viernes, 1 de febrero de 2013

François Villon. Ballade des pendus. NUESTROS MAESTROS.


NUESTROS MAESTROS

1. GUÍA DE LA POETRÍA

FRANÇOIS VILLON (s. XV)


BALLADE DES PENDUS

"La balada de los ahorcados" es una de las últimas composiciones de François Villon. Debió ser escrito hacia 1463, antes de la desaparición misteriosa del padre de los poetas malditos.

El tema de la muerte se muestra en el poema con un ritmo taquigráfico, que anticipa el ritmo de delirio de la novela La muerte a crédito, de Celine, otro de nuestros maestros y admirador también del goliardesco poeta francés. Su color oral es sencillamente único.






Frères humains qui après nous vivez
N'ayez les cœurs contre nous endurcis,
Car, se pitié de nous pauvres avez,
Dieu en aura plus tost de vous merciz.

Vous nous voyez cy attachez cinq, six
Quant de la chair, que trop avons nourrie,
Elle est pieça devoree et pourrie,
Et nous les os, devenons cendre et pouldre.
De nostre mal personne ne s'en rie:
Mais priez Dieu que tous nous vueille absouldre!

Se frères vous clamons, pas n'en devez
Avoir desdain, quoy que fusmes occiz
Par justice. Toutesfois, vous savez
Que tous hommes n'ont pas bon sens rassiz;
Excusez nous, puis que sommes transis,
Envers le filz de la Vierge Marie,
Que sa grâce ne soit pour nous tarie,
Nous préservant de l'infernale fouldre.
Nous sommes mors, ame ne nous harie;
Mais priez Dieu que tous nous vueille absouldre!

La pluye nous a débuez et lavez,
Et le soleil desséchez et noirciz:
Pies, corbeaulx nous ont les yeulx cavez
Et arraché la barbe et les sourciz.
Jamais nul temps nous ne sommes assis;
Puis ça, puis la, comme le vent varie,
A son plaisir sans cesser nous charie,
Plus becquetez d'oiseaulx que dez à couldre.
Ne soyez donc de nostre confrarie;
Mais priez Dieu que tous nous vueille absouldre!

Prince Jhesus, qui sur tous a maistrie,
Garde qu'Enfer n'ait de nous seigneurie:
A luy n'avons que faire ne que souldre.
Hommes, icy n'a point de mocquerie;
Mais priez Dieu que tous nous vueille absouldre.





¡Hermanos humanos que vivís después de nosotros,
no tengáis cerrados los corazones,
pues, si piedad tenéis de nosotros pobres,
Dios os tendrá más tarde misericordia!
Nos veis atados aquí, a cinco, seis:
la carne, que demasiado hemos nutrido,
fue devorada hace mucho tiempo y se pudrió,
y nosotros, los huesos, nos vamos convirtiendo
en ceniza y polvo. De nuestro mal nadie se ría:
¡rogad a Dios que a todos nos quiera absolver!

Si hermanos os decimos, no debéis
mirarnos con desdén, porque fuimos muertos
por la justicia. Sabéis, sin embargo,
que no todos los hombres tienen bien la mollera;
perdonadnos, ya que hemos partido
hacia el Hijo de la Virgen María,
que no nos niegue su gracia
y pueda librarnos del rayo infernal.
Muertos estamos, que nadie nos atormente;
¡rogad a Dios que a todos nos quiera absolver!

La lluvia nos ha desollado venga lavar y limpiar,
y el sol nos dejó secos y ennegrecidos;
urracas, cuervos nos han cavado los ojos
y arrancado la barba y las cejas.
Nunca jamás, ni un instante, podemos sentarnos:

aquí, luego allá, como el viento varía,
a su placer sin cesar nos acarrea,
más picoteados por los pájaros que dedal de coser.
Nadie se haga de nuestra cofradía,
pero rogad a Dios que a todos nos quiera absolver.

Príncipe Jesús, que sobre todo tienes poder,
guarda que el Infierno no sea nuestro señor:
no tenemos nada que hacer con él ni que pagarle.
Hombres, aquí no hay ninguna burla:
¡rogad a Dios que a todos nos quiera absolver!



Versión de Andrés Acedo

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