miércoles, 28 de noviembre de 2012

EL VENTILADOR DEL SEÑOR MAS

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UN DÍA ES UN DÍA/ DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO DE FULGENCIO MARTÍNEZ, DONDE SE HABLA DE LO DIVINO Y LO HUMANO / 25

                                               Publicado en La Opinión de Murcia, Miércoles 28 de noviembre 2012


         EL VENTILADOR DEL SEÑOR MAS




Ahora que muchos están dispuestos a hacer leña del árbol caído, resulta que empieza a caerme bien el señor Mas. Confieso que ya antes de su caída electoral, en los últimos golpes de la campaña catalana, le empecé a cobrar simpatía a este quijotesco caballero de la fe, como diría mi maestro, don Miguel de Unamuno.
 
Admiro a los individuos que creen en algo; aunque ello sea tan quimérico (el Rey lo dijo) como la independencia de su "país", que es el mío también, espiritualmente hablando. La patria de don Quijote es el reino del ideal y la justicia, frente a duques, curas, reyes y mercaderes de tierra adentro; esa patria espiritual, amigos míos, está en lo porvenir en Levante, en el balcón mediterráneo; ya no está en Castilla (ni en Madrid, ni, mucho menos, en la Carrera de san Jerónimo, en Moncloa o en el palacio de La Zarzuela).

Frente a la tierra quemada del inmovilismo y de la sumisión a los poderes financieros, se levantarán los hombres que creen en ideas; los que, un día, no temerán que a la palabra sigan los hechos.

No sé si llamarlos emprendedores espirituales, o aventureros; lo cierto es que, sin ellos, el mundo sería aburrido. Sus hazañas tal vez no llegarán a los libros de Historia, pero, si desaparecieran de la faz de la tierra, como desaparecieron los alquimistas, los echaríamos en falta; igual que al viento que desde un abanico mueve la atmósfera de una habitación cerrada. 
 
El abanico, por lo que se ve, es lo que nos ha hecho simpática la figura de Artur Mas. Estábamos distraídos con el gran asunto de la propuesta soberanista catalana, cuando la torpeza (al parecer), o el cálculo, de la derecha mediática, que se apresuró a hacerle un favor a Rajoy y al Partido Popular en Cataluña, denunciando cuentas en Suiza del President, nos ha revelado algo aún más interesante. Por boca del representante del sindicato policial SUP, nos hemos enterado la opinión pública de que hay muchos expedientes inconclusos de investigación, que afectan a posibles casos de corrupción de políticos, de partidos, grandes banqueros y empresarios de este país. Expedientes que han sido impedidos, aparcados, no llevados a cabo en toda su implicación cuando se trataba de un "personaje" social importante.

Me dirán: ¿pero eso no se intuía ya? Sí, en efecto. Pero fíjense que ahora tenemos una base de evidencia en el testimonio policial (más claro, agua) para no creer a los que, por salir absueltos de una acusación de corrupción, o no ser ni siquiera imputados o responsabilizados judicialmente, quieren hacernos creer que son también éticamente -y en justicia- irreprochables. Véase todos esos casos de políticos y de empresarios que deberían, según el pueblo, estar en la sombra; cuyo patrimonio y estilo de vida sigue siendo una obscenidad en un país de seis millones de parados, pero a los que la ley ni pudo ni puede meter mano. No diremos ya que es legal, sino que es obsceno que sigan contando con tantos privilegios.

El abanico del señor Mas me temo que pudiera ser un ventilador.

(Posdata: mal, muy mal, su imagen, amigo Rubalcaba, federalista de última hora; ahí, al lado del Señor de los Eres: tú, presidente del País de Nunca Jamás y él, del Partido Socialista Obrero Español. Así no van a creernos, si no saben distinguirnos de los amorales).



FULGENCIO MARTÍNEZ

martes, 20 de noviembre de 2012

Episodios de xenofobia

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UN DÍA ES UN DÍA/ DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO DE FULGENCIO MARTÍNEZ, 
DONDE SE HABLA DE LO DIVINO Y LO HUMANO / 24

Publicado en La Opinión de Murcia, Sábado 17 de noviembre 2012



     EPISODIOS 

   DE XENOFOBIA






La carrera de Artur Mas, ya como President de la Generalitat, en la anterior sesión de las Corts Catalanes, dio un paso decisivo al reprimir violentamente el movimiento del 15-M -aquellos jóvenes indignados que fueron desalojados de la Plaza de Catalunya por los mossos d'escuadra a mamporro limpio. En la manifestación democrática, que fue la jornada de Huelga general del 14-N, de nuevo la policía autonómica del President, ahora en funciones, ha hinchado más que un ojo a un menor de quince años; a un chiquillo que andaba con su madre, por una calle de Tarragona, y al que no se le conocen antecedentes antisistema, y cuyo historial "violento"se reduce solo a un curso de la ESO, o dos, como mucho. Todo posible abuso de la violencia por parte de la autoridad democrática restaría crédito a ésta (lo contrario solo ocurre en las tiranías) y debe ser investigado con celo para atajarlo. Eso diría el sentido común; pero no crean que es fácil oír la voz de la prudencia política cuando el que manda se viene arriba y llega a creerse dotado de una autoridad carismática, a un paso de autócrata.

Es curioso que el mismo Artur Mas que no tuvo antes ni ha tenido ahora reparos en usar el látigo para echar de la calle a los que se manifiestan, según él, de forma violenta, se haya desdoblado en ideólogo y redentor de la soberanía del pueblo catalán. Ojo por ojo, y diente por diente, y violencia por violencia, contra los que dan mala imagen al país, contra los que desacreditan la "marca" del país. Así parece pensar el político convergente catalán (y también el popular español: país se escribe igual en ambos idiomas románicos). De ese modo, la violencia se alía con el nacionalismo irredento y la xenofobia, ejercida ésta contra cualquier ciudadano, sea cual sea su procedencia de origen. Todo nacionalismo germina o conduce a un clima social de xenofobia, estigmatiza al otro, al que no sigue el ideario nacional. Llegaría el día en que el otro ya no podrá decir quien es. (Esto estuvo tan claro en el País Vasco, oprimido tanto tiempo por el terrorismo, que pasó desapercibida mediáticamente la xenofobia porque era el medio natural, asumido como el aire que se respira).
La operación de Mas ha consistido en sustituir la marca España por la marca Catalunya. Si tuviéramos mecanismos propios de Estado, posiblemente nos iría mejor, en esta crísis, dice hábilmente Mas. 
 
No se confundan: la insidiosa ideología nacionalista xenófoba es lo que único que pueden ofrecer hoy día tanto unos como otros: el PP nacionalista español como el PP nacionalista catalán. Nosotros solo vemos en ambos una misma voluntad de estigmatización del otro, o sea: del que no es de mi "gens" ideológica o patriótica. En fin, un brote de xenofobia contra el que hemos de prevenirnos para que no se convierta en endémico. 
 
