sábado, 28 de junio de 2014

PERIODISMO SIN BOZAL. FULGENCIO MARTÍNEZ. REVISTA ÁGORA DIGITAL

Publicado en el periódico digital El pajarito.es, 30-6-2014
 http://elpajarito.es/opinion/368-agora/9082-periodismo-sin-bozal.html

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PERIODISMO SIN BOZAL


Me ha causado una profunda desazón y amargura leer la columna del sábado 28 de junio 2014 (“Valcárcel no se da por aludido”) que firma Ángel Montiel en La Opinión. En ella el periodista refiere una llamada telefónica del Presidente del Partido Popular en Murcia, Ramón Luis Valcárcel, instándole al periodista a que se pliegue a su interpretación del término “otros políticos de primer nivel”; expresión empleada en el auto del juez instructor del caso Nova Carthago y que, evidentemente, tiene una interpretación lógica. Otros políticos de primer nivel en el PP de Murcia, en el contexto del auto, dice un nombre que falta y que está en la mente de todos. Solo el insensato o el loco niega que existe Dios, argumentaba el lógico San Anselmo. Pues el insensato tiene en mente la idea de un ser sumamente perfecto, pero le niega la existencia, luego entonces habría otro ser sumamente perfecto que, además, existe. Lo cual es contradicción, obviamente. En conclusión: Solo hay un Dios perfecto en la jerarquía del cielo; “Dios” se refiere a un ser situado en el top, en el primer nivel, y cuya existencia corresponde con la esencia o idea divina y con el nombre de Dios. Pero, volviendo a lo contingente y terrenal: amenaza Valcárcel con llevar al periodista ante los tribunales, en caso de no plegarse Montiel a su orden de censura.  

Me he preguntado cuántos periodistas y directores de periódico de esta Comunidad han sufrido el mismo embate y acoso durante todos estos años, por el simple ejercicio de su libertad de opinión. Y aun, más allá de los medios de comunicación, me ha asaltado la terrible duda de cuántos profesores, funcionarios, artistas, escritores, damas de honor, curas y personas de cualquier oficio o calidad han recibido semejantes llamadas telefónicas  que “silencio avisan o amenazan miedo”, como diría don Francisco de Quevedo. Una sociedad, la murciana, achantada así, no me lo puedo imaginar. Me explicaría entonces el éxito repetido de Valcárcel en elecciones,  dado ese reflejo de mandarín que el político murciano se gasta. Por no hablar de la ley del silencio impuesta en su propia casa, a los suyos.  

Esas maneras de Chicago trasladadas a Murcia no son sino consecuencia de una neurosis de conspiración ubicua y solapada; pero, en el fondo, solo es una reacción emocional primaria propia de un gran narcisismo herido y que se siente vulnerable a la menor coma. Ante el hecho de que otro piense distinto a él, el narcisista débil se imagina conspiraciones. La intolerancia es el sentimiento de estar uno solo en la posesión de la verdad, pero, ojo, de la verdad que me conviene porque no me daña a mis intereses. No estamos ante el caso de un dogmático epistemológico, sino de un vulgar caso de ombliguismo y malos hábitos educativos en la infancia del sujeto.Los psicólogos nos dicen que, cuando un alma de esta naturaleza, débil, narcisista, intolerante y con un ego sin límites tiene un porción de poder, se convierte en un censor peligroso y suele acabar siendo un enemigo público en determinados casos.  

Valcárcel ha declarado que los actuales dirigentes del PP, varios de ellos imputados, sufren una campaña de “acoso judicial y mediático”. Aunque se refiera al PP como víctima de dicho acaso es obvio que el PP es una máscara de su YO, identificado de forma posesiva con la única voz del grupo que subyuga y donde se siente fuerte.  

Dejo para otro artículo el análisis de esta psicopatología de grupo, las neurosis sobrevenidas en un partido, por ejemplo, cuando el Yo del líder habla en nombre propio e impone su única voz. Más importante para los ciudadanos, y para una democracia sana, es defender, todos, la libertad de información, de opinión y de crítica, que, como en este caso está en entredicho. Por la cuenta que nos trae, lectores, apoyemos a periodistas como Ángel Montiel. Ánimo, lorquino; tus lectores te lo agradecerán, si no ahora, cuando les toque el teléfono y  al débil poderoso le digan, siguiendo tu ejemplo, Ángel, igual al clásico: “No he de callar por más que con el dedo… silencio avises o amenaces miedo. ¿No ha de haber un espíritu valiente, siempre se ha de sentir lo que se dice, nunca se ha decir lo que se siente?”





Fulgencio Martínez, profesor de Filosofía y murciano sin bozal

REVISTA ÁGORA DIGITAL JUNIO 2014

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