viernes, 21 de diciembre de 2012

¿SABE USTED DÓNDE ESTÁ CULTURA?

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Diario político y literario de Fulgencio Matinez / 28


El asunto de la destitución de Patricio Hernández como jefe del servicio de Juventud del Ayuntamiento de Cartagena por su condición de presidente del Foro Ciudadano de la Región de Murcia, es un síntoma más de la caótica muerte de la cultura en nuestra Comunidad. El trabajo excelente de Patricio, realizado durante tantos años en la promoción de la cultura y la participación juvenil en Cartagena con eventos que han dinamizado y exportado la marca cultural de Murcia a nivel nacional e internacional, no ha merecido de la actual Alcaldía sino un despido brusco.


Patricio Hernández
Todo apunta a que, so capa de recortar dineros, se echa a la calle a un personaje molesto, que, en su condición de ciudadano, ha venido impulsando en nuestra plana Región el debate político, pidiendo transparencia a las instituciones democráticas, reclamando el derecho de los ciudadanos a la información y al control de la actividad política, como manda la Constitución.

La Constitución española protege la participación ciudadana, llama a desarrollar y fomenta la vida democrática en todos sus aspectos. Quienes entienden la democracia como una excepción que se produce cada cuatro años, durante la jornada electoral, en realidad malentienden el régimen político en que vivimos: lo hacen una dictadura interrumpida por una democracia efímera, la del día de ir a depositar el voto. Estos malos intérpretes de la democracia - que no son solo, por cierto, los del Partido Popular- consideran que haber ganado unas elecciones democráticas les da derecho a ejercer ellos una forma de gobierno dictatorial, anulando cualquier legítima participación, reclamación e iniciativa ciudadana. La cultura democrática les importa un pimiento. Ocupan las instituciones como el baño de su casa, solo ellos tienen derecho a depositar su mierda. Confunden su representación, otorgada por los votos, con una cédula de propiedad sobre el cuarto de baño, los dormitorios, el salón y aun el jardín de la casa. Ellos, en realidad, en democracia, solo son elegidos para dirigir el despacho, la zona de trabajo de la casa; pero son los demás ciudadanos los que han de ocupar y sentirse cómodos en la vivienda; es a nosotros, los votantes, a quienes nos tienen que preguntar por los problemas que detectamos en nuestra habitar cotidiano en las distintas partes de la casa, y a nosotros a quien deberían rendir cuentas.

Muy al contrario: los políticos, una vez en el cargo institucional, se envaran en él y ejercen una dictadura de facto, volviendo solo nominal la democracia y amparándose tras su cerco partidista - o en algunos casos, que los hay, dando forma a su gusto al partido político que les apoya para que ninguna voz interna ni externa les dispute.
Pedir una mirada crítica, al menos, sobre estos temas del liderazgo democrático, que tiende a necrosarse en formas que recuerdan las dictaduras personales; impulsar la participación de los murcianos y las murcianas en los flujos de ideas y en el contraste de opiniones políticas que pueden mejorar la democracia, son algunas tareas a las que se ha dedicado y dedica el Foro ciudadano,
presidido por Patricio Hernández.

Díganme cómo avanzaremos si no es por medio de personas que tienen, como él, esa inquietud por las ideas, y que saben, además, contagiarla con entusiasmo.Vale que la cultura murciana se quede sin patrimonio inmueble; al fin, ¿qué son cuatro palacios, sino ladrillo? Su venta a precio de saldo por el gobierno de Valcárcel no es un mal tan irreparable como las ideas que se pierden. Aunque nuestros descendientes no le perdonen que perdamos un bien cultural así, y sobre todo el que no se hubiera contado con ellos para su liquidación, los palacios no hacen la cultura sino los hombres de ideas que pasan por ellos. Lo único irreparable es el trabajo, la energía de entusiasmo de las personas que hacen la cultura; precisamente las más subestimadas por las autoridades políticas de esta Región. Y si no, pregúntele la opinión que tiene sobre ellos a nuestro Presidente; le dirá que él lee solo la obra literaria de Aznar, y que para preguntas de cultura, ahí tiene a su sobrino político, que hizo unas cuantas letras. Pocas o muchas, no queremos prejuzgarle su sapiencia al consejero de Cultura, pero es claro que nos cuesta mucho cada una de ellas en su sueldo. Lo mismo o incluso más que nos cuesta el sueldo de los ediles cartageneros que han puesto la cultura bajo las piedras de la ciudad, en los yacimientos arqueológicos: nada de cultura viva, actual, de la que más se puede exportar y contagiar a la juventud.

Así que, mientras sobran asesores y gastos de cultura, mantenemos una buena nómina en San Esteban, en el magnífico palacio del Ayuntamiento de Cartagena y no sé ya dónde más, porque ya no sé por dónde anda Cultura en nuestra Comunidad. Quizá, el que vende el pescado lo sepa.

Fulgencio Martínez

sábado, 15 de diciembre de 2012

La lengua de los dioses. Libro de Maximiliano Hernández Marcos.

 

EL CAZADERO DE LOS LIBROS.

CUADERNO DE CRÍTICA LITERARIA /1

 Sábado, 15 de Diciembre 2012




LA LENGUA DE LOS DIOSES

 


  1. La Lengua de los dioses comienza como en el principio del mundo, con una teoría del lenguaje, primer poema del libro de Maximiliano Hernández Marcos: "Para todo lo que es más veraz/ oblicuo o de perfil en los fotogramas/ que en la gramática/ pido el alma y la palabra". 
   Los dioses comenzaron así, con una "theoria" o contemplación de los nombres, que eran sonidos, surcos de su respiración divina, y brotaban sobre la lámina móvil del tiempo, sobre las imágenes sucesivas y recurrentes de los astros, los elementos eternos, las futuras historias, las cosas, entes o enseres cotidianos decididamente anodinas. La palabra vivifica "la magia de la imagen", siendo, no obstante, ella, la palabra, otra forma de imagen, más pregnante, ya no tan apta para someterse al "canje" -como dice el poeta- de imágenes "ligeras", intercambiables, que trasiegan por el insomnio del ojo, acaso hacia un destino trivial. El "ojo" en trance de ser "ojal", abertura de la palabra sobre el abismo del mundo, se reencuentra a sí mismo en ese trance, también por esa feliz y, mejor, si fortuita asociación que provoca la aliteración de ambos sonidos, ojo y ojal; aliteración que es maravilloso armónico donde la semejanza de algunos fonemas -uno, o varios bastan- y a la vez la diferencia o suplemento (como diría Jacques Derrida) que propicia la sorpresa, siempre, en el fondo anhelada (y eso es la poesía: sorpresa que surge para un alma que la anhela y espera. "Quien no espera no hallará lo inesperado" dijo el maestro heraclitano). Saben que la poesía épica, oral, especialmente la germánica y luego la antigua poesía inglesa, basaba su cadencia no en la rima, sino en la aliteración. Pero, segunda maravilla, más perceptible en las literaturas neolatinas, donde coinciden más la letra y el sonido, un segundo armónico se produce en el alma al reconocer en la escritura la cifra de la aliteración: el ojo, entonces, ve lo que ha creado en su asociación, el ojo es ojal, es pozo, jarra, rayo, y por diseminación, todo. La cadena de asociaciones tiene una primera y última radiación: "el alma y la palabra"; como el poeta nos lo recuerda previamente a ese ejemplo-vehículo con que la modula después: "el ojo y el ojal".