Y hemos de prevenirnos por salud mental, ética, ciudadana, lo que ustedes quieran, para que no despertemos un día, como enel País Vasco, no despertemos en nuestro país sintiéndonos mirados como alienígenas, e implícitamente violentados. 
 
Toda xenofobia se destapa -recuerden esto siempre- cuando la autoridad da por buena la violencia, la justifica, en nombre de lo que sea, de una marca, de una imagen del país, de la economía, del orden público o de la paz de los cementerios.

Yo, que vivo en Murcia, empiezo a preocuparme ya, porque he oído al delegado del Gobierno en mi Comunidad hablar de "episodios de violencia callejera", reprimidos por su autoridad incompetente (hablo desde la ética pacifista) el día de la huelga del 14-N, y me he echado a temblar. ¿Que el otro se ha visto como un desahuciado, un fracasado, un desesperado, "un peligroso violento" por el delegado del gobierno civil, justificó los palos y el abuso de la violencia excesiva por parte de las fuerzas del orden? La xenofobia suele ser aporofobia: odio al que percibimos como inferior en recursos.

Menos mal que el señor Joaquín Bascuñana -así se llama, lectores, este delegado del Gobierno en mi pueblo- no es Artur Mas. Aunque...el apellido, les aseguro, no es de Murcia.... ¿Me habré vuelto yo un poco facha nacionalista xenófobo?




lunes, 12 de noviembre de 2012

"NO hace falta escribir del siglo XIX para hablar de esclavitud". Entrevista de Ana Guardiola a Fulgencio Martínez. Publicada en La Opinión de Murcia, Lunes 12 de Noviembre de 2012

Fulgencio Martínez: ´No hace falta escribir del siglo XIX para hablar de esclavitud´

El autor murciano publica ´Prueba de sabor´, un poemario para ayudar, a través de la palabra, «a tomar conciencia del mundo en el que vivimos»





El escritor murciano Fulgencio Martínez, autor de Prueba de sabor.

ANA GUARDIOLA «¿Puede lo que uno escribe/ servir de ayuda/ en un tiempo de emergencia social?». Esta es una de las primeras reflexiones que se encuentran en Prueba de Sabor (Renacimiento), poemario con el que Fulgencio Martínez (Murcia, 1960) quiere hacerle frente «a esta época de miedo en la que nos tienen dominados con la incertidumbre». Y hacerlo a través de la palabra y «con un compromiso humano y literario» que él define como poesía cívica.

 "Sin preguntarnos si lo que hacemos sirve de algo no sería lícito tomar la palabra, hoy es importante plantearse la repercusión de lo que uno hace y colaborar, ayudar a tomar conciencia del mundo en el que vivimos», explica Martínez, colaborador de LA OPINIÓN que lamenta que los individuos estén rodeados por «el consumismo, la autocomplacencia y el conformismo llevados por una falsa plenitud».

Por esta razón, su obra habla de la actualidad. Dedica numerosos poemas a los trabajadores –«no hace falta escribir del siglo XIX, hoy también hay esclavitud», afirma– y reivindica que el arte vuelva al lugar que le corresponde, ya que, a su juicio, se ha creado una concepción estética alejada de la realidad, «que nos ha llevado a que las diferentes disciplinas artísticas estén en un escaparate sin más».

Por el contrario, Martínez apuesta –como Machado y Miguel Hernández, dos de sus referentes– por la función de la poesía relacionada con su época –«quise poner mi voz en la realidad», dice uno de los versos del poema Cuenta final, en el que explica la razón de ser de Prueba de sabor–.

Quizá por ello hay cierto tono dramático, como reconoce el autor murciano, «pero no hay pesimismo», matiza. «Cuesta trabajo, hay que hablar del problema obrero, pero se puede hacer con ironía; se puede exponer un mensaje sin hacer un melodrama, es una poesía que lucha, y por eso no es pesimista», explica Martínez. «Pienso además –añade– que la esperanza es un deber del poeta; no estoy aquí para decir lo triste que estoy, sino para transmitir esperanza, aunque en ocasiones ni yo la tenga; ese deber nos libera a los poetas y es lo contrario que el mensaje pesimista con el que, como se ve hoy en día, nos quieren controlar».

Esa lucha y esa crónica de la actualidad no le impide a Fulgencio Martínez acercarse a las cosas cotidianas y sencillas. La naturaleza, el amor, el sexo, todo lo que suponga el disfrute de los sentidos, se cuelan en los versos de este pequeño libro «para recuperar un tiempo en el que nos han querido alienar, que nos obliga a volcarnos sólo en el trabajo; pero hay que recuperar ese tiempo y ese espacio que se encuentra en los detalles pequeños», dice el autor también de León busca gacela (2009) y de El cuerpo del día (2010).

Y así avanzan los poemas de Prueba de sabor –dividido en dos partes, Los paseantes y Epílogo jocoso–, y que ve la luz después de pasar «muchísimo miedo» antes de verlo publicado, como reconoce Martínez. «Se pasa miedo retrospectivamente, hasta el momento de ser publicados he revisado cada verso, pero luego ves que se mantienen y es una satisfacción; porque, al fin y al cabo, el lector es el que hace que un libro tenga sentido».

Un lector al que, como hace con sus alumnos de Secundaria, intenta acercarles el poder de la palabra y de la cultura, que desprecian a su juicio «hasta los que ocupan cargos en cultura», por lo que se encuentra cada vez más marginada. Y un lector al que le propone, «con un lenguaje sencillo difícil de trabajar», asomarse al mundo actual para cambiarlo. Y así lo resume en otro de sus versos: «No tengamos miedo a ser mejores».

sábado, 10 de noviembre de 2012

EL AYUNTAMIENTO DE MADRID Y LA MACROFIESTA DE HALLOWEEN

 
UN DÍA ES UN DÍA/ DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO DE FULGENCIO MARTÍNEZ, DONDE SE HABLA DE LO DIVINO Y LO HUMANO / 23

EL AYUNTAMIENTO DE MADRID Y LA MACROFIESTA
DE HALLOWEEN





En sus Cartas marruecas José Cadalso imagina a un joven moro de viaje de estudios en Madrid, el cual escribe atinadas reflexiones en forma de cartas, dirigidas a su viejo maestro de "madrasa" (escuela, en Marruecos). Entreverados con dichas reflexiones, el mozo Gazel da cuenta de los progresos en su educación, así como de las reacciones que le causan las costumbres y la actualidad del país donde vive, entonces -y todavía- España. Las Cartas marruecas fueron escritas en el siglo XVIII (entre 1774 y 1775) y son un clásico de la literatura española. Su lectura puede sernos amena... o no; no tomo la pluma aquí como un profesor de Literatura, para recomendarles leer la obra; lo que aseguro es que no nos deja indiferentes en su contenido, tanto por su visión crítica de las cosas de España y del querer (que anticipa al periodista Larra y a la Generación del 98) como por la semejanza de algunos de los defectos que critica, con los que seguimos teniendo en la actualidad. Y, si no, comprueben, lean este fragmento de una carta. (Nos hemos permitido solo algunos cambios en la transcripción).

