jueves, 13 de diciembre de 2012

EN DEFENSA DEL MINISTRO DE EDUCACIÓN Y DE LA LIDIA BRAVA

Diario político y literario de Fulgencio Martínez/ 27

EN DEFENSA DEL MINISTRO DE EDUCACIÓN Y DE LA LIDIA BRAVA


Ignacio Wert en el Congreso


Al ministro Wert le ha faltado poco anís para definirse en la simbología zoológica. Leo la prensa dominical de la pasada semana y salto de un comentario a otro escrito en tono de celebración o de exégesis irónica, a propósito de la autodefinición con que se caracterizó el intelectual y ministro español de Educación. Pocos, a lo que veo, entre sus glosadores, le toman en serio al ministro, que ha de ser hombre instruido, y que, de no fallarle la memoria, ha de recordar de sus lecturas de Bachillerato aquel verso "Como el toro, me crezco en el castigo", del ya clásico libro de sonetos de Miguel Hernández El rayo que no cesa.
Al bueno de Wert le ha salido del subconsciente una expresión propia de un poeta de izquierdas, cuando él camina por la derecha y con carta blanca para arrimar a todos por su fila, y sin consultar a ningún peatón, sea padre, madre, maestro, o alumno viandante.
Como no están los tiempos para que la izquierda, disminuida ideológicamente, ceda más armas a sus adversarios, propongo tomarle en serio al ministro en su revelación poético-hernandiana y hacerle una exégesis cabal a sus palabras, casi textualmente tomadas del poeta oriolano. Recordemos que dijo don Ignacio Wert: "soy de los que como el toro me crezco en el castigo", como advirtiendo, a los opositores a su proyecto de nueva reforma educativa, con quién se la han de ver. Pudiera haber usado, en su amenaza implícita, el retruécano conceptista, o sea el vulgar recurso al juego de palabras: "No saben con quién se la han de Wert esos mamones", pero no, el educado y educador Ministro ha preferido tirar del símil poético, basado a su vez en cierto fundamento racial y popular. Y hasta publicitario: El toro de Osborne.
 
Así (y perdonándole la publicidad subliminar a destiempo) él optó por compararse con el toro de lidia, que en la plaza, cuando se siente herido y acosado, hace acopio de casta, nobleza y valentía para acometer al torero, que, en este refrán o símil, sería el contrario político, la mayoría de las opciones políticas del Parlamento, que le han expresado su desacuerdo; o los profesores y padres de alumnos desafectos a su ley, que deberán hacer examen de conciencia, o, en general, todos los que miran y comentan desde el tendido, qui lo sa? 
Que sepan quién soy yo, nos quiso decir don Ignacio Wert; entérense la malévola opinión pública y los currantes trabajadores de las enseñanza, que no tienen otra cosa que hacer un domingo sino ir a los toros, es decir, opinar de lo que no les incumbe (nada menos que del texto de la futura ley de enseñanza que ha parido la inteligencia iluminada de un segundo Ignacio de Loyola, metido a reformar la grey educativa); en fin, tome nota esa canallesca España de rojos y cabreros que quiere ponerle banderillas a un ministro bravo. !Vaya ministro! ¡Desde Godoy para acá ninguno igual!
El soneto de Miguel Hernández termina así: "Como el toro, te sigo y te persigo/ y dejas mi deseo en una espada,/ como el toro burlado, como el toro". ¡Y si no, al tiempo!

P.S. Soy profesor de Filosofía y de Educación para la Ciudadanía. Opinaré solo si me preguntan de ello, y en presencia de mi abogado.