   Estamos, por tanto, con este nuevo poemario de Maximiliano Hernández Marcos, ante una metapoesía que, ab initio, muestra sus cartas y prefigura su territorio de investigación. No se trata, a continuación, de exponer lo encontrado, de narrar una "experiencia" (ni siquiera del lenguaje o de ser) sino de tratar de alcanzar un sitio de ojeo, como en una batida de caza, y a la vez de prevenirnos a los lectores, de invitarnos a mirar y de paso a admirarnos del rico y profundo cazadero que el poeta descubre. (Desde el principio el poeta nos invita a ensayar su búsqueda).
   Ahí pasan cosas admirables, animales extraños, fugaces, desvividos o en trance de resignación a la muerte, pasan también ríos y águilas imperiales, corzos hermosos, lluvias, corbatas, historias humanas: igualmente pueblan la garganta del cazadero.
  Oigamos su lección, lo que van diciendo en la sombra todas esas criaturas. Sus ecos, cuando no sus mismas voces, las hacen cercanas. Ese ahí (para los dioses) es aquí: nuestro aquí cotidiano.
  No olvidemos, en nuestra escucha, el juego de asociaciones, esas lianas o vasos comunicantes que envuelven tanto las semejanzas como las diferencias en una "lengua" única, que se busca con el pálpito del alma y "dice" a la vez que suena, o sea, que crea un sentido en su misma emisión.
  ¿No es ésta la lengua de la poesía, a la que todo poeta que se precie trata de seguir. (Rilke, Machado, Aleixandre, Valente: valgan solo estas cuatro menciones. No por casualidad, estos cuatro poetas citados presiden -creemos- las respectivas direcciones espaciales que ensaya Maximiliano Hernández en su obra).

   2. La lengua de los dioses es, desde su proyecto, la sacralización de un espacio -compartido, el de la naturaleza y el hombre. Sacralización del espacio, que equivale a su construcción poético-fáctica. La primera parte del libro se intitula "Magistral", aludiendo al magisterium del sacer, de lo sagrado y, por metonimia, de su vaso comunicante, el sacerdote: aquí, el poeta o registro vivo de la lengua primaveral, iniciática, de los dioses.
  Tan flamígero comienzo, prometido en el libro, vendría, por tanto, a ocuparse con su discurso de aquella tarea poético-fáctica (no olvidemos que el poeta habla siempre en serio, o sea, dice para que pase algo en el mundo). Pero... ¡decepción!, el discurso toma un curso irónico, en sordina crítico, incluso a veces agudamente crítico, como un bocinazo repentino en mitad de la siesta. Irónicamente la "lección" comienza a las nueve en punto. La precisión horaria y su nula o bien limitada atención de escucha, triturado su misterio en pequeñas dosis, la vuelve fantasmal: la lección "pontifica", entonces; se oye a sí misma, se consuela con su eco, con su permanencia -hasta la "próxima lección", después que suenen "los timbres"- sin haber dado lugar a un estremecimiento en su audiencia: a tener efecto de voz en el mundo.
   Comienza, por tanto, aquí un doble reflejo crítico que este poemario asume como pocos libros de poesía actuales, que caminan como auténticos autómatas. Ese doble reflejo abarca un lado, el más externo y aparente, de crítica al mundo trivial que condena a la esterilidad el esfuerzo del lenguaje y con ello la tarea del poeta; y otro, más punzante y metafísico, que señala a la propia sospecha de oquedad del mismo lenguaje, a su despedida total de su antigua fuerza y poder, y por tanto a su pervivencia o supervivencia fantasmal y, lo que es peor, vestida de alharaca y fantoche. La duda de sí del propio poeta, al fondo.
   Recuerden que la poesía no solo trató de describirnos las cosas sino de hacerlas. No fue solo evocación o nostalgia de conocimiento, sino primer conocimiento y realidad de algo. El poeta construyó la cabaña del ser. Del mismo modo el filósofo fue, un día, el legislador del ser.
  ¿Acaso nos hemos acostumbrado ya a vivir en la intemperie? ¿O, acaso, estamos condenados a la intemperie desde ahora hasta quién sabe cuándo?
  Poeta en tiempo de miseria: Rilke, y más atrás, Hölderlin, tuvieron esta premonición de la intempestividad del poeta y de la abundancia espectral de las realidades vacías del canto sagrado; Maximiliano Hernandez "deconstruye" ese tema nihilista y profundamente elegíaco, en los poemas de esta primera parte de La lengua de los dioses.
  Aporta él la figura del sermón del profesor, del erudito anticuario, del docto elocuente, para canalizar una veta sarcástica que -no hay que olvidar- se dirige al doble reflejo apuntado.
  Si esa poesía autómata que "mima" la cultura fuese toda la poesía, ¡íbamos apañados! Sería como seguir vistiendo un palo con un traje regio, que se deshilacha al rozarlo. "Mejor la destrucción, el fuego", diría Cernuda, y con él Octavio Paz, y por fin José Ángel Valente. (Con lo que tocamos otro palo del poemario: la voz irritada, crítica, desde la contención y el clasicismo sereno del poeta de mi querida escuela salmantina, como es Maximiliano; también en la línea de la mejor poesía reflexivo-crítica española, la de los más grandes Meléndez Valdés, Moratín (hijo) y también la del acaso no menor poeta que estos, Jovellanos, pese a su breve obra interesante. Una línea, por tanto, desde estos poetas neoclásicos y prerrománticos, pasa por Unamuno, el segundo Machado, Cernuda y Valente y llega a la poesía filosófica de Maximiliano Hernández. (¿Alguno hay todavía ciego que se ha perdido esa línea de poesía excelente, lo mejor de lo mejor de la poesía española?).