" Gazel a Ben-Beley: Venerable maestro, no habrá usted olvidado que, en mi primera carta, le decía: "me hallo vestido como estos cristianos, introducido en muchas de sus casas, poseyendo su idioma, y en amistad muy estrecha con un cristiano", Nuño -usted recordará su nombre y sus buenas intenciones de instruirme en las cosas de este país vecino y no obstante tan distinto al nuestro. Pues, le digo que, a día de hoy, sigo sin entender a los españoles, y no atisbo esperanzas de poder hacerlo por más tiempo que dure mi estancia aquí, y por más solícita que sea la información que reciba de mi amigo Nuño.

Hace poco, la primera noche de noviembre, ocurrió en Madrid un desgraciado suceso en la celebración de la fiesta que llaman de Halloween. Por este nombre no crea usted, maestro, que me he trasladado a tierra de apaches. El suceso no es para hacer bromas; han muerto, al menos, cuatro chicas jóvenes, casi adolescentes; y fue milagro que no murieran muchas otras chicas y chicos del montón. Hemos sabido una larga lista de irregularidades, cuando no evidentes infracciones, que propiciaron ese suceso, que ha ocupado un espacio sensacional en las noticias de los que aquí llaman telediarios (por cierto, al de la Televisión pública los españoles -que son muy ocurrentes y rápidos en pensar y decir, pese a su pereza en actuar- ya le dicen el "botín del Gobierno", abreviando, despectivamente, la comparación con el Boletín oficial del Estado, antes Gaceta de Madrid).
Todas las noticias que llegan de lo que ocurrió en la macrofiesta -otra palabra, típica, que le apunto-, donde tuvo lugar el siniestro de las jóvenes, señalan al incumplimiento de las normas de seguridad y de aforo por parte de la empresa que alquiló, al Ayuntamiento madrileño, el "foro" Madrid Arena, y que "montó" el "evento" con la intención de "forrarse". Alá nos guíe a sus creyentes e ilumine en algo a los españoles. Hasta un ciego, en nuestro país, se preguntaría por qué un Ayuntamiento, una institución pública, alquila locales a supuestas "empresas de ocio" para que, en una sola noche, ganen millones de euros, sin tener que sostener un espacio propio, como una discoteca, y pagar impuestos al mismo Ayuntamiento, tener profesionales, de hostelería y de seguridad, crear empleo mínimamente estable, etc, etc. ¿Dónde está el negocio aquí? ¿Para los ciudadanos? ¿Y quién en los Ayuntamientos hace -con qué fin- este tipo de contratos? En concreto, ¿qué político o funcionario del Ayuntamiento dio a la empresa de marras el permiso? ¿Dónde está ése, que lo queremos ver? ¿Dónde está que no dimite? ¿Se esconde bajo las faldas de la Alcadesa en funciones? Todo eso sigue sin responderse, y lo peor es que sigue sin preguntarse (¿debido a la desidia del español?) ahora que nos aflige el dolor por las víctimas, y después, cuando pase todo, y, ojalá me equivoque, ocurra algo parecido de nuevo. Los españoles, aficionados a los toros -fiesta que, como mi amigo Nuño, no apruebo- llaman dontancredismo a esa actitud de estar quieto y mirar para otro lado, como si la cosa no fuera con uno, frente al toro. Sospechoso es el dontancredismo del Ayuntamiento ante un problema que tiene casi las dimensiones de un toro; me refiero a la cuestionable idoneidad y dudosa transparencia de alquilar espacios públicos para negocios privados, de dinero fácil y rápido-rápido".

Fulgencio Martínez
Profesor de Filosofía y escritor.

Mira Alfredo

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DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO DE FULGENCIO MARTÍNEZ, DONDE SE HABLA DE LO DIVINO Y DE LO HUMANO / 22

MIRA, ALFREDO





El que se llama igual que mi amigo Alfredo Pérez Rubalcaba ha declarado, tras las pasadas elecciones en Galicia y Euskadi, que está dispuesto a irse en el momento en que una mayoría en la dirección de su Partido le diga: "mira, Alfredo...esto no tira, tienes que irte".

Han brotado con las lluvias de otoño las primeras amanitas en el campo; pero ninguna tan venenosa como la "amanita partidaria". Es el tiempo de las voces críticas. Sus bocas apenas han abierto, cuando echamos ya de menos su silencio calculado durante meses. Se han agrupado en un frente, en una descomunal y variopinta alianza, el joven delfín Gómez, de Pinto pinto; el barón de los Eres de Andalucía y ese viejo señor, de pelo blanco y apariencia tímida, el que ponía aeropuertos en los secarrales de Ciudad Real, más peligroso que Robin Hood de los Bosques para las arcas manchegas. Es terrible la oposición dentro del PSOE a mi amigo Rubalcaba. Dan ganas de ayudarle, en lo que uno pueda, contra tales nigromantes, elfos, cacos, gigantes y malandrines: todo ese guardarropas político vintage. Aquél fue tan Diógenes que dijo que dormía mientras robaban en su casa; ése dejó en cueros a la Comunidad de Castilla-la Mancha; el delfín va a todos los aros que le pongan. Más antiguos ya que los balcones de madera. Más comprometidos con la génesis de la crisis y con los viejos usos burócráticos del Partido, sin embargo, proclaman - ¡a buenas horas!- un recambio de Alfredo, y se postulan como los salvadores del Partido Socialista.

Mira, Alfredo, quién te dice "mira", porque hay a tu alrededor mucho Bruto suelto. No hablo de Pedro Saura. Cuídate de los idus de Marzo que te tienen preparado. Mira bien a los ojos del que te diga, como dolido, "Alfredo, esto no tira", porque a lo mejor ese te está poniendo encima el pie para que no arranque... lo que deba de arrancar, que no sabemos qué demonios es: si el Partido o España, la chimenea del chalet de José Luis o el cigarrillo de hierba que fumamos ayer.

A lo mejor, también, querido, has de empezar ya a abrir los ojos; no esperes, como el otro, a que pase tu cadáver político delante de tu puerta. Ya tuviste una experiencia paranormal semejante cuando estuviste en el anterior Gobierno, en el de José Luis (¡perdona, señor, por nombrarlo!). Te fuiste del barco en naufragio poco antes de que se hundiera, y eras tú quien se presumía que daba las órdenes al capitán del barco. Un fenómeno de bilocación, se llama eso. Ahora, reconoces que hubo errores; ¡ vaya! No, no, no: eso es lo que quieren los críticos que digas; te están haciendo ya vudú: cuídate de la mirada de la Medusa Carme, gran Alfredo; cuídate, amigo, de los idus de Marzo.

