jueves, 6 de junio de 2013

Límite de una "filosofía española" y lenguaje filosófico alemán. Desde que somos una conversación/2


Límite de una "Filosofía española" y el lenguaje filosófico alemán

                                                        a mi querido profesor Francisco Jarauta

                                            
"Sospechamos que la palabra nada, tal como la emplea Machado, no puede nunca dar, ni no dar, ni parangonarse con la nada de Heidegger; pero a favor de la nada martiniana".
                                                                          A. Acedo (en conversación)


Aunque suene un tanto a herejía, creemos en lo siguiente: la dificultad de la traducción de Heidegger al español, deriva, en ocasiones, de una "falta" en el propio idioma de Heidegger de conceptos filosóficos que puedan traducirse, sin pérdida, al español. Se trata de una "gedeonada" (como diría Mairena).

1. Por ejemplo, en el "caso" de la heterogeneidad de la semántica (y la gramática) del término "nada" en Machado y en Heidegger. La idea de existencia en general se dice, en español, con la forma "hay": impersonal, existencial, formada por la tercera persona del presente del verbo "haber", "ha", seguida por el antiguo adverbio "y" (aquí); originada a partir del latín vulgar "hat" (en latín clásico: "habet") y el adverbio arcaico "i" (allí ­-en latín clásico: "ibi").
 
A partir del siglo XIII (véase Paul M. Lloyd: Del latín al español, 1993, Madrid, ed. Gredos) es corriente ya esa forma, en la que el adverbio de lugar (el equivalente al "da" alemán) está aglutinado en la forma verbal.

Desde un análisis semántico-gramatical: La negación "no" y la absoluta negación "nada" (referente a cualquier cosa que especifique lo que habría de ocupar el espacio señalado por el verbo existencial), no eliminan del todo sino más bien presumen un campo de visión y una doble perspectiva: la del que ve y el campo abierto. En la forma española resultante, "hay", campo (o espacio, el "y") se funde con el ver-haber, es decir, gramaticalmente, con el verbo impersonal "ha", forma que, a pesar de ser impersonal, como todo verbo conserva una noción "humana": los verbos indican acciones, y solo puede haber acciones por analogía con lo humano. Hay ser, hay algo, hay nada, no hay nada: en gradación de más a menos se dice respecto a la relación de "mí" o mi cuerpo y un campo; en la última forma, se sobreentiende que el campo se ha estrechado contra mi pecho. 
 
En cambio, la forma en alemán "es gibt" ("hay"), o negativa:"es gibt nitcht", "no hay", o nichts - "no hay nada"), construida a partir de "geben" ("dar", "donar") afecta a la semántica de unos vocablos abstractos como "das Nichtseinde" ("la nada"), formados a partir del verbo "sein", cuyo participio de presente es "seind" , "lo que es". (No pretendemos darnos de expertos en filología germánica. "Hay" traduce bien, al español, la expresión existencial alemana "es gibt", impersonal también, aunque con sujeto gramatical neutro "es").

Resulta interesante, para la filosofía, constatar que el español posee una forma tan radical de negación impersonal existencial, que recae toda su fuerza negativa en el verbo y a la vez afecta a verbo con partícula adverbial aglutinada y objeto directo, además de impersonalizar totalmente la oración, sin sujeto alguno gramatical. En alemán, se mantiene ese sujeto gramatical, aun siendo impersonal la estructura, y la negación casi siempre necesita apoyarse en un "kein" que recae sobre el objeto. (En italiano y otros idiomas la estructura existencial, sin embargo, es de concordancia entre sujeto y predicado; no de objeto directo y verbo: ci sono due, c'e uno; non c'e nessuno, non c'e niente).

Mientras "la nada", en castellano, deriva morfológicamente a partir de la abstracción de la negación de la existencia en general, que incluye el espacio en general y de cualquier objeto que lo ocupe; o sea, gramaticamente a partir de "no hay nada"; "das Nichtseinde" se origina no a partir de la forma verbal existencial ("es gibt"), sino de la negación de los entes, gramaticalmente del verbo sein (ser) en proceso ya de una recategorización sustantivadora: la nada: lo que no es ente, lo que no es o no está siendo. La sintaxis de su composición con la forma existencial verbal "es gibt" expresa la noción de ocultamiento de lo que es. "No hay nada" diría, en alemán, "se oculta lo existente", "no se da más eso que es". Cese. Subyace una noción temporal transitiva, el paso de un estado anterior al presente. En cambio, la nada en castellano es espacial, sin noción marcada temporal transitiva; indica ausencia de campo cuando se está mirando el campo.
 
2. También, Abel Martín, en sus poemas (como nos dice Mairena) emplea formas arcaicas de verbos, como "seer", "veer", por "ser", "ver". "Veer" subsiste en formas actuales como "proveer, proveedor, "veedor". "Seer" es forma intermedia en la evolución que hizo del latín vulgar el romance aglutinando los verbos "esse" y "sedere" ("estar sentado"). "Sedere" se había debilitado en "estar", más tarde, "ser", por lo que pudo fusionarse con "esse".
 
"Estar" se usó, primero, con el significado de "estar de pie" antes de usarse para cualquier modo o posición; en cambio, "seer", "seyer" > "ser" significó "estar sentado". (En otras posiciones, "yazer", indicaba "posición echada, tumbada", "estar tumbado"; y el antiguo "ficar", que subsiste en portugués, la indeterminación del modo o posición en que se está en el espacio: el estar ahí. "Fica" es "Queda ahí" en el sentido del actual "parar por ahí". "Eso para por ahí", "la carpeta debe parar en algún sitio". "Parar" sin sentido de "estar de pie·, sino de "mero estar"). En el castellano actual ese uso indeterminado del antiguo "ficar" y del estar ahí indefinido en su modo, lo asume el "hay". (Para un italiano, es casi imposible entender la diferencia entre "está" y "hay", pues su estructura tiende a pensar "estar" subrayando la presencia. En cambio, el español subraya el verbo, despersonaliza la cosa presente al no marcar tanto la presencia de la cosa como el "hay":una acción que ocupa espacio). 
 
Comprobamos cómo, en castellano, en la forma "hay", el adverbio de lugar -enclítico o no- desempeña un importante papel semántico. Tendría el pensamiento en español que conjugar aquellos cuatro o más sentidos del "ser" (de pie, sentado, echado, ahí en general), y comprobar si son análogos a los verbos alemanes: "ist", "stand", "steht"", liegt". Jugando, se podría decir en español: la nada no es, pero "para" por ahí.

3. Estas incursiones en la filología histórica (que nos han hecho bucear en María Moliner, Diccionario de uso del español, y en el Diccionario crítico-etimológico castellano e hispánico, de Joan Corominas) quizá no sean ociosas cuando se trata de pensar, en una lengua como el español, sin exclusivismos, recogiendo el mayor conocimiento de otras lenguas, pero desterrando la idea de que la filosofía habla únicamente en alemán. 
 
Es pensando a Machado desde la estructura lingüística del español cómo podemos seguirlo. Precisamente, tratándose de un pensador y gran poeta, la lengua da el tono de su estilo de pensar.

                 "El tono lo da la lengua,
                  ni más alto ni más bajo;
                  sólo acompáñate de ella".
                         A. Machado. "Proverbios y cantares".
                         Nuevas canciones (Abril de 1924)

                                                                                FULGENCIO MARTÍNEZ

                       REVISTA AGORA DIGITAL JUNIO 2013



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