martes, 10 de septiembre de 2013

LA CORRUPCIÓN SOSTENIBLE. Artículo de opinión de Manuel García Viñó.


                                                          Fuente: sincomponendas.org


El hábito de la corrupción se ha hecho ley, pero tiene que haber una barrera, para que los chorizos no se conviertan en gansters y el tinglado no se derrumbe sobre culpables e inocentes. ¿Cuál sería esa barrera en el ámbito de la cultura? El artículo de García Viñó, creador de La fiera literaria, repasa algunas actuaciones de la que fue ministra de Cultura del anterior gobierno de España, Carmen Calvo. ¿Moraleja? ¿Todo sigue igual con el actual ministro de Educación y cultura, Ignacio Wert, aunque el favoritismo mira ahora para la acera contraria? ¿La cultura sigue siendo un negocio en manos de una casta con extensiones políticas, no importa de qué color sea el gobierno?



                     La corrupción sostenible

                                                                 Artículo de MANUEL GARCÍA VIÑÓ               


¿Dónde está el límite? ¿Qué frontera separa las transgresiones que la escala de valores de este moralmente relajado momento histórico considera veniales, y acepta como parte de la cotidianeidad –amiguismo, nepotismo, favoritismo, nombramientos a dedo, concesiones al poderoso, práctica del do ut des, hurtos legales, marketing basado en una publicidad directa o (peor) subliminal para productos intelectuales deleznables, premios literarios y concursos televisivos amañados, plagios, silenciamientos, exclusiones, falsedades, etc -, qué frontera las separa, digo, de las que constituyen auténticos atentados contra la igualdad de oportunidades de los ciudadanos, por tanto, contra la justicia, o sea, verdaderos delitos? ¿Estamos ya tan confortablemente instalados en la mentira que, como temía el profesor Emilio Lledó, aceptamos convivir con la corrupción, como nuestros pulmones con el aire que respiran? ¿Quién señala la divisoria entre lo que prácticamente todos se permiten y permiten a otros sin remordimiento de conciencia ni protesta, y una situación de inmoralidad que puede afectar al funcionamiento de la sociedad y a la marcha del mundo, que ahora va directamente hacia el despeñadero? 


La sociedad actual vive inmersa en la mentira absoluta, dejó dicho Derrida. Y es así, en efecto, y por eso nadie denuncia, porque todos se saben carentes de autoridad moral para tirar la primera piedra. Cualquier partido -lo vemos continuamente-, si hace una acusación, la hace sabiendo que se va a encontrar con que el otro le puede replicar: “tú hiciste igual” o incluso “tú, más y peor”. Pero no le importa. Son las reglas del juego, de su juego. Lo que importa es salir del paso, en ese momento, ante una masa manipulada por los medios, que se lo traga todo. De hecho, la sociedad actual se ha acostumbrado a desenvolverse en la mentira como si ésta fuese la verdad.


El hábito se ha hecho ley, pero es indudable que tiene que haber una barrera. La barrera que impida que los chorizos se conviertan en gansters y el tinglado se derrumbe sobre culpables e inocentes. ¿Cuál sería esa barrera en el ámbito de la cultura? Temo que no se pueda precisar y también que ya se haya sobrepasado. Las acciones oficiales y oficiosas, y muchas particulares relacionadas con ellas, no sólo andan lejos de la excelencia que debería presidirlas, sino que se vencen sin disimulo del lado que, de no ser producto de un plan “consensuado” expresa o tácitamente, sería de juzgado.


Para ejemplificar lo dicho, relaciono a continuación algunas actuaciones de la anterior ministra de Cultura, Carmen Calvo, así como del presidente y la vicepresidenta del Gobierno en los comienzos de la etapa Zapatero, según las recogí en su momento en La Fiera Literaria.
 

-La ministra gestionó la celebración del cuarto centenario del Quijote , manejando muchísimos millones, como lo hubiese hecho la sociedad formada por un comerciante y el director de un colegio de los salesianos. Si de esta burda tacada no ha hecho aborrecer la genial obra cervantina –“un libro que no nació / para ser manoseado”, en versos memorables de don Álvaro Satén - y condenado a tres generaciones de jóvenes españoles, tendríamos que alegrarnos. Y –lo que más importa aquí-, a través de la Biblioteca Nacional y otros centros dependientes del Ministerio, favoreció, principal o exclusivamente, a los escritores afectos al grupo Prisa.


-La ministra (como, en ocasiones, el presidente del Gobierno) ha presentado a menudo libros editados por Alfaguara, del grupo Prisa.


-La ministra ha hecho nombramientos, como el de Rosa Regás, que ha demostrado en sus novelas desconocer la lengua en que escribe y el uso de la razón, para directora de la Biblioteca Nacional , que sólo se pueden explicar por el amiguismo o el pago de favores. Recientes encuestas demuestran que la BNE empieza a no cumplir los “servicios mínimos” y está al borde del colapso.


-En la última Feria del Libro de Madrid, el Ministerio de Cultura tenía dos casetas, una de ellas, exclusivamente dedicada a vender el Quijote de Alfaguara(Prisa).


-La ministra se trasladó a Nueva York, a costa del presupuesto, para presentar el Quijote de Alfaguara.


-La ministra propició que el Gobierno mexicano comprase a Alfaguara un millón de ejemplares de su Quijote , para regalarlos a los maestros, siendo así que otras seis editoriales españolas habían hecho ediciones de la obra cervantina.


-La ministra, acompañada de la radio y la televisión pública, ha presidido actos de promoción de empresas privadas de edición, como Alfaguara y Planeta, agraviando comparativamente a otras editoriales y utilizando dinero público para favorecer los intereses de particulares. 


-La ministra ha ignorado despectivamente tres escritos que, proponiendo medios para arreglar la situación, sobre todo de los premios literarios –todos amañados-, le ha dirigido un centenar de intelectuales –escritores, periodistas, profesores, etc. – como Juan Goytisolo, Ricardo Senabre (Universidad de Salamanca), Carlos Rojas (Emory University), José María Martínez Cachero (Universidad de Oviedo), Ana María Navales (Universidad de Zaragoza), Manuel Mantero (Universidad de Georgia), Yannia Suárez (Universidad de la Habana ), María del Carmen Porrúa (Universidad de Buenos Aires), Juan Ignacio Ferreras ( La Sorbona ), Víctor Alperi, Jorge Grau, Víctor Moreno, etcétera, etc., mientras se codea continuamente, en actos públicos, con auténticos payasos de la pseudocultura, como Joaquín Sabina.


- El primer acto público en que intervino el señor Rodríguez Zapatero, a los pocos días de su investidura, fue la presentación, en el Círculo de Bellas Artes (feudo de Prisa), de una novela de Luís Mateo Díez, editada por Alfaguara, y aun no hace un mes que se ha volcado, acompañado de seis ministros, en el relanzamiento de El capitán Alatriste , de Arturo Pérez Reverte (Alfaguara), y en el lanzamiento de la película en ella basada, producida por una empresa cinematográfica de Polanco


En el fondo de todo esto, se trataba de que un gobierno que se decía de izquierdas favorecíam el neoliberalismo mediante su apoyo al mayor grupo mediático que existe en España y, a través del ministerio de Cultura, a la perniciosa industria cultural. El profesor José Vidal Beneyto ha hablado en alguna ocasión de resistencia cultural, esto es, de favorecer una situación en la que, aceptándose como mal menor las pautas del libre mercado en otras áreas, se librase de ellas a la cultura. Pero él mismo, colaborador conspicuo de El País, y que, cuando condena a los Lagardère, los Murdock, los Berlusconi, los Endemol, etc., se olvida de Polanco, se suma a las celebraciones de los “grandes logros”, al igual que hace continuamente la ministra, que se comporta y se expresa con un triunfalismo que no se corresponde con el presente desastroso de la cultura española, que todo el mundo reconoce. Lo he señalado muchas veces. La última, en mi libro El País: la cultura como negocio: si se consultan libros de filosofía, de biología, de antropología, de estética, de ciencia de la literatura, de sociología, de física teórica, etc., en su bibliografía no aparece un solo nombre español. Según las encuestas de la UE , los estudiantes españoles son los peores. Siendo esto así, sólo a un ignorante se le podía ocurrir afirmar que “España va bien”. Los políticos afirman, cada vez que les dejan, la importancia de las bases culturales de un país. Pero está visto que, en el fondo, no se lo creen.
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                                                                  M. García Viñó

                  REVISTA ÁGORA DIGITAL SEPTIEMBRE 2013


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