  "Lección de autoescuela", "La Academia de Platón" son poemas, entre otros, destacables en esa primera ruta del libro.
  En la segunda parte, "Digital", se persiguen más en su entraña el mundo vacío de la imagen: pero ahora, advertimos que se trata no de las imágenes-cosas del mundo, sino de la misma imagen-del-mundo (no diré el palabro alemán, que todo profesor diría aquí).
  En efecto, la crítica se supera, se levanta a una "profecía terrible": se ha decantado y vacíado la cosmovisión, la imagen del mundo en que vivimos actuales. Es tanto, como anunciar que vivimos sin casa mental; desahuciados, o en trance de serlo, moral, psicológica, vitalmente. Quizá los desahuciados reales, que podemos ya hoy serlo todos, víctimas de la usura y del maldito gobierno de la usura, sean solo símbolos, poetas del porvenir.
  "Piratas en la mente" reescribe esa realidad fantasmal que somos. Descubrimos una poesía simbolista de la realidad social y cultural que acecha y de la que muchos ya vamos siendo conscientes. La poesía, por tanto, de La lengua de los dioses ensaya un camino nuevo, simbólico, de aproximación a los problemas del mundo real. No hemos de perder este norte.
  Otro poema de esta parte, "Los cuatro puntos digitales de la felicidad", divididos en ocho entregas con igual extensión de verso que el soneto, juega -en su sustitución y asociación fónica del adjetivo "cardinales" por "digitales") con la total ocupación del espacio sagrado y del aquí presente por la imagen. La asociación fónica produce -en el plano poético- una asimiliación de significados, algo ocupa el lugar de otro, sin que se produzca ninguna ruptura de sentido, con normalidad. He ahí la trampa. La visca del lenguaje manipulado, sustraído hoy a su esencia divina. En esa normalidad enfermiza, que ni siquiera brota síntoma, insiste la ironía del poeta. Tiene el libro su asunto capital y su justificación expresiva.
  Y, por otra parte, la felicidad ¡qué gran invento! Vayan pronto a comprar su oferta al súper, acomódense en sus conciencias como en su salón de estar. Vuela a ser feliz, te lo mereces, es tu deber y tu meta. Pero, antes, lea su "horóscopo" del día; hay días en que mejor ni proponérselo, según reze la información astrológica especialmente escrita para su guía de felicidad. No se acompleje, ni se perpleje, si no es hoy feliz: no se puede ir contra el destino. Espere. Mañana, con mejores astros.... Siempre me acuerdo en este punto de aquella frase leída en Umberto Eco: "Nacemos todos con el signo fatal equivocado, y vivir con dignidad consiste en rectificar cada día el propio horóscopo".
  Maximiliano Hernández no sólo hace ironía de la "teomaquia" supersticiosa, esa "teogonía" de papel que hace cada vez más arrastrarnos a la inseguridad; conecta, en su libro, con una situación humana actual: de vacío de certezas, de refugio en el juego de azar y la manipulación económica del miedo.
   Hemos de leer su poemario a esa doble luz, simbólica y crítica, para que cobre su pleno sentido.
  "Crédito y consumo": ese solo titulo anuncia la novedad del lenguaje poético que introduce La lengua de los dioses. ¿No nos iba a hablar el poeta de la belleza de la amistad, o de los bucles del cabello de su novia?
   "Egometraje del poder en cuatro figuras", socava la erótica verminal del poder, denuncia con cuatro lanzas ese cuadro tan bonito que nos pintan, tiranos lo mismo que sedicentes demócratas; en el fondo, señores prepotentes de la grey, políticos que se reúnen detrás de sus máscaras con los secuaces del "afán perverso de la usura" y, juntos, rezan y se reparten las ganancias.
  ¿Qué quedó de la justicia? Reparemos en esto: justicia es el verdadero nombre de poesía. ¡Cuántos escribidores hoy van del ala sin haber siquiera sospechado esto!
   La lengua de los dioses no inventa, pues, un nuevo tema: nos avisa de un olvido, de una minorización y pequeñez de la poesía que olvidó los grandes temas poéticos originarios. (¡Si, al menos, se mantuviera la nostalgia de la armonía, como en la poesía de Vicente Aleixandre: otro de los puntales de este libro, leído desde el recuerdo de la bondad).
   ¿Qué sentido tiene, pues, hablar de poesía cívica refiriéndonos a La lengua de los dioses?
   Quizá, por un lado, sea una redundancia o pleonasmo llamarla así: poesía cívica. Es poesía a secas, tout court. Si le llamásemos poesía cívica, por otro lado, sería poner un toque de atención; una flecha llamativa hacia el lugar originario (y de paso, un señuelo al distraído visitador de librerías). No, pensado así, no está mal. Por tanto, La lengua de los dioses "tiene lugar" como poesía cívica.
   Una vez atraído el lector a la red, no lo soltaremos hasta que encuentre algo más en el libro.

jueves, 13 de diciembre de 2012

EN DEFENSA DEL MINISTRO DE EDUCACIÓN Y DE LA LIDIA BRAVA

Diario político y literario de Fulgencio Martínez/ 27

EN DEFENSA DEL MINISTRO DE EDUCACIÓN Y DE LA LIDIA BRAVA


Ignacio Wert en el Congreso


Al ministro Wert le ha faltado poco anís para definirse en la simbología zoológica. Leo la prensa dominical de la pasada semana y salto de un comentario a otro escrito en tono de celebración o de exégesis irónica, a propósito de la autodefinición con que se caracterizó el intelectual y ministro español de Educación. Pocos, a lo que veo, entre sus glosadores, le toman en serio al ministro, que ha de ser hombre instruido, y que, de no fallarle la memoria, ha de recordar de sus lecturas de Bachillerato aquel verso "Como el toro, me crezco en el castigo", del ya clásico libro de sonetos de Miguel Hernández El rayo que no cesa.
Al bueno de Wert le ha salido del subconsciente una expresión propia de un poeta de izquierdas, cuando él camina por la derecha y con carta blanca para arrimar a todos por su fila, y sin consultar a ningún peatón, sea padre, madre, maestro, o alumno viandante.
Como no están los tiempos para que la izquierda, disminuida ideológicamente, ceda más armas a sus adversarios, propongo tomarle en serio al ministro en su revelación poético-hernandiana y hacerle una exégesis cabal a sus palabras, casi textualmente tomadas del poeta oriolano. Recordemos que dijo don Ignacio Wert: "soy de los que como el toro me crezco en el castigo", como advirtiendo, a los opositores a su proyecto de nueva reforma educativa, con quién se la han de ver. Pudiera haber usado, en su amenaza implícita, el retruécano conceptista, o sea el vulgar recurso al juego de palabras: "No saben con quién se la han de Wert esos mamones", pero no, el educado y educador Ministro ha preferido tirar del símil poético, basado a su vez en cierto fundamento racial y popular. Y hasta publicitario: El toro de Osborne.
 