Empieza por ver dónde está el fin del error, ya pasó el tiempo de mirar al principio equivocado. Aunque tarde y mal -pues tú estabas allí, en ese Gobierno errado y como un pollo sin cabeza en su último año, o te apartaste de él un poco solo, y de cara a la galería- has confesado tu culpa ; pero, a fin de cuentas, eso son ya historias. ¡A quién le importa...!, que diría Alaska. Mira, Alfredo, hacia el fin del error: desamortiza el Partido, esa finca inútil, ese aparato de hacer inútiles dirigentes teledirigidos, sin personalidad; da entrada a los protagonistas y líderes sociales de este tiempo para el que no sirve ya nada de lo que estaba escrito.

Vete una noche, disfrazado de socialista, por las calles, habla con el pueblo, con los jóvenes, con los que no son mozos y mozas de partido, con los que piden cambio de verdad, y sobre todo, piden la verdad. Desamortiza el partido, Alfredo; sé nuestro Mendizábal. Cuídate de los idus de Marzo.



                                                  FULGENCIO MARTÍNEZ

                                                 Profesor de Filosofía y escritor

CUANTO MÁS SE HABLE DE UNA COSA

DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO DE FULGENCIO MARTÍNEZ, DONDE SE HABLA DE LO DIVINO Y DE LO HUMANO / 21







CUANTO MÁS SE HABLE DE UNA COSA




Cuanto más se hable de una cosa, más existe” –dice el filósofo Agustín García Calvo, en una entrevista publicada en el último número de la revista Filosofía Hoy, muy recomendable por su sano escepticismo. Yo he seguido esa máxima, antes de conocerla, y he guardado silencio frente a cualquier nadería que se afirme meramente en la estrategia retórica de repetición, proliferación, diseminación del mensaje, de retroalimentación o bucle- como ahora se conoce, por la herramienta para el envío masivo de correos electrónicos, una técnica tan vieja como la publicidad. Creía estar ya al cabo de la calle sobre la falta de consistencia de la generación de políticos que nos gobiernan, y no necesitar más pruebas de su general irresponsabilidad y levedad. Pero, a pesar de lo que dicen las encuestas sociológicas, de la baja estima en que se tiene a los políticos, estos pueden seguir mejorando sus marcas y seguir sorprendiéndonos. Entre unos y otros han armado, en las últimas semanas, el quilombo de la cuestión catalanista, han reflotado el fantasma del padre muerto de Hamlet, del cual lo menos que se puede decir es que es inoportuno, en estos momentos en que urge solucionar la crisis económica, el paro, la deuda, y la deuda generada por la mala administración de los políticos; y en que muchos españoles comienzan a emigrar, ya no solo jóvenes, y no solo a Alemania, sino a Ecuador y Brasil, no queriendo resignarse a la falta de futuro y al paro en nuestro país. El señor Mas ha sacado ese estafermo del independentismo para desviar la atención de las medidas injustas y regresivas que su gobierno ha impuesto en Cataluña a las clases medias y trabajadoras; y para ocultar el pequeño detalle de que la Comunidad catalana debe más de cinco mil millones de euros; ¡que se dice pronto! ¿Cómo? Ustedes no pedían agua, como en Murcia, ¡ustedes, catalanes, pedían güisqui de 20 años, güiki per tutti, Montañés, y que pague Luis de Vargas!

El debate que se ha generado es un sinsentido donde se confunden los conceptos de Estado, de Nación, de sentimientos, por ambos contendientes: el nacionalista catalán y el nacionalista español del PP. Los estados democráticos modernos se fundamentan en la ley, en la ciudadanía: esto lo saben hasta los chiquillos del colegio, que cursan la asignatura de Ciudadanía; claro que por poco tiempo más lo sabrán, y lógico que los que siguen el curriculum oculto del PP lo ignoren y entren en esos trapos nacionalistas: ¿ves, papi, para qué sirve la asignatura de Ciudadanía? Para saber que yo vivo en un estado moderno, un estado llamado España, como se podría llamar Hispania o Iberia, que ya Estrabón, en su Geografía, dijo que se denominaba así a este país desde el Ródano para abajo, o, según otros, desde los Pirineos hasta la Bética. Afortunanadamente soy un ciudadano de un estado democrático, es decir, un sujeto libre y responsable, que tengo deberes y derechos amparados por una Constitución y solidarios con los Derechos Universales del Hombre, es decir, que mi condición de ciudadano español no se contradice sino que al contrario afirma mi condición de ciudadano del mundo. Son los estados los que firmaron esa Declaración universal de derechos pero yo lo asumo al firmar mi pacto como ciudadano de un estado, y tengo que pensarme hipotéticamente también como miembro de la comunidad humana global. Papito: Mis derechos y deberes puedo y debo ejercitarlos en los dos ámbitos: exigiendo que se cumplan para mí y para todos los seres humanos, y exigiendo y cumpliendo también mi compromiso con las leyes de mi país. Un ejemplo concreto bastará: he de pagar impuestos (cuando sea mayor), a la vez que tendré derecho a subsidios y a otros aportaciones del estado, que no son dádivas ni limosnas, ni cosas que pueden ser recortadas o minimizadas o conceptualizadas como flotantes "derechos sociales" cuya realidad dependa de las políticas del estado de bienestar, no, son la razón de ser del pacto social: yo pago impuestos, yo cumplo para que el estado cumpla (si no, sobra el estado, el rey, los ministros, el gobierno, todo, y apaga y vámonos. En cuanto se toca un derecho social se está invocando el apaga y vámonos. Porque pagamos impuestos no para mantener un rey ni un ministro, sino para que el rey o el ministro sean los que protejan nuestros derechos. Si usted no los puede proteger, váyase, ya está tardando… Eso debió hacer Zapatero en el último año de su gobernación, y eso debió hacer tu Rajoy tres meses después de acceder al gobierno). Pero mi obligación ciudadana no cesa en pagar impuestos: he de exigir que se tribute como dice la ley, proporcionalmente, y por tanto denunciar en cuanto ilegal, acívica, la actitud tributaria proteccionista del Gobierno hacia los ricos. Aquí no paga más el que más tiene, sino al contrario. No solo en impuestos directos, sino en indirectos, que no tienen en cuenta la renta personal, la clase media, trabajadora, funcionaria, es la pagana. Mientras que los empresarios y los muy ricos evaden, con el perdón del Gobierno. Eso es ilegal, inmoral, y quizá hasta engorda, y le engorde al señor Rajoy. Mi deber ciudadano es pagar impuestos y denunciar si no se cumple la equidad. Me gustaría que hubiera un Estado justo mundial, yo sería ciudadano del mundo, papi. Mientras tanto, soy un Ciudadano de la ley. A mí, no me exige el estado en que vivo (ni a nadie que tenga el DNI español) tener ningún sentimiento españolista, nacionalista, al extremo ni siquiera apreciar o poseer la cultura ni el idioma español o castellano. Más aún: se podría pensar que un estado como español decidiera, por ley, que la educación se diera en inglés por ser ésta lingua franca actual y ofrecer más oportunidades. Entendamos que el estado no se puede identificar con cultura, idioma, nación (ni mucho menos ese anacronismo y ese autogol que el estado español se metió en su Constitución: con nacionalidades históricas.. ¡en el estado moderno!).

