sábado, 5 de octubre de 2013

NÚMERO 31 DE LA REVISTA NARRATIVAS. RELATO DE FULGENCIO MARTÍNEZ: ENTREVISTA AL AUTOR DE "LA LLUVIA..."

DISPONIBLE EL NÚMERO 31 DE NARRATIVAS. ESTE NÚMERO PUBLICA EL RELATO "ENTREVISTA AL AUTOR DE LA LLUVIA BAJO LOS RASCACIELOS", DE FULGENCIO MARTÍNEZ


Está disponible el nuevo número (31), de Octubre-diciembre, de la revista NARRATIVAS, "revista de narrativa contemporánea en castellano".

En formato EPUB:  https://literaturame.net/libro/revista-narrativas-31
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El número 31 de NARRATIVAS lo componen ensayos, textos narrativos, cuentos y avances de capítulos de novela; reseñas y crítica literaria, y por último, información sobre novedades editoriales. La revista está especializada en narrativa y mantiene una calidad contrastada número tras número.
Coordina NARRATIVAS el novelista y fotógrafo Carlos Manzano, y forman su consejo editorial: María Dubón, Emilio Gil, Nerea Marco Reus Luisa Miñana.

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Narrativas es una revista electrónica que nace como un proyecto abierto y participativo, con vocación heterodoxa y una única pretensión: dejar constancia de la diversidad y la fecundidad de la narrativa contemporánea en castellano. Surge al amparo de las nuevas tecnologías digitales que, sin querer suplantar en ningún momento los formatos tradicionales y la numerosa obra editada en papel, abren innumerables posibilidades a la publicación de nuevas revistas y libros al abaratar considerablemente los costes y facilitar la distribución de los ejemplares. Inicialmente editada en formato PDF, dada la similitud de este formato con las tradicionales revistas hechas en papel, hemos decidido también publicarla en formato ePub, de modo que sea perfectamente legible en el conjunto de dispositivos electrónicos de lectura cada vez más presentes en nuestra vida cotidiana.



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REPRODUCIMOS EL RELATO DE FULGENCIO MARTÍNEZ PUBLICADO EN EL NÚMERO 31 DE NARRATIVAS OCTUBRE-DICIEMBRE (pp.105-107, continuación del relato "El taxidermista" publicado en el número 11 de la misma revista, en 2008.


Relato
ENTREVISTA AL AUTOR DE LA LLUVIA BAJO LOS RASCACIELOS *
                                                                     por Fulgencio Martínez
Mañana del 11 de junio
En la de ayer ha abandonado nuestra localidad Augusto López Mena, el famoso escritor, excelente charlista y amigo ya de nuestro pueblo, como ha demostrado en las cuarenta y ocho horas que permaneció entre nosotros. Llegó para dar una conferencia sobre «La construcción de una novela» y ha sabido ganarse la simpatía y el cariño de cuantos lo hemos conocido.
Los lectores de este periódico, en ciudades más cultas de la provincia, quizá se extrañen del eco y suceso creados con el paso del autor de La lluvia… por nuestro pueblo. Fuera porque su rostro y fama le precedían en la pequeña pantalla; fuera por el escándalo aún no apagado de nuestro bibliotecario reformador de libros, su conferencia era esperada como un acontecimiento.
(Sobre el citado escándalo, he de informar que ha encendido en nuestra tranquila comunidad la polémica literaria; y que el asunto sigue suscitando, hacia la persona del bibliotecario, una avalancha de opiniones rivales, filias y fobias, según; según la simpatía o la inquina hacia quien primero alza una opinión manifiesta sobre el tema. No importando mucho a todos el fondo de la cuestión, «filios y fobios», cito a nuestro poeta local, «han aprovechado para arrojarse sus pacíficas opiniones a la cabeza. No estoy de acuerdo porque está de acuerdo ése, y estoy de acuerdo porque opino lo contrario de aquél». El alcalde ha tenido por lo más sensato echar un bando, para aleccionar a los hijos a no discutir con sus padres sobre asunto tan baladí).
En ese clima predispuesto a la faena gloriosa o al almohadillazo, el escritor comenzaba su conferencia. Tenía delante un público crispado por la marcha inestable de la literatura. Informo, ya, que la conferencia de anteayer de Augusto López Mena en el instituto femenino culminó con aplausos, todo un éxito que ha desbordado la pizarra y la mesa del aula de actos, para salir a la calle y ser comentario populi. A la mañana siguiente (por ayer), los profesores pedían a sus alumnas de COU, muchachas de talle alto y ojos que dan fiebre al mirarlos, que, ante los exámenes de final de curso, se esforzaran «para ser el día de mañana hombres de provecho, como ese gran escritor que habéis tenido sentado frente a vuestras bancas».
Don Augusto ha triunfado en la cena de honor que una de nuestras familias ilustres le ha ofrecido en el salón de su casa. Ha merecido las mejores vendimias; las botellas de vino que nuestros patricios guardaban para celebrar el día en que hubieran cumplido con la Patria sus hijos varones. Antes del ágape, el escritor fue llevado a la capilla de nuestra colegiata, donde cortó la cinta para inaugurar el altar nuevo a su Cuerpo Glorioso, y ha alabado los frescos remozados en sus paredes con gran conocimiento de las pinturas de nuestros primitivos.
Escribes de puta madre, le han saludado algunos jovenzanos vestidos de punk, que suelen reunirse debajo de los soportales de la colegiata para tocarse la pirindola todas las tardes, ejerciendo una leve mendicidad y bebiendo unas latas, y le han pedido tres autógrafos y trescientas pesetas. Luego, antes de irse, por la mañana, ha estado con nuestros mayores en una partida de bolos, que ha jugado con el favor de las jóvenes, aplausos del público en general y autoridades, elegancia y puntería. 


