domingo, 5 de mayo de 2013

Un artículo de Manuel García Viñó. Manifestaciones. Ágora / El Mono Gramático





                                                MANIFESTACIONES

Si ustedes frecuentan las tertulias, los debates y las mesas redondas radiofónicas y televisivas –e igualmente si atienden a la prensa escrita—comprobarán que los tertulianos, tanto como los políticos y los periodistas, se muestran partidarios del derecho de los ciudadanos a manifestarse. Lo curioso es que cuando los ciudadanos deciden recurrir a la convocatoria de una manifestación, los mismos –periodistas, políticos y cerebros pensantes de toda condición-- se muestran furiosamente contrarios a que lo hagan. Es una actitud curiosa y paradójica: le reconocen el derecho, pero con tal de que no lo ejerzan. Apenas el que ellos llaman pueblo soberano anuncia que va a ejercer el derecho que ellos mismos le conceden, los que se dicen representantes de ese pueblo y sus medios de comunicación se dedican a demonizarlos y a pronosticar que su acción será violenta. Esto es, condenable a priori.

“Violencia” es la palabra talismán de que se pertrecha de razón la gente de bien frente a los manifestantes, que constituyen, al parecer, un peligro que se ve venir. Gente de bien que no se para a pensar que si derribar una valla es un acto violento también lo es ponerla para impedir que la gente pueda caminar por una vía pública. Sobre todo cuando va acompañada por la brutal (violenta) actuación de la policía. 

Estos hechos significan un reflejo muy gráfico de esta falsa democracia, que no es sino una oligarquía de partidos. 

Naturalmente, si las manifestaciones incomodan a los neodemócratas o, mejor, pseudodemócratas, ¿qué decir de los escraches? ¡Santo cielo! ¡Venir –o ir— a perturbar la sobremesa o la siesta de una prócer o de un prócer! He observado que, en todas las protestas de los escrachados y sus partidarios se ha invocado la presencia de niños al otro lado de las puertas de las viviendas asediadas. Niños que se han asustado o, por lo menos, han visto alterada su tranquilidad. Y es que –no hay que decirlo -­ se trata de niños hechos de un material distinto al de aquéllos que ven interrumpida su triste cotidianeidad para ser puestos en la calle. Como decía Campoamor, todo es según el color del cristal con que se mira. 

Yo pienso que el próximo paso no debe ser un escrache, sino la toma de la Bastilla.

                                                                  M. García Viñó 
 



Manuel García Viñó es crítico de arte y de literatura, novelista, estudioso de la novela española contemporánea y poeta. Creó La fiera literaria, boletín del Centro de Documentación de la Novela Española. Entre otros ensayos polémicos que  diseccionan la fachenda del negocio cultural-, es autor del ensayo El País. La cultura como negocio (2006). 

Ha escrito, también, obras de referencia para el estudio de la novela española: La novela española del siglo XX,  Teoría de la novela, Novela española actual, La novela española desde 1939: historia de una impostura. Son clásicos sus estudios sobre el arte narrativo de Ignacio Aldecoa y sobre Bécquer y el esoterismo en sus leyendas.

A principios de 1960, comenzó a publicar crítica de arte en La estafeta literaria, una revista literaria prestigiosa del final del franquismo y principios de la llamada Transición. En las páginas de La estafeta literaria, asomó la información literaria más abierta en su momento (textos y entrevista, por ejemplo, a Jaime Gil de Biedma).   

La revista de Barcelona Anthropos dedicó un número extra al estudio del concepto y la práctica de la novela "metafísica" de García Viñó: "Manuel García Viñó. El realismo total, nuevo visión de la novela" (VV,AA.Ex.4 Anthropos editorial).

                ÁGORA DIGITAL MAYO 2013 

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