Aristóteles, en su libro Politica, ya hablabla de cómo se fundó el Estado (la Polis), como una superación de otras formas de sociedad prepolíticas: la horda, la familia, la tribu, la etnia o nación. Estos son estadios preestatales, no en el sentido de ser una fase en la evolución hacia el Estado, sino un camino diferente a éste. El hombre, evidentemente, para el Filósofo, solo puede serlo en el Estado; en las otras formas sociales no tiene suficiente aire ni libertad. 
 
El Estado moderno (y el Estado teórico que fundó la Política aristotélica) no se identifica tampoco con ninguna cultura. La cultura, el cultivo de nuestra sensibilidad, enseña Schiller que ha de ser tomada como un juego estético, no como una actividad seria. Lo serio es la ley, la economía, el trabajo, el derecho, la igualdad entre los ciudadanos. La cultura, el deporte, el arte, son formas de cultivar nuestra sensibilidad (junto con nuestro físico y nuestro carácter) pero de una forma lúdica, sin entrar en una neurosis identitaria y mistificadora de los sentimientos. Tampoco el Estado moderno se identifica con la religión, ni con esa otra forma de religión que es la Nación. Vemos actualmente la dificultad en el mundo musulmán de construcción de un Estado moderno, al no haber allí superado las limitaciones de tribu, cultura, religión, etc. Y, por otro lado, toda forma de nacionalismos, desde lo más pacíficos hasta los fascismos y nazismos, se basan en cierto fanatismo nacional y en promover la exclusividad del sentimiento. En España, una ideología retro, ultraliberal y a la vez neoconservadora, sacrifica, por un lado, el Estado (mínimo de Estado, máximo de mercado y competencia) y por otro, se agarra al nacionalismo del sentimiento españolista (véase Wert).
Su antagonista y réplica Artur Mas es de la misma ideología liberal y catalanista. Mas, zorro astuto, oculta lo primero; Wert, también. No sabemos si con sus simétricos nacionalismos nos quieren sacar de la modernidad y volver a la caverna-nación. En los Estados modernos hemos de "soportar" solo el formalismo del número, de las mayorías. La fuerza del número, que es la superstición democrática, sólo me obliga en lo formal, en la ley, en el respeto a la forma y al derecho, pero no en mi contenido cultural, personal, psicológico, humano. Todo esa libertad que es negada por el Estado tribal y nacional o religioso. Vean ustedes, catalanes de izquierda, si les conviene seguir en la Modernidad o ir a la caverna.

                                                              Fulgencio Martinez

                                                       Profesor de Filosofía y escritor




CARTA DE UN PROFESOR ENFERMO

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DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO DE FULGENCIO MARTÍNEZ, 
DONDE SE HABLA DE LO DIVINO Y DE LO HUMANO / 20

CARTA DE UN PROFESOR ENFERMO
(A otro profesor y amigo, que le escribió
sobre los recortes y la literatura de hoy)






Hola, José Luis: primero, darte las gracias por tu lectura de mi libro Prueba... Has cogido mucho de su pulso, que a veces vacila y otras me va por delante. Siempre, cuando termino un libro, intento que, cuando luego lo vuelva a leer impreso, no tenga que arrepentirme. He comprobado, por otros libros, que siempre hay un poema que no quiero leer en la relectura en libro; porque, no sé por qué, se me cae, o quizá por algún motivo inconsciente de rechazo... Me ha pasado también en este libro Prueba... Y me alecciono: a ver si la próxima vez no me pasa esto, y no hay un próximo libro ese ´un´ poema que se caiga luego... Después, he reflexionado, y varios motivos me han hecho ver que es mejor (paradoja) que siempre en todo libro que publique haya ´un´ poema que no reconozca su autor, para que, así, el resto se mantenga. Es ésta una superstición que estoy dispuesto a seguir desde ahora...

Uno de aquellos motivos es que, precisamente, en Prueba... hay un poema (Frontera interior) que es el ´nominado´ por mí (como ahora se dice, lo de nominado a la expulsión), y ese poema tú me lo has destacado y has encontrado en él una clave del libro. Esto me enseñará más modestia. Nos somos, los autores, más que intérpretes tuertos, tenemos puntos de ciegos...

De tu reflexión sobre lo que pasa en la calle, estoy de acuerdo contigo en que dan ganas de echarse al camino. Ayer mismo, mi mujer y yo nos indignamos viendo en la televisión al señor Sotoca, consejero de Educación, baladronar de la integración de los niños con discapacidades en clases normales... sí, pero ¡si no hay profesores especializados, y este año han recortado y no hay ni petes, o como se llame, maestros de apoyo! Qué hipocresía: integrados, sí, pero no atendidos. Que las clases normales sean un totum revolutum...
Luego está lo de la corrupción, que no han dejado ni un palo en su sitio, se han llevado hasta el fondo de la capaza, de todos los partidos, ¡y no hay nadie en la cárcel! Y el cinismo „ayer tarde oí en la radio al diputado listo del PP, Vicente Martínez-Pujalte, diciendo que todos esos procesos que alarman a la opinión pública (pero, no a la ppública, al parecer) luego quedan en nada. Se refería a los casos de corrupción de Murcia, Totana, Torre Pacheco... Cinismo, y sin ninguna careta.

Como poetas que somos, pese a diez, pienso que hemos de encontrar el modo, la manera poética (para eso conocemos las formas y géneros literarios) de hablar de todo eso. ¿Cómo? He ahí la cuestión. Pero está claro que no encontrar el cómo no exime. No se puede hacer poesía social, la de antes, ni mucho menos esa poesía social de alpargata, facilica, que algunos hoy hacen, cien en manada. Yo dije que mi poesía está en tránsito hacia una poesía cívica. Estos días (en que estoy en casa, desde el lunes, con una bronquitis de caballo, y de baja) reviso mis poemas inéditos, algunos que quedaron fuera de Prueba... por motivos de extensión del libro. Tú conociste uno, que leí en El Zalacaín, que va sobre Lisboa y un tranvía.... Bueno, pues, ahí, mientras pasa ese viaje en tranvía, el yo poético (o como quieras llamarlo) reflexiona, medita sobre la Historia, dice sus opiniones. Pensé: ¿por qué en un poema no puede ir eso?; es lo normal que se hace cuando se viaja, lo que pasa por la corriente mental del yo... sus pensamientos, sensaciones, opiniones o puntos de vista. Que a los líricos puros no les gusta las opiniones en un poema, allá con lo que ellos piensen que es un poema: una abstracción, quizá.