Así (y perdonándole la publicidad subliminar a destiempo) él optó por compararse con el toro de lidia, que en la plaza, cuando se siente herido y acosado, hace acopio de casta, nobleza y valentía para acometer al torero, que, en este refrán o símil, sería el contrario político, la mayoría de las opciones políticas del Parlamento, que le han expresado su desacuerdo; o los profesores y padres de alumnos desafectos a su ley, que deberán hacer examen de conciencia, o, en general, todos los que miran y comentan desde el tendido, qui lo sa? 
Que sepan quién soy yo, nos quiso decir don Ignacio Wert; entérense la malévola opinión pública y los currantes trabajadores de las enseñanza, que no tienen otra cosa que hacer un domingo sino ir a los toros, es decir, opinar de lo que no les incumbe (nada menos que del texto de la futura ley de enseñanza que ha parido la inteligencia iluminada de un segundo Ignacio de Loyola, metido a reformar la grey educativa); en fin, tome nota esa canallesca España de rojos y cabreros que quiere ponerle banderillas a un ministro bravo. !Vaya ministro! ¡Desde Godoy para acá ninguno igual!
El soneto de Miguel Hernández termina así: "Como el toro, te sigo y te persigo/ y dejas mi deseo en una espada,/ como el toro burlado, como el toro". ¡Y si no, al tiempo!

P.S. Soy profesor de Filosofía y de Educación para la Ciudadanía. Opinaré solo si me preguntan de ello, y en presencia de mi abogado.





miércoles, 5 de diciembre de 2012

LA SUBIDA DEL IVA DE LA CULTURA

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DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO
DE FULGENCIO MARTÍNEZ,
DONDE SE HABLA DE LO DIVINO
Y DE LO HUMANO / 17
Septiembre 2012





LA SUBIDA DEL IVA A LA CULTURA



Me preguntan estos días mi opinión sobre en qué medida va a afectar la subida del IVA a la cultura, y en general, si va ésta a sobrevivir a los efectos de la crisis económica. Opino que, en lo esencial, no se verá afectado el consumo y la industria cultural. Parece extraña esta afirmación, cuando se habla tanto del efecto negativo de la subida del IVA y cuando ayer se habló de los perjuicios económicos de la llamada piratería en Internet.

Sólo se trata de cálculos cuantitativos, de ganancias y pérdidas mayores o menores, en un campo, la cultura, dominado desde hace mucho tiempo por la "industria", por sus grandes ejecutivos, sus ranking de beneficios, sus planificaciones, sus masivas redes de publicidad... y sus obreros especializados (la "sociedad de autores") cuyos honorarios pueden verse rebajados. La crisis no cambiará ninguna inercia en la cultura, mientras la "industria cultural" siga detentando su dominio y planificando las necesidades de ocio, formación, conocimiento, en alianza con un Estado acomplejado en su cometido formador. Parece, más bien, que se predispone a la opinión pública a rebelarse, no ante la hegemonía de esa industria, sino ante cualquier precio que deba asumir el negocio de la cultura. Se crea entonces la alarma de que pagarán el pato los consumidores para que demandemos moderación en la exigencia de su contribución a la Hacienda de todos.

Ocurre algo parecido en espectáculos como el fútbol. Igual que en el deporte de masas se da por sentado que es un lujo y quien quiera asistir a su espectáculo ha de pagar lo que se le exija aunque sea un abuso, también en la cultura se parte de la premisa de que los bienes culturales son lujo que al final ha de pagar el consumidor al precio que sea. Con lo cual se predispone a la opinión para que acepte que no es bueno subir, por el ejemplo, el IVA a la cultura; concluyendo aquello de donde se parte: que la industria cultural siempre ha de conservar sus márgenes de beneficio; aun en tiempos de crisis.
Este sofisma, este círculo vicioso olvida que en Europa cualquier entrada a un estadio de los grandes tiene un precio popular, mucho menor que en España, y que son los clubes los que moderan los precios de las entradas. La misma moderación ocurre en la cultura de países como Francia, Alemania, donde la asistencia a una buena obra de teatro o al cine no supone un gasto extraordinario.

Que no nos cuenten el cuento de que la cultura es un lujo para que, con esa excusa, los negocios vayan bien, sin más interferencia del Estado que las necesarias y, en todo caso, jugando de antemano con el descrédito que tiene el mismo Estado sobre las necesidades culturales de sus ciudadanos. El Estado se queda impasible ante el secuestro de la verdadera cultura por la industria cultural, y, por añadidura, deja inermes a los ciudadanos ante cualquier subida de los productos de ese mercado. Respecto a esto último, la airada reacción política que hemos visto estos días contra las propuestas del señor Monago, en Extramadura, son un índice de un servilismo de Estado mal entendido. Y, en relación con lo primero, frente al secuestro de la cultura por la industria cultural, nadie desde lo público se ocupa hoy de hacer pedagogía o, al menos, de cuestionar los derechos de explotación sin límites que detentaría esa industria sobre las necesidades del pueblo, como si el campo de la cultura fuera una nulla res, un esclavo suelto, un bien sin dueño sobre el cual echó el lazo para siempre la mano de la empresa.

Nadie cuestiona la "cultura" sometida de la superestructura dominante, la que sofoca el espacio de cualquier posible cultura que trabaje para dejar huella en el tiempo. El deseo de consumir rápido que nos prefabrica la "cultura", se satisface doblegándonos a los reclamos del consumismo "cultural". Consumimos lo que paga para promocionarse. Basta oír en un "telediario" la información cultural que ha producido ese día correspondiente a la crónica. Estrenos multinacionales de cine, no mucho mejores que los del peor cine español de todos los tiempos; de vez en cuando, la promoción de un best-seller (se sabe, de antemano, que será "otro éxito de ventas"), y por supuesto, el eterno Almodóvar que rueda nuevo bodrio.

Qué buena oportunidad sería esta crisis para despaciarnos de la alienación del reflejo que nos ha creado la "cultura" autofagotizante, y revisar las inercias que encapuzan en la crisis económica la quiebra de la cultura, que ya se viene produciendo desde décadas atrás -como ha advertido Mario Vargas LLosa en uno de sus más recientes ensayos. A espera, por tanto, de la necesaria crítica exhaustiva, este servidor solo puede testimoniar un panorama continuista de la cultura en tiempos de crisis, con el añadido autoconservador de haberse creado un rumor de cambio.


