lunes, 22 de abril de 2013

La conexión Castellón-Murcia. Diario político y literario de Fulgencio Martínez, donde se habla de lo divino y de lo humano /45

                 Así se construyó otro aeropuerto fantasma. Corvera, Murcia                  







             LA CONEXIÓN CASTELLÓN-MURCIA


La migración de las aves de África a Europa es, por su complejidad, un problema aún sin resolver para los ornitólogos. Las golondrinas, por ejemplo, se desplazan desde el Sahara a Europa para reproducirse, cuando llega la estación seca del verano; y retornan al sur a comienzos del otoño, para permanecer durante el invierno en el clima cálido y húmedo de algún lugar de África que les provee de una rica despensa de larvas e insectos con los que alimentan a sus crías. 

Los científicos conocen bien ese ciclo anual de las golondrinas, y las amadas de los poetas saben que siempre volverán a pasar frente a su balcón en otoño, porque lo han leído en Gustavo Adolfo Bécquer. Sospechan los naturalistas que las golondrinas utilizan secretos y complicados mecanismos para sus desplazamientos intercontinentales; como son: el campo magnético terrestre, la navegación aérea guiada por la posición del sol, la luna y las estrellas, la luz polarizada y la ultravioleta, la oculta posesión de un GPS para el reconocimiento de los lugares terrestres, y quizá, el control teledirigido de algún satélite de potencia aviar prehistórica capaz de dejar en ridículo la precisión de Google Earth.

Pero lo que desafía aún, por inexplicable, a la comunidad científica internacional es la pregunta de cuándo y dónde descansan esas infatigables viajeras, las oscuras golondrinas del poeta. Sin embargo, una fuente científica no estatal ha anunciado, hoy, que pronto esa pregunta estará resuelta. La conexión aeroportuaria Castellón-Murcia ha entrado en la guía de las aves migratorias, y pronto (si no este próximo verano cuando vuelen desde África, será el otoño próximo cuando vuelvan huyendo del invierno europeo) tendremos la prueba gráfica que lo demuestre - ha declarado el portavoz de una asociación ornitológica.

¿Cómo las golondrinas encontraron la conexión Fabra-Varcárcel? A la pregunta de un periodista - quien previamente expresó la falta de crédito de la información-, ha respondido esa misma fuente: Es insondable el instinto natural, y parece que los científicos nunca llegaremos a descifrarlo. La ciencia positiva ya tiene bastante con constatar los hechos, verificar con método y paciencia los nuevos hábitos de esas aves misteriosas que, un buen día, cambiaron -sin saber nosotros por qué ni cómo- los hilos del tendido eléctrico, donde solían reposar desde antiguamente, por la anchura y la soledad de dos colosos y vacíos aeropuertos.

El de Carlos Fabra a 40 kilómetros de Castellón, y que, según la wikipedia de las golondrinas, "desde su construcción carece de operaciones o permisos para operar, y se ha convertido internacionalmente en un símbolo del derroche que caracterizó el desarrollo de la crisis financiera en España". Mandado construir por el Presidente de la Diputación de Castellón Carlos Fabra y ejecutado por una empresa pública -Aerocas- que el propio Fabra presidía, y, naturalmente, de cuya quiebra no se responsabilizó; para eso estaba la Comunidad Valenciana, que asumió la millonaria pérdida. El 23 de febrero de 2013, Carlos Fabra, presionado por su vergüenza o por su Partido, dimitó como presidente de la sociedad Aerocas al habérsele abierto juicio oral por cohecho, tráfico de influencias y cuatro delitos fiscales. Los habitantes de Castellón y el turismo próximo a esa ciudad siguen estando a 50 minutos del aeropuerto de Valencia, que sí funciona, y a 40 minutos -solo diez menos- del aeropuerto de Fabra, que no funciona y que les ha costado el rídículo internacional además de mucho dinero regado. Fabrá sabrá qué favores paga a las golondrinas; quizá porque le recuerdan a su tierna infancia, les hizo un aeropuerto.

El aeropuerto internacional de Valcárcel, en Corvera, a pocos minutos del aeropuerto civil y militar de San Javier y no muy lejos del aeropuerto El Altet, de Alicante, va en línea de mar con el de Fabra y será un monumento a la ternura poética como aquel. Pero, en este caso, hay más tela superpuesta, y más líricos de los que aparecen, por ahora... Es un poesía -digámoslo- con más ingeniería y oficio profesional, que la naif del personal Fabra. Los aeropuertos de Alicante y de San Javier, ya funcionando, podían asumir la oferta de usuarios turísticos, principalmente a la costa levantina; bastaba mejorar las condiciones de sus pistas -lo que se hizo, al menos, en el aeropuerto de San Javier, por lo que AENA ahora exige unos cuantos millones- y bastaba modernizar por fin las comunicaciones férreas -el AVE- y terrestres con núcleos turísticos de playa; eso hubiera sido una política sostenible.

A nadie sensato le cabe imaginar que el interior murciano se llene de chinos y rusos en procesión turística, de modo que hiciera falta proyectar el aeropuerto corverino de Valcárcel, que tampoco funciona como el de las golondrinas de Fabra. Un día del pasado marzo dijo el Consejero de Turismo de Murcia que el nuevo aeropuerto se abriría sí o sí; al siguiente mes, que dejemos pasar el verano, que llegará el otoño, y, ¿saben después que suele llegar?, el invierno... y así, con ese pensamiento giratorio de la golondrina, entre los giros de cabeza del consejero Pedro Alberto Cruz, tratando de despertarse en la rueda de prensa, ¡he visto pasar... una golondrina! Ni Luis del Rivero la podría comprar, porque ella estaba ya antes que Luis del Rivero naciera en esta tierra, y antes de que creciera a la sombra de ella, y mucho antes de que se hiciera mozo, ingeniero, presidente de Sacyr Vallermoso, y también antes de que vendiera la bicicleta estropeada del aeropuerto, antes de que dejara Sacyr en 2011 y más de 200 de los millones que debemos pagar los murcianos por el aereoflú; y, haciendo memoria, también estaba la golondrina antes de que Luis del Rivero declarara (el 30 de diciembre de 2007, en entrevista publicada en El País, cuando ya el Banco de España había alertado del fiasco del sector): "en la obra pública no se advierte ningún síntoma (de vacas flacas), sino todo lo contrario, con un plan de infraestructuras que asegura un nivel muy alto de obra civil hasta 2020 y con unas cuentas públicas muy saneadas que hacen que se pueda incluso pensar en mayores incrementos de los previstos". (sic). ¡Ja!


Fulgencio Martínez
Profesor de Filosofía y escritor (23-4-2013)

                Artículo publicado en La Opinión de Murcia, jueves 2 de Mayo 2013

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