Corto el rollo. A ver si, pasada esta semana, nos vemos. (Mañana iré a Murcia al instituto, pero solo por no estar más de tres días enfermo, que entonces hay que entregar baja y ahora eso te descuenta; luego seguiré un par de días con mi enfermedad... espero que hasta recuperarme para la semana que viene).

Fulgencio Martínez

EL HUMORISMO DE DIOS

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DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO DE FULGENCIO MARTÍNEZ, DONDE SE HABLA DE LO DIVINO Y DE LO HUMANO / 19

EL HUMORISMO DE DIOS

Existe una pintura denominada Las caras de Dios (Faces of God). Esta pintura de McDermontt es una de las obras de arte conceptual más célebres del siglo XX, y representa series de números que, al parecer, forman un código secreto divino. Los pitagóricos pensaron que todas las cosas son número; no sabemos si creerían que la Divinidad era también un número perfecto, la clave numérica última y primera, o el señor de los números. 
 
Hoy en día en que la cibernética nos ha familiarizado con el mundo de los códigos numéricos, podríamos creer que si encontráramos el código de Dios acaso podríamos, marcándolo, tener acceso a su Presencia, o al menos a su buzón de voz, a su perfil y a sus datos secretos. Dios, en su actual e infinito buen humor, ríe y comprende con tolerancia que cada época pretenda conocerle de la manera más propia a su mentalidad (la nuestra, de ese modo cibernético-numérico). Dios, en su infinito buen humor y tolerancia, comprende también que los hombres primitivos se lo representaran bajo formas animales o, más adelante, bajo forma humana. Y comprende también, con humor, la primera crítica religiosa, la de Jenófanes de Colofón, al antropomorfismo: si las ranas tuvieran dioses se los imaginarían bajo figura de rana, y los etíopes, que son de piel negra y nariz chata, se representan a sus dioses con ese color de piel y esa nariz chata. 
 
Dios ríe y en su inmensa tolerancia ve las razones de unos y otros, comprende la ingenuidad de unos, la crítica de otros, y hasta la burla y la ironía sobre él las entiende y disfruta de ellas con regocijo divino. Sobre todo, se divierte Dios con las representaciones que le damos, y las caricaturas de esas representaciones le producen un eterno y momentáneo pasatiempo. No ve Dios como bueno que se le prive de ese pasatiempo por culpa del celo intransigente y violento de unos, o por los miedos a la libertad de expresión de otros; como es el caso, nada menos, que del actual secretario de las Naciones Unidas.

Antes de pronunciarse contra los límites de la libertad de expresión en materia religiosa, debía este señor haber reflexionado sobre este punto de un Dios humorista, y por tanto, haber reflexionado si, en nombre de Dios o de sus Imágenes y Enviados, no se le estaba privando a su misma Divinidad de un pacífico y ordenado placer al limitar o prevenir contra las ironías, burlas, caricaturas, paradojas y otros juegos lógicos y humanos de que tanto Dios suele disfrutar en su tiempo infinito.


                                                         Fulgencio Martínez
                                                                     Profesor de Filosofía y escritor

ENRIQUE GAMBÍN ENTREVISTA A FULGENCIO MARTÍNEZ EN BRAZAL DE LAS LETRAS

 

sábado, 15 de septiembre de 2012

Fulgencio Martínez- Poeta 

ENTREVISTA DE ENRIQUE GAMBÍN A FULGENCIO MARTÍNEZ PARA EL BLOG EL BRAZAL DE LAS LETRAS




ENTREVISTA 
- Enrique Gambín López: ¿Cómo se define? 
 Fulgencio Martínez: Un lado sereno, el otro tempestuoso; soy como esas personas normales que sufren la carga del mal gobierno.
    - E.G.L.: Un libro…
- F.M: El rayo que no cesa, de Miguel Hernández, porque después de él viene Viento del pueblo: es decir, porque ya ha dicho el poeta en aquel libro lo más grande que se puede decir sobre el amor y la muerte, y, a partir de ahí, la poesía va a comprometerse con la vida.

     -E.G.L.: Una película…
- F.M: "Paseo por el amor y la muerte", de John Houston.
        - E.G.L.: Un actor…
- F.M: Un actor: Al Pacino. Una actriz: Esperanza Aguirre (aunque la llaman solo para funciones políticas, tiene otros recursos más allá del esperpento en que está encasillada).

    - E.G.L.: Un valor…
- F.M: La generosidad, en cualquier ser humano; la generosidad unida a la inteligencia, en algunas pocas personas.

   - E.G.L.:¿Qué referentes tiene en el mundo de la literatura y el saber?
- F.M: Mis referencias literarias son el maestro Antonio Machado, Miguel de Unamuno, Schopenhauer, Nietzsche, y, más cercanos a nuestra época, Gadamer, Derrida, y otros pensadores que siguen los senderos ocultos en el bosque de Heidegger.

- E.G.L.: Usted ha estudiado filosofía y ejerce como profesor de esa disciplina y además es poeta… ¿Desde una buena obra literaria se puede transmitir los mismos valores e ideas que desde un tratado filosófico?
- F.M: Tú lo has dicho, Enrique: "Desde una buena obra literaria". Piensa en el poeta alemán Hölderlin: "Ante las mismas puertas del Orco canté a la alegría/ y a las Sombras enseñé la embriaguez". Hölderlin dice que los poetas "somos" gente del pueblo, que hablan para todos y para cada uno de los hombres. Hay más filosofía (y valores) en un verso de Hölderlin o de Guillermo Carnero que en la mayoría de los tratados filosóficos académicos, que se limitan a parasitar el lenguaje de la filosofía viva.

- E.G.L.: Hay quienes piensan que la poesía se encuentra en el ámbito de lo puramente estético, pero también tiene importantes dimensiones antropológicas e incluso éticas… ¿Cuál es su opinión al respecto?
- F.M: La poesía tiene hoy una ventaja: no está en el mercado. Por tanto, cualquiera que escriba un verso de verdad está, por ello mismo, cuestionando el sistema. La poesía hoy, insisto, no es, afortunadamente, ni siquiera "cultura". No le afecta, por ejemplo, lo de la subida del IVA de la "cultura", ni ninguna de esas cantinelas, porque no se vende... Quiere esto decir que la poesía transgrede cualquier ámbito, y más aún: la separación de ámbitos. que no se sabe ya en nombre de qué cultura se establecen.

- E.G.L.: ¿Según su opinión qué debe primar en una poesía las ideas y valores inmutables o la experiencia?