Fulgencio Martínez

EL GABINETE CACHONDO. DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO..../26

Luis de Gindos, ministro de Economía. Fuente: Finanzas.com.
 
UN DÍA ES UN DÍA. DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO DE FULGENCIO MARTÍNEZ, DONDE SE HABLA DE LO DIVINO Y DE LO HUMANO/ 26

Publicado en La Opinión de Murcia, Miércoles 5 de diciembre de 2012



              EL GABINETE CACHONDO



   ¡No te giba! Llegó ese señorito de la OCDE y al día siguiente el Gobierno anuncia que no hay dinero para actualizar el año que viene la paga de los jubilados, como había prometido hacer. 
 
   Al ministro Luis de Guindos, que presentó al mensajero de la OCDE, los periodistas le preguntaron en la rueda de prensa si el Gobierno pensaba adoptar algunas de las medidas "recomendadas" para Spain en el informe de dicha organización. 
 
   "¡No te giba! Parpadeaba el cachondo de él como cada vez que suelta una trola", hubiera descrito así la escena Miguel Delibes, el escritor, que fue también director del periódico El Norte de Castilla.
  Algunos de los periodistas presentes en esa rueda de prensa guardaron sus preguntas: los más conocedores de los resortes del gabinete cachondo. A este Gobierno no hay que preguntarle por lo que no ha dicho que va a hacer, sino por lo próximo que no hará de lo que dijo que iba a hacer. 
 
 Explicarles a ustedes tamaño galimatías requiere ciencia y paciencia. Lorenzo, el bedel de Diario de un cazador -vaya mi homenaje al maestro vallisoletano- lo haría mucho mejor que yo.
 Prepárense, pues, para oír las de Jaimito. Cuando achante el Gobierno, persígnese el que crea, porque caerán del cielo más subida del IVA, más paro y despido más barato, destrucción de derechos y una cuesta de enero ante la que dan ganas de vomitar ya sin estar harto. 
 
      - ¿Pero a usted eso no le parece una medicina necesaria, señor?
      - ¡No te giba!
   Me temía que el Gobierno pudiera cumplir una promesa. Otra línea roja que se salta, dicen, con lo de las pensiones; yo, en cambio, temía que la cumpliera y diera la impresión de ser fuerte y veraz.
  Así pues, Rajoy en su línea: coherente. Y coherente también su ministro de Justicia, que presenta un día la tasa judicial que ha de pagar todo quisque, sin distinción de nivel económico, ya sea pobre o rico; y otro día, anuncia, como el altavoz de una tómbola, que la justicia será gratuita para las víctimas del terrorismo; oigan, y para las víctimas de malos tratos, oigan, lo estamos regalando....


Fulgencio Martínez
Profesor de Filosofía y escritor

FULGENCIO MARTÍNEZ EN LA ESTACIÓN AZUL DE RADIO NACIONAL DE ESPAÑA

 

El sábado 1 de diciembre de 2012, Fulgencio Martínez en el programa de radio La estación azul, con versos de PRUEBA DE SABOR. Lo puedes oír, hacia el minuto 31, pinchando en este enlace:

  http://www.rtve.es/alacarta/audios/la-estacion-azul/estacion-azul-01-12-12/1594609/

  

  RESUMEN DEL PROGRAMA DE RADIO:

La estación azul - Merino y su historia de amor - 01/12/12


01 dic 2012


El programa conducido por Ignacio Elguero y Cristina Hermoso de Mendoza recibe al académico José María Merino que nos presenta su última novela, El río del Edén, una historia de amor. Los versos llegan de la mano de Fulgencio Martínez y su poemario Prueba de sabor (Ed. Renacimiento). Por si fuera poco, regalamos un lote literario en nuestro concurso El Escondite. En El cambalache y con la ayuda de Javier Lostalé, uno de nuestros oyentes se adentra en la novela Todo lo que soy (Anna Funder. Ed. Lumen). Como broche final, Jesús Marchamalo nos pone al tanto de las novedades editoriales en Más libros y recordamos que Quien lee, vive más. Además, contamos con la encantadora presencia de Audrey Hepburn gracias al libro Audrey en Roma (Ed. Electa).

miércoles, 28 de noviembre de 2012

EL VENTILADOR DEL SEÑOR MAS

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UN DÍA ES UN DÍA/ DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO DE FULGENCIO MARTÍNEZ, DONDE SE HABLA DE LO DIVINO Y LO HUMANO / 25

                                               Publicado en La Opinión de Murcia, Miércoles 28 de noviembre 2012


         EL VENTILADOR DEL SEÑOR MAS




Ahora que muchos están dispuestos a hacer leña del árbol caído, resulta que empieza a caerme bien el señor Mas. Confieso que ya antes de su caída electoral, en los últimos golpes de la campaña catalana, le empecé a cobrar simpatía a este quijotesco caballero de la fe, como diría mi maestro, don Miguel de Unamuno.
 
Admiro a los individuos que creen en algo; aunque ello sea tan quimérico (el Rey lo dijo) como la independencia de su "país", que es el mío también, espiritualmente hablando. La patria de don Quijote es el reino del ideal y la justicia, frente a duques, curas, reyes y mercaderes de tierra adentro; esa patria espiritual, amigos míos, está en lo porvenir en Levante, en el balcón mediterráneo; ya no está en Castilla (ni en Madrid, ni, mucho menos, en la Carrera de san Jerónimo, en Moncloa o en el palacio de La Zarzuela).

Frente a la tierra quemada del inmovilismo y de la sumisión a los poderes financieros, se levantarán los hombres que creen en ideas; los que, un día, no temerán que a la palabra sigan los hechos.

No sé si llamarlos emprendedores espirituales, o aventureros; lo cierto es que, sin ellos, el mundo sería aburrido. Sus hazañas tal vez no llegarán a los libros de Historia, pero, si desaparecieran de la faz de la tierra, como desaparecieron los alquimistas, los echaríamos en falta; igual que al viento que desde un abanico mueve la atmósfera de una habitación cerrada. 
 
