miércoles, 30 de enero de 2013

CONVERSANDO CON UNA FOTOGRAFÍA DE PESSOA

 

Pessoa en el Chiado



 

 CONVERSANDO CON UNA FOTOGRAFÍA DE PESSOA


                                                      Quien habla ya a los muertos (...)
                                                                            Luis Cernuda

La calle se paró para dar paso
a un tren de mercancías
lento. Interrumpiéndote
en tu carrera, mientras
cruza el viejo reumático convoy,
conversamos desde una orilla a otra.

- ¿Por qué la realidad no es poesía?
- Donde no fluye la música, en vano
se anticipa solitaria la letra.
La realidad quiere
ser poesía para hacerse soportable,
mas no sabe esperarla
en el tiempo, se precipita siempre,
bailando sobre un clavo.
A ese mal metafísico llamé desasosiego.

- ¿Quieres decir que la poesía no se hace
hasta que unos pies la bailan
aunque exista el dolor?
Piensas igual que un hombre sin historia.
- Me preguntaste por qué lo real
no es poesía, y te he respondido.
Adiós.
           - Sabes que aún no toca irte.

- Las musas aman nuestro hundimiento
y renacer, no vuelven sus favores
sino al producto final del dolor.
No quieren saber de nuestros trabajos.
No miran al yunque de la inquietud,
al hervor simple de lo real, a un baile
inmóvil, a una premonición
de muerte por entregas,
a la conversación con el mal a ojos vista:
a ese mundo en que tú y yo hemos caído.
- Adiós, te digo yo ahora.
                                       - No nos toca
a nosotros más que habitar la inquietud.
Hasta que tú no te hagas
a ese lugar en que ella se hace, no vendrá
ella a ti, y entonces, si sucede esto,
el don de la Poesía, cesarán tus preguntas.
- Adiós...
             - Ahora eres tú quien tiene prisa.
- Me duele el esfuerzo por mantenerse en pie
de la hoja, con la fecha de hoy.
Como se ve que nunca miras el calendario.
En ese mundo en que dices hemos caído,
está mi tarea... adiós.
                                  - Y la mía...
Una obra escrita pena inacabada.
No sabes cuántas veces vuelvo aquí.
Lisboa tiene en sus barrios un Oceano,
como otras ciudades en su centro
un gran parque y un lago.
Escribo paseando las calles
de una Lisboa donde el ayer es hoy.
¿No me viste antes andar sin aliento
a mi mesa del café, y antes en el tranvía?
En ese mundo está también mi tarea,
si quiero ganarme algo que decir
a las sombras presentes...
 
Este hombre frente a mí, me corrige.

- Si te duele la hoja del calendario,
es porque todavía hay trabajo que hacer.
Arde la lentitud. Pero, nosotros, poetas
del pueblo, ¡celebramos este día!

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