- F.M: Ni una cosa ni otra: la poesía debería ser un cuerpo, con boca, manos, cabeza, pies, y todo lo que se le supone a un cuerpo: inteligencia, ritmo, sexo y nariz: nariz sobre todo, para aspirar el aire de su tiempo y oler el futuro, lo que no esté en ningún pro-grama. La poesía es la libertad de la escritura, y lo que, por definición, disuelve cualquier trazo, gramma, prefabricado. Nunca podría encontrarse en un best-seller, por ejemplo (volviendo al inicio de mi respuesta).

-E.G.L.: ¿Se podría decir que los poetas tienen una función para con la sociedad algo parecida a la de los filósofos?
-F.M: Aunque exista aún el prestigio de los grandes poetas, y de vez en cuando a uno de ellos, a punto de morir, lo lleven a Alcalá para darle el Cervantes, o lo maltraten llevándolo a la fría Suecia para otorgarle el Nobel; esta sociedad tecnocrática, economicista, no necesita a los poetas. Ni mucho menos los necesitan los profesionales del ramo político, quienes -como los antiguos sofistas, de los que te acordarás por tus estudios de Filosofía- manipulan a su antojo el lenguaje de la tribu. Ellos y los "creativos" de la publicidad: que viven de lo mismo si no son del mismo oficio. ¿Cómo va a interesarles que exista el poeta, el que cuida el lenguaje, la "casa del ser", como dijo Heidegger?

- E.G.L.: ¿Qué le debería motivar más a un poeta la realidad de lo vivido o lo que querría vivir?
- F.M: La apertura al otro, a lo otro, es lo que más estimo en un poeta. "Los vanos mundos interiores" en los que muchos todavía se alborotan, me dan cierta náusea; más aún, cuando el escritor escribe con una solemnidad pacata sobre "su experiencia", y en un estilo reconcentrado y superficialmente oscuro.
- E.G.L.: ¿Lo que más influye en los poetas son sus adversidades y a lo que son contrarios o sus alegrías y éxitos?
- F.M: Toda vivencia puede llegar al poema transmutada. La poesía tiene un poco de alquimia irracional: no se sabe cómo de una adversidad surge un poema de esperanza. No hay poesía triste o alegre, sino poesía buena o mala. Buena, donde hay algo de oro -de verdad, de autenticidad y de tensión por encontrar un sentido a lo que no lo tiene.
 - E.G.L.: ¿Cuáles son sus motivaciones para escribir?
- F.M: Mis motivaciones conscientes poco importan (Decir mi insatisfacción con este estado de cosas injusto). Me siento a escribir cuando estoy atrapado por el deseo; respondo a una cierta forma de deseo visceral. Desear es algo así como reconocerse incompleto y tender a buscar fuera lo que nos complete. Todo organismo vivo es, básicamente, deseo por ser no autosuficiente. El deseo de escribir no es más espiritual que el deseo de obtener comida.
 - E.G.L.: ¿Es posible innovar en el mundo poético o “está todo inventado”?
- F.M: Quien se plantea en serio esa pregunta, está muerto ya como poeta. Hay que escribir a lo que salga, pero, eso sí, con extrema autocrítica y extrema modestia.
 - E.G.L.: ¿Cómo surgió el proyecto de la revista Ágora Papeles de arte gramático?
- F.M: Surgió... hace ya catorce años.... de la idea de crear un medio donde se reivindicara la autoría, la responsabilidad del autor sobre sus textos. Un grupo de escritores que tenía algo propio que decir y quería acoger cualquier voz propia que se sumase a su impulso.

- E.G.L.: ¿Qué destacaría de la evolución de esta publicación?
-F.M: Ágora ha realizado números de gran enjundia y repercusión, como los monográficos dedicados a Vladimir Holan, o a Miguel Hernández. Me parece que devino una referencia, sobre todo, en la crítica, de la que tan huérfanos están los poetas y los libros. No se hace crítica, en este país, como sabes; está mal visto.
- E.G.L.: ¿Qué nuevos retos se plantea para el futuro de la misma?
- F.M: Para este nuevo curso, yo he dejado la dirección, incluso el proyecto de Ágora. Creo que para cada cosa hay un fin. Está en las manos de Francisco J. Illán diseñar su futuro.

- E.G.L.: Gracias

LAS INERCIAS DE LA CULTURA EN TIEMPO DE CRISIS / DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO DE FULGENCIO MARTÍNEZ.../ 18


        DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO DE FULGENCIO MARTINEZ, 
        DONDE SE HABLA DE LO DIVINO Y DE LO HUMANO/ 18

      LAS INERCIAS DE LA CULTURA EN TIEMPO DE CRISIS


 
 



      Los tiempos nos invitan a una reflexión sobre la cultura. Adelanto que no me parecen peores (ni mejores) que calendas pasadas. Respecto a qué es cultura, materia donde siempre hay opiniones según la posición que uno juegue, es difícil ponerse de acuerdo. Asentiría si alguien dice: es cultura todo aquello que nos hace detenernos -a pensar, admirar, compartir con los demás. Todo lo que contribuye a construir una identidad compartida por el mayor número posible de seres humanos: entendiendo dicha identidad no de una forma dogmática y monolítica -ni, por otra parte, nacionalista y discriminadora- sino crítica, autocustionable, democrática y también tensa hacia la excelencia y la superación. Es por esto que contribuir a aquella identidad consista, casi siempre, de parte de la cultura, en custionar lo dado, en estimulación del cuerpo social para que no se amodorre en una parcela trillada. Las vanguardias artísticas y, de vez en cuando, el látigo de un genio han despertado las aguas dormidas de la cultura y, por tanto, enriquecido la huella que una determinada humanidad histórica deja, al pasar, sobre el tiempo.

     Pues no otra cosa sino una huella es la identidad para la que trabaja la cultura. Tres momentos presenta la estructura de esa huella: su enlace con una tradición (momento del pasado); su barrunto y apertura a lo nuevo (momento futuro) y su morfología y carácter propio, de impronta de un presente histórico, del cual recoge sus necesidades de expresión y los medios que le ofrece el momento actual, y al cual se opone dialécticamente, si no quiere ser su simple huella mecánica, fotográfica...y trivial.

    Con estas consideraciones, nos preguntaremos cuál es la huella que imprime la cultura de nuestro momento actual, y en qué medida está afectada por la crisis económica. Hablaremos,en primer lugar, como "consumidores" de "cultura"; en último término, específicamente sobre la cultura literaria, que es la única que conocemos un poco desde dentro, como creadores y lectores.

    Es obvio que la crisis -sea lo que sea la bicha con la que los poderes globales nos domestican en esta nueva fase de proletarización generalizada y de miedo al futuro- no ha afectado al consumo y a la industrial cultural. Parece extraña esta afirmación, cuando se habla tanto del efecto negativo de la subida del IVA y cuando ayer se habló de los prejuicios económicos de la llamada piratería en Internet. Sólo se trata de cálculos cuantitativos, de ganancias y pérdidas mayores o menores, en un campo, la cultura, dominado desde hace mucho tiempo por la "industria", por sus grandes ejecutivos, sus ranking de beneficios, sus planificaciones, sus masivas redes de publicidad... y sus obreros especializados (la "sociedad de autores") cuyos honorarios pueden verse rebajados. La crisis no ha cambiado ninguna inercia.

