanes renuncien a mangonear en las cuestiones de España, aun en el hipotético caso de una Cataluña independiente o con una autonomía como la que nunca soñara Escocia. Hasta, desde un punto de vista práctico, la situación actual le es más ventajosa para ello; en una hipotética independencia tendrían que trabajar para encontrar nuevos modos de influir en España, como ahora hacen; quizá amagando con un paraíso fiscal catalán, con bajada de impuestos a empresas tránsfugas, etc; lo que estoy seguro que conseguirían a la larga. 

Mas manipula y confunde la palabra democrático, cree que es un juguete de niño egoísta. “Yo, Mas, soy el centro”. Pero Democracia supone renunciar a que uno sea centro del mundo, y admitir que haya un centro equidistante que nos hace a todos isónomos. Una razón ante la cual se contrastan mis razones y las tuyas. Esa razón –invisible ­- he de reconocer que por ahora pasa no muy lejos de Greenwich.





                                          Fulgencio Martínez

                                                          
                                                                    Profesor de Filosofía y escritor



 ÁGORA DIGITAL / SEPTIEMBRE 2014/ diario político y literario




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