El abanico, por lo que se ve, es lo que nos ha hecho simpática la figura de Artur Mas. Estábamos distraídos con el gran asunto de la propuesta soberanista catalana, cuando la torpeza (al parecer), o el cálculo, de la derecha mediática, que se apresuró a hacerle un favor a Rajoy y al Partido Popular en Cataluña, denunciando cuentas en Suiza del President, nos ha revelado algo aún más interesante. Por boca del representante del sindicato policial SUP, nos hemos enterado la opinión pública de que hay muchos expedientes inconclusos de investigación, que afectan a posibles casos de corrupción de políticos, de partidos, grandes banqueros y empresarios de este país. Expedientes que han sido impedidos, aparcados, no llevados a cabo en toda su implicación cuando se trataba de un "personaje" social importante.

Me dirán: ¿pero eso no se intuía ya? Sí, en efecto. Pero fíjense que ahora tenemos una base de evidencia en el testimonio policial (más claro, agua) para no creer a los que, por salir absueltos de una acusación de corrupción, o no ser ni siquiera imputados o responsabilizados judicialmente, quieren hacernos creer que son también éticamente -y en justicia- irreprochables. Véase todos esos casos de políticos y de empresarios que deberían, según el pueblo, estar en la sombra; cuyo patrimonio y estilo de vida sigue siendo una obscenidad en un país de seis millones de parados, pero a los que la ley ni pudo ni puede meter mano. No diremos ya que es legal, sino que es obsceno que sigan contando con tantos privilegios.

El abanico del señor Mas me temo que pudiera ser un ventilador.

(Posdata: mal, muy mal, su imagen, amigo Rubalcaba, federalista de última hora; ahí, al lado del Señor de los Eres: tú, presidente del País de Nunca Jamás y él, del Partido Socialista Obrero Español. Así no van a creernos, si no saben distinguirnos de los amorales).



FULGENCIO MARTÍNEZ

martes, 20 de noviembre de 2012

Episodios de xenofobia

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UN DÍA ES UN DÍA/ DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO DE FULGENCIO MARTÍNEZ, 
DONDE SE HABLA DE LO DIVINO Y LO HUMANO / 24

Publicado en La Opinión de Murcia, Sábado 17 de noviembre 2012



     EPISODIOS 

   DE XENOFOBIA






La carrera de Artur Mas, ya como President de la Generalitat, en la anterior sesión de las Corts Catalanes, dio un paso decisivo al reprimir violentamente el movimiento del 15-M -aquellos jóvenes indignados que fueron desalojados de la Plaza de Catalunya por los mossos d'escuadra a mamporro limpio. En la manifestación democrática, que fue la jornada de Huelga general del 14-N, de nuevo la policía autonómica del President, ahora en funciones, ha hinchado más que un ojo a un menor de quince años; a un chiquillo que andaba con su madre, por una calle de Tarragona, y al que no se le conocen antecedentes antisistema, y cuyo historial "violento"se reduce solo a un curso de la ESO, o dos, como mucho. Todo posible abuso de la violencia por parte de la autoridad democrática restaría crédito a ésta (lo contrario solo ocurre en las tiranías) y debe ser investigado con celo para atajarlo. Eso diría el sentido común; pero no crean que es fácil oír la voz de la prudencia política cuando el que manda se viene arriba y llega a creerse dotado de una autoridad carismática, a un paso de autócrata.

Es curioso que el mismo Artur Mas que no tuvo antes ni ha tenido ahora reparos en usar el látigo para echar de la calle a los que se manifiestan, según él, de forma violenta, se haya desdoblado en ideólogo y redentor de la soberanía del pueblo catalán. Ojo por ojo, y diente por diente, y violencia por violencia, contra los que dan mala imagen al país, contra los que desacreditan la "marca" del país. Así parece pensar el político convergente catalán (y también el popular español: país se escribe igual en ambos idiomas románicos). De ese modo, la violencia se alía con el nacionalismo irredento y la xenofobia, ejercida ésta contra cualquier ciudadano, sea cual sea su procedencia de origen. Todo nacionalismo germina o conduce a un clima social de xenofobia, estigmatiza al otro, al que no sigue el ideario nacional. Llegaría el día en que el otro ya no podrá decir quien es. (Esto estuvo tan claro en el País Vasco, oprimido tanto tiempo por el terrorismo, que pasó desapercibida mediáticamente la xenofobia porque era el medio natural, asumido como el aire que se respira).
La operación de Mas ha consistido en sustituir la marca España por la marca Catalunya. Si tuviéramos mecanismos propios de Estado, posiblemente nos iría mejor, en esta crísis, dice hábilmente Mas. 
 
No se confundan: la insidiosa ideología nacionalista xenófoba es lo que único que pueden ofrecer hoy día tanto unos como otros: el PP nacionalista español como el PP nacionalista catalán. Nosotros solo vemos en ambos una misma voluntad de estigmatización del otro, o sea: del que no es de mi "gens" ideológica o patriótica. En fin, un brote de xenofobia contra el que hemos de prevenirnos para que no se convierta en endémico. 
 
Y hemos de prevenirnos por salud mental, ética, ciudadana, lo que ustedes quieran, para que no despertemos un día, como enel País Vasco, no despertemos en nuestro país sintiéndonos mirados como alienígenas, e implícitamente violentados. 
 
Toda xenofobia se destapa -recuerden esto siempre- cuando la autoridad da por buena la violencia, la justifica, en nombre de lo que sea, de una marca, de una imagen del país, de la economía, del orden público o de la paz de los cementerios.

Yo, que vivo en Murcia, empiezo a preocuparme ya, porque he oído al delegado del Gobierno en mi Comunidad hablar de "episodios de violencia callejera", reprimidos por su autoridad incompetente (hablo desde la ética pacifista) el día de la huelga del 14-N, y me he echado a temblar. ¿Que el otro se ha visto como un desahuciado, un fracasado, un desesperado, "un peligroso violento" por el delegado del gobierno civil, justificó los palos y el abuso de la violencia excesiva por parte de las fuerzas del orden? La xenofobia suele ser aporofobia: odio al que percibimos como inferior en recursos.

Menos mal que el señor Joaquín Bascuñana -así se llama, lectores, este delegado del Gobierno en mi pueblo- no es Artur Mas. Aunque...el apellido, les aseguro, no es de Murcia.... ¿Me habré vuelto yo un poco facha nacionalista xenófobo?




lunes, 12 de noviembre de 2012

"NO hace falta escribir del siglo XIX para hablar de esclavitud". Entrevista de Ana Guardiola a Fulgencio Martínez. Publicada en La Opinión de Murcia, Lunes 12 de Noviembre de 2012

Fulgencio Martínez: ´No hace falta escribir del siglo XIX para hablar de esclavitud´

El autor murciano publica ´Prueba de sabor´, un poemario para ayudar, a través de la palabra, «a tomar conciencia del mundo en el que vivimos»





El escritor murciano Fulgencio Martínez, autor de Prueba de sabor.