   Basta oír en un "telediario" la información cultural que ha producido ese día correspondente a la crónica. Estrenos multinacionales de cine, no mucho mejores que los del peor cine español de todos los tiempos; de vez en cuando, la promoción de un best-seller (se sabe, de antemano, que será "otro éxito de ventas"), y por supuesto, el eterno Almodóvar que rueda nuevo bodrio. ¿Y qué me dice usted de los premios? En los premios Cervantes o Príncipe de Asturias, lo importante, para los medios, no es el premiado de turno, sino las Autoridades. No tendrían presencia mediática los émulos de Cervantes, de Ramón y Cajal, los grandes talentos de las letras o las ciencias, sino fuera el Príncipe o el Rey a presidir el "acto". La versión surrealista de ese fenómeno de convertir la cultura en acontecimiento (institucional) para que llegue a ser "noticia", se produjo en la entrega del último premio Cervantes, en la cual brilló por su ausencia el escritor premiado.

   Si miramos ahora, para terminar, al campo creativo de la literatura, y en especial, la poesía (algo de lo que conocemos un poco), atravesamos un momento masivo del "tiro al plato" sin precisar ninguna puntería, como por aburrimiento y petulancia narcisística. Es decir, que todo hijo de vecino "publica" en internet. Un momento que tiene una explicación, quizá psicológica, en la ausencia de perspectivas que ha traído la "crisis" -cuando hablamos de perspectivas, nos referimos también a criterios de calidad. Este momento estuvo, sin embargo, inmediatamente precedido por otro aún peor: la proliferación hasta la náusea de subvenciones a editoriales para que publicaran obras presentadas a premios literarios afines; de modo que las editoriales tuvieron ahí su modus vivendi, lo que les permitió, por otra parte, seguir insistiendo en los mismos autores consagrados que copaban todas las rutas literarias. Indirectamente, se produjo un efecto doblemente nocivo, tanto para las mismas editoriales, que perdieron su "caché", antes basado en un criterio selectivo; como para los mismos autores, los noveles beneficiados por premios afines, y los consagrados, cuyo prestigio se diluyó, al ser finalmente denunciados como los vampiros que se nutrían en ese fondo. La consecuencia de aquellas maniobras de mafia entre editoriales y concejalías de cultura, la falta de un criterio tanto para reconocer lo valioso en lo consagrado como en lo nuevo, hizo automáticamente efectiva la oportunidad del maremágnum virtual en que se diluye al extremo la cultura.

    Sin embargo, pensamos que únicamente cabe esperar de la poesía un foco de resistencia interior, y una señal de que en tiempos de miseria es posible aún la palabra no domesticada. "Ante las mismas puertas del Orco canté a la alegría/ y a las Sombras enseñé la embriaguez", dijo el poeta alemán Hölderlin.


    La poesía tiene hoy una ventaja: no está en el mercado. Por tanto, cualquiera que escriba un verso de verdad está, por ello mismo, cuestionando el sistema. La poesía hoy no es, afortunadamente, ni siquiera "cultura". No le afecta, por ejemplo, lo de la subida del IVA de la "cultura", ni ninguna de esas cantinelas, porque no se vende... Quiere esto decir que la poesía transgrede cualquier ámbito, y más aún: la separación de ámbitos -estético, político, ético, etc- que no se sabe ya en nombre de qué cultura se establecen. Incómoda a cualquier pro-grama, la poesía es la libertad de la escritura, y lo que, por definición, disuelve cualquier trazo, gramma, prefabricado. Nunca podría encontrarse en un best-seller, por ejemplo. Hoy no tiene ninguna "función" en la "cultura" que se dice en crisis, pero que sigue, con su "crisis", más egocéntrica e intolerante que nunca.

¿Qué función para la sociedad de la crisis tiene un poeta? Aunque exista aún el prestigio de los grandes poetas, y de vez en cuando a uno de ellos, a punto de morir, lo lleven a Alcalá para darle el Cervantes, o lo maltraten llevándolo a la fría Suecia para otorgarle el Nobel; esta sociedad tecnocrática, economicista, no necesita a los poetas. Ni mucho menos los necesitan los profesionales del ramo político, quienes -como los antiguos sofistas- manipulan a su antojo el lenguaje de la tribu. Ellos y los "creativos" de la publicidad: que viven de lo mismo si no son del mismo oficio. ¿Cómo va a interesarles que exista el poeta, el que cuida el lenguaje, la "casa del ser", como dijo Heidegger?

La poesía es apertura al otro, a lo otro, mientras la "cultura" se mira al ombligo de su propia crisis. No hay poesía triste o alegre, sino poesía buena o mala. Buena, donde hay algo de oro -de verdad, de autenticidad y de tensión por encontrar un sentido a lo que no lo tiene. La poesía se valora por un patrón de oro diferente al que mide la "cultura" sometida de la superestructura dominante, la que sofoca el espacio de cualquier posible cultura que trabaje para dejar huella en el tiempo.

Frente al deseo de consumir rápido que nos prefabrica la "cultura", el deseo del escritor y el del lector siguen el ciclo, más lento, de la necesidad biológica. Me siento a escribir cuando estoy atrapado por el deseo; en el acto de leer, también respondo a una cierta forma de deseo visceral. Desear es algo así como reconocerse incompleto y tender a buscar fuera lo que nos complete. Todo sistema vivo es, básicamente, deseo, por ser todo organismo no autosuficiente. El deseo de escribir no es más espiritual que el deseo de obtener comida. Igual que la lectura. Al menos, para aquellos que se resisten todavía a doblegarse a los reclamos del consumismo "cultural".

Qué buena oportunidad sería esta crisis para despaciarnos de la alienación del reflejo que nos ha creado la "cultura" autofagotizante, y revisar las inercias que encapuzan en la crisis económica la quiebra de la cultura, que ya se viene produciendo desde décadas atrás -como ha advertido Mario Vargas LLosa en uno de sus más recientes ensayos. A espera, por tanto, de la necesaria crítica exhaustiva, nosotros sólo podemos testimoniar, desde la mirada marginal de la poesía, un panorama continuista de la cultura en tiempos de crisis, con el añadido autoconservador de haberse creado un rumor de cambio.


                                                                                            Fulgencio Martínez


Fulgencio Martínez es escritor y profesor de Filosofía. Licenciado en Filosofía por la Univ. Autónoma de Madrid y en Filología Hispánica por la UNED. 
Fundó la revista Ágora-Papeles de Arte Gramático y ha publicado, en la editorial sevillana Renacimiento, tres libros de poesía: León busca gacela, El cuerpo del día, Prueba de sabor.