viernes, 15 de marzo de 2013

Recortes. Diario político y literario.../41





RECORTES



Las fechas próximas a las vacaciones son propicias para el estrés. Como uno está deseando, en su trabajo, que llegue el merecido tiempo de descanso y trajina sin parar con la ansiedad de hacer las últimas tareas pendientes, para irse con la conciencia tranquila unos días, pues entonces cae el jefe de turno, o el consejero de su ramo, y le endosa un recorte de sueldo.

El momento elegido para sacar el hacha no parece oportuno; nunca lo es, desde el punto de vista del empleado o del funcionario. Pero, siendo objetivos, hemos de ponernos en el lugar del superior responsable. Éste es, como ustedes ya sospecharon, un hombre sencillo, quiero decir, sensible, preocupado por la salud laboral de sus empleados, y poco dado a un exceso de sadismo gratuito, como, sin embargo, algunos le atribuyen.

El superior y jefe predica siempre con el ejemplo. Si ha de recortar, él es el primero que sufre la decapitación de su salario; hasta renunciar a coche oficial o de empresa si ve que es más barato usar las piernas o el bus. Por supuesto, no descarta volver a coger su coche particular y, en este caso, no exige dietas desproporcionadas por el coste que desintoxicarse de un viejo y arraigado hábito le supone a su economía. Tampoco renuncia a comer, todos los días; solo que ya no lo hace a costa de la empresa, o de los presupuestos de la Comunidad: suelen ser sus amiguetes, en La huertanica o en el Rincón, acostumbrados a comer gratis con él, los que más le recriminan su ejemplaridad.

Pero él, el jefe, el político, desoye a pie firme sus advertencias amistosas, imbuido de un raro y repentino espíritu de sacrificio. El ejemplo de jefe sigue en su resolución de ir pagando de su bolsillo todo, hasta un taxi.

Hasta su mujer, en casa, le reprocha, con palabras de cierto desprecio: "a ver, hijo, ¿qué te pasa, que te ha dado un ataque de ética, o qué?".

Ya suponen, el jefe no cede ni siquiera un paso y, como san Antonio en el desierto, rechaza toda tentación aunque esta venga de su esposa fiel. No cede aunque oiga tronar casi a diario aquello de "¡qué razón tenía mi madre!, vine a dar con el más tonto; pues no, que ahora dice que va a dar ejemplo de austeridad, el cretino; ¡si tenían todos que besarte los pies!, ¡y subirte el sueldo como Ramón Luis!, que tú, no eres funcionario, y no te afecta lo de esos, que tienen su puesto por oposición, ¡a ver si te enteras! Cualquier día de éstos..."


Fulgencio Martínez

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