ANA GUARDIOLA «¿Puede lo que uno escribe/ servir de ayuda/ en un tiempo de emergencia social?». Esta es una de las primeras reflexiones que se encuentran en Prueba de Sabor (Renacimiento), poemario con el que Fulgencio Martínez (Murcia, 1960) quiere hacerle frente «a esta época de miedo en la que nos tienen dominados con la incertidumbre». Y hacerlo a través de la palabra y «con un compromiso humano y literario» que él define como poesía cívica.

 "Sin preguntarnos si lo que hacemos sirve de algo no sería lícito tomar la palabra, hoy es importante plantearse la repercusión de lo que uno hace y colaborar, ayudar a tomar conciencia del mundo en el que vivimos», explica Martínez, colaborador de LA OPINIÓN que lamenta que los individuos estén rodeados por «el consumismo, la autocomplacencia y el conformismo llevados por una falsa plenitud».

Por esta razón, su obra habla de la actualidad. Dedica numerosos poemas a los trabajadores –«no hace falta escribir del siglo XIX, hoy también hay esclavitud», afirma– y reivindica que el arte vuelva al lugar que le corresponde, ya que, a su juicio, se ha creado una concepción estética alejada de la realidad, «que nos ha llevado a que las diferentes disciplinas artísticas estén en un escaparate sin más».

Por el contrario, Martínez apuesta –como Machado y Miguel Hernández, dos de sus referentes– por la función de la poesía relacionada con su época –«quise poner mi voz en la realidad», dice uno de los versos del poema Cuenta final, en el que explica la razón de ser de Prueba de sabor–.

Quizá por ello hay cierto tono dramático, como reconoce el autor murciano, «pero no hay pesimismo», matiza. «Cuesta trabajo, hay que hablar del problema obrero, pero se puede hacer con ironía; se puede exponer un mensaje sin hacer un melodrama, es una poesía que lucha, y por eso no es pesimista», explica Martínez. «Pienso además –añade– que la esperanza es un deber del poeta; no estoy aquí para decir lo triste que estoy, sino para transmitir esperanza, aunque en ocasiones ni yo la tenga; ese deber nos libera a los poetas y es lo contrario que el mensaje pesimista con el que, como se ve hoy en día, nos quieren controlar».

Esa lucha y esa crónica de la actualidad no le impide a Fulgencio Martínez acercarse a las cosas cotidianas y sencillas. La naturaleza, el amor, el sexo, todo lo que suponga el disfrute de los sentidos, se cuelan en los versos de este pequeño libro «para recuperar un tiempo en el que nos han querido alienar, que nos obliga a volcarnos sólo en el trabajo; pero hay que recuperar ese tiempo y ese espacio que se encuentra en los detalles pequeños», dice el autor también de León busca gacela (2009) y de El cuerpo del día (2010).

Y así avanzan los poemas de Prueba de sabor –dividido en dos partes, Los paseantes y Epílogo jocoso–, y que ve la luz después de pasar «muchísimo miedo» antes de verlo publicado, como reconoce Martínez. «Se pasa miedo retrospectivamente, hasta el momento de ser publicados he revisado cada verso, pero luego ves que se mantienen y es una satisfacción; porque, al fin y al cabo, el lector es el que hace que un libro tenga sentido».

Un lector al que, como hace con sus alumnos de Secundaria, intenta acercarles el poder de la palabra y de la cultura, que desprecian a su juicio «hasta los que ocupan cargos en cultura», por lo que se encuentra cada vez más marginada. Y un lector al que le propone, «con un lenguaje sencillo difícil de trabajar», asomarse al mundo actual para cambiarlo. Y así lo resume en otro de sus versos: «No tengamos miedo a ser mejores».

sábado, 10 de noviembre de 2012

EL AYUNTAMIENTO DE MADRID Y LA MACROFIESTA DE HALLOWEEN

 
UN DÍA ES UN DÍA/ DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO DE FULGENCIO MARTÍNEZ, DONDE SE HABLA DE LO DIVINO Y LO HUMANO / 23

EL AYUNTAMIENTO DE MADRID Y LA MACROFIESTA
DE HALLOWEEN





En sus Cartas marruecas José Cadalso imagina a un joven moro de viaje de estudios en Madrid, el cual escribe atinadas reflexiones en forma de cartas, dirigidas a su viejo maestro de "madrasa" (escuela, en Marruecos). Entreverados con dichas reflexiones, el mozo Gazel da cuenta de los progresos en su educación, así como de las reacciones que le causan las costumbres y la actualidad del país donde vive, entonces -y todavía- España. Las Cartas marruecas fueron escritas en el siglo XVIII (entre 1774 y 1775) y son un clásico de la literatura española. Su lectura puede sernos amena... o no; no tomo la pluma aquí como un profesor de Literatura, para recomendarles leer la obra; lo que aseguro es que no nos deja indiferentes en su contenido, tanto por su visión crítica de las cosas de España y del querer (que anticipa al periodista Larra y a la Generación del 98) como por la semejanza de algunos de los defectos que critica, con los que seguimos teniendo en la actualidad. Y, si no, comprueben, lean este fragmento de una carta. (Nos hemos permitido solo algunos cambios en la transcripción).

" Gazel a Ben-Beley: Venerable maestro, no habrá usted olvidado que, en mi primera carta, le decía: "me hallo vestido como estos cristianos, introducido en muchas de sus casas, poseyendo su idioma, y en amistad muy estrecha con un cristiano", Nuño -usted recordará su nombre y sus buenas intenciones de instruirme en las cosas de este país vecino y no obstante tan distinto al nuestro. Pues, le digo que, a día de hoy, sigo sin entender a los españoles, y no atisbo esperanzas de poder hacerlo por más tiempo que dure mi estancia aquí, y por más solícita que sea la información que reciba de mi amigo Nuño.

