lunes, 17 de junio de 2013

La alta velocidad no llega a Murcia. Diario político y literario..../49


Fuente gráfica: Informaciones de Alicante













                     

LA ALTA VELOCIDAD NO LLEGA A MURCIA



Fernando Pessoa, el poeta de Lisboa, no solo se servía para escribir de sus "heterónimos" (especie de "alter ego" que como las caras de un diamante brillan diferentes exhibiendo una misma luz), sino que también los usaba en la vida "real". Así, en uno de sus poemas anota un viaje que ha realizado a Sintra en persona de otro. Como en un apunte de diario, cuenta el poeta el recorrido que hizo en coche hasta Sintra "en pessoa de outro" (su mismo nombre le permite ese juego lingüístico en portugués). Incluso, en el mismo relato de esa excursión a Sintra, Pessoa insinúa a sus lectores que pudo haber bajado, siempre en persona de otro, a las playas de Estoril para darse un baño en el mar (en el mítico Océano de Camoens), como cualquiera hubiera hecho en un caluroso día de verano.

Modestamente aprendí en Pessoa semejante recurso, que empleo a menudo aunque casi siempre para cosas que me son desagradables o molestas: las hago en persona de otro o mando a alguno de mis heterónimos a realizarla. Menos frecuente pero también efectivo es usar dicho desdoblamiento de manera contrafactual, es decir, con deseos imposibles, casi siempre por falta real de ganas o ausencia de motivo. Si yo tuviera realmente ganas de -por ejemplo- hacer footing por las tardes para perder peso; si tuviera una motivación efectiva, lo haría, créanme. El caso es que no es así. Pero, como me queda una espinita por no hacerlo, ahí entra lo de acudir al heterónimo. Ayer tarde, sin ir más lejos, recorrí tres calles corriendo en persona de otro. Y el día de antes, lunes, me fui de excusión a Alicante para presenciar la llegada del AVE.

Claro que algunos testigos podrán certificar que estuve toda la mañana en mi trabajo en Murcia, repasando el modus ponens con mis alumnos para los exámenes finales de filosofía.

Pero no es menos cierto que estaba en Alicante, y que vi al Príncipe Felipe, junto a la alcaldesa de la ciudad, presunta corrupta en el caso Brugal, otro caso de soborno y cobro de vampiros de la cosa pública. Además, estuvo Rajoy, con cara de ídem, o sea, de Rajoy; y el president valenciano, y aun la De Cospedal, grandes figurantes.

Yo me sentía más próximo a los jóvenes y maduros que protestaban en la calle, frente a la estación de Renfe alicantina. Sus gritos de protesta contra la corrupción, contra la Monarquía, contra estos gestores políticos, contra los abusivos contratos de las preferentes, contra los desahucios, contra esto y aquello, sus gritos en fin eran los míos. Pité con ellos al Rey -usted perdone, señor monárquico-, a la Cospe, a Rajoy y a su luz al final del túnel -otra metáfora como la de los brotes verdes; qué listos son-. Di un viva a la República, a la democracia y a la justicia igual para todos; apoyé que no haya paro ni privilegios, ni para la Iglesia católica ni para la Banca; que se vayan a la cárcel los responsables de este desmán... Pero, estando en medio de ese mar de protestas y reivindicaciones, me acordé del asunto del día: la llegada del tren de alta velocidad a Alicante, a esa ciudad levantina como Murcia; y, ciertamente en persona de otro, grité con toda mi gana: ¡abajo Valcárcel, abajo la Asamblea Regional de Murcia! ¡Vayánse todos al carajo, por vagos y lentos en su actuación política! ¡Nos gana Alicante por 7 a 0!


Artículo publicado en La Opinión 20 de junio 2013
con el título "Yo estuve en la estación de Alicante! 

Fulgencio Martínez

Profesor de Filosofía y escritor

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