domingo, 9 de febrero de 2014

La infanta alegre y confiada. Diario político y literario de FM.../ 28/ T2





La infanta alegre y confiada

Publicado en LA OPINIÓN DE MURCIA 14-2-2014
Rubén Darío, el maestro del ritmo poético, no hubiera  escrito aquella sonatina  a una princesa triste “que ha perdido la risa, que ha perdido el color”, si hubiera conocido la sonrisa de la infanta  doña Cristina. La infanta alegre dedicó, al entrar y al salir del juzgado de Palma, la pose más profesional a los medios, acorde  con su educación aristocrática. Y, según leo en ABC (del domingo 9 de febrero),  en su comparecencia en la causa en la que está imputada, declaró que ella “confiaba en su esposo”, y  que  está segura que Iñaki hizo las cosas bien.


Es lógico que la defensa de doña Cristina se acoja al punto de la confianza conyugal, y es a resultas de ello coherente la segunda afirmación de fe en la inocencia de Urdangarin. Quien confió, quien puso, según le imputa el juez Castro, su nombre y firma en cuantos papeles y boñigas le presentaba el esposo, a renglón seguido no puede ahora descreer  de la rectitud y buen fin de la conducta del susodicho. Sería débil defensa de doña Cristina acusar de felón ahora a Urdangarin. La prueba de que confió es que sigue confiando aun hoy, con lo sabido y llovido. El sostenella y no enmendalla siempre ha sido lema de nobleza; por eso, quizá, el abogado Roca consultó el código de honor de los Príncipes, y sacó una derivada a este caso.


Me temo, sin embargo, que a las personas corrientes  el código legal vigente hoy en España no les ofrecería una coartada como la confianza subjetiva. “Yo confiaba en que, al firmar y avalar una letra a un amigo, éste tuviera fondos… Por tanto, no me pueden obligar a hacerme cargo de la púa”. “ Yo compré mi piso pero confiaba en poder pagarlo… es así que no me pueden desahuciar. ¡No, señor!”, dice un parado.  “Y yo (dice otro), yo también confiaba en que eran pitos, antes de que arreciasen flautas. Yo confié en el Banco de España y en los partidos democráticos que avalaban con su representación en las Cajas de Ahorros la honestidad de los tratos entre cliente y banquero en los préstamos, y mira: me vendieron unas “preferentes”, que ¡vaya timo de la estampita!, y el PSOE , IU y PP mirando para otro lado”. “Yo, para que veas si hay guasa, voté al PP, y luego me sube los impuestos”.

Y, como el que no se consuela es porque no quiere, yo tampoco voté a este Gobierno, pero ahora el Gobierno actúa como si tuviera mi voto y el de todos los españoles:   pretende cambiar las reglas democráticas, en la enseñanza, en la sanidad, en la vida ciudadana, y en las cuestiones del aborto y el derecho de la mujer, como si, en vez de dirigir un Estado, dirigiese una secta.  Ningún Gobierno  en democracia puede cambiar las leyes de la convivencia general a su gusto ideológico, como si tuviese la total confirmación democrática. La sociedad es demasiado plural, por lo que se deben acordar unos mínimos legales y cívicos de convivencia en un orden pacífico. Estos son mis “principios” y creía que también eran principios de la democracia. En ello confiaba, así que no voté a ningún partido pensando que cualquier partido democrático que saliera mayoritariamente votado los respetaría. 


Si yo fuera Rubén Darío, quitaría de Prosas profanas la sonata a la princesa triste, y haría, en su lugar, un canto alegre a la infanta. Me alegra, en medio de todo este “affaire de la infanta”, saber que doña Cristina tiene principios, y que no solo los pobres y la gente ilusa como yo los tengamos contra viento y marea. Pues, otro de los argumentos aludidos en su defensa por la infanta doña Cristina ha sido afirmar que ella no se hubiera prestado “por principios” a hacer de pantalla del fraude con Hacienda presuntamente cometido por las empresas fantásticas de Urdangarin y su socio.  También aquí, aunque no puedo abundar más, hay mucho listo que tuvo buenos  principios. Pero no sé si los principios han de constar en la balanza de la Ley.  De ladrones con buenos principios líbranos.


Fulgencio Martínez
Profesor de Filosofía y escritor


 REVISTA ÁGORA FEBRERO 2014/ diario político y literario de Fulgencio Martínez, donde se habla de lo divino y de lo humano

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