Hace poco, la primera noche de noviembre, ocurrió en Madrid un desgraciado suceso en la celebración de la fiesta que llaman de Halloween. Por este nombre no crea usted, maestro, que me he trasladado a tierra de apaches. El suceso no es para hacer bromas; han muerto, al menos, cuatro chicas jóvenes, casi adolescentes; y fue milagro que no murieran muchas otras chicas y chicos del montón. Hemos sabido una larga lista de irregularidades, cuando no evidentes infracciones, que propiciaron ese suceso, que ha ocupado un espacio sensacional en las noticias de los que aquí llaman telediarios (por cierto, al de la Televisión pública los españoles -que son muy ocurrentes y rápidos en pensar y decir, pese a su pereza en actuar- ya le dicen el "botín del Gobierno", abreviando, despectivamente, la comparación con el Boletín oficial del Estado, antes Gaceta de Madrid).
Todas las noticias que llegan de lo que ocurrió en la macrofiesta -otra palabra, típica, que le apunto-, donde tuvo lugar el siniestro de las jóvenes, señalan al incumplimiento de las normas de seguridad y de aforo por parte de la empresa que alquiló, al Ayuntamiento madrileño, el "foro" Madrid Arena, y que "montó" el "evento" con la intención de "forrarse". Alá nos guíe a sus creyentes e ilumine en algo a los españoles. Hasta un ciego, en nuestro país, se preguntaría por qué un Ayuntamiento, una institución pública, alquila locales a supuestas "empresas de ocio" para que, en una sola noche, ganen millones de euros, sin tener que sostener un espacio propio, como una discoteca, y pagar impuestos al mismo Ayuntamiento, tener profesionales, de hostelería y de seguridad, crear empleo mínimamente estable, etc, etc. ¿Dónde está el negocio aquí? ¿Para los ciudadanos? ¿Y quién en los Ayuntamientos hace -con qué fin- este tipo de contratos? En concreto, ¿qué político o funcionario del Ayuntamiento dio a la empresa de marras el permiso? ¿Dónde está ése, que lo queremos ver? ¿Dónde está que no dimite? ¿Se esconde bajo las faldas de la Alcadesa en funciones? Todo eso sigue sin responderse, y lo peor es que sigue sin preguntarse (¿debido a la desidia del español?) ahora que nos aflige el dolor por las víctimas, y después, cuando pase todo, y, ojalá me equivoque, ocurra algo parecido de nuevo. Los españoles, aficionados a los toros -fiesta que, como mi amigo Nuño, no apruebo- llaman dontancredismo a esa actitud de estar quieto y mirar para otro lado, como si la cosa no fuera con uno, frente al toro. Sospechoso es el dontancredismo del Ayuntamiento ante un problema que tiene casi las dimensiones de un toro; me refiero a la cuestionable idoneidad y dudosa transparencia de alquilar espacios públicos para negocios privados, de dinero fácil y rápido-rápido".

Fulgencio Martínez
Profesor de Filosofía y escritor.

Mira Alfredo

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DIARIO POLÍTICO Y LITERARIO DE FULGENCIO MARTÍNEZ, DONDE SE HABLA DE LO DIVINO Y DE LO HUMANO / 22

MIRA, ALFREDO





El que se llama igual que mi amigo Alfredo Pérez Rubalcaba ha declarado, tras las pasadas elecciones en Galicia y Euskadi, que está dispuesto a irse en el momento en que una mayoría en la dirección de su Partido le diga: "mira, Alfredo...esto no tira, tienes que irte".

Han brotado con las lluvias de otoño las primeras amanitas en el campo; pero ninguna tan venenosa como la "amanita partidaria". Es el tiempo de las voces críticas. Sus bocas apenas han abierto, cuando echamos ya de menos su silencio calculado durante meses. Se han agrupado en un frente, en una descomunal y variopinta alianza, el joven delfín Gómez, de Pinto pinto; el barón de los Eres de Andalucía y ese viejo señor, de pelo blanco y apariencia tímida, el que ponía aeropuertos en los secarrales de Ciudad Real, más peligroso que Robin Hood de los Bosques para las arcas manchegas. Es terrible la oposición dentro del PSOE a mi amigo Rubalcaba. Dan ganas de ayudarle, en lo que uno pueda, contra tales nigromantes, elfos, cacos, gigantes y malandrines: todo ese guardarropas político vintage. Aquél fue tan Diógenes que dijo que dormía mientras robaban en su casa; ése dejó en cueros a la Comunidad de Castilla-la Mancha; el delfín va a todos los aros que le pongan. Más antiguos ya que los balcones de madera. Más comprometidos con la génesis de la crisis y con los viejos usos burócráticos del Partido, sin embargo, proclaman - ¡a buenas horas!- un recambio de Alfredo, y se postulan como los salvadores del Partido Socialista.

Mira, Alfredo, quién te dice "mira", porque hay a tu alrededor mucho Bruto suelto. No hablo de Pedro Saura. Cuídate de los idus de Marzo que te tienen preparado. Mira bien a los ojos del que te diga, como dolido, "Alfredo, esto no tira", porque a lo mejor ese te está poniendo encima el pie para que no arranque... lo que deba de arrancar, que no sabemos qué demonios es: si el Partido o España, la chimenea del chalet de José Luis o el cigarrillo de hierba que fumamos ayer.

A lo mejor, también, querido, has de empezar ya a abrir los ojos; no esperes, como el otro, a que pase tu cadáver político delante de tu puerta. Ya tuviste una experiencia paranormal semejante cuando estuviste en el anterior Gobierno, en el de José Luis (¡perdona, señor, por nombrarlo!). Te fuiste del barco en naufragio poco antes de que se hundiera, y eras tú quien se presumía que daba las órdenes al capitán del barco. Un fenómeno de bilocación, se llama eso. Ahora, reconoces que hubo errores; ¡ vaya! No, no, no: eso es lo que quieren los críticos que digas; te están haciendo ya vudú: cuídate de la mirada de la Medusa Carme, gran Alfredo; cuídate, amigo, de los idus de Marzo.

Empieza por ver dónde está el fin del error, ya pasó el tiempo de mirar al principio equivocado. Aunque tarde y mal -pues tú estabas allí, en ese Gobierno errado y como un pollo sin cabeza en su último año, o te apartaste de él un poco solo, y de cara a la galería- has confesado tu culpa ; pero, a fin de cuentas, eso son ya historias. ¡A quién le importa...!, que diría Alaska. Mira, Alfredo, hacia el fin del error: desamortiza el Partido, esa finca inútil, ese aparato de hacer inútiles dirigentes teledirigidos, sin personalidad; da entrada a los protagonistas y líderes sociales de este tiempo para el que no sirve ya nada de lo que estaba escrito.

Vete una noche, disfrazado de socialista, por las calles, habla con el pueblo, con los jóvenes, con los que no son mozos y mozas de partido, con los que piden cambio de verdad, y sobre todo, piden la verdad. Desamortiza el partido, Alfredo; sé nuestro Mendizábal. Cuídate de los idus de Marzo.



                                                  FULGENCIO MARTÍNEZ

                                                 Profesor de Filosofía y escritor