sábado, 10 de noviembre de 2012

EL AYUNTAMIENTO DE MADRID Y LA MACROFIESTA DE HALLOWEEN

 
UN DÍA ES UN DÍA/ DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO DE FULGENCIO MARTÍNEZ, DONDE SE HABLA DE LO DIVINO Y LO HUMANO / 23

EL AYUNTAMIENTO DE MADRID Y LA MACROFIESTA
DE HALLOWEEN





En sus Cartas marruecas José Cadalso imagina a un joven moro de viaje de estudios en Madrid, el cual escribe atinadas reflexiones en forma de cartas, dirigidas a su viejo maestro de "madrasa" (escuela, en Marruecos). Entreverados con dichas reflexiones, el mozo Gazel da cuenta de los progresos en su educación, así como de las reacciones que le causan las costumbres y la actualidad del país donde vive, entonces -y todavía- España. Las Cartas marruecas fueron escritas en el siglo XVIII (entre 1774 y 1775) y son un clásico de la literatura española. Su lectura puede sernos amena... o no; no tomo la pluma aquí como un profesor de Literatura, para recomendarles leer la obra; lo que aseguro es que no nos deja indiferentes en su contenido, tanto por su visión crítica de las cosas de España y del querer (que anticipa al periodista Larra y a la Generación del 98) como por la semejanza de algunos de los defectos que critica, con los que seguimos teniendo en la actualidad. Y, si no, comprueben, lean este fragmento de una carta. (Nos hemos permitido solo algunos cambios en la transcripción).

" Gazel a Ben-Beley: Venerable maestro, no habrá usted olvidado que, en mi primera carta, le decía: "me hallo vestido como estos cristianos, introducido en muchas de sus casas, poseyendo su idioma, y en amistad muy estrecha con un cristiano", Nuño -usted recordará su nombre y sus buenas intenciones de instruirme en las cosas de este país vecino y no obstante tan distinto al nuestro. Pues, le digo que, a día de hoy, sigo sin entender a los españoles, y no atisbo esperanzas de poder hacerlo por más tiempo que dure mi estancia aquí, y por más solícita que sea la información que reciba de mi amigo Nuño.

Hace poco, la primera noche de noviembre, ocurrió en Madrid un desgraciado suceso en la celebración de la fiesta que llaman de Halloween. Por este nombre no crea usted, maestro, que me he trasladado a tierra de apaches. El suceso no es para hacer bromas; han muerto, al menos, cuatro chicas jóvenes, casi adolescentes; y fue milagro que no murieran muchas otras chicas y chicos del montón. Hemos sabido una larga lista de irregularidades, cuando no evidentes infracciones, que propiciaron ese suceso, que ha ocupado un espacio sensacional en las noticias de los que aquí llaman telediarios (por cierto, al de la Televisión pública los españoles -que son muy ocurrentes y rápidos en pensar y decir, pese a su pereza en actuar- ya le dicen el "botín del Gobierno", abreviando, despectivamente, la comparación con el Boletín oficial del Estado, antes Gaceta de Madrid).
Todas las noticias que llegan de lo que ocurrió en la macrofiesta -otra palabra, típica, que le apunto-, donde tuvo lugar el siniestro de las jóvenes, señalan al incumplimiento de las normas de seguridad y de aforo por parte de la empresa que alquiló, al Ayuntamiento madrileño, el "foro" Madrid Arena, y que "montó" el "evento" con la intención de "forrarse". Alá nos guíe a sus creyentes e ilumine en algo a los españoles. Hasta un ciego, en nuestro país, se preguntaría por qué un Ayuntamiento, una institución pública, alquila locales a supuestas "empresas de ocio" para que, en una sola noche, ganen millones de euros, sin tener que sostener un espacio propio, como una discoteca, y pagar impuestos al mismo Ayuntamiento, tener profesionales, de hostelería y de seguridad, crear empleo mínimamente estable, etc, etc. ¿Dónde está el negocio aquí? ¿Para los ciudadanos? ¿Y quién en los Ayuntamientos hace -con qué fin- este tipo de contratos? En concreto, ¿qué político o funcionario del Ayuntamiento dio a la empresa de marras el permiso? ¿Dónde está ése, que lo queremos ver? ¿Dónde está que no dimite? ¿Se esconde bajo las faldas de la Alcadesa en funciones? Todo eso sigue sin responderse, y lo peor es que sigue sin preguntarse (¿debido a la desidia del español?) ahora que nos aflige el dolor por las víctimas, y después, cuando pase todo, y, ojalá me equivoque, ocurra algo parecido de nuevo. Los españoles, aficionados a los toros -fiesta que, como mi amigo Nuño, no apruebo- llaman dontancredismo a esa actitud de estar quieto y mirar para otro lado, como si la cosa no fuera con uno, frente al toro. Sospechoso es el dontancredismo del Ayuntamiento ante un problema que tiene casi las dimensiones de un toro; me refiero a la cuestionable idoneidad y dudosa transparencia de alquilar espacios públicos para negocios privados, de dinero fácil y rápido-rápido".

Fulgencio Martínez
Profesor de Filosofía y escritor.