El escritor espera ya su tren. En la cantina de la estación comienzo la entrevista, teniendo a mi lado, para las cuestiones técnicas, las notas que he recogido de su conferencia «La construcción de una novela».
Pregunta.- ¿Qué impresión se lleva en su equipaje?
Respuesta.- He tenido grandes muestras de afecto y me marcho habiéndome encariñado en un tiempo récord con todos vosotros; espero que haya una segunda vez.
P.- ¿Ha padecido algún problema con la sequía pertinaz que azota este pueblo?
R.- ¿Quiere usted decir si he podido ducharme esta mañana? ¡No!
P.- Sí.
R.- No ponga eso, por favor.
P.- ¿Cuáles son los remedios que usted propone a nuestros símbolos patrios?
R.- No entiendo su pregunta. Déjeme que endulce el café.
P.- Las iniciativas que algunos ensayos están ya extendiendo, de hacer responsables de la suciedad de los ríos a los subsecretarios de las Diputaciones provinciales; que los secretarios y los… 
R.- Ya imagino.
P.- … los notarios en cada Ayuntamiento den fe, en sus autos públicos, brindando con un vaso de agua de la localidad.
R.- Un vaso de agua cristalina, amigo mío, levantado hacia el público por un brazo honrado es el mejor brindis entre los hombres de corazón.
P.- Perdone, usted, don Augusto, que por la familiaridad que ha tenido con nosotros, yo me permitiera trasladarle estas cuestiones técnicas locales que seguro, sin embargo, interesan a la opinión de sus lectores, y de muchos de nuestros vecinos, hacia lo que usted ha dedicado su cordial trato… 
R.- No hay que de qué. ¿A qué hora dijo que salía mi tren?
P.- En consonancia con su conferencia, ¿qué opinión le merece la actitud de nuestro bibliotecario, del que ya usted tendrá noticia, Pedro Martínez Tébano? (Le juro que ese individuo no es familia mía).
R.- Me han llegado también noticias de divisiones de opinión sobre ese asunto. Como escritor, que mis libros mueran por olvido del tiempo es lo único que no me preocupa. Cuando uno entra en este oficio ha de tener las ideas muy claras: o uno escribe para hacer literatura rascándose los huesos hasta después que ha expresado toda la carne de su talento, y entonces lo secundario es el éxito, la fama, el cine, la televisión, la prensa y el aplauso efímero de esta generación; o uno se dedica a algo parecido a la literatura, muy respetable, esto es lo que yo hago, Tébano.
P.- Confiesa usted que no es un literato, el gran autor de La lluvia, que nos ha dejado los mejores consejos para construir y leer una…
R.- No tome usted tanta nota tan de prisa. Se lo puedo repetir. ¿El tren sale a la hora que me ha dicho, no? Cuando yo empecé a escribí lo hacía siempre con bolígrafo, como usted, y luego me costaba mucho trabajo entenderme. Ahora siempre llevo esta grabadora. Ya está, amigo Tébano. 



(El escritor me hizo oír muchas de sus ideas, reflexiones que los lectores, si son curiosos, conocerán en el libro que la Diputación va a publicar en homenaje al gran hombre y al gran escritor).

Augusto López Mena anda ya camino de Madrid, y creemos que viaja con una buena impresión de nuestro talento para la hospitalidad.
© Fulgencio Martínez 


Fulgencio Martínez (Murcia, 1960), es profesor de Filosofía, escritor y poeta. Colabora en el periódico La Opinión de Murcia. Editor y director de la revista literaria Ágora-Papeles de Arte Gramático. Ha publicado los libros de poesía Cosas que quedaron en la sombra (Nausícaä), León busca gacela (Renacimiento), El cuerpo del día (Renacimiento), Prueba de sabor (Renacimiento), El año de la lentitud (Huerga y Fierro). Ha publicado en revistas relatos, aunque sus libros narrativos siguen inéditos: Su primer libro inédito El taxidermista y otros relatos de 1999 ha crecido en una segunda parte: El taxidermista y otros del estilo; las editoriales los tienen sometidos a cuarentena por temor a contagio de locos.


* Del libro inédito El taxidermista y otros relatos de 1999. Es esta una secuela del relato ―El taxidermista‖, publicado en el número 11 